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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2013

Ideas En Accin
Capitalismo y crisis, un acercamiento marxista

David Al Yasari
En lucha


El valor de las cosas

Con esta columna se inicia una serie dedicada al anlisis de la economa desde una perspectiva marxista.

El objetivo, evidentemente, es explicar las races de la crisis actual, y evaluar las respuestas que se proponen ante ella. En los medios, se habla de la crisis como del producto de fuerzas ms all de la intervencin humana.

El marxismo, en cambio, la analiza precisamente como el resultado de las acciones (si bien descoordinadas y a menudo inconscientes) de los seres humanos.

Pero para entender la crisis, hay que entender el funcionamiento bsico de la economa capitalista. Y para hacer esto, hay que establecer las bases de la visin marxista, que es la teora del valor.

Los economistas que aparecen en la televisin (y en la mayora de aulas universitarias) no suelen hablar nunca del valor de las cosas, slo hablan de los precios. Y presentan stos como el resultado accidental de la interaccin entre la oferta y la demanda. Pero no ofrecen ninguna explicacin objetiva acerca de por qu un Rolls Royce, por ejemplo, cuesta ms que un bocadillo.

Marx, en cambio, mantuvo que las cosas o para ser ms exactos las mercancas s tenan un valor objetivo, ms all del precio que tuvieran en un momento dado. Para l, el valor de una mercanca vena determinado por la cantidad de trabajo humano necesario para producirla.

Antes de continuar, se debe hacer una aclaracin. Aqu de lo que se trata es del valor de cambio. El valor de uso es otra cosa; el aire, por ejemplo, no tiene valor de cambio, porque (por ahora) no se produce como mercanca, pero obviamente tiene muchsimo valor de uso. Tambin tienen valor de uso los productos alimenticios, los coches, los bolgrafos, etc., pero estos valores de uso no son calculables, ni son intercambiables. Si ests murindote de sed, ninguna cantidad de trajes Armani te solucionar el problema. El valor de intercambio, en contraste, se centra en algo que toda mercanca tiene en comn, que es el hecho de ser el producto de una cantidad determinada de trabajo humano.

As que una silla y una cena son totalmente diferentes fsicamente, pero pueden equipararse en valor, si requieren la misma cantidad de trabajo humano para producirlas. Lo mismo se podra aplicar a cosas tan diferentes como a un libro y a una pieza de ordenador.

La cantidad de trabajo humano a la que se refiere es a la de todo el proceso de produccin. Es decir, una fbrica moderna puede ser muy eficaz, produciendo una gran cantidad de mviles o latas de refresco en poco tiempo. Pero no se debe calcular slo el tiempo gastado en la ltima etapa del proceso. Tambin se debe incluir la parte proporcional del desgaste de las mquinas. Y stas son en s el resultado del trabajo humano anterior, cuyo valor se transfiere a la mercanca producida. Lo mismo se aplica a las materias utilizadas en dicha fbrica, que tambin son producto de procesos anteriores de produccin; otra vez, en ltimo trmino, productos del trabajo humano.

El aspecto ms importante de este argumento no es cuantitativo; no se trata de calcular exactamente cuntas horas de trabajo son necesarias para producir cada mercanca. El punto clave es ms bien poltico.

Esto lo vemos claramente en la respuesta a la teora que dan los capitalistas, o mejor dicho, la que dan sus luchadores entrenados, los economistas de la televisin. Se apresuran a rebatir el anlisis, alegando que, si bien el trabajo humano produce valor, tambin lo hace la maquinaria. Para poner esta teora a prueba, slo hace falta dejar en un taller una mquina y algo de materia prima, y esperar a ver cunto valor produce. El resultado, evidentemente, es cero.

El capital de por s no produce valor alguno. Es ms, todo capital existente es en s mismo producto del trabajo humano anterior, adquirido mediante la explotacin a la que se somete a la clase trabajadora. A esto volveremos en la siguiente columna.

Por el momento, terminemos con este punto. El esfuerzo de la clase trabajadora crea todo el valor que existe en el sistema. Esta clase, la misma a la que los capitalistas quieren hacer pagar la crisis, es la que ha producido toda su riqueza. Esto es lo que demuestra la teora marxista. Por algo no quieren que se explique en televisin.

Explotacin, origen de los beneficios

La segunda columna de la serie dedicada al anlisis de la economa desde una perspectiva marxista.

Se suele utilizar el trmino explotacin para hacer referencia a un abuso excepcional y tercermundista.

