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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2013

La soja tiene crticos en Argentina? Eureka!

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Con ms que llamativa simultaneidad dos diarios que se podran calificar como en los antpodas han salido a criticar la soja en el pas de la soja, han salido a condenar el cultivo de soja en el pas en que precisamente quienes orientan las voces de esos mismos diarios han soslayado tanto tan escabroso tema

Tanta simultaneidad y a la vez tantas diferencias de tratamiento invitan a un examen sobre lo que pasa con la soja y con los partidarios del modelo que le ha brindado a este pas tantos sojadlares.

El cruce de media docena de artculos, con sus respectivos autores en un mismsimo da no permite un diagnstico fcil o sencillo. Con lo cual le pido al amigo lector un poco de paciencia y atencin para ver si podemos pescar los diversos hilos de esta trama.

En primer lugar, entrego un recuento de inventario de lo publicado el 6 de enero de 2013:

Primero Clarn:

y notas complementarias:

Y ahora Tiempo Argentino:

Hagamos un paneo de las seis notas presentadas como regalo de Reyes:

  1. La nota de fondo de Clarn elude toda responsabilidad histrica del papel protagnico de los sojeros y se concentra, como lo da a entender su ttulo en la responsabilidad estatal, pues la nota se concentra en el mal uso y la falta de controles.

  2. La nota escueta de Ral Montenegro, seala, en apenas unas lneas el verdadero carcter de la cuestin, se refiere a la codicia pblica y privada y cuando habla de responsables de la contaminacin creciente y la aparicin cada vez de ms enfermos recorre todo o casi todo el espinel: gobiernos provinciales, el nacional, las empresas, los productores.

  3. La entrevista de Guerrero y Schmalen aporta el nivel emocional que ya haba aparecido en la cobertura de Heguy, pero esta nota, cortita, hasta con sus sobrecogedoras ilustraciones; padres que cultivan y cuidan hijos paralticos que provienen −los hijos y sus parlisis− de cultivos anteriores, denuncia con fuerza la srdida y estremecedora realidad que viven tantos trabajadores rurales, tantos campesinos. Esta familia, concretamente, pasa del tabaco y su batera de biocidas al cultivo de lechuga orgnica. Y con lgica impecable, estos ecologistas forjados desde la angustia y la contaminacin devastndolos personalmente, le explican a los clientes quejosos al ver hojas de lechuga comidas: algrese, es seal de que la lechuga no tiene venenos porque los bichitos eluden comer insecticidas

A modo de resumen, dira que Clarn no ha escatimado el abanico ideolgico. Sobre todo, dndole la palabra a un ecologista, Montenegro, que bordea la crtica al capital. Hay que destacar, empero, que el artculo de fondo es el primero sealado.

Y respecto del dossier de Tiempo Argentino, aunque solo el de Guerrero y Schmalen sealan en el ttulo el blanco de la andanada; la socialista provincia de Santa Fe, en realidad los tres estn dedicados a la misma provincia, al mismo blanco. Con lo cual, un asunto de tanta entidad como la soja, que es seguramente el primer productor de divisas de toda la Argentina, abarcando los dos tercios de la produccin agroindustrial nacional, ocupando un lugar protagnico en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Crdoba, La Pampa, e incrementando su presencia en Tucumn, Salta, Jujuy, Chaco, Formosa, Entre Ros, Corrientes y por lo menos Misiones, queda jibarizado, a ojos de los oficialistas de Tiempo Argentino, a una menudencia provincial.

Y lo ms significativo, opositora.

Entiendo que del doble dossier sigue siendo la nota fondista de Clarn, de Silvina Heguy, la que merece el abordaje ms pormenorizado.

Clarn:

Mal uso de biocidas y conmiseracin:

o cmo defender el modelo de la soja atacando

La contaminacin ambiental y particularmente la agroqumica es una bomba de tiempo que han montado en Argentina desde mediados de los 90 varios actores sociales entre los que figuran el Ministerio de Agricultura de EE.UU., Monsanto, el menemato y asociaciones de sojeros que adoptaron la modernizacin transgnica no slo sin chistar sino aplaudiendo.

Se trata de una contaminacin que ha avanzado en medio de una conspiracin de silencio que mantienen los mismos sojeros que incorporaran el modelo agroindustrial, los gobiernos de turno −es decir desde hace casi una dcada la llamada progresa K−, la prensa tanto adicta a la revolucin de las pampas segn el peculiar lxico de Hctor Huergo, el director de Clarn Rural, como la adicta al proyecto nacional y popular.

