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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2013

Aguanta o revienta!

Paco Roda
Rebelin


La democracia se basa en la conviccin de que en la gente comn hay posibilidades fuera de lo comn.

Harry Emerson Fosdick

 

La gran respuesta est escondida en el magma del desconcierto. Nadie da crdito a lo que ocurre. Muchos elucubran, analizan y psicoanalizan el presente y sus estertores, pero la mayora desbarran. No por ignorancia, sino porque lo que ocurre pareciera que ocurriera ms all de la verdad, ms all de lo posible e imposible. S, hay manifestaciones, protestas varias, cabreos generalizados, encierros, caceroladas y convocatorias de todos los colores. Incluso la conciencia social ha despertado del letargo posmodernista. Cierto. Todo se sabe, todo est dicho sobre la desdicha de este presente inmundo: millones de parados, recortes crueles, sueldos, pensiones y subsidios de saldo; muertes, EREs y suicidios por desahucios; usureros que van de banqueros beatos, millonarios filantrpicos que doblan su fortuna, enfermos que se pagan la ambulancia hacia la muerte y polticos cnicos que instigan a la austeridad ajena ganando 150.000 euros al ao sin que se les mueva el msculo de la vergenza. Y tambin vendedores de palabras que actan como dosis de arsnico. Nunca tan pocos engaaron a tantos y les cobraron por ello. Todo est dicho, por activa y por pasiva. Sabemos lo que pasa y por qu nos pasa. Sabemos la verdad ms ntima de este escandaloso funcionamiento del mundo, de este girar enrevesado de la historia, de esta vuelta atrs en busca de una proteccin personal que nos libre de la vista asquerosa que ofrece la realidad. Lo sabemos todo. Y sin embargo algo, en lo ms profundo de nuestra luminosidad, nos impide hallar la luz. La luz para entender por qu Los Miserables no se representan ya entre nosotros, por qu el estallido social se hace esperar tanto, por qu la toma de La Moncloa no se ejecuta de inmediato, por qu tardamos tanto en secuestrar banqueros y pedir rescate por ellos. Sobran razones. Sus sustracciones y rateras las han realizado en nombre del libre mercado, pero en realidad las han hecho en nombre propio. O es que acaso la ciudadana no es rehn de ellos?, O es que acaso no hemos sido secuestrados por manos blancas ensangrentadas de avaricia y vicio poltico?

Todo est dicho. Todo ocurre de manera insondable sabiendo que el futuro imperfecto espera el descenso a los infiernos de la austeridad. Y ustedes se preguntarn cundo despertaremos, hasta cundo, hasta dnde vamos a aguantar tantas lneas rojas sobresaltadas. Incluso sabemos que podemos aguantar ms. Mucho ms. Sabemos por los expertos, que la familia es el gran amortiguador social del desencanto, que la economa en negro, blanquea y purifica las penurias econmicas de cinco millones de parados, que los abuelos y abuelas estn frenando la rebelin porque ellos y ellas estn sosteniendo las barricadas que an no se han levantado. Creemos que todo es irreal, que no es posible, y quizs por ello entendemos que no tiene ningn sentido fatigarse en demostrar lo contrario. Sabemos que el miedo, el miedo a perder lo que se tiene, sea poco o nada, es muy paralizante, incluso autodestructivo. Es ese miedo social de quien, sabedor de su pasado desahogado, no desea arriesgar ms de la cuenta. Y asume los ajustes y recortes como un mal menor. Eso lo sabemos. Son leyes sociolgicas, lgicas del comportamiento, dinmicas privadas de la conducta social. Pero an as nos preguntamos por qu. Si todo est a punto para el desembarco, si tenemos la evidencia de los hechos, si sabemos, con nombres y apellidos quien ha causado esta hecatombe, si estn ah, con acusaciones en firme, por qu no actuamos.