El anlisis marxista, en cambio, demuestra que la explotacin es la norma bajo el capitalismo. Es, de hecho, el origen de los beneficios, incluso en las empresas ms avanzadas y respetables.

Para entender el porqu, volvemos a lo que se coment en la primera columna de esta serie: el valor de intercambio de una mercanca se basa en la cantidad de trabajo humano requerida para su produccin.

Mucha gente piensa que los beneficios provienen de vender las mercancas a un precio superior a su valor. Pero una venta es, a fin de cuentas, el intercambio de una mercanca por otra, con dinero por en medio. Si se intercambian dos mercancas, es imposible que ambas obtengan ms de su valor. Algunos capitalistas s consiguen vender sus productos a un precio por encima de su valor real mediante patentes, publicidad, monopolios, poder militar, etc. pero esto slo conlleva que otros productos se vendan por debajo de su valor. No se producen as beneficios en el conjunto del sistema.

Para entender los beneficios, debemos volver, otra vez, al trabajo humano.

En el capitalismo, la propia capacidad humana de trabajar es una mercanca. Como cualquier mercanca, tiene su valor, basado en la cantidad de trabajo humano requerida para (re)producirla. Para que una persona pueda trabajar en una fbrica, oficina, hospital, etc. tiene que descansar y dormir lo suficiente, comer, vestirse, etc. A largo plazo, la existencia de mano de obra requiere que se formen a las prximas generaciones de la clase trabajadora.

Todo el trabajo humano pagado necesario para reproducir la fuerza de trabajo es decir, la parte correspondiente a un da constituye su valor de intercambio. (Destaquemos que, para el capitalismo, los cuidados familiares son como el aire: imprescindibles pero invisibles, y no producen valor de intercambio).

En los inicios del capitalismo, con una baja productividad, una persona poda tener que trabajar mucho tiempo digamos seis horas diarias slo para reproducir sus propias necesidades existenciales. Aqu entra en juego el truco del capitalismo. Se compra la capacidad para trabajar un da, pero la extensin de ese da es un tema abierto. Tpicamente el jefe exiga que se trabajasen no seis, sino diez, doce o ms horas.

Esta diferencia entre las horas requeridas para cubrir el valor de la fuerza de trabajo, y las horas que realmente se trabajan, es la fuente de los beneficios; es la plusvala.

Para ilustrar cmo funciona, seguimos con el ejemplo histrico. Tomemos una empleada de una fbrica textil, con una jornada laboral de doce horas. Digamos que en este tiempo gasta materia prima, as como una parte proporcional de la maquinaria, por un valor total de 24 horas. stas se suman a las doce horas trabajadas por la empleada, con lo cual el valor del producto total del da seran 36 horas.

Las 24 horas de materia prima y de maquinaria gastada, el jefe las tiene que pagar, en general, a su valor. La mercanca producida la vende por su valor. Los beneficios provienen del hecho de que paga el valor de la fuerza de trabajo, que son sis horas, pero recibe a cambio doce.

Hoy en da, se aplica el mismo principio, aunque con cifras bastante diferentes. Suele haber un valor mucho mayor de maquinaria; la inversin necesaria para establecer una fbrica moderna es mucho ms alta que hace 150 o 200 aos. En cambio, las jornadas laborales suelen ser menores de doce horas.

Sin embargo, con la productividad actual, lo necesario para la reproduccin de la fuerza de trabajo la comida del sper, la ropa prefabricada, un piso de 50 o 70 metros, incluso un telfono mvil y un TV grande puede producirse en mucho menos tiempo de lo que haca falta en 1850 para un nivel de vida ms bsico.

El resultado es que incluso trabajando slo ocho horas, y pudiendo comprar el coche de sus sueos (a plazos; no nos pasemos), el o la trabajadora sigue sufriendo explotacin.

Y esto es si tiene la suerte de tener un trabajo. Porque la misma lgica del sistema hace que ste entre en crisis, produciendo los niveles de paro que vemos hoy. Del porqu de esto, hablaremos en la prxima columna.

El porqu de las crisis

La tercera columna de la serie dedicada al anlisis de la economa desde una perspectiva marxista.

Cuando haba boom, los economistas lo atribuan a las virtudes innatas de la economa de mercado. Los jefes de las grandes empresas y de la banca compartan esta visin, pero a la vez se llevaban enormes pluses por su gran logro al observar este proceso natural.