No es que a mediados de los 90 se iniciara el uso de agrotxicos en el pas, ciertamente, pero la soja transgnica fue un gran dinamizador de tal uso. So pretexto, precisamente, de sustituir los viejos agrotxicos pesados por el glifosato presentado como inocuo, lo light.

Pero el proceso de contaminacin cada vez ms generalizado, siempre soslayado −pese a voces ms o menos aisladas que han ido tratando de enfrentar el establecimiento del modelo dispuesto por la geopoltica de EE.UU.−, ensanchndose permanentemente ha ido generando muy poco a poco, resistencia, denuncias, un cambio de la conciencia social.

El proceso de contaminacin es irreversible o difcilmente reversible y va cosechando vctimas. Espordicamente omos episodios preocupantes como el del mosquitero que al advertrsele que est a 50 metros de zona poblada por humanos (una escuela, por ejemplo), dirige el aparato fumigador contra el informador, un periodista, y lo riega, envindolo directamente al hospital, seriamente intoxicado. O el juicio en el Barrio Ituzaingo de la capital cordobesa donde finalmente un productor rural y un aviador fumigador fueron considerados culpables y tendrn que cumplir una pena lo que estaba en juego eran los cientos de pobladores que han contrado las ms atroces afecciones por lo que algunos frvolamente tipifican como que vivan en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

Los aviones fumigan los campos; lo que tienen que hacer es envenenar; si al borde de los campos hay algo o alguien que no tendran que envenenar, perderan efectividad en su cometido. Parafraseando a Borges habra que decir que vivir malamente y donde se puede es una costumbre que suele tener la gente.

Pero dado el carcter de bomba de tiempo que considero tiene esta contaminacin, era esperable que en algn momento la prensa, su caudal meditico, lo descubriera. Como noticia incluso, aunque lleve dcadas.

Y el domingo 6 de enero, regalo de Reyes, hemos tenido la doble ofrenda. O la doble afrenta.

Con clarinetesca lgica el artculo sobre agroqumicos y muerte en los campos argentinos se presenta en el mismo peridico que sbado a sbado a travs de la edicin del supremo Clarn Rural presenta las bondades, el derrame de vida (ms bien de dlares) en los mismos campos argentinos. Aunque siempre quejndose de la tajada, bien real, por cierto, que el gobierno retiene de ese ro de dlares.

Frente a la contaminacin progresiva y creciente de los campos argentinos (y su irradiacin impune hacia los uruguayos, paraguayos, bolivianos, a su vez crecientemente ocupados por sojeros argentinos), situacin que comparten y usufructan tanto los camperos como el gobierno, el artculo ventila el mal uso y la falta de control.

La concepcin no se toca: el envenenamiento ambiental como problemtica de fondo para llenarse los bolsillos con dlares no se toca. Es decir, el capital no se toca. Por eso en su experiencia de nueve das la autora nos habla de desidia del Estado al ver que los venenos se usan tan cerca de viviendas y escuelas (para pobres, claro; intuyo que una Saint John of Nottingham, hipottica escuela para nios bilinges, no tiene ese problema).

La desidia es del estado. De los sojeros, de quienes embolsan la soja primero y los dlares despus, ni una palabra. Y de la red de complicidades que se van hilvanando entre hospitales, que sistemticamente no hacen fichas mdicas como habra que hacerlas, reconociendo causas de las enfermedades (y a menudo de la muerte) porque todo lo arreglan con un paro cardiorrespiratorio; empresas y laboratorios productores de fitosanitarios que apresuradas por cosechar los dlares invadieran los campos durante dcadas con envases plsticos portando txicos y desentendindose de lo que expulsan desde sus plantas de distribucin pero que ahora, a la vista de los desastres ocasionados (desde quemas de pirmides de envases vacos con la consiguiente difusin de plsticos quemados al aire libre desparramando toxinas hasta donde las nubes y el viento den, hasta uso de esos mismos bidones para transporte y depsito de agua potable a cargo de los pobladores que no pueden ni saben cuidarse de los venenos industriales que se descargan a diario sobre ellos), han empezado a pavonearse con sistemas de recoleccin de envases vacos y otras asunciones de responsabilidad social que si no fuera por lo tardas e hipcritas tendramos que alegrarnos por ellas.

