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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2013

La cleptocracia, una corrupcin angelical

John Brown
Iohannes Maurus


La indignacin ciudadana que causa la corrupcin en Espaa es perfectamente comprensible y legtima. Trabajadores, jubilados, jvenes y dems integrantes de la aplastante mayora social (el 99% del que hablan en Occupy), sometidos a una brutal cura de "austeridad" marcada por recortes de ingresos y de derechos, ven con asombro cmo la pequea categora cercana al mando sigue llenndose los bolisllos a su costa. El ltimo escndalo, que hoy afecta al PP, no es sino uno ms dentro de una ininterrumpida serie en la que esŧn implicados los distintos gobiernos de la fase neoliberal del rgimen espaol (de los aos 80 a esta parte). Esta implicacin de los dos grandes partidos del rgimen as como de los partidos de las derechas perifricas (PNV y CiU) en una corrupcin sistmica explica el clamoroso silencio con que las distintas instancias de representacin poltica y social, tanto partidos como instituciones -o incluso los sindicatos mayoritarios- acogen el caso Brcenas. Y es que la prctica de los "sobres" no es exclusiva de un partido sino una caracterstica fundamental del actual rgimen espaol que se explica por la combinacin de sus dos aspectos: transfranquista y neoliberal.

Es un hecho que la Transicin fue un proceso que requiri mucho, muchsimo dinero. Haba que mantener al conjunto de los aparatos de Estado franquistas, del Rey (a ttulo de sucesor de Franco) hasta abajo, pasando por las burocracias polticas y sindicales del rgimen y sus cuerpos militares y represivos. Haba que ganarse el silencio o la complicidad de todos estos engranajes del poder franquista para llevar a cabo una operacin de transmutacin de este en una democracia de partidos, sin romper formalmente con la legalidad del rgimen del 18 de julio. Tambin haba que acomodar en el nuevo avatar del rgimen a toda una clase poltica que estuvo dispuesta a renunciar a una ruptura democrtica a cargo de prebendas generadoras de dinero y de poder. Independientemente de las nuevas justificaciones que pudieran derivarse de nuevas reivindicaciones populares legtimas (Andaluca o Extremadura), la generalizacin de las autonomas, ms all de las nacionalidades histricas reconocidas por la Constitucin republicana, sirvi para doblar la estructura de la administracin central con una segunda administracin autonmica a veces difcilmente justificable. Todo eso supuso dinero y cargos, y cargos que permitieron sacar ms dinero mediante un sinfn de comisiones cobradas por contribuir a inflar cada vez ms la burbuja inmobiliaria. Mucho dinero que sirvi para financiar a los partidos, pero tambin a sus jerarcas y cargos de distintos niveles.

Sin embargo, el transfranquismo espaol se caracteriza tambin por su evolucin neoliberal, sobre todo a partir de los aos 80 y de los primeros gobiernos del PSOE. El neoliberalismo viene a aadir a las componendas del nuevo rgimen una nueva dimensin ms sistemtica. Para el neoliberalismo la tarea del Estado es explcitamente favorecer la libre competencia y el enriquecimiento privado, pues se considera que este, por desmedido que sea, genera un "goteo desde arriba" (trickle down) que termina beneficiando a los de abajo. El gobierno, en rgimen neoliberal confunde por sistema el inters comn con el inters privado, pues el primero se basa en el segundo. Los mtodos para llegar a este fin importan poco. En cuanto a la prevaricacin de cargos pblicos o la corrupcin en general, se considera que no debe condenarse a priori sino slo en funcin de sus consecuencias, las cuales no siempre son negativas, pues, como sostiene el premio Nobel de economa Gary Becker: "Con unas reglamentaciones pblicas ineficaces y una extendida gestin gubernamental de bancos y otros empresas, los funcionarios corruptos pueden, sin saberlo, realizar una funcin til al reducir las decisiones pblicas arbitrarias y ayudar a los empresarios y a otras personas a eludir leyes y reglamentos nocivos." Este planteamiento se inscribe en el marco ms general de una economa poltica neoliberal del delito en la que el mismo Gary Becker considera el delito como una actividad econmica ms. La corrupcin y el delito no son as sino sectores econmicos que slo se valoran en funcin de un criterio: su rentabilidad, su capacidad de generar beneficios, por supuesto privados.

En este doble contexto, a pesar de la indudable legitimidad de la indignacin popular contra la corrupcin, sera un grave error olvidar la dimensin sistmica del problema de la corrupcin. Por muchos millones que se hayan entregado en sobres y comisiones a cargos corruptos de los partidos del rgimen, las sumas en cuestin no guardan ninguna proporcin con el saqueo descarado de los bienes comunes que est en curso. Los 22 millones que, segn la prensa, el tesorero del PP tena guardados en Suiza, son una cantidad despreciable comparada con las decenas de miles de millones que cuesta salvar una banca que arruina el pas y a sus ciudadanos.

Es poco, en efecto, decir que alguien es un ladrn cuando se vive en un rgimen de cleptocracia (un gobierno de los ladrones: del griego klephtes, ladrn, y kratos, poder). En una cleptocracia, robar no es sino una actividad econmica normal, que, incluso, en determinadas circunstancias puede considerarse "obligatoria". Esta prctica generalizada del robo no impide que algunos mandos del rgimen como la Sra. Senz de Santa Mara estn al borde de las lgrimas cuando hablan del drama de los desahucios realizados por los mismos bancos que se han salvado con dinero pblico. No es fcil saber si esas lgrimas apenas contenidas son sinceras. Podran serlo. Alguna vez, en este mismo blog, se ha recurrido para describir el neoliberalismo a la fortsima imagen kantiana de la repblica de los demonios. En efecto, el gran filsofo de Knigsberg afirmaba el el segundo suplemento de su texto sobre La paz perpetua que: El problema del establecimiento del Estado tiene solucin, incluso para un pueblo de demonios, por muy fuerte que suene (siempre que tengan entendimiento), y el problema se formula as: ordenar una muchedumbre de seres racionales que, para su conservacin, exigen conjuntamente leyes universales, aun cuando cada uno tienda en su interior a eludir la ley, y establecer su constitucin de modo tal que, aunque sus sentimientos particulares sean opuestos, los contengan mutuamente de manera que el resultado de su conducta pblica sea el mismo que si no tuvieran tales malas inclinaciones. Un problema as debe tener solucin. Parece, sin embargo que habra que dar un paso ms: no se trata solo de pensar la sociedad como la "soledad" (cf. el maravilloso lapsus de la Sra. Senz de Santa Mara en su comparecencia antes mencionada) organizada en la que individuos racionales que se odian entre s pueden convivir bajo buenas leyes que dan lugar a una sociedad justa. Habra que formular hoy la hiptesis inversa a la de Kant. Sera concebible el establecimiento de una cleptocracia incluso en un pueblo de ngeles regido por tal sistema de normas sociales que, cualquiera que fuese su voluntad, slo pudieran cometer crmenes. El problema de la corrupcin no radica, pues, en la maldad de determinados individuos que cometen graves delitos, sino en el funcionamiento general del sistema. No es que el sistema funcione mal, sino que funciona as y no lo puede hacer de otra manera. La propia repblica de los demonios se perfila hoy como una utopa liberal algo ingenua.

Fuente:
http://iohannesmaurus.blogspot.be/2013/01/la-corrupcion-una-angelical-cleptocracia.html


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