Pero si el boom tuvo muchos padres (y unas pocas madres), la crisis es hurfana. Dan a entender que la crisis no es fruto del sistema ni de los que mandan sino que es algo inexplicable y externo a la familia (capitalista) feliz.

La verdad es otra; para ver el porqu, otra vez, hay que ir a la raz de la cuestin. Como se ha explicado en columnas anteriores, la fuente del valor de cambio, y de los beneficios, es el trabajo humano.

Tomemos el ejemplo de un taller, llamado Muebles Botn. Digamos que una trabajadora Ftima construye una mesa en una jornada laboral de 8 horas (trabajo vivo, en terminologa marxista), gastando materia prima y maquinaria (trabajo muerto) por un valor de 16 horas. La mesa vale, por tanto, 24 horas de trabajo. El jefe, el Sr. Botn, debe pagar el coste total del trabajo muerto. Pero por el trabajo vivo, slo paga lo que cuesta reproducir la fuerza de trabajo, digamos 4 horas. Las otras 4 horas son su plusvala, la fuente de sus beneficios.

Digamos que este taller es uno de varios en la misma calle, todos compitiendo entre ellos. El Sr. Botn qu listo l descubre que invirtiendo en nueva maquinaria puede producir mesas ms baratas. Con esto, en las mismas 8 horas, Ftima produce dos mesas. Para hacerlo, gasta ms trabajo muerto o maquinaria y materia prima; digamos el doble, 32 horas. Pero al final del da, con un total de 40 horas las 8 del trabajo vivo de Ftima ms las 32 del trabajo muerto hay dos mesas. Es decir, cada mesa ahora cuesta 20 horas, en vez de 24. Lo bueno para el Sr. Botn es que puede venderlas por ms de su valor. Si las vende por el equivalente a 23 horas, saca super beneficios a la vez que les quita clientes a sus competidores.

Qu hacen stos? Tienen que dar el mismo paso que Botn, o se hundirn. Al final, todo el mundo habr hecho la misma inversin, y no habr super beneficios ni mercado extra para nadie. Todo vuelve a la normalidad, con lo cual las mesas vuelven a venderse por su valor, es decir, por el equivalente a 20 horas.

Pero y los beneficios? Antes, Botn y los dems sacaban 4 horas de plusvala, o beneficios, por una inversin de 24 horas; un 17%. Ahora, tras el aumento en la productividad, y con ms capital invertido, obtiene 4 horas de plusvala sobre una inversin de 40 horas. La tasa de beneficios ha bajado al 10%. Lo que era una decisin racional para un capitalista se convierte en irracional para el sistema en su conjunto.
Este proceso ocurre a escala mundial, y en industrias mucho ms grandes.
Recientemente se anunci que Samsung, ahora el mayor fabricante de telfonos mviles del mundo, ha iniciado la construccin en China de una nueva planta de chips informticos. El coste de la fbrica ser de 5,4 mil millones de euros. Ante este tipo de competencia, la empresa lder durante 14 aos, Nokia, se encuentra en crisis.

El mercado informtico es un caso extremo en el aumento de inversin, para aumentar la productividad y bajar precios, pero se da el mismo proceso en otros sectores. Una bici es relativamente mucho ms barata ahora que hace 20 aos; incluso un pollo o un salmn cuesta menos, en trminos reales, que antes, gracias a la produccin industrial.

Y el resultado de este espectacular aumento en la productividad es la mayor crisis que se ha vivido, al menos desde los aos 30.

La crisis no es slo fruto de la especulacin aunque s ha habido una especulacin obscena. Tampoco la han producido las decisiones equivocadas de polticos, banqueros, consejeros delegados aunque seguro que han tomado decisiones enormemente estpidas y no se merecen sus salarios, ni mucho menos sus pluses.

Sin embargo, el problema es otro. Si el capitalismo es incapaz de mantener el equilibrio econmico en una calle con talleres de muebles, an menos lo es para hacerlo en el mundo entero. El sistema capitalista produce crisis como los banquetes de los ricos producen indigestin.

La nica cuestin es quin sufrir el dolor de estmago; ellos o nosotros. Quieren que la crisis la paguemos nosotros, y hacer que la tasa de beneficios vuelva a subir. Sobre cmo lo hacen o cmo lo intentan hacer hablaremos en la siguiente columna.

Algunas respuestas a la crisis

La cuarta y ltima columna de la serie dedicada al anlisis de la economa desde una perspectiva marxista. Se ha explicado en las columnas anteriores que la causa fundamental de la crisis sistmica actual es la cada de la tasa de beneficios.

