El miembro del Consejo Legislativo Palestino Moustafa Barghouti relató que «cientos de policías israelíes llegaron en todas direcciones, rodeando a todos los que estaban en las tiendas y deteniéndolos uno por uno».
Pese a que la Policía israelí lo negó, «seis activistas fueron heridos, por golpes y puñetazos de los policías que también golpearon a varios periodistas y les impidieron tomar imágenes de la evacuación», denunciaron los activistas. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ordenó en la noche del sábado a las fuerzas de seguridad expulsar a los alrededor de 200 palestinos que participaban en la protesta y para ello cerró todas las carreteras de acceso al campamento.
La Policía comenzó a distribuir órdenes de expulsión y declaró el sector «zona militar prohibida», pero los palestinos consiguieron retrasar el desalojo con un recurso al Tribunal Supremo israelí. Sin embargo, las autoridades estimaron que solo se refería a las tiendas y no a las personas.
«No es el fin del combate, va a continuar con toda su fuerza», afirmaron los Comités de Coordinación de Resistencia Popular, que impulsaron la protesta. Añadieron que han logrado «mostrar su fuerza, porque la Policía necesitó de cientos y cientos de oficiales de las fuerzas especiales» para expulsarles. Este colectivo considera que su acción tuvo gran éxito «al ser una inspiración para todos los residentes del pueblo y palestinos en todo el mundo». Su objetivo era mostrar el rechazo a la colonización israelí y reclamar el derecho de los palestinos a establecerse en sus tierras.
La Autoridad Palestina denunció que el desalojo «demuestra que Israel actúa por encima de la ley y sin el menor respeto» por las leyes internacionales. Instó la comunidad internacional a condenarlo, adoptar medidas inmediatas para detener la construcción de colonias en Cisjordania y procesar a los responsables.