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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2013

Un operador de drones cuenta su historia

Nicola Ab
La Pupila Insomne

Traduccin Manuel Talens de Tlaxcala


Un soldado se propone graduarse como primero de su clase. Lo consigue y se convierte en operador de aviones no tripulados (los denominados drones) con destino en una unidad especial de las Fuerzas Areas de USA en Nuevo Mxico. Desde su puesto de trabajo mata a docenas de personas, hasta que un da se da cuenta de que no puede seguir hacindolo.

Durante ms de cinco aos, Brandon Bryant trabaj en un compartimiento rectangular sin ventanas, del tamao de un remolque, en el que el aire acondicionado mantena una temperatura constante a 17 grados y, por razones de seguridad, la puerta no poda abrirse. Bryant y sus compaeros de trabajo se sentaban frente a catorce monitores de ordenador y cuatro teclados. Cuando Bryant pulsaba un botn en Nuevo Mxico, alguien mora al otro lado del mundo.

El compartimiento de pilotaje resuena con el zumbido de los ordenadores. Es el cerebro de un avin no tripulado, la cabina en la jerga de la Fuerzas Areas. Pero los pilotos no estn volando por el aire, slo estn sentados ante los controles.

Bryant fue uno de ellos y recuerda con nitidez un incidente que ocurri cuando un avin no tripulado Predator planeaba haciendo ochos en el cielo sobre Afganistn a ms de 10.000 kilmetros de distancia. Abajo, en el punto de mira, haba una casa de techo plano de barro con un cobertizo para guardar cabras. Cuando Bryant recibi la orden de disparar, presion un botn con la mano izquierda y seal el techo con un lser. El piloto que estaba sentado junto a l apret el gatillo de una palanca de mandos y el Predator lanz un misil Hellfire. Quedaban diecisis segundos hasta el impacto.

Esos momentos avanzan como a cmara lenta dice hoy.

Las imgenes que transmita una cmara de infrarrojos conectada al avin no tripulado aparecieron en su monitor, emitidas por satlite con un retraso temporal de entre dos y cinco segundos.

Faltaban siete segundos y no haba nadie a la vista en tierra. Bryant todava hubiese podido desviar el misil en aquel momento. El tiempo se redujo a tres segundos y Bryant se senta obligado a contar cada pxel en el monitor. De repente, dice, vio a un nio que doblaba la esquina.

El segundo cero fue el instante en el que el mundo digital de Bryant choc con la realidad en un pueblo entre Baghlan y Mazari Sharif.

Bryant vio un destello en la pantalla: era la explosin. Parte del edificio se derrumb. El nio haba desaparecido. Sinti un malestar en el estmago.

Acabamos de matar a un nio? le pregunt al hombre que estaba a su lado.

S, supongo que era un nio le respondi ste.

Era un nio? escribieron en el chat del monitor.

Entonces, una persona que no conocan respondi. Era alguien que estaba sentado en un centro de mando militar en algn lugar del mundo y que haba observado su ataque.

No, era un perro escribi.

Revisaron la escena en el vdeo. Un perro con dos piernas?

Operadores de aviones no tripulados en la Base Creech de Nuevo Mxico

Operadores de aviones no tripulados en la Base Creech de Nuevo Mxico

Primera parte: La guerra invisible

Aquel da, cuando Bryant sali del compartimiento de pilotaje puso el pie directamente en su pas: praderas resecas a perder de vista en el horizonte, campos cultivados y olor a estircol fresco. En la torre del radar de la Base Canon una luz centelleaba en la penumbra cada pocos segundos. All no haba guerra alguna.

La guerra moderna es tan invisible como un pensamiento y la distancia anula su significado. No es una guerra sin lmites, pero se controla desde pequeos centros de alta tecnologa en diversos lugares del mundo. Se supone que esta nueva manera de consumarla es ms precisa que la anterior y eso hace que algunos la consideren ms humana. Es la guerra de un intelectual, una guerra que Barack Obama, el presidente de Estados Unidos,ha impulsadoms que cualquiera de sus predecesores.

En un pasillo del Pentgono donde se planifica esta guerra, las paredes estn recubiertas con paneles de madera oscura. Los miembros de las Fuerzas Areas tienen sus oficinas aqu. Un leo de un Predator cuelga junto a los retratos de los lderes militares. Para stos, ninguna otra invencin ha tenido tanto xito como el Predator en la guerra contra el terror durante los ltimos aos.

