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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2013

Causas estructurales y respuestas alternativas a la crisis

Juan Torres Lpez
Rebelin

Resumen de la intervencin en la Jornada REPENSAR LA CRISIS DESDE ANDALUCÍA organizada por el Centro de Estudios Andaluces. Mlaga, 18 de octubre de 2012.


Para poder dar respuestas eficaces a las crisis entiendo que es fundamental partir de un diagnstico lo ms acertado posible de sus causas, no solo de las ms inmediatas sino de las estructurales, es decir, de las que tienen relacin con los procesos socioeconmicos ms profundos, con las variables enraizadas en lo ms hondo de las relaciones econmicas y que, precisamente por eso, suelen quedar ms ocultas al anlisis que se necesita para poner en marcha las soluciones polticas.

En mi opinin, y como he tratado de demostrar en otros trabajos [1] , lo que viene siendo habitual en el tipo de anlisis dominante sobre la crisis es que se pase por alto una serie de circunstancias que a mi juicio son precisamente las determinantes de lo que ha ocurrido y, por tanto, fundamentales para poder acertar con el tratamiento que realmente permita superar sus efectos ms negativos para la inmensa mayora de la poblacin.

Por ello, me gustara dedicar mi intervencin a sealar diez aspectos que me parecen esenciales en relacin con los problemas que viene sufriendo la economa espaola en el contexto de la crisis internacional en el que nos desenvolvemos.

1. La actual crisis no es la crisis, como generalmente nos referimos a la crisis. En realidad es una crisis ms, de otras muchas, y eso me parece que es muy importante que lo tengamos en cuenta.

El hecho de que desde los aos setenta hasta aqu haya habido alrededor de 130 crisis, perturbaciones graves o situaciones de stress financiero refleja que esta en la que estamos forma parte de una etapa en la que la inestabilidad financiera es casi un estado habitual. Algo particularmente relevante si se compara con lo sucedido en los treinta aos anteriores en los que prcticamente no hubo crisis financieras de ningn tipo.

El hecho de que fases temporales tan extensas tengas propiedades y manifestaciones financieras tan diferentes obliga a considerar las circunstancias en que cada una de ellas se desarroll porque stas no pueden ser ajenas al hecho de que o no se produzcan crisis financieras o que se multipliquen como autnticas pandemias.

Como acaba de poner de relieve Alan M. Taylor en un trabajo reciente [2] , las diferencias entre el periodo comprendido entre 1945 y mediados de los aos setenta y entre stos aos y la actualidad son muy significativas y si las ponemos de relieve podremos deducir, por tanto, cules son las circunstancias que estn asociadas a la multiplicacin de las crisis financieras o incluso a su propia existencia.

En el primer periodo hubo una gran disciplina del sector bancario, control de los movimientos de capital, estricta regulacin domstica, bajo crecimiento del crdito, muy poca innovacin financiera y, asociado a todo ello, mayor ahorro, alta inversin y tasas de crecimiento de la actividad econmica ms elevadas. Justo lo contrario de lo que ha ocurrido desde los aos setenta a la actualidad, cuando se ha relajado la disciplina en grado extremo, cuando hay plena libertad de movimientos de capital, una innovacin financiera constante orientada a la especulacin y, como consecuencia de ello, una derivacin permanente del ahorro hacia la esfera de las finanzas puramente especulativas que desfavorecen el crecimiento de la actividad productiva.

Por tanto, sabemos que esta crisis no es una excepcin ni un hecho aislado sino una manifestacin ms de los males que produce un determinado rgimen financiero bajo la desregulacin y liberalizacin. Y, en consecuencia, sabemos, pues, que es esto mismo lo que se debera evitar si queremos que las crisis dejen de producirse.

2. Si bien esta crisis es un episodio ms de la pandemia que sufrimos desde los aos setenta, s es cierto, sin embargo, que es especialmente destacable y singular por su magnitud y extensin, rasgos que no creo que sea necesario documentar ahora pues son bien sabidos los efectos tan dramticos que ha tenido sobre el conjunto de la economa mundial.

En realidad, esta mayor dimensin es la consecuencia de que se exacerban da a da dos grandes circunstancias que estn en la base de la crisis y a las que a menudo no se concede el lugar principal que tienen. La primera es el extraordinario incremento de la desigualdad que, desde cualquier punto de vista que se considere, alcanza hoy da los niveles ms altos desde la Gran Depresin [3] . La segunda es el desorbitado aumento de la deuda asociada a la expansin de la actividad especulativa y a la innovacin financiera constantemente alimentada por la banca [4] .