La autora de la nota que comentamos tampoco advierte el papel del sindicato de los obreros del campo que ha tolerado, callado y cmplice, esta metstasis de contaminacin cada vez ms generalizada.

Tampoco ha reparado en la ignorancia de los sojeros que se desentienden con su mejor inocencia de qu se echa en los campos, algo para lo cual confan en sus tcnicos, como declarara de modo impar el inefable Alfredo De ngelis capturado in fraganti por el equipo televisivo de La Liga en 2008 (ver el video es todo un ejercicio actoral del culpable yo no fui).

Tal vez uno de los puntos ms llamativos del doble estndar con que es abordada la cuestin llegue cuando nuestra entrevistadora descanse en las denuncias de una Cmara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes, ms conocida como CASAFE. Que Heguy cita: la Cmara que rene a 25 empresas de agroqumicos, entre las que se cuenta a Monsanto, Bayer y Syngenta que dominan el 80% del mercado, niegan que estos productos que se utilizan para matar plagas sean txicos, si se usan de acuerdo a las instrucciones y al uso responsable [las discordancias verbales, a cargo de la autora o los inexistentes correctores de Clarn]. Por alguna prestidigitacin no sabemos si alqumica, las sustancias que resultan venenosas para plagas seran inocuas para otros seres vivos

Pero no deberamos extraarnos puesto que CASAFE ha sido editora de una biblia de Monsanto y otras organizaciones claves del modelo agroindustrial, como el ya citado Ministerio de Agricultura de EE.UU (por su sigla en ingls, USDA) o el Hudson Institute (de EE.UU., se sobreentiende). Dicha biblia sintetiza en su ttulo todo el programa ambiental que postula: Salvando el planeta con plaguicidas y plsticos. Como el mismsimo ttulo nos lo revela, CASAFE considera saludable, o al menos salvadora, la difusin de agrotxicos. Por eso resulta sorprendente que condene su uso. Pero, claro, es su mal uso lo que condena.

La nocin de mal uso es una forma de culpabilizar al usuario, al particular, concretamente al operario, al ltimo eslabn de la cadena de aplicaciones.

Heguy nos informa que en 2009 CFK cre una Comisin Nacional de Investigaciones sobre Agroqumicos, con representacin incluso ministerial que en algn momento denunci el uso inadecuado de los productos fitosanitarios, atribuido entre otras causas, al incumplimiento de la legislacin vigente. La cita de Heguy nos permite saber que el gobierno tambin entiende que la toxicidad proviene del uso ilegal o inapropiado y no del carcter txico del producto en s. Heguy nos brinda asimismo la opinin de CASAFE acerca del abandono del Programa Federal para el fortalecimiento de los sistemas locales de control: tuvimos unas reuniones pero desde hace dos aos dejaron de convocarnos. Procuro no perderme en la lgica de estos furibundos partidarios de los plaguicidas y plsticos; me pregunto si no se podran haber alegrado con el abandono de reuniones que iban camino a estrangular algo de su plan de salvacin planetaria...

No podemos pretender que un estudio de nueve das alcance para entender de lo que se habla, cuando se trata de cuestiones francamente complejas y enrevesadas. Heguy nos dice que no fue sino desde 2005 que comenzaron a conocerse consecuencias, malas, en la salud, de los agroqumicos, de los mismos que, acabamos de ver, segn algunos de los entrevistados salvan el planeta salvaran.

Sin embargo, hay que precisar que en el prrafo siguiente la misma Heguy nos informa: Hace ms de una dcada comenz a notar un crecimiento en la cantidad de recin nacidos con malformaciones. Hagamos cuentas: por lo menos, segn Gmez Demaio el esforzado mdico que Heguy cita, tendra que ser desde antes de 2002, es decir, su info de que empezaron a conocerse los efectos txicos en 2005 kaput. En verdad, las malformaciones congnitas, la anancefalia, y una serie de trastornos seversimos a la salud provocados por agrotxicos en general y por el glifosato en particular se conocan de antes. Todava en el siglo XX se denunciaba, en el Reino Unido, en Japn, la alta toxicidad de glifosato y de POEA, un componente del paquete tecnolgico que realza el efecto del glifosato.ii Y pese al inveterado provincianismo de ciertos referentes del poder en Argentina, no podemos excusar ignorancia en un mundo tan sobresaturado de informacin como el que gozamos o padecemos desde hace ya unas dcadas