Los militares de USA controlan sus aviones no tripulados desde siete bases areas en el pas y en otros lugares del extranjero, incluida una en Djibouti, la minscula nacin del este africano. Desde su sede en Langley (Virginia), la CIA controla las operaciones en Pakistn, Somalia y Yemen.

Salvamos vidas

El coronel William Tart, un hombre de ojos claros que tiene una imagen precisa del enemigo, considera que el avin no tripulado es una extensin natural de la distancia.

Hasta hace unos meses, cuando fue ascendido a jefe del Grupo de Trabajo de Aeronaves Dirigidas por Control Remoto (en ingls, RPA) de las Fuerzas Areas de USA en Langley, Tart era comandante de la Base Creech (Nevada), cerca de Las Vegas, donde diriga las operaciones de aviones no tripulados. Cada vez que controlaba en persona el vuelo de alguno de ellos, poda contemplar una foto de su mujer y sus tres hijas pegada sobre la lista de verificaciones junto a los monitores.

No le gusta la palabra drone, porque segn l implica que la aeronave tiene su propia voluntad, su ego (drone significa zngano, el macho de la abeja reina).Prefiere llamarlos aviones dirigidos por control remoto y seala que la mayora de los vuelos slo tienen como objetivo la bsqueda de informacin. Se explaya sobre el uso de aviones no tripulados en misiones humanitarias tras el terremoto de Hait y sobre los xitos militares en la guerra de Libia: su equipo dispar contra un camin que estaba apuntando misiles contra Misrata y tambin persigui al convoy en el que huan el ex dictador libio Muamar el Gadafi y su squito. Aade que los soldados desplegados en Afganistn expresan constantemente su gratitud por la ayuda que se les presta desde el aire. Salvamos vidas, dice.

No es tan locuaz en lo que respecta a asesinatos selectivos. Afirma que durante sus dos aos como comandante de operaciones en Creech nunca vio morir a civiles y que los aviones no tripulados slo abren fuego contra edificios donde no hay mujeres y nios. Cuando le preguntan sobre la cadena de mando, Tart menciona un documento de 275 pginas titulado 3-09.3. Afirma que la orden de atacar con aviones no tripulados, y cualquier otro ataque, provienen de las Fuerzas Areas. Un oficial tiene que dar su aprobacin en el pas donde se realicen las operaciones.

Un avin no tripulado Predator

El uso de la expresin guerra quirrgica le molesta. Le recuerda a los veteranos de Vietnam, que lo acusan de no haber transitado por el barro ni sentido el olor de la sangre y le echan en cara que no sabe de lo que habla.

Eso no es cierto, dice Tart, y aade que a menudo aprovecha la hora de viaje que dura el trayecto desde la Base Creech hasta Las Vegas para distanciarse de su trabajo. Observamos a la gente durante meses. Se los ve jugando con sus perros o haciendo la colada. Conocemos sus costumbres tanto como las de nuestros vecinos. Podemos incluso ir a sus funerales. No siempre ha sido fcil, dice.

Una de las paradojas de los aviones no tripulados es que, a pesar de que aumentan la distancia con respecto al objetivo, tambin crean proximidad. De alguna manera la guerra se vuelve personal, dice.

Vi morir a hombres, mujeres y nios

En las afueras de la pequea ciudad de Missoula (Montana) hay una casa amarilla con un fondo de montaas, bosques y bancos de niebla. La tierra est cubierta con la primera nieve del invierno. Bryant, que ahora tiene 27 aos, est sentado en el sof del saln de su madre. Dej el ejrcito y ahora vive aqu. An tiene la cabeza rapada y luce una barba de tres das. Hace cuatro meses que no sueo en infrarrojos, dice con una sonrisa, como si se tratara de una pequea victoria para l.

Bryant complet 6.000 horas de vuelo durante sus seis aos en las Fuerzas Areas. Vi morir a hombres, mujeres y nios durante ese tiempo, dice. Nunca pens que iba a matar a tanta gente. De hecho, lo que pensaba era que no podra matar a nadie.

Segunda parte: Un trabajo mal visto

Tras su graduacin en la escuela secundaria, Bryant quera llegar a ser periodista de investigacin. Sola ​​ir a la iglesia los domingos y tena debilidad por las cheerleaders pelirrojas. Al final de su primer semestre en la universidad haba acumulado miles de dlares en deudas.