La desigualdad es el motor que alimenta y da fuerza a los flujos de capital especulativo que desestabilizan constantemente los mercados y que, al mismo tiempo, debilitan la actividad productiva. Por eso, como ha sealado, es la variable clave sobre la que habra que actuar para poder cambiar de rumbo a la economa internacional y, ms concretamente, para poder erradicar la dinmica de crisis recurrentes en la que se inserta la que estamos viviendo.

Por su lado, el incremento de la deuda se ha convertido ya en una bomba de relojera que no solo ha dado a esta crisis la dimensin tan extraordinaria que ha alcanzado, sino que amenaza con detonar en otros mbitos (deuda soberana, crisis alimentaria, quiebras bancarias de momento disimuladas con artimaas contables, creacin constante de burbujas...) produciendo nuevos episodios de crisis.

Y en este sentido no se puede olvidar que el origen de este incremento constante de la deuda no es otro que el privilegio de creacin de dinero que tiene la banca privada gracias al sistema de reservas fraccionarias, de modo que sin limitar o ponerle fin ser inevitable que sigamos sufriendo nuevos episodios de crisis, o que la salida de la actual sea prcticamente imposible si entendemos por salir de ella el alejar con seguridad un nuevo ramalazo de perturbaciones financieras.

3. Como ya he anticipado, las circunstancias que actuaron como detonador directo de la actual crisis (la difusin de hipotecas sub prime y la posterior quiebra del sistema bancario que suscribi y difundi sus derivados) es el resultado de la desregulacin, de la falta de disciplina y de vigilancia por parte de los supervisores, de la complicidad de ciertos poderes pblicos con los intereses de la banca privada internacional, o del fundamentalismo con que se ha gestionado la poltica financiera [5] . Por tanto, resultar tambin imposible salir de la crisis y evitar otras prximas, sucesivas e incluso lgicamente de mayor envergadura, si no se establece un nuevo tipo de regulacin financiera, mucho ms severa, disciplinada, represiva y autnoma respecto a los intereses privados, tanto de los bancos, grandes fondos de inversin y empresas multinacionales como de las agencias de calificacin y, en general, de los grandes polos de poder econmico que en los ltimos treinta y cinco aos se han erigido en las referencias que establecen lo que se puede hacer o no en los mercados financieros.

La falta de pasos decisivos en este campo, dadas las servidumbres indisimuladas de los gobiernos respecto a los grandes poderes financieros, impiden que se recobre el sistema financiero mundial, de modo que existiendo una abundancia impresionante de capital financiero no hay financiacin, sin embargo, para las empresas y la actividad productiva, porque los recursos se derivan constantemente hacia la especulacin, lo que materialmente impide la recuperacin y la salida de la crisis.

Las reformas financieras que se han propuesto han sido tmidas y apenas si se han llevado a la prctica porque se han dilatado tanto los plazos y las exigencias que, en la prctica, no han tenido efecto alguno de cara a resolver los problemas de financiacin que an siguen padeciendo las economas.

4. Las polticas que los gobiernos han tomado frente a la crisis han sido insuficientes, inicialmente, y en algn caso, como especialmente en Europa, totalmente contrarias a lo que puede permitir que se recupere el ingreso, la actividad y el empleo.

La poltica de salvar a la banca considerando que los bancos afectados eran demasiado grandes para caer ha provocado un gasto ingente de recursos, una mayor concentracin financiera y a la postre, como acabo de sealar, que ni siquiera se haya resuelto el problema bancario que dio lugar a la crisis. En su lugar, la inmensa mayora de los bancos siguen siendo bancos verdaderamente zombies, cuya verdadera situacin solo se disimula gracias a estratagemas y mentiras contables consentidas por los gobiernos en beneficio en su nico beneficio.

Los primeros planes de estmulo permitieron evitar una verdadera debacle pero finalizaron antes de tiempo, consumieron menos recursos de los necesarios y los aplicaron a actividades que simplemente lograron mantener cierto nivel de empleo pero sin ser capaces de modificar la lgica o el modelo productivo, de combatir la desigualdad o de proporcionar las bases para un nuevo uso ms equilibrado y sostenible de los recursos.

Para colmo, el contumaz fundamentalismo con que se estn aplicando en Europa las llamadas polticas de austeridad (realmente, solo encaminadas a que Alemania pueda asegurar la mayor cantidad posible de retornos en la deuda que los bancos de la periferia tienen con los suyos) est provocando una nueva recesin en el seno de la Unin Monetaria, algo inevitable cuando a todos los pases de la eurozona se les impone una estrategia deflacionista que mengua los ingresos de todos ello y, por tanto, su capacidad de contribuir al sostenimiento cooperativo de los dems mercados, que es la base que puede hacer exitosa una zona monetaria autntica.

Sin un cambio radical de orientacin, sin poner en marcha un autentico plan de estmulo de las economas, basado no solo en la acumulacin de mayor cantidad de recursos sino en el cambio del modelo productivo imperante en la UE y en el seno de sus naciones integrantes, ser igualmente imposible modificar la tnica nuevamente recesiva en la que nos encontramos y encaminarnos a una salida efectiva de la crisis.

5. A los problemas de cada de la actividad y desempleo que produjeron en casi todo el mundo la falta de financiacin a empresas y consumidores y la cada subsiguiente de la demanda, se sigui en la mayora de los pases otro igualmente grave provocado por el incremento vertiginoso de la deuda soberana de los estados, como consecuencia, al mismo tiempo, de la cada de los ingresos pblicos y del aumento del gasto pblico.

Pero hay que tener en cuenta que los problemas de prima de riesgo que algunos pases, como Espaa, estn sufriendo no tienen que ver tanto con la magnitud de la deuda (la de Espaa sera an llevadera incluso con el volumen que tiene en estos momentos) sino con la presin especulativa que hizo subir artificialmente los intereses con los que se ha financiado.

Y, sobre todo, hay que considerar otras dos circunstancias que igualmente se estn soslayando a la hora de hacer frente a este problema de deuda.

La primera, que el problema principal no radica en la deuda pblica sino en la privada, que es la que realmente resulta impagable, no ya en las condiciones de falta de actividad e ingreso actuales sino en las que previsiblemente se darn en el futuro.

Lo que en realidad se est produciendo es una reconversin de la deuda privada en otra pblica, para que sea el conjunto de la poblacin la que se haga cargo de la que han generado, principalmente y en beneficio propio, las grandes empresas financieras. En 2008, cuando comenzaba la crisis, la deuda pblica representaba un 19,1% del total (pblica y privada) de la espaola, la de las familias un 20,6%, la de las Pymes un 3% y la de las grandes empresas un 57% (de ellas, el 95% corresponda a las de ms de 250 trabajadores). Y eso teniendo en cuenta que el 64,7% de la deuda de las familias corresponda al 10% ms rico de todas ellas.

Lo que se trata de hacer cuando los propios mercados han puesto en jaque al Estado espaol haciendo que artificialmente suba la prima de riesgo es justificar un rescate de la economa espaola en su conjunto para rescatar en realidad a los bancos que son deudores de las entidades europeas, principalmente alemanas y francesas, convirtiendo as en pblica su deuda privada.

La segunda circunstancia a tener en cuenta tiene que ver con el origen de la deuda total espaola y cuya cuanta es hoy da tan preocupante (aunque preocupante, como he sealado, ms por la presin de los tipos de inters que por su volumen total, todava relativamente manejable y, desde luego, asumible al empezar la crisis, cuando era el segundo menor de la Unin Europea).

Habitualmente se seala que su origen est en supuestos excesos en sector pblico, en grandes gastos sociales y en un Estado de Bienestar que se considera desmesurado, de donde se deduce que para combatirla es preciso recortar gastos en educacin, sanidad, pensiones, dependencia, administracin pblica, etc. [6]

Sin embargo, as se falsea la realidad porque no se tiene en cuenta que el verdadero origen de la deuda pblica espaola es otro: el hecho de que Espaa (como los dems pases europeos de la zona euro) no haya podido disponer de un banco central que financiara los gastos pblicos sin inters o a un inters super reducido y, en lugar de ello, haya tenido que hacerlo mediante financiacin bancaria privada a los intereses de mercado.

Una simulacin elemental permite comprobar que si Espaa hubiera dispuesto de una financiacin al 1% procedente de un banco central desde 1989, la deuda acumulada por los sucesivos saldos primarios acumulados desde esa fecha hasta la actualidad representara un 14% del PIB, y no estaramos, por tanto prcticamente en el 90%, como en la actualidad [7] .

El grueso de la deuda, por tanto, es el resultado de una decisin asumida en Europa claramente en contra de los intereses de los pueblos, de cuyas consecuencias nunca se le ha hablado y que, por tanto, puede decirse que ha sido impuesta claramente contra su voluntad, es decir, que es una deuda odiosa o ilegtima.