Es tan fuerte el pensamiento doble o doble estndar, segn el cual se puede observar crticamente un fenmeno desencadenado por un agente A e ignorar olmpicamente el mismo fenmeno desencadenado por el agente E. Como suelen decir en cursos de interrogatorio a terroristas, si el submarino lo ejerce un oficial del ejrcito de EE.UU. entonces no es tortura. Anlogamente nos dice Heguy:

La falta de control del Estado en la aplicacin de agroqumicos se agrava porque despus de que la poblacin estuvo expuesta no se le brinda asistencia para el tratamiento de las enfermedades y el seguimiento del paciente para su calidad de vida. Dejemos a un lado la literaria alusin a la calidad de vida del paciente intoxicado en los campos. Heguy no desdobla la secuencia; si no, habra explicitado ante el lector que hay un primer momen-to donde la poblacin ha estado expuesta y la pregunta inmediata es cmo?, por qu?

La poblacin ha estado expuesta, y por lo tanto envenenada, cuando los sojeros disponen las pasadas en los cultivos. El control del estado habra evitado la toxicidad?

Despacito y por las piedras En algunos sitios se ha establecido por ley local o reso-lucin judicial hasta mil metros de separacin entre poblacin y cultivo fumigado por va area (en algunas jurisdicciones, apenas centenares de metros). Evitar las atrocidades de fumigar a diez o veinte metros de viviendas o escuelas, como era habitual Claro que mil metros parece algo seguro ante episodios como el de pobladores baados con el riego txico, pero ante el fenmeno de la deriva, de cmo el viento lleva o trae lo irrigado, mil metros es una arbitrariedad, una apuesta que, si el viento corre a favor, aleja la fumigacin de una poblacin dada (tambin la puede acercar a otra), pero que el viento en contra la convierte en irrisoria.

La deriva de las fumigaciones es un asunto tan serio como para que en abril del ao que acab se presentara un proyecto de ley para prohibir la fumigacin area en todo el pas. Ley bien, lector. En todo el pas. Claro que el proyecto lleva ya casi todo el tiempo de un embarazo y no se le ve miras de dar a luz, pero no deja de ser significativo. Porque el proyecto desecha las excusas del mal uso para concentrarse en lo importante: el uso, el mero uso de veneno, que, obviamente librado al aire, envenena lo que encuentra a su paso: plagas blanco, fauna y flora no blanco (lo que en la jerga militar se ha bautizado como daos colaterales), y en general lo viviente. Puesto que los agrotxicos usados para preservar, por ejemplo la soja transgnica son, como lo reconoce el diccionario, biocidas, matadores, asesinos de vida.

Esto no significa que el mal uso no agrave, y de qu modo!, situaciones, abusos y peripecias para la poblacin ms expuesta.

En su Uso de agroqumicos en las fumigaciones periurbanas y sus efectos nocivos sobre la salud humana, Jorge Kaczewer nos dice: [] la OMS se basa en la toxicidad del plaguicida, medida a travs de la Dosis Letal 50 (DL50). Este parmetro se define como un valor estadstico del nmero de miligramos del txico por kilo de peso, requerido para matar el 50% de una gran poblacin de animales de laboratorio expuestos. [] Normalmente la DL50 se expresa por va oral y para ratas (PNUMA, 2000).

La DL50 est relacionada exclusivamente con la toxicidad aguda de los plaguicidas. No mide su toxicidad crnica, es decir aquella que surge de pequeas exposiciones diarias al plaguicida a travs de un largo perodo. Es decir que un producto con una baja DL50 puede tener graves efectos crnicos por exposicin prolongada, como por ejemplo provocar cncer. Adems en la vida real nadie est expuesto a un solo plaguicida sino a varios y esto tampoco lo contempla la DL50. En este caso se deben considerar los efectos aditivos, sinrgicos o antagnicos que ocurren en nuestro organismo al estar expuestos a ms de un plaguicida. iii

La larga cita de Kaczewer nos permite vislumbrar de qu modo se encara lo del mal uso: presuponiendo que los agrotxicos son algo bueno que puede malograr su mal uso.

Que el alcance de la nocin de intoxicacin se limite a las agudas nos da la inanidad del manejo legal.