Esto se debe a algo intrnseco al capitalismo. La fuente de los beneficios es el trabajo humano, pero el crecimiento de la economa impulsado por la necesidad de cada capitalista de aumentar su competitividad e ingresos hace que la produccin requiera cada vez ms inversin. Esto aumenta la proporcin de capital en relacin a la mano de obra, que es, recordemos, el origen de los beneficios. De ah que la tasa de beneficios caiga.

Aqu hablamos de la crisis sistmica. Las crisis cclicas de sobreproduccin y falta de demanda quiz puedan resolverse (temporalmente) mediante medidas keynesianas: ms inversin pblica, ms regulacin, etc. La crisis actual no, por la sencilla razn de que la causa de la misma no son fallos puntuales excesiva especulacin, mala gestin por parte de los banqueros, falta de previsin por parte de los polticos, etc., aunque stos por supuesto existen. La crisis es producto del sistema y para superarla habr que superar el capitalismo.

Huelga decir que los capitalistas no lo ven as, y ellos s buscan soluciones dentro del sistema; todas ellas ms o menos nocivas para la gente trabajadora.

La competencia internacional entre capitales conlleva la amenaza de guerra, y la guerra es buena para la economa. En trminos keynesianos, aumenta la demanda. En trminos del anlisis marxista, al destrozar grandes cantidades de capital, la guerra ayuda a restaurar la tasa de beneficios. La guerra tambin permite aumentar la explotacin laboral.
sta ltima es, de hecho, la respuesta preferida de la burguesa ante la crisis. Tiene diversas maneras de hacerlo.

La menos dolorosa viene de que al aumentar la productividad, las mercancas se fabrican en menos tiempo. As que lo necesario para reproducir la fuerza de trabajo de un da comida, ropa, etc. quizs antes costaba cuatro horas, dejando cuatro horas de la tpica jornada laboral como plusvala. Si se pueden producir las mismas necesidades vitales en tres horas, entonces incluso manteniendo el nivel de vida del trabajador o la trabajadora, el capitalista puede extraer cinco horas de plusvala. Pero esto ocurre ms o menos sin que se note; al estallar la crisis, esta va ya se ha agotado.

Las otras medidas implican ataques directos a la clase trabajadora; pasan por reducir los salarios, y/o aumentar la jornada laboral, en ambos casos con el objetivo de aumentar la tasa de explotacin.

El salario se basa en el valor de cambio de la fuerza de trabajo: cunto cuesta reproducirla. El valor de un televisor es una cuestin tcnica; refleja el tiempo necesario para producir las piezas y ensamblarlas. Pero el valor de la fuerza de trabajo es un tema poltico. Forzosamente incluye comida y alojamiento, sin los cuales la mano de obra no sobrevive. Pero por ejemplo, incluye vacaciones pagadas cada ao? Incluye slo proteccin bsica contra los elementos, o una vivienda digna, cmoda y estable? Y un largo etctera. Ante la crisis, los jefes intentan reducir el valor de la fuerza de trabajo tanto el salario inmediato como el salario social, es decir, la pensin, las bajas por enfermedad, etc. para que se acerque cada vez ms a la mera supervivencia.

Intentan aumentar la jornada laboral de varias maneras. La ms explcita es exigiendo que se trabaje ms tiempo al final del da. De manera algo ms sutil, eliminan o reducen los perodos de descanso; quitan das festivos o de libre disposicin; reducen las vacaciones, etc. Y aparte de extender el da laboral, intentan extender la vida laboral, posponiendo (incluso eliminando) la edad de jubilacin; as el sistema extrae ms plusvala y a la vez ahorra en pensiones.

Todas estas medidas no surgen porque los jefes sean codiciosos y carentes de corazn aunque suelen serlo, sino que son fruto de la misma lgica del sistema.

No se puede superar esta lgica mediante reformas, aunque stas pueden ser bienvenidas. No se trata de crear empresas ms humanas, porque stas seguirn inmersas en un sistema inhumano por naturaleza.

A fin de cuentas, la nica solucin a la crisis es acabar con el propio sistema capitalista. sta es la leccin clave de la teora econmica marxista

David Al Yasari es militante de En lluita / En lucha

Artculos publicados en el Peridico En lucha / Diari En lluita

http://enlucha.org/site/?q=node/17603

http://enlucha.org/site/?q=node/17726

http://www.enlucha.org/site/?q=node/17899

http://enlucha.org/site/?q=node/18000



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