Me gustara saberlo a ciencia cierta. Pero s que la verdad ha sido secuestrada hace tiempo. Aunque algo intuyo. Vicente Verd, en el artculo publicado en El Pas titulado La fertilidad del miedo, adelanta algo. Dice que las protestas se disuelven en las aguas amargas de la clera efmera, como si esa rabia que nos inunda ante tanto despropsito fuera incapaz de concretarse en algo brutal y colectivo, en un empuje contorsionado, como lo fueron otras revoluciones que alteraron el orden del mundo. Es verdad. Pero el mismo autor, tal vez sin darse cuenta, creo, aporta la respuesta, la gran respuesta incapacitante de nuestra clera efmera. Dice que en la Red, en la radio, en Critas, en Mdicos sin Fronteras o en la tendencia de la multicaridad se siembra la luminosa accin de auxiliar al otro. Eso es. Es en el mbito de nuestra privacidad caritativa donde encontramos el consuelo ante tanta desazn. Es en nuestro gozo o desgozo interno y privado desde donde operamos. En la absoluta soledad despolitizada de nuestra privacidad desconectada de los otros. Porque desprovistos del nosotros revolucionario no podemos provocar ni convocar ninguna revolucin. Porque estamos sometidos a la tirana de la privacidad de los mltiples actos de palabra, obra y omisin que ejecutamos cada da. Sin darnos cuenta, nuestros actos solo tienen un destino, nuestro propio yo. Porque el nosotros social ha sido pulverizado, ha dejado de existir, los dems estn ah, con sus penas, ictus, desajustes, despidos, recortes, subsidios de miseria, disfunciones, exclusiones, amenazas, soledades, pobrezas, precariedades y destinos sin presente. Pero no estn con nosotros. Porque ya no forman parte de l. As van surgiendo iniciativas que buscan, con las mejores intenciones, supurar las heridas de la gente y paliar las desgracias diarias. Pero alejadas de la solucin colectiva. Como si reconocisemos desesperanzados que solo la nueva asistencializacin puede sufragar nuestros males. Y eso nos aleja de la revolucin colectiva.

Si me preguntan, entonces qu tiene que ocurrir para que esto cambie, para que salgamos a la calle y actuemos en serio? Les dir que tiene que pasar tiempo. Para reconstruirnos como nosotros revolucionario. O, que quien nos dirige no controle la tensin del arco de la historia. Rajoy sabe que ya no hay lneas rojas que le impidan llevar a cabo su holocausto social. Y lo sabe Merkel y los dirigentes mundiales y quien manda en el Fondo Monetario Internacional. Lo saben en el Banco Central Europeo y tambin los gnsteres de la banca espaola y mundial, y los terroristas econmicos que alteran los mercados. Lo saben. Por eso juegan. Porque hay algo que tienen controlado: el miedo social y colectivo a la prdida del presente, el justo y necesario engao a travs del gobierno de las palabras, que es como decir que es de noche cuando en realidad han bajado las persianas y el absoluto dominio sobre los poderes que pudiendo hacer algo, no hacen nada. La justicia, la democracia y las instituciones polticas han sucumbido a la mentira, la traicin, la apostasa y la corrupcin. Han dejado de servir para lo que se erigieron. Para atender a los ciudadanos, hoy convertidos en clientes. Si usted Sr. Rajoy controla esto, sabe que tiene va libre para convertir el Estado en una tripera. Salvo que; salvo que un da, una chispa, una voz, una gota de sangre, un fulgor, una muerte, un grito, una consigna, incluso un poema estimule una reaccin en cadena, como si todos estuviramos encerrados en ese bosn de Higgs y provocramos un colosal choque de partculas. Entonces, aupados por el nosotros contagiado de venganza, devolveramos a la historia su funcin. Hacer girar el mundo. Y es que la historia no se repite, pero fabrica constantes. Y lo que es cierto es que Rajoy juega en esta vida como si la historia hubiera firmado su defuncin definitiva. Pareciera que est poniendo a prueba la ductilidad de los espaoles. Pero ignora que la historia es incontrolable y que quizs un da su elipsis estalle sin aparente causa ni justificacin. Quizs entonces el rumbo gire bruscamente

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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