Desde el ao 2000, Espaa ha pagado unos 227.000 millones en concepto de intereses y eso es lo que ha ido acumulando una deuda cada vez mayor, porque de haber sido financiada como deben ser financiados los gastos de los estados no habra alcanzado nunca el volumen de ahora. Tngase en cuenta que solo en 2008, 2009 y 2010 España ha tenido que pagar 120.842 millones de euros para hacer frente a la deuda en estas condiciones que le imponen los mercados [8] .

Por tanto, hay que concluir que Espaa tiene derecho a revisar la naturaleza de su deuda, a repudiar la ilegtima u odiosa, y que debe plantearse las consecuencias tan negativas que ha tenido y que va a tener mantenerse en una zona monetaria mal diseada, o mejor dicho, diseada para favorecer el negocio de la banca privada a costa de crear innecesariamente un problema ingente de deuda soberana en algunos de sus estados miembros.

6. Como es bien sabido, Espaa tiene una situacin econmica y financiera ms difcil que otras economas de su entorno. Esto es el resultado del problema de deuda al que acabo de hacer referencia (ms concretamente a la gran presin especulativa de los mercados) pero, sobre todo, a otras circunstancias que es preciso tener en cuenta para poder actuar sobre ellas, al contrario de lo que viene ocurriendo cuando se soslayan.

En primer lugar, que la gran influencia de la banca y los grandes grupos de poder econmico ha favorecido en los ltimos decenios un tipo de especializacin muy negativa de nuestra economa, basada en el desarrollo de un modelo productivo ineficiente, insostenible, depredador, desigualitario, desvertebrado y muy dependiente [9] .

En segundo lugar, el entorno de la eurozona que, como ya he sealado, fue diseado de modo muy imperfecto, sin disponer de los instrumentos que son imprescindibles para que una unin monetaria no cree ms problemas de los que viene a resolver y que, as, perjudica mucho a los espacios perifricos o ms dependientes, como el de Espaa.

Por ltimo, el gran poder del que disponen en nuestro pas la banca y los grandes grupos oligrquicos, proveniente de los extraordinarios privilegios que adquirieron en la dictadura fascista y la mayora de los cuales no solo no han desaparecido sino que incluso se han agrandado, y, por otro lado, de la gran desigualdad que hay en nuestra sociedad no solo en trminos de ingresos sino a la hora de tomar decisiones polticas. Eso es lo que ha permitido que se haya desarrollado una burbuja inmobiliaria tan peligrosa sin control ni vigilancia (obviando las demandas que hacan tcnicos, funcionarios cualificados o cientos de especialistas o personalidades independientes, como las que hicieron en varias ocasiones los inspectores del Banco de Espaa cuando denunciaban la actitud "pasiva" de los rganos de direccin del Banco de Espaa con su gobernador al frente [10] ).

7. Todas estas circunstancias son las que han provocado la particular gravedad de la crisis espaola que (con independencia de otras de carcter ms estructural) tiene tres manifestaciones inmediatas y principales y que son las que con carcter de urgencia habra que resolver y no se estn resolviendo: la gran destruccin de empleo, al haberse venido casi completamente abajo el sector de la construccin y la disminucin subsiguiente de la demanda interna, la presin de los mercados sobre la financiacin de la deuda pblica, y la crisis bancaria que impide financiar adecuadamente a las empresas y consumidores.

Lamentablemente, las medidas que se han venido adoptando siguiendo las preferencias de los grandes grupos oligrquicos y las imposiciones de la Unin Europea no solo no los resuelven sino que los han venido agravando.

Las polticas de austeridad hunden an ms la demanda interna, la inactividad del Banco Central Europeo, dedicado a proporcionar dinero fcil a la banca privada para que sta haga negocio financiando a inters ms elevado a los gobiernos, fomentan y no evitan la actividad de los especuladores contra Espaa (como contra Grecia, Irlanda, Italia o Portugal), y las sucesivas reformas financieras, en lugar de dirigirse a garantizar de verdad la existencia de un autntico sector financiero que proporcione recursos a la economa, se han limitado a reforzar el poder de las grandes entidades y a ponerles en bandeja el mercado (sobre todo el que venan teniendo las cajas de ahorros) para que as puedan salir de la insolvencia generalizada en la que prcticamente todas ellas se encuentran de facto.