Se alist en el ejrcito por accidente. Un da, mientras acompaaba a una amiga que iba a alistarse, se enter de que las Fuerzas Areas tenan su propia universidad, donde podra estudiar de forma gratuita. Sus resultados en las pruebas de admisin fueron tan buenos que lo destinaron a una unidad de recogida de informacin. Aprendi a controlar las cmaras y los rayos lser en un avin no tripulado y a analizar imgenes de tierra, mapas y datos meteorolgicos. Se convirti en un operador de sensores, ms o menos el equivalente a un copiloto.

Tena veinte aos cuando particip en su primera misin. Era un da caluroso y soleado en Nevada, pero estaba oscuro en el interior del compartimiento de pilotaje, justo antes del amanecer en Iraq, donde un grupo de soldados usamericanos estaba regresando a su base. Bryant se ocupaba de vigilar el camino desde el cielo, como un ngel guardin.

Vio un ojo, una forma en el asfalto. Haba aprendido lo del ojo en el perodo de instruccin, dice. Para enterrar un explosivo improvisado en el camino, los combatientes enemigos colocan un neumtico en la carretera y lo queman; el calor ablanda el asfalto. Desde el cielo tiene forma de ojo.

El convoy de los soldados estaba an a varios kilmetros de distancia del ojo. Bryant se lo comunic a su supervisor, el cual lo notific al centro de mando. Conforme los vehculos se acercaban al lugar, se vio obligado a buscar durante varios minutos, dice Bryant.

Qu debemos hacer? le pregunt a su compaero.

Pero ste era tambin novato en el trabajo.

No era posible comunicarse por radio con los soldados sobre el terreno, ya que estaban utilizando un transmisor de interferencias. Bryant vio pasar al primer vehculo sobre el ojo. No sucedi nada.

A continuacin pas por encima el segundo vehculo y vio un destello que surga por debajo, seguido por una explosin en el interior del vehculo.

Cinco soldados murieron.

Desde entonces Bryant no pudo quitarse de la mente a sus cinco compatriotas. Empez a aprenderse todo de memoria, incluso los manuales del Predator y de los misiles, y se familiariz con todos los escenarios posibles. Estaba decidido a ser el mejor para que estas cosas nunca volvieran a suceder.

Me sent desconectado de la humanidad

Haca turnos de hasta doce horas. Las Fuerzas Areas todava estaban escasas de personal para el control remoto en las guerras de Iraq y Afganistn. A los pilotos de aviones no tripulados se los tildaba de cobardes pulsadores de botones. Era un trabajo tan mal visto que los militares se vieron obligados a contratar personal jubilado.

Bryant se acuerda de la primera vez que dispar un misil y mat a dos hombres al instante. Mientras miraba, vio a un tercero agonizante. Su pierna haba desaparecido y se estaba sosteniendo el mun con las manos, a travs de las cuales la sangre se esparca por el suelo. La escena se prolong durante dos minutos. De vuelta a su casa llor, dice, y llam su madre.

Me sent desconectado de la humanidad durante casi una semana, dice sentado en su cafetera favorita de Missoula, donde flota en el aire un aroma a canela y mantequilla. Pasa mucho tiempo all, viendo a la gente y leyendo libros de Nietzsche y Mark Twain; a veces cambia de asiento. No puede sentarse mucho tiempo en un lugar, dice. Se pone nervioso.

Su novia ha roto con l hace poco. Le haba preguntado por el peso que lo abruma y l se lo cont, pero result ser algo que ella no fue capaz de sobrellevar ni compartir.

Cuando Bryant conduce a travs de su ciudad natal luce gafas de sol de aviador y un pauelo palestino. El interior de su Chrysler est cubierto con insignias de sus escuadrones. En su pgina de Facebook ha creado un lbum con las fotos de las medallas no oficiales que se le concedieron. Todo lo que tiene es este pasado. Lucha contra l, pero tambin es una fuente de orgullo.

Cuando lo enviaron a Iraq en 2007, public las palabras listo para la accin en su perfil. Fue asignado a una base militar situada a unos 100 km de Bagdad, donde su trabajo consista en hacer despegar y aterrizar aviones no tripulados.

Una vez que stos alcanzaban la altitud de vuelo, los pilotos de situados en USA lo reemplazaban. El Predator puede permanecer en el aire durante un da entero, pero tambin es lento, por lo que se encuentra siempre estacionado cerca de la zona de operaciones. Bryant se hizo fotos vestido con un mono de color arena y un chaleco antibalas, apoyado en uno de ellos.

