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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2013

Los pueblos originarios de Canad vuelven por sus derechos

Mario R. Fernndez
Rebelin


Una vez ms los aborgenes en Canad protestan contra el gobierno, esta vez el gobierno liderado por Stephen Harper. Desde la invasin de los europeos a estos territorios, hace ms de 400 aos, los pueblos aborgenes vienen sufriendo los ms aborrecibles abusos de parte de los "civilizados" occidentales, siempre tratando de cubrir, de esconder, sus abusos a lo largo de todo el continente americano donde han hecho verdaderos genocidios y han saqueado sin distincin a todos los pueblos aborgenes incluidas, por supuesto, los Pueblos Originarios (First Nations) canadienses. Pero todas estas injusticias en contra de estos pueblos no han ocurrido sin que estos resistieran, una lucha sostenida a lo largo de su historia.

Muchos gobiernos de turno han llegado con diferentes planes en contra de los Pueblos Originarios en Canad sin duda por ms de un siglo. Entre los ms recientes figuran los planes del gobierno progresista de Pierre Trudeau que en 1969 produce los llamados Papeles Blancos sobre la Poltica India (White Papers on Indian Policy) que terminan siendo abandonados, seguidos en la dcada de los 80s por un plan similar del gobierno conservador de Brian Mulroney cuyos planes tambin terminaron siendo rechazados. Ambos planes tienen complicaciones jurdicas muy profundas, pero no es por estas complicaciones jurdicas que son eliminados sino por otros costos que estos planes implican. Como el ms reciente plan de Harper, estos planes tienen caractersticas comunes: asimilacin o eliminacin del concepto de Nacin frente a los gobiernos provinciales, federal y a la sociedad canadiense toda, terminar con la proteccin y los derechos que la constitucin canadiense otorga a los Pueblos Originarios -su soberana territorial convertida en municipios, sus reservas en tierras vendibles, la destruccin de sus tradiciones, historia y tratados firmados con la sociedad blanca.

Esta vez, el movimiento de resistencia ha comenzado con un grupo de mujeres aborgenes en la provincia de Saskatchewan mujeres que tratan de informar a sus hermanos y hermanas sobre las consecuencias de la nueva ley federal, en especial de la ley C-45 que no es sino una nueva forma de ataque a sus tierras y a sus derechos de agua en sus territorios todos, derechos que aplican dentro de la propia Ley de los blancos. Este llamado de protesta ha empezado a despertar al pas todo a travs del movimiento que ellos llaman "Idle No More" (Ya No Ms Pasivos) protestas no slo por los asuntos de sus territorios sino tambin por otras reivindicaciones, otras injusticias, como la falta de compromiso de la justicia para averiguar lo que ha sucedido con cientos de mujeres aborgenes asesinadas o desaparecidas, o la negligencia del gobierno federal de proveer documentacin sobre las iglesias canadienses involucradas en las escuelas residenciales o internados en donde miles de nios y nias aborgenes sufrieron horrendos abusos fsicos, sicolgicos y sexuales de parte de sus educadores con la complicidad de las autoridades y de la sociedad canadiense de entonces. Y por supuesto un poner fin a la tolerancia de los Pueblos Originarios a la prctica del gobiernos de tomar decisiones sin consultarlos, de no cumplir con la entrega de fondos de vivienda y de infraestructura aprobados por gobiernos anteriores y de continuar con tantas polticas injustas y tanta iniquidad.

El movimiento ha ido tomando fuerza a partir del 11 de diciembre, fecha en que la jefa (Chief) Theresa Spence comienza una huelga de hambre en Ottawa. Esta mujer valerosa de la tribu Attawapiskat, pequeo territorio ubicado en un desolado lugar en el norte de la provincia de Ontario, con su huelga ha despertado la atencin de su pueblo y para mediados de diciembre las protestas se extendieron, para el 21 de ese mes hubo masivas manifestaciones en ms de 25 ciudades del Canad, manifestaciones que contaron con el apoyo de muchos canadienses no aborgenes ni mestizos, incluyendo ecologistas, luchadores por la defensa de los derechos humanos y grupos y partidos de izquierda como el Quebec solidaire.

Aunque este movimiento ha sido y es una noticia relevante diaria en los medios canadienses, Stephen Harper con su habitual arrogancia se ha mantenido indiferente negndole importancia, estrategia habitual en l. Harper slo se pronuncia sobre asuntos corporativos, polticas de agresividad externa y su agenda sobre desmantelamiento del sistema del bienestar social. Pero, no le quedo alternativa ms que dejar de ignorar la situacin y tratar de dialogar con el jefe de los Pueblos Originarios Chief Shawn Atleo. A esa reunin, sin embargo, muchos jefes se negaron a asistir, incluyendo a Theresa Spence. El impacto del movimiento puede cobrarle a Harper algn precio poltico, razn que explica el cambio de actitud del Primer Ministro hoy fingiendo disposicin a escuchar. Mientras tanto el jefe Atleo, por razones de salud, ha dejado temporalmente sus responsabilidades.

El movimiento de protesta contina, aunque no podamos predecir cmo ha de terminar se estn dando acciones de lucha, cortes de caminos y vas ferroviarias, que crean un espacio para que el gobierno haga uso de la fuerza, siempre una posibilidad. Agentes polticos del gobierno y de la oposicin intervienen para desarticular el movimiento acercndose a algunos jefes para persuadirlos de que detengan y controlen las protestas. Por otro parte hay que destacar que el descontento con muchos de sus jefes en las comunidades originarias es real, se los acusa de negligencia, personalismo y oportunismo. En las ltimas dcadas, y favorecido por el acercamiento de muchas tribus involucradas en gestiones empresariales de servicios, casinos, y recreacin, jefes y administradores se han hecho vulnerables a la corrupcin reinante en el mundo de los negocios comn al resto de la sociedad canadiense.

Las mujeres aborgenes, sin embargo, no se han beneficiado de este proceso sino que han sufrido personalmente la falta de recursos, el abuso y las consecuencias de polticas nefastas imbricadas con el machismo en la sociedad canadiense general y en sus comunidades y hogares. Cada lucha de los movimientos de protesta de los aborgenes en Canad enfrenta no slo sus propias debilidades sino tambin la actitud hostil de la mayora de los canadienses, incluidos los medios de comunicacin que no pierden oportunidad de desacreditarlos culpndolos de su pobreza, los problemas sociales, de salud y disfuncionalidad familiar que muchos padecen. Hostilidad, y racismo, que trata de justificar un pasado y un presente de opresin y saqueo en contra de los Pueblos Originarios y que nunca ha sido totalmente cuestionada por la mayora de la sociedad canadiense y sus instituciones polticas, sociales y jurdicas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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