Con cautela, el Encuentro de Mdicos de Pueblos Fumigados en la Universidad de Crdoba, 2010, estableci:

No tenemos dudas, tenemos evidencia suficiente de lo perjudicial del uso de agrotxicos, afirm al cierre del encuentro, el sbado ltimo, Medardo Avila Vzquez, coordinador del encuentro y docente de la Universidad Nacional de Crdoba. iv

El Encuentro de Mdicos de Pueblos Fumigados, red fundada alrededor del 2010 es uno de los ms auspiciosos acontecimientos de la historia argentina reciente porque es una movida contracorriente que procura acercarnos a la verdad y a la salud en medio del caudal de sojadlares que al parecer ciega a unos cuantos.

Pero, qu pasa en el pas si se suprime la fumigacin area? Se termina el modelo de la soja, y con ello, los sojadlares. Epa!

Quedan los mosquitos, la fumigacin terrestre (que la legislacin proyectada procura a su vez limitar), pero el alcance de los mosquitos, devastador para con los vecinos, cubre muy imperfectamente, con mayores costos (pecado mortal!) las grandes extensiones de la contrarreforma agraria en marcha. Porque es el latifundio extendido el que brinda las grandes productividades, mejor dicho los grandes rendimientos financieros. v Eliminar la fumigacin sera hacer otro pas. Con menos enfermedades, con menos enfermos. Pero con mucho menos dlares.

Tiempo Argentino:

Atando dos moscas por el rabo

Un comentario final, al cuarteto periodistico de TA: Qu o quines los han convencido que se puede desarrollar una economa de monocultivo de exportacin, desde una periferia planetaria en un orden colonial o neocolonial y a la vez engendrar un bienestar para toda o casi toda la poblacin?

Los dividendos de la soja no se tradujeron en un desarrollo social armnico. Piensa Toniolli que los sojeros implantaron el paquete tecnolgico como obra de beneficiencia, con finalidad socialista o para un desarrollo armnico? O tal vez piensa Toniolli que el gobierno debi encarrilar los dividendos de la soja hacia un tal desarrollo?

Gran parte del excedente sojero se ha destinado a la construccin especulativa nos informa Arelovich; acaso alguien puede imaginar sojeros embolsando dinero a carretadas, sacrificando bosques, aire, contaminando el agua, todo ello para brindar el dinero a algn emprendimiento solidario? Es acaso siquiera deseable, ya no pensable?

La pobreza en Santa Fe y Rosario como contracara del boom sojero. Piensan Guerrero y Schmalen en otra contracara? Es casi una ley. Nigeria tiene la tercera riqueza petrolfera del planeta. Sus obreros en el rea son de los ms pobres del mundo entero. Y el rea explotada, aun ms. Qu es o ha sido el monocultivo del azcar para Cuba, el de algodn para Sudn, el de bananas para Honduras?: la pobreza es la hija directa y dilecta de cualquier boom de monoproduccin.

Cachar los libros que no muerden: las economas de monocultivos agroindustriales se generan para beneficio metropolitano y ni siquiera pases tratados tan benvolamente por el imperialismo, al menos histricamente, hasta ahora, como Uruguay o Argentina, han podido escapar a esta regla, que se podra resumir con aquello de que los colegas le estn pidiendo peras al olmo.

Notas:

ii En Transgnicos: la guerra en el plato. La increble y triste historia de la cndida Argentina y su to desalmado, Sam (folleto agotado, editado por Fusin Creativa, GRR y UITA, Buenos Aires, 2000) menciono las fuentes: The Ecologist, vol. 28, no. 5, set-oct. 1998.

iii En internet, s/f.

iv Encuentro de Mdicos de Pueblos Fumigados, Crdoba, 2010. Y no slo para la salud humana, como tambin se plante en el encuentro, sino para la salud de los seres vivos en general, como lo expresara en la carta que se le adjudica al cacique Seattle al presidente de EE.UU. Francis Pierce: Qu es un hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran, el hombre morira de una gran soledad de espritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habr de ocurrirle tambin al hombre. Todas las cosas estn relacionadas entre s. [1855]

v Es falso que el uso de la agroindustria de grandes extensiones de monocultivo presente los mayores rendimientos por ha. Analistas del campo de la agricultura orgnica lo han refutado convincentemente.

Luis E. Sabini Fernndez. Docente del equipo de la Ctedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofa y Letras, UBA; periodista y editor. Entre sus libros ms recientes: Futuros: contra una actitud autoindulgente ante el desastre planetario, CICCUS, 2012 y El racismo de la democracia israel, Editorial Canan, 2012.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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