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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2013

Adictos a la comida basura

Esther Vivas
Pblico


Qu puede pasarte si durante un mes te alimentas a base de Big Macs, Cheese Burguers, batidos de fresa, Mc Nuggets...? El resultado: once kilos de ms, hgado hinchado, dolores de cabeza, depresin y colesterol por las nubes. Lo cuenta en carne propia el director Morgan Spurlock en la pelcula 'Super Size Me' (2004), que retrata las consecuencias de desayunar, almorzar y cenar diariamente en Mc Donald's. Pero el problema del fast food no es slo que nos enferma, sino que nos convierte en adictos a su comida.

"Lo importante no es que vengas, es que vuelvas" reza el ltimo anuncio de Mc Donalds. Y nunca mejor dicho. La comida basura se convierte en imprescindible para aquellos que frecuentan sus establecimientos. As lo constata la investigacin llevada a cabo por The Scripps Research Institute en Estados Unidos, publicada en 2010 en la revista Nature Neuroscience. Sus conclusiones no dejan lugar a dudas: la ingesta de comida basura desarrolla los mismos mecanismos moleculares del cerebro que propician la adiccin a las drogas, y en consecuencia su consumo es especialmente adictivo. Tal vez tendramos que sugerir a las Autoridades Sanitarias que advirtieran a los consumidores que comer en Mc Donalds, Kentucky Fried Chicken, Pizza Hut, Burguer King, Dunkin' Donuts... "puede perjudicar gravemente su salud".

Aunque no es necesario entrar en un establecimiento de comida rpida para consumir alimentos de baja calidad. La mayor parte de comida que compramos est elaborada con altas dosis de aditivos qumicos de sntesis como colorantes, conservantes, antioxidantes, espesantes, estabilizantes, potenciadores del sabor, reguladores de acidez, almidones modificados, etc. que alteran el alimento en funcin de los intereses de la industria. As se consigue dar al producto un color ms atractivo, la apariencia de recin hecho o un intenso sabor. El objetivo, vender ms.

Pero, cules son las consecuencias para nuestra salud? Varias investigaciones sealan el impacto negativo que el consumo recurrente de algunos de estos aditivos puede tener en la aparicin de enfermedades como alergias, hiperactividad infantil, problemas de sobrepeso..., que no han hecho sino aumentar en los ltimos aos. As lo aseguraba una investigacin realizada en la Universidad de Southampton, en 2007, a peticin de la Agencia de Estndares Alimentarios de Gran Bretaa, y publicada en The Lancet, que demostraba el vnculo entre el consumo de determinados aditivos por parte de nias y nios con el desarrollo de hiperactividad. La solucin radica en sustituir dichos aditivos artificiales por otros de naturales, pero estos son ms caros y la industria alimentaria los descarta. El dinero manda.

La periodista francesa Marie Monique Robin lo documentaba al detalle en su penltimo trabajo, el ttulo del cual no deja lugar a dudas, Nuestro veneno cotidiano, donde investigaba las consecuencias en nuestro organismo de una agricultura adicta a los fitosanitarios y de una industria alimentaria enganchada a los aditivos qumicos. Las consecuencias, segn el documental, eran claras: aumento de enfermedades como el cncer, la esterilidad, los tumores cerebrales, el parkinson..., fruto, entre otros, de un modelo agrcola y alimentario supeditado a los intereses del capital. Sino cmo es posible -como seala el film- que la industria agroalimentaria, por ejemplo, siga utilizando un edulcorante no calrico como es el aspartamo, en productos etiquetados como light, 0,0%, sin azcar, cuando varios experimentos han demostrado que el consumo continuado de dicha sustancia puede resultar cancergeno?

Algunos dirn que dichos trabajos, informes e investigaciones son alarmistas y que todos los aditivos qumicos aplicados en la Unin Europea son previamente evaluados por una agencia independiente: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Hace unos meses la organizacin Corporate European Observatory hizo publico un informe en que sealaba los vnculos estrechos del EFSA con la industria biotecnolgica y agroalimentaria, as como la dinmica de "puertas giratorias" entre ambos. El conflicto de intereses entre quienes legislan y las empresas del sector es claro. Algo que sin lugar a dudas, y por desgracia, no slo afecta a este mbito sino a muchos otros.

La industria agroalimentaria, en su carrera por reducir costes y obtener el mximo beneficio, ha dejado en un segundo plano la calidad de aquello que comemos. Escndalos alimentarios como el de las vacas locas, la gripe aviar, los pollos con dixinas, la e-coli... son slo la punta del iceberg de un modelo agrcola y alimentario que antepone el afn de lucro de unas pocas empresas que monopolizan al sector a las necesidades alimentarias de las personas.

Somos lo que comemos. Y si consumimos productos elaborados con altas dosis de pesticidas, fitosanitarios, transgnicos, edulcorantes, colorantes y sustancias que nos convierten en adictos a la comida basura, esto acaba, tarde o temprano, teniendo consecuencias en nuestra salud. Tal vez ya va siendo hora de que le digamos a Ronald McDonald y a sus amigos: I'm NOT lovin' it.


*Artculo publicado en Pblico, 16/01/2013.


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