Dos aos ms tarde, las Fuerzas Areas lo destinaron a una unidad especial en la Base Cannon (Nuevo Mxico). Se instal junto con un soldad amigo en un bungalow de un pueblo polvoriento llamado Clovis, donde abundan los remolques, las estaciones de servicio y las iglesias evanglicas. Clovis est a varias horas de distancia de la ciudad ms cercana.

Bryant prefera los turnos de noche, que coinciden con el da en Afganistn. En la primavera, el paisaje, con sus picos nevados y valles verdes, le recordaba a su regin natal, Montana. Vea a la gente cultivando los campos, a los nios jugando al ftbol y a los hombres que abrazaban a sus esposas e hijos.

Cuando se haca de noche, Bryant activaba la cmara de infrarrojos. Muchos afganos dorman en la techumbre durante el verano, debido al calor. Los observaba mientras hacan el amor con sus mujeres. Son dos puntos infrarrojos que se convierten en uno, recuerda.

Estudiaba a las personas durante semanas, entre ellas a los combatientes talibanes mientras escondan armas y a quienes estaban en las listas de vigilancia porque los militares, los servicios de inteligencia o los informantes locales sospechaban algo de ellos.

Llegaba a conocerlos. Hasta que alguien ms arriba en la cadena de mando me daba la orden de disparar. Senta remordimientos a causa de los nios, a los que dejaba sin padres. Eran buenos paps, dice.

En su tiempo libre Bryant pasaba el tiempo con videojuegos o con World of Warcraft en internet, o se iba a beber con los dems. Ya no soporta la televisin, porque no lo estimula. Tambin est teniendo problemas para conciliar el sueo.

No haba tiempo para los sentimientos

La comandante Vanessa Meyer, cuyo verdadero nombre est cubierto con cinta adhesiva de color negro, est haciendo una presentacin en la Base Holloman (Nuevo Mxico) sobre la formacin de pilotos de aviones no tripulados. Las Fuerzas Areas esperan tener personal suficiente para cubrir sus necesidades en 2013.

Meyer tiene 34 aos y luce brillo de labios y un anillo con diamante en su dedo. Antes de convertirse en piloto de aviones no tripulados pilotaba aviones de cargo. Vestida con un mono verde de las Fuerzas Areas, est en pie en una cabina de entrenamiento y utiliza el simulador para demostrar de qu manera se gua un avin no tripulado a travs de Afganistn. El punto de mira en el monitor sigue a un coche blanco hasta que llega a un grupo de chozas de barro. Con la mano derecha empua el joystick para determinar la direccin del avin y con la izquierda acciona la palanca que ralentiza o acelera el vuelo. En un campo de aviacin que hay detrs del compartimiento de pilotaje Meyer nos muestra el Predator, delgado y brillante, y su hermano mayor, el Reaper, que transporta cuatro misiles y una bomba. Son aviones extraordinarios, dice. nicamente no funcionan cuando hace mal tiempo.

Meyer pilot aviones no tripulados en Creech, la base area que est cerca de Las Vegas, donde jvenes entran y salen de coches deportivos y las cadenas de montaas se extienden a travs del desierto como reptiles gigantescos. El coronel Matt Martin, en su libro Predator, donde narr su experiencia como piloto de aviones no tripulados en Nevada, escribi: A veces me senta como Dios lanzando rayos desde lejos. Meyer tuvo su primer hijo cuando estaba trabajando all. En su noveno mes de embarazo an permaneca sentada en el compartimiento de pilotaje, con el estmago haciendo presin contra el teclado.

No haba tiempo para los sentimientos cuando se estaba preparando para un ataque, dice hoy. Por supuesto, aade, senta que el corazn se le aceleraba y que la adrenalina le corra por el cuerpo. Pero cumpla las reglas a rajatabla y se centraba en el posicionamiento de la aeronave. Una vez tomada la decisin, y a sabiendas de que se trataba de un enemigo, de una persona hostil, de un objetivo legal que se mereca la muerte, no me importaba disparar.

Tercera parte: No hay lugar para los males del mundo

Despus del trabajo se diriga a su casa por la autopista 85 hasta Las Vegas, escuchando msica country y pasando, sin siquiera mirarlos, ante activistas por la paz. Rara vez pensaba en lo ocurrido en la cabina de pilotaje, pero a veces rememoraba los pasos individuales a la espera de mejorar su rendimiento.

O se iba de compras. A veces se senta extraa cuando la cajera le preguntaba: Cmo est? Y ella responda: Muy bien. Y usted? Que tenga un buen da. Cuando se notaba inquieta se iba a correr. Dice que el hecho de ayudar a los muchachos en tierra la motivaba a la hora de levantarse cada maana.

En la casa de Meyer no haba lugar para los males del mundo. Ella y su marido, un piloto de aviones no tripulados, no hablaban de su trabajo. Ella se pona el pijama y vea dibujos animados en la televisin o jugaba con su beb.

Hoy Meyer tiene dos hijos pequeos. Quiere ensearles que mam puede ir a trabajar y hacer un buen trabajo. No quiere ser como las mujeres de Afganistn, sumisas y cubiertas de la cabeza a los pies. Las mujeres no son guerreros, dice. Meyer aade que su trabajo actual como instructora es muy satisfactorio, pero que le gustara regresar a las misiones de combate algn da.

No puedo dar marcha atrs y volver a la vida normal

Lleg un momento en que Brandon Bryant slo pensaba en salir de all para hacer algo distinto. Pas unos cuantos meses ms en el extranjero, esta vez en Afganistn. Pero despus, cuando regres a Nuevo Mxico, de repente se dio cuenta de que odiaba el compartimiento de pilotaje, que apestaba a transpiracin. Empez por rociar ambientador de aire para eliminar el mal olor. Tambin supo que quera hacer algo que salvase vidas en vez de quitarlas. Pens que un trabajo como instructor de supervivencia podra venirle bien, aunque sus amigos trataron de disuadirlo.

El programa que luego empez a preparar en su bungalow de Clovis se llama Power 90 Extreme, un rgimen de ejercicios que incluye entrenamiento con mancuernas, flexiones de brazos, dominadas y abdominales. Tambin hace levantamiento de pesas casi a diario.

En los das sin incidentes en el compartimiento de pilotaje sola escribir en su diario reflexiones como sta: En el campo de batalla no hay bandos, slo derramamiento de sangre. La guerra total. Todo lo que veo es horroroso. Ojal se me pudran los ojos.

Si lograra ponerse bastante en forma, pensaba para s mismo, quiz le permitiran hacer algo diferente. Pero era demasiado bueno en su trabajo.

Lleg un momento en que ya no disfrutaba de estar con sus amigos. Conoci a una chica, pero ella se quejaba de su mal humor. No puedo cambiar y volver a ser como antes, le dijo. Cuando volva a casa no poda dormir, as que se pona a hacer ejercicio. Empez a contestar mal a sus oficiales superiores.

Un da, se derrumb en el trabajo y escupi sangre. El mdico le dijo que se quedara en casa y le orden que no regresara al trabajo hasta que pudiese dormir ms de cuatro horas cada noche durante dos semanas seguidas.

Seis meses ms tarde, estaba de vuelta en el compartimiento de pilotaje, manipulando aviones no tripulados, dice Bryant, que ahora est sentado en el saln de su madre en Missoula. Su perro gimotea y apoya la cabeza en su mejilla. Por el momento no tiene acceso a sus muebles, que estn guardados en un almacn y no tiene dinero para pagar la factura. Lo nico que le queda es su ordenador.

Bryant public un dibujo en Facebook la noche antes de nuestra entrevista. Representa a una pareja que est en pie y se dan la mano en un prado verde, mirando al cielo. Un nio y un perro estn sentados en el suelo junto a ellos. Pero el prado es slo una parte del dibujo. Por debajo hay un mar de soldados moribundos que se apoyan entre s con las pocas fuerzas que les quedan, un mar de cuerpos, sangre y extremidades.

Los mdicos de la Administracin de Veteranos han diagnosticado que Bryan padece un trastorno de estrs postraumtico. Sus esperanzas de una guerra cmoda que podra vivirse sin heridas emocionales no se han cumplido. De hecho, el mundo de Bryant se ha fusionado con el del nio de Afganistn, como si hubiese habido un cortacircuito en el cerebro de los drones.

Por qu ha dejado las Fuerzas Areas? Un da, dice Bryant, tuvo la certeza de que no iba a firmar el siguiente contrato. Fue el da que entr en el compartimiento de pilotaje y oy decir a sus compaeros: Oye, cul es el hijo de puta que va a morir hoy?.

Traduccin Manuel Talens de Tlaxcala


Fuente: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/01/17/un-operador-de-drones-cuenta-su-historia/



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