En lugar de afrontar los problemas que realmente agudizan la crisis en nuestro pas para salir definitivamente de ella, se ha aprovechado la situacin de debilidad para poner en marcha reformas y recortes cuyo nico fin es el de facilitar la entrada de negocios privados en los servicios pblicos, para mejorar an ms la capacidad negociadora de las grandes empresas y para ahorrarles impuestos a los niveles ms elevados de renta [11] .

8. Cuando se plantea la necesidad de hacer frente a todos estos problemas que afectan a la economa espaola, adems de afirmar que "no hay alternativas" (un juicio que en realidad no es argumento y que hemos tratado de desmontar en el libro anteriormente citado Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en Espaa, se suele argumentar que Espaa no tiene capacidad de maniobra alguna en el seno de la unin monetaria.

Es cierto que nuestra pertenencia a la eurozona la limita en grado sumo en cuanto a instrumentos que seran esenciales para hacer frente a una crisis como esta, sobre todo, en poltica monetaria y de cambio que posibilitase la devaluacin, y que impone severas restricciones en otras polticas como la presupuestaria. Eso es as, y de ah, como he sealado, que debiera ser obligado poner sobre la mesa las ventajas e inconvenientes reales que tiene para Espaa pertenecer a una unin monetaria diseada mal y, digmoslo as, en su contra, en beneficio exclusivo de los grandes grupos financieros y empresariales y particularmente de los de Alemania. Pero dicho eso, no es del todo cierto que Espaa carezca por completo de autonoma y que nuestro gobierno no pueda hacer nada que no sea lo dictado por Bruselas, como suele decirse. Por el contrario, ha dispuesto y dispone de ms capacidad de maniobra de la que ha utilizado y esa es la causa de una parte importante de los males y sufrimientos que estamos padeciendo.

La pertenencia a la unin monetaria no obliga a financiar a la Iglesia Catlica, por poner un ejemplo, con ms recursos de los que paralelamente se recortan en servicios sociales, o a eliminar impuestos como el de sucesiones o patrimonio, que, incluso en su moderada conformacin anterior, permitiran ingresar cantidades que hubieran podido evitar gran parte de esos recortes. Como tampoco ha obligado a realizar las contrarreformas fiscales de aos atrs que han mermado ingresos pblicos y fomentado la evasin, o a ser tan contemplativos con la economa sumergida.

Incluso en el marco de la unin monetaria se podran tomar medidas, como las fiscales que proponen los tcnicos del Ministerio de Hacienda, que permitieran multiplicar los ingresos del Estado; o las que se vienen haciendo, por poner un ejemplo, para liberar demanda efectiva mediante la rebaja en la deuda tributaria, para crear nuevos tipos de contratos de trabajo que permitieran anticipar la creacin de empleo a las empresas; o la nacionalizacin de bancos en condiciones menos onerosas y mucho ms efectivas para relanzar la economa que las medidas que se han tomado.

9. Por todo ello, es muy importante desechar la idea tan intensamente asumida por una gran parte de la poblacin (en gran parte porque se insiste mucho en difundirla desde los medios de comunicacin ligados a los grandes intereses financieros y empresariales, es decir, desde prcticamente todos los privados), que tiende a hacer creer que la crisis es una especie de fatalidad, una circunstancia inapelable frente a la que apenas si se puede hacer nada que no sea lo que desde fuera se nos dice que hay que hacer. Como tampoco se puede admitir la idea que alternativamente se difunde a veces desde otros puntos de vista, segn la cual todo es el resultado de un poder omnmodo de los mercados, de una dictadura financiera frente a la que no se puede hacer nada si no es provocando una especie de cambio universal que modifique todas y cada una de las condiciones de nuestra existencia.

Ninguna de esas dos versiones soporta una contrastacin rigurosa con la realidad. Lo que nos ha sucedido no es el fruto de un imponderable, de una catstrofe inevitable, sino de que los gobiernos han dejado de hacer, que ellos mismos han establecido las condiciones que han permitido que se produzcan los hechos que han dado lugar a la crisis. Los gobiernos tienen en sus manos las medidas que pueden permitir que los asuntos econmicos se desenvuelvan de otro modo y, particularmente, que pueden hacer que ni siquiera se tengan por qu dar las crisis financieras recurrentes que estn destrozando a la economa mundial en los ltimos aos.

10. Teniendo en cuenta factores como los que he tratado de analizar en esta intervencin creo se puede tener enfrente una dimensin diferente de la crisis con la que resulta ms fcil pensar en alternativas y ponerlas en marcha.

No todos los pases tienen los mismos problemas, ni han padecido los mismos males, de modo que sera cuestin de seguir su camino y no, como est sucediendo, el que nos lleva en direccin contraria. Y la naciones que han llegado ms lejos en progreso y en estabilidad social, incluso las que son ms competitivas, si es que se quiere recurrir a este criterio convencional, muestran caminos por donde se supone que deberan transitar las que tratan de emularlos, luego lo que debera ser objeto de reflexin es que se nos impongan otros bien diferentes. Y, como he dicho, si hemos vivido largas pocas sin crisis financieras, lo significativo es el empeo en huir de las condiciones polticas y regulatorias que se daban entonces, para insistir, por el contrario, en las que sabemos que estn asociadas a la perturbacin financiera constante y a la crisis.

Las propuestas de polticas y medidas alternativas son muy abundantes, e incluso algunas de ellas han pasado ya la simple formulacin terica para aplicarse en otros pases con xito. Por ello me parece que resulta obligado concluir que si economas como la espaola se debaten en una situacin tan frgil, incapaces de salir de la crisis y de resolver los problemas de la deuda, del empleo o de la generacin de ingresos que otras economas han resuelto, incluso en el mismo marco deteriorado del capitalismo especulativo de esta etapa neoliberal en la que estamos, lo que ocurre no es que no existan alternativas sino que se carece de la decisin, de la voluntad y del poder poltico suficientes como para ponerlas en marcha.

No debe olvidarse una cuestin elemental que se quiere ocultar: los problemas econmicos no tienen soluciones tcnicas, sino polticas. Y siendo as, sabindolo, quiz quede ms claro que el deterioro de la situacin econmica de Espaa, o de Europa en general, no es el resultado de que no existan soluciones alternativas sino de que se ha debilitado tanto la democracia que es imposible que se impongan las que desea la mayora de la poblacin y que, en su lugar, se apliquen las polticas que solo benefician a una parte muy minoritaria, cuyo bienestar y riqueza es ajeno a la estabilidad econmica y a la buena marcha general de los asuntos econmicos.



[1] Juan Torres Lpez y Lina Gálvez Muoz, Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera, Icaria, Barcelona 2010; Juan Torres Lpez. La crisis de las hipotecas basura. Por qu se ha cado todo y no se ha hundido nada? Sequitur, Madrid 2011.

[2] Alan M. Taylor, The great leveragin. NBER Working Paper 18290, 2012, en http://www.nber.org/papers/w18290 .

[3] Un anlisis reciente sobre sus consecuencias de todo tipo Joseph Stiglitz, El precio de la desigualdad. Taurus, Madrid 2012.

[4] Vid Vicen Navarro y Juan Torres Lpez, Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero. Espasa, Madrid 2012.

[5] Vid. J oseph E. Stiglitz, Cada libre: El libre mercado y el hundimiento de la economa mundial, Taurus, Madrid, 2010

 

[6] Hemos demostrado la falsedad de estas argumentaciones en Vicen Navarro, Juan Torres Lpez y Alberto Garzn, Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en Espaa. Sequitur, Madrid 2011. Versin libre en pdf en http://www.sequitur.es/hay-alternativa/

[7] Eduardo Garzn Espinosa. Situacin de las arcas pblicas si el estado espaol no pagara intereses de deuda pblica . En http://eduardogarzon.net/?p=328 .

[8] Agustn Turiel. Informe sobre la legitimidad de la deuda pblica de la Administracin Central del Estado de Espaa. En https://www.box.com/s/a5d5f0f2d1d4c7a90793

[9] Vid. Albert Recio, Capitalismo Espaol: La inevitable crisis de un modelo insostenible . Revista de Economa crtica, n 9, 2010; Emmanuel Rodrguez Lpez e Isidro Lpez Hernndez. Del auge al colapso. El modelo financiero-inmobiliario de la economa espaola (1995-2010). Revista de Economa crtica, n 12, 2011; Albert Puig Gmez , El modelo productivo espaol en el perodo expansivo de 1997-2007: insostenibilidad y ausencia de polticas de cambio. Revista de Economa crtica, n 12, 2011.

[10] Juan Torres Lpez. Las responsabilidades del Banco de Espaa . En http://www.attacmadrid.org/?p=4148 .

[11] Sobre estas medidas en la etapa de gobierno del Partido Popular, vid. Vicen Navarro, Juan Torres Lpez y Alberto Garzn. Lo que Espaa necesita. Una rplica con propuestas alternativas a la poltica de recortes del PP. Deusto, Madrid 2012.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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