Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2013

Puerto Rico
La victoria electoral del partido colonialista y la desgracia de la alianza independentista-colonialista

Hugo J. Delgado-Mart
Rebelin


Cuando los socialistas en Puerto Rico descargamos nuestra desilusin e indignacin con aquellos compaeros independentistas que aceptan trabajos en puestos administrativos o de confianza de las administracin colonialista del Partido Popular Democrtico no lo hacemos slo por la autogratificacin de sentirnos inmunes a la fiebre de la alianza poltica y de clase que en Puerto Rico llamamos melonismo. La profundidad de la crtica no puede ser reducida a una mera acusacin moral, aunque hagamos un juicio valorativo de estas acciones. Es importante tirar la raya: del lado de all estarn del lado del enemigo, y no de cualquier enemigo, sino del partido burgus, colonial, asesino, imperialista y anti-obrero que es el responsable de la crisis econmica y social que vive la clase trabajadora puertorriquea.

A los independentistas cooptados por el Partido Popular Democrtico les llamamos melones, verdes por fuera pero rojos por dentro, pues a pesar de su prestigio e historia como independentistas le prestan el voto al partido de la colona que fund Luis Muoz Marn en la dcada del 30. Dicho partido, que se mont sobre las luchas de la clase trabajadora contra el capital norteamericano, rpidamente se desenmascar con otro instrumento ms de la burguesa para utilizar a los sectores ms avanzados del independentismo, de la clase obrera y hasta del Partido Comunista para perfumar el colonialismo. Hasta el color rojo y la consigna de Pan Tierra Libertad! fueron cooptadas para atraer a las grandes masas trabajadoras que haban sido influenciadas por el Partido Socialista, la Federacin Libre de Trabajadores y el Partido Comunista de Puerto Rico.

Es inconcebible tener que recordarle a Silverio Prez, Julio Muriente, Tato Rivera Santana y a los dems la persecucin poltica contra el independentismo y el socialismo que result de ese proceso de consolidacin del PPD como partido hegemnico. El PPD no slo entreg a Albizu Campos y los nacionalistas al FBI y la Polica, tambin expuls de la UPR y arrest a Juan Mari Bras, mximo lder del MPI y del PSP, organizaciones que sufrieron en carne propia dicha represin. Fue una administracin popular la que protegi a los asesinos de Santiago Mari Pesquera al no investigar este caso, la que le ech la guardia nacional a la UTIER, y la que encarcel al liderato de la UIA por hacer una huelga en el 1974. En tiempos ms recientes, Anbal Acevedo Vil (PPD) descertific a la Federacin de Maestros de Puerto Rico por expresarse a favor de realizar una huelga y Antonio Garca Padilla (el hermano del ahora gobernador) suspendi a los estudiantes que defendieron el teatro de la Universidad de Puerto Rico de los intentos de privatizacin. El asesinato de Filiberto Ojeda Ros y la complicidad en este de parte del gobierno de Acevedo Vil (PPD) son oportunamente olvidadas en pos de alianzas huecas y esperanzas vanas.

Rencoroso, amargado, intransigente dirn. Los idelogos de la desilusin pretenden que olvidemos los ms de 60 aos del ciclo popular: represin-cooptacin-represin. Lejos de un esfuerzo de buena voluntad, de unidad puertorriquea o de aprovechar las mejores mentes del pas, el nombramiento de figuras otroramente identificadas con las luchas sociales busca neutralizar estas fuerzas en crecimiento, apaciguarlas con una ilusin de participacin y perpetuar la explotacin. Sin duda nuestro rol como socialistas es todo lo contrario: debemos atizar las contradicciones de clase existentes entre la clase obrera y la burguesa. En ese sentido, el Partido Popular Democrtico, como parte del aparato de represin contra la clase obrera, es uno de nuestros principales enemigos. Su barniz populista esconde los intereses de un sector social pequeo burgus de convertirse en los perros del imperio administrando las migajas que devuelve el gobierno federal norteamericano a cambio de los altos niveles de explotacin de la clase trabajadora por medio de las farmacuticas y el mercado cautivo.

La poltica de exenciones contributivas, que por aos ha sido la panacea del Estado Libre Asociado, eufemismo oficial para llamar a la colonia, permiti que las corporaciones capitalistas tras-nacionales generaran sus ganancias y salieran corriendo sin haber construido en el pas una infraestructura industrial propia. La destruccin de la agricultura y la magnitud colosal de la inversin capitalista norteamericana han creado una clase capitalista nacional que es incapaz de concebirse independiente de la burguesa norteamericana. Sus intereses econmicos, polticos e ideolgicos estn atados a los del imperialismo norteamericano. Han exprimido tanto el pas que destruyeron las posibilidades de cualquier restauracin econmica. Por consiguiente, bajo la colonia ni siquiera una poltica contributiva adecuada resuelve el problema: las bases para el desarrollo capitalista autctono fueron destruidas con la misma invasin norteamericana. Pero an si el estado colonial intentara desarrollar su propia estructura productiva (cosa que el PPD trat en la dcada del 1940) la condicin colonial impide el desarrollo de polticas proteccionistas sobre los productos locales. Las leyes federales sobre el transporte martimo, el intercambio de bienes entre la colonia y el imperio, e incluso las leyes laborales estn construidas para garantizarle el margen de ganancia a la burguesa norteamericana, no el desarrollo de burguesas en los territorios. La historia del desplazamiento econmico de los capitalistas locales y del propio estado por corporaciones e intereses econmicos capitalistas norteamericanos se repite una y otra vez: la industria lechera, la industria del pollo, el azcar, las carnes todas han sufrido reveses econmicos y judiciales producto del colonialismo.

Entonces no se trata de que los administradores populares Carmen Yuln, la nueva alcaldesa de la capital, o Alejandro Garca Padilla, el nuevo gobernador, sean buenos, malos o regulares, de si usan el azul cielo en la bandera o si usan camisas con la cara del prisionero poltico independentista Oscar Lpez. Ni el genio de moca, ni los monjes budistas son capaces de enderezar el pas. No se trata de conseguir la persona con la inteligencia, la capacidad tcnica, o la integridad moral para gobernar correctamente las riendas del pas. No es una cuestin de pensar positivo, tener esperanza o recurrir a la fe en el cambio. Luis Fortuo, el gobernador anexionista de los pasados cuatro aos hizo mucho dao en el pas pero sus polticas fueron solamente extensiones y ampliaciones de las polticas de Anbal Acevedo Vila, Silva Puras y el propio Alejandro Garca Padilla. Pero an cuando traten polticas distintas (que aparenten ser distintas, sabemos que de fondo ser lo mismo) es una realidad objetiva que la colonia est condenada a un abismo, al cual llegaremos ms temprano que tarde.

Cuando Pedro Albizu Campos acu la frase cuando empiezan a resbalar, no paran hasta que se escocotan, desconoca la pertinencia que tendra en el 2013. La esperanza y la fe de los independentistas y de los socialistas tienen que estar en que la gente sea capaz de desarrollar sus propios proyectos de lucha en contra de la colonia y del gran capital. No es suficiente con resolver los problemas particulares de sectores o individuos, sino que en cada espacio de lucha tenemos que dedicarnos a construir la conciencia de que esto es un problema de toda la clase social, para que a largo plazo o cuando se desarrolle la coyuntura propicia tener ya el terreno preparado.

Los atajos polticos slo conducen a la desilusin, y sta a su vez lleva a la entrega. Una vez se ha prescindido de la ideologa, el terreno se allana para que el individualismo avance. El reformismo: la idea de que se puede lograr la independencia o el socialismo a base de cambios pequeos unido al electoralismo, la idea de que el proceso electoral por si slo organiza para el socialismo son los precursores del melonismo. No pretendo achacarle toda la culpa del melonismo a los proyectos electorales, sin embargo estos son en gran medida responsables de promulgar la ideologa de que dentro de la colonia se puede. Repito, no son los nicos responsables: los propios entregaos tienen su cuota de responsabilidad. Unos por el dinero, o por aspiraciones individualistas de mejorar su condicin econmica, otros porque realmente se comieron el cuento reformista. Ambos se convierten en instrumentos de cooptacin de la burguesa y el imperio, que le hacen el trabajo sucio al PPD sirviendo de cuadros ideolgicos, tcnicos, y uno que otro de informante.

Hay esperanza, pero esa esperanza no se encuentra en las instituciones del estado. La esperanza de un nuevo Puerto Rico est en aquellos que siguen dispuestas y dispuestos a luchar contra toda adversidad y en contra de la corriente. Se trata de las y los que tienen los zapatos puestos esperando la coyuntura para realizarle el primer piquete al gobernador, la primera huelga, la primera confrontacin con el estado. Si somos pocos o muchos est por verse, y para ellos cierto nivel de auto-gratificacin es necesaria. Cuando se despeje el humo y la neblina despus de esta batalla ideolgica se deslindarn los campos, los que quedemos de este lado tenemos que estar listos para el combate. Yo estoy del lado de la independencia y el socialismo. Y t?

Hugo J. Delgado-Mart. Movimiento Socialista de Trabajadores - Puerto Rico www.bandera.org

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter