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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2013

Cuatro opciones para 2013 (y II)

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


En la primera parte de este artculo --GARA 11-I-2013-- se exponan muy brevemente tres opciones para este ao durante el cual tendern a agudizarse todas las contradicciones del sistema incluidas las que se ocultan en posibles maniobras distraccionistas del poder, destinadas a ganar tiempo. Por ejemplo, aumentar el debate sobre los modelos socioeconmicos pero casi siempre desde una perspectiva abstracta y despolitizada, por citar una sola posibilidad. Denominbamos a las tres opciones como la pasota, la fascista y la reformista, definiciones muy genricas y amplias que incluyen variantes, matices y diferencias apreciables pero secundarias en los momentos decisivos. Una caracterstica oculta que las identifica es su aceptacin ltima de la explotacin, pese a las grandes distancias que les separan en determinadas cuestiones de innegable importancia: por ejemplo, la democracia burguesa, la dureza o tolerancia estatal, las libertades concretas de todo tipo, etc. La lucha por las libertades burguesas siempre ha sido una bandera revolucionaria, aunque sepamos que estas libertades no son socialistas y que, dependiendo de los errores de la izquierda, pueden fortalecer la explotacin capitalista como de hecho ocurre.

Ahora, intentamos resumir lo bsico de la cuarta opcin, la revolucionaria. No es una tarea fcil porque entramos en otra dimensin cualitativamente diferente a las anteriores. Ya no bastan las simples cifras, porcentajes y datos cuantitativos, sino que debemos entrar a lo cualitativo teniendo en cuenta que nos centramos en el 2013. Ahora nuestra mente, nuestra capacidad de estudio crtico ha de cambiar de paradigma interpretativo, sobre todo debe perder el miedo a la verdad, inseparable del miedo a la libertad. Pero qu es la verdad? Es la praxis en el interior de las contradicciones. Sin duda, este paso es el ms difcil pero decisivo para avanzar en la opcin revolucionaria durante el 2013. Cuando hablamos de miedo no nos referimos al miedo como alarma instintiva ante el peligro, sino al miedo socialmente incrustado en la estructura psquica de masas mediante la educacin dominante. Podemos encontrar un apoyo terico al respecto, entre otras obras, tambin en la valiosa tesis de la figura del Amo de D. Sibony desarrollada para comprender por qu las masas explotadas italianas caan en la indiferencia poltica precisamente a finales de los 60 y comienzos de los 70 del siglo pasado. Luego llegara Berlusconi. El Amo, su figura, es la cadena mental que nos impide superar el miedo socialmente impuesto.

Miedo al Amo es una de las respuestas bsicas que debemos dar a la pregunta hecha por W. Reich sobre por qu no se sublevan las personas hambrientas y explotadas. Hay ms respuestas, pero nos conducen al mismo fundamento terico: el poder paralizante del fetichismo de la mercanca, tal cual lo demostr Marx. Naturalmente, no podemos explicar aqu con el rigor necesario la teora del fetichismo, slo decir que ensea por qu reducimos a las personas al estatus de cosas, de mercancas, y por qu elevamos a stas al estatus de personas. Recordemos que la raz de la palabra persona viene del nombre en griego clsico de la careta que se ponan los actores de teatro para interpretar diversos personajes distintos y hasta opuestos mortalmente. O sea, nos remite a la inseguridad e incertidumbre dominante en una sociedad atrozmente patriarcal, esclavista e imperialista en la que el dinero, el equivalente que lo reduce todo a la ley del mercado, dominaba ya sobre los restos en retroceso de las relaciones sociales menos desiguales basadas en la economa comunitaria, como lleg a percibir Demcrito. En el capitalismo, persona y fetiche mercantil son la misma cosa, y nos remiten a la propiedad privada de las fuerzas productivas. Suena a hereja lo aqu escrito, y lo es para la cnica doble moral burguesa.

Tal vez Freud no lo supiese, o prefiriera no decirlo, pero su crucial descubrimiento de la resistencia al anlisis, innegable en todos los sentidos, surge de una de las facetas del fetichismo. Al igual que el fetichismo tambin acta en el nivel ms consciente mediante la voluntad de no saber, segn la feliz expresin de J. P. Garnier. Por qu hablo del miedo a la verdad como la primera cosa a superar en la opcin revolucionaria en este 2013? Porque es la cuestin decisiva en la poltica y en el poder, o sea, en la quinta esencia de la economa. Desde la mitad del siglo XIX el marxismo insiste en el destructor papel de lo irracional, de la sumisin y de la obediencia. En 1868 Marx afirm que: donde el obrero es burocrticamente disciplinado desde la infancia y cree en la autoridad y los organismos ubicados por encima de l, lo ms importante es ensearle a actuar con independencia; y en 1877 rechaz radicalmente toda postracin supersticiosa ante la autoridad del partido revolucionario. Como en el pasado, en este ao que entra la subjetividad organizada en fuerza consciente va a tener que enfrentarse a enormes obstculos levantados por la poder, y el primer requisito necesario para superarlos ser, otra vez, el de rechazar toda postracin supersticiosa a sus sutiles o burdas maniobras, sean promesas de sustanciales reformas o mediante la represin.

Por ejemplo, suenan los cantos de sirena de los brotes verdes en economa, pero incluso aunque fuera cierto no mejorara en absoluto la vida de los pueblos explotados. Si la izquierda no conoce la verdad del capitalismo embarrancar en las rocas al no haber tomado el rumbo de alta mar, proa a la tempestad. En contra del reformismo, no existen puertos en medio de la crisis sino slo un buen rumbo. El miedo a la verdad ofusca el pensamiento y hace ver falsas soluciones donde slo hay barrancos. Los cuatro grandes retos decisivos a los que se enfrenta la izquierda no pueden ser resueltos en este 2013, pero s deben ser progresivamente concretados: el sujeto revolucionario, la toma del poder, la forma-movimiento y la planificacin socialista, bases objetivas de nuestra Repblica Vasca. Definir el sujeto revolucionario supone definir al sujeto reaccionario, a la burguesa, porque no hay explotado sin explotador; pero saber qu es la burguesa es saber qu fuerzas utilizar para aplastarnos tarde o temprano. La burguesa vasca no es independentista, puede serlo una parte de la pequea burguesa.

La toma del poder es una necesidad ineludible, unida a la destruccin/superacin del poder estatal franco-espaol en Euskal Herria. Sin poder obrero y popular desapareceremos como nacin, pero nunca nos van a dar gratuitamente el poder sino que debemos tomarlo y construirlo, tarea herclea que produce vrtigo. Sujeto revolucionario y poder vasco exigen un sistema organizativo gil, crtico y capaz de vertebrar internamente la riqueza autoorganizativa de nuestro pueblo trabajador, y no podemos crear esta organizacin con mentes burocratizadas. Los tres retos se complican con la necesidad de prefigurar el socialismo, o sea, cmo ir acabando con la propiedad burguesa, ncleo de la civilizacin del capital. Y aqu al vrtigo se le suma la ignorancia acumulada durante aos. En 2013 estas y otras tareas van a ir adquiriendo ms y ms importancia debido a la agudizacin de las contradicciones de todo tipo. No resolveremos definitivamente ninguna de ellas, pero s debemos dar el primer paso: empezar a crear la verdad euskaldun, socialista. No se trata tanto de lograr una hegemona abstracta, cuanto de profundizar en la praxis dentro de las contradicciones, en el interior de la opresin nacional, mostrando la verdad independentista como fuerza subjetiva materializada objetivamente en todas y cada una de las luchas de nuestro pueblo. Suficiente? No si se limita a eso, pero necesario.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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