Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2013

La inocencia secuestrada

Ricardo Alarcn de Quesada
Revista Punto Final


Washington viol la Constitucin y las leyes para asegurar las duras condenas a Gerardo Hernndez Nordelo, Ramn Labaino Salazar, Antonio Guerrero Rodrguez, Fernando Gonzlez Llort y Ren Gonzlez Sehwerert, cinco antiterroristas cubanos que cumplen ms de 14 aos de injusto castigo. Fue una conspiracin que dur todo el proceso y en la que invirti millones de dlares. Sobre las personas y el volumen de recursos utilizados y otros aspectos claves de esta operacin slo se tiene una informacin par

Obligado a liberar inmediatamente a nuestros compaeros, el gobierno conspir tambin para ocultar lo que hizo, incurriendo en un delito adicional, el del encubrimiento. Tal es la esencia de la declaracin jurada que Martin Garbus, abogado de Gerardo Hernndez, present a Joan Lenard, jueza del Distrito Sur de la Florida. Respalda as la solicitud de anulacin de su condena o que se le conceda una audiencia oral y se descubran todas las pruebas que el gobierno esconde.

La conspiracin consisti en usar medios locales de Miami en una campaa propagandstica de odio y hostilidad sin precedentes. Emplearon a un numeroso grupo de periodistas que repitieron artculos y comentarios da y noche hasta producir un autntico vendaval desinformativo. Del 27 de noviembre de 2000 -da en que empez el juicio- al 8 de junio de 2001 -cuando fueron declarados culpables- slo en The Miami Herald y El Nuevo Herald aparecieron 1.111 artculos, ms de cinco por da. Igual ocurri con el Diario de Las Amricas , saturando completamente la prensa escrita. Los periodistas actuaron tambin en emisoras de radio y televisin y en otras publicaciones. Era imposible evadir esa incesante propaganda en ningn rincn del sur de la Florida.

La accin delictiva fue ms all de la propaganda. Los periodistas tambin hostigaron a testigos y jurados quienes se quejaron a la jueza del acoso de cmaras y micrfonos. Varias veces la seora Lenard se sum a sus protestas.

En agosto de 2005 los tres jueces de la Corte de Apelaciones, unnimemente, declararon nulo el juicio de Miami al que describieron como una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad creada precisamente por los medios locales. Al dictar el histrico fallo los jueces no saban, ni poda saberlo nadie, que el responsable de esa tormenta perfecta era la Fiscala que falt gravemente a su obligacin de garantizar un juicio justo.

La primera noticia de la conspiracin del gobierno con sus periodistas surgi un ao despus, en septiembre de 2006. Desde entonces el gobierno bloquea gestiones de grupos privados para que muestre el alcance de esa operacin, rechaza la demanda incluida en las apelaciones extraordinarias de nuestros compatriotas y amenaza con razones de seguridad nacional, para perpetuar el ocultamiento. El caso de los Cinco tiene una extraa relacin con la prensa. En Miami los medios fueron un instrumento decisivo para condenarlos. Fuera de Miami, los castigan con el silencio.

El gobierno no slo se opuso al escrito del defensor de Gerardo. Fue mucho ms all. En un paso que ella misma admite es totalmente inusual, la Fiscala pidi la supresin del documento: que se le haga desaparecer como si nunca hubiera existido. Para mantener esa actitud, Washington cuenta con los dueos de las corporaciones mediticas que imponen el silencio sobre el tema. Nada han dicho sobre la importante mocin ni sobre el intento de hacerla desaparecer.

La irrefutable denuncia de Garbus plantea un reto a los profesionales del periodismo. Seguirn ocultndola, sirviendo as a quienes mancillaron su oficio? O salvarn la honra de su profesin reclamando que los farsantes sean desenmascarados y que la verdad y la justicia prevalezcan? La responsabilidad de los medios es an mayor si se recuerda su papel respecto al cargo ms grave incluido en este caso.

UN ASESINATO FABRICADO

El 24 de febrero de 1996 se produjo un lamentable incidente frente al Malecn habanero. Dos avionetas de un grupo terrorista de Miami fueron derribadas por la defensa antiarea cuando violaban el territorio cubano. Decenas de hechos semejantes haban ocurrido en el ltimo ao y Cuba advirti pblicamente que no tolerara su repeticin.

El asunto se examin en la Organizacin de Aviacin Civil Internacional y el Consejo de Seguridad de la ONU.

El 7 de mayo de 1999 -luego que haban pasado mas de tres aos- el gobierno de Estados Unidos, de modo irresponsable, lo convirti en el cargo 3 (Conspiracin para cometer asesinato) formulado slo contra Gerardo. El cargo 3 concentr casi completamente el proceso de los Cinco, al que dedic el tribunal la mayora de sus sesiones, expertos y testigos, y fue eje central de la campaa meditica. Curiosamente, los medios le prestaron gran atencin al cargo 3 antes de que ste existiera. Puede afirmarse que la acusacin fue un acuerdo entre el gobierno y los grupos terroristas responsables de aquel suceso en que los periodistas pagados por el gobierno tuvieron un papel decisivo.

En septiembre de 1998 cuando el FBI apres a los Cinco, la Fiscala present los cargos de los que eran acusados. All no estaba el cargo 3, no se haca referencia alguna a incidentes areos o nada parecido. La acusacin contra Gerardo fue agregada ms de medio ao despus, cuando l y sus compaeros estaban en confinamiento solitario, aislados del mundo, durante 17 meses.

La prensa de Miami entre septiembre de 1998 y mayo de 1999 confirma esta afirmacin. Son numerosas las declaraciones de jefes de grupos violentos, ampliamente difundidas y amplificadas por los periodistas, pidindole al gobierno que agregase la nueva acusacin. Incluso la noticia, profusamente desplegada, de reuniones entre fiscales y terroristas de las que surgira la infame calumnia.

Los documentos de la Fiscala llevaran a cualquier periodista serio a la necesidad de averiguar. Ah consta que el FBI descubri quin era Gerardo y qu haca all desde 1994, ms de dos aos antes del incidente de 1996. Haban descifrado sus comunicaciones con La Habana, saban lo que haca y lo que se le instrua hacer. Por eso no actuaron contra l, les constaba que su trabajo no era en absoluto perjudicial para Estados Unidos. Saban tambin que Gerardo nada tena que ver con los sucesos de 1996. En aquellos das fue grande el alboroto en Miami y en Washington. Bill Clinton ha escrito que hasta se le propuso un ataque militar a Cuba. Los ms agresivos grupos del sur de la Florida vociferaban reclamando guerra. Puede alguien creer que no habran hecho nada contra el culpable por el derribo de las avionetas? Que no actuasen contra l si lo tenan all mismo, controlado por el FBI?

Y Cuba? Ninguna de las comunicaciones con Gerardo, que el FBI present en el juicio, sugiere siquiera la menor preocupacin por su seguridad ante los riesgos que enfrentara si l hubiese tenido alguna participacin en el incidente. Gerardo continu su labor en Miami por tres aos ms. Vino a Cuba y regres, a nadie se le ocurri que se quedase para proteger su vida. Cuando lo detuvieron, en septiembre de 1998, no lo acusaron de nada relacionado con lo ocurrido en 1996, por la sencilla razn de que el FBI conoca que l no tuvo relacin alguna con aquella desgracia.

Sin embargo en 1999 lanzaron la increble calumnia del asesinato, para satisfacer a la mafia terrorista y sus corifeos en los medios asalariados del gobierno. Tan endeble era esa acusacin que la propia Fiscala reconoci oficialmente, en accin sin precedentes en la historia norteamericana, que no la poda probar y pidi retirarla, algo que hubiera sido noticia de primera plana si se tratase de otro caso y no del de los Cinco. Gerardo fue sentenciado a morir en una crcel de mximo rigor por algo de lo que no era acusado.

IMAGENES SECUESTRADAS

El 6 de marzo de 1996 el Consejo de la Organizacin de Aviacin Civil Internacional (OACI) design una comisin para que investigara el incidente del 24 de febrero y le presentara su informe en sesenta das. El 19 de marzo, el presidente de esa comisin comunic a los gobiernos de Cuba y Estados Unidos los datos e informaciones que requera y pidi visitar ambos pases. Cuba recibi a los investigadores el 24 de marzo. La misin trabaj intensamente hasta el 31 de ese mes. De aqu se fue a Washington y Miami.

Pero el 6 de mayo el informe no estaba listo. La comisin dio cuenta de lo que haba hecho en sus visitas a ambos pases y debi pedir un mes adicional para acopiar la informacin que le faltaba. Qu haba sucedido? Respecto a Cuba la comisin hizo constar lo siguiente: Para el 30 de marzo de 1996, las autoridades cubanas haban cumplido totalmente con todas las solicitudes formuladas por este equipo en relacin con entrevistas y declaraciones por parte del personal civil y militar involucrado, entrevistas y declaraciones de testigos, informaciones civiles y militares, documentos y cartas, as como registros y transcripciones de comunicaciones.

En cuanto a Estados Unidos, sin embargo, mencion que tuvo varios encuentros con las autoridades y estaba a la espera de recibir los datos de los radares norteamericanos.

La OACI extendi el mandato de la comisin hasta el 6 de junio. Pero el informe no lleg hasta el final de ese mes y fue visto en la ltima sesin del Consejo.

Entonces se supo lo que haba hecho la comisin despus que sali de La Habana, nico lugar donde encontr toda la informacin nec esaria. Segn el informe final, la misin no regres a Washington ni a Miami. Slo se reuni con funcionarios estadounidenses en Montreal, Canad, del 2 al 9 de mayo y el 3 y 4 de junio. No hay que ser un orculo para imaginar que esos cnclaves secretos facilitaron la redaccin final del documento.

Los datos de las estaciones de radar norteamericanas eran sorprendentes. Fueron destruidos, o se perdieron, o eran confusos. En Cuba, en cambio, los investigadores no solo haban recibido a tiempo los datos de nuestros radares, tambin visitaron sus instalaciones, revisaron sus equipos y entrevistaron a sus operadores. Nada de eso pudieron hacer del lado norteamericano. La comisin decidi entonces olvidar la informacin de los radares y pidi a Washington las imgenes tomadas por sus satlites espaciales. Esta peticin fue denegada y la OACI dej constancia de la curiosa negativa.

La cuestin de las imgenes que los satlites norteamericanos registraron sobre los sucesos del 24 de febrero de 1996, reclamadas sin xito por la OACI, reapareci durante el juicio de Miami. La determinacin del lugar exacto donde ocurri el incidente no era relevante para Gerardo, pues l era totalmente ajeno al hecho dondequiera que ste hubiera ocurrido. Pero era decisiva para el tribunal, que slo tendra jurisdiccin si el lamentable suceso hubiese tenido lugar fuera del territorio cubano.

En Miami se repiti la discusin sobre los datos contradictorios de los radares. Fue un experto del gobierno, alto oficial retirado de la Fuerza Area, quien destap la olla. Para resolver la disputa pregunt simplemente: Por qu no vemos las imgenes de nuestros satlites? De inmediato la defensa present una mocin para que se instruyese al gobierno presentar las imgenes. La Fiscala tercamente se opuso. Ahora la disputa no era sobre la ubicacin del incidente areo, sino sobre la ubicacin de las imgenes que supuestamente aclararan el asunto.

Desde entonces no han sido pocos los esfuerzos para encontrar las tan famosas como perdidas imgenes. Una institucin privada de California hace aos realiza gestiones para obtenerlas, hasta ahora sin xito. Las solicit varias veces a entidades oficiales de Estados Unidos que manejan los satlites de ese pas. Todas se negaron a facilitarlas. An se espera un pronunciamiento de la Corte de Apelaciones de California.

Semejante reclamo est incluido en el habeas corpus presentado a nombre de Gerardo. Como habr adivinado el lector, la Fiscala se opuso ya a la presentacin de las imgenes.

Washington ha sido tenaz en su negativa a mostrar las imgenes tomadas por sus propios satlites. Slo las examinaron, obviamente, las autoridades norteamericanas, quienes se han encargado de impedir que alguien ms pueda verlas. No pudo conocerlas la OACI, ni la ONU, ni un tribunal federal, ni la sociedad norteamericana. Slo el gobierno accedi a ellas. Nadie ms. Han pasado ms de 16 aos de hermtico ocultamiento. Las imgenes satelitales fueron, sencillamente, secuestradas, desaparecieron. Cmo explicar esa conducta? Qu otra explicacin puede tener como no sea que los gobernantes norteamericanos, los nicos que vieron las imgenes, saben que prueban que el incidente ocurri dentro del territorio cubano? Slo eso puede explicar que las condenasen, tambin a ellas, al confinamiento solitario y las hayan castigado, como a Gerardo, a prisin perpetua.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter