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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2013

Detalles en el rgano. XIV
Con la msica cubana a todas partes

Luis Toledo Sande
Cubarte


La presentacin, en la III Jornada sobre Cultura Cubana en Medios Digitales, de una buena ponencia sobre el portal DCuba Jazz acogido por Cubarte, Centro de Informtica en la Cultura sirvi, entre otras, para dos cosas. La primera fue apreciar las virtudes del espacio dedicado a una expresin musical que, nacida en los Estados Unidos, ha crecido en mutuo enriquecimiento con la msica de otros pueblos, en especial de nuestra Amrica, incluida Cuba. En la base de ese intercambio cultural ha sido determinante la presencia africana, asociada en sus orgenes a la monstruosa esclavitud. Por ah empez, para que estas notas no salgan de territorio cubano, el todo mezclado que con gracia potica y acierto capt Nicols Guilln y fue fruto, perdurable y germinador, de la transculturacin estudiada por Fernando Ortiz con ojos y corazn puestos en la integracin humana.

Pero la ponencia sirvi asimismo para mostrar un hecho en el que tal vez no se haba pensado lo bastante, quizs porque lo descartaba el subconsciente: Cubarte, que tan noble labor despliega desde el Ministerio de Cultura, no ha logrado conformar un portal dedicado enteramente a la msica cubana. Tal falta es particularmente sensible porque, ms all de la dignidad revolucionaria, y de metforas grandiosas signadas por buenas aspiraciones, si acaso en algo Cuba ha sido o es potencia, es en la msica.

Para no poner ms que algunos ejemplos de la literatura y la plstica, ha tenido escritores extraordinarios, desde Jos Mara Heredia hasta Alejo Carpentier y Nicols Guilln, pasando por Cirilo Villaverde, Gertrudis Gmez de Avellaneda y Julin del Casal, Jos Lezama Lima y otros, con un Jos Mart que lo ilumina y lo desborda todo. Y ha tenido relevantes pintores: entre ellos Carlos Enrquez, para algunos el de fibra ms genial, o Wifredo Lam, el que mayor reconocimiento ha merecido internacionalmente.

Cmo esbozar una idea de la cifra y la variedad de msicos que ha dado Cuba? Sin ir ms atrs, se debe recordar al menos lo que va de Esteban Salas y Nicols Ruiz Espadero a Leo Brouwer. La nmina, inabarcable, no cesa de crecer y sumar diversidad riqueza en la gestacin y la combinacin de gneros y estilos, y en la quiebra de lindes trazados, no de preferencia por los artistas mismos, entre culto y popular , que no equivale, no!, a vulgaridad, ni se ha de confundir con ella. En cuanto a clasificaciones, vengan de prejuicios o del afn de la utilidad para el estudio, no siempre honran a un tesoro acumulado en permanente dilogo con el mundo.

Por su intensidad y su grandeza el legado musical cubano se ha hecho ms resistente que los centrales azucareros, y eso que hasta musical y caballerescamente se ha dicho, y no se ha desmentido, que sin azcar no hay pas, lo cual no supone rendir culto de resignacin a monocultivo alguno, ni a dependencias nocivas. Ni el bloqueo imperialista ni el aislamiento explicable por la hostilidad enemiga ni huracn de ningn tipo han podido arruinar la msica cubana, ni impedir que se aprecie en el mundo, ya sea sola o nutriendo fusiones como la llamada salsa. En esta ltima el aporte cubano ha sido bsico, incluso por la irradiacin que la Mayor de las Antillas ha tenido entre sus hermanas, y en mbitos continentales. As ha llegado a Nueva York, y hasta el lejano Oriente.

Sin desconocer ni menospreciar lo producido en otros pueblos de Amrica, y del conjunto mundial, cabe decir que en ello, como en la vitalidad musical de Brasil y de los Estados Unidos, los otros vrtices de un portentoso tringulo afincado sealadamente en gneros bailables, pero que no acaba en ellos, ha sido decisiva la mezcla de etnias iniciada desde la esclavitud. No digamos mezcla de razas , porque, si se habla de seres humanos, el trmino raza debera reducirse para siempre a un vocablo en el diccionario histrico de la opresin, o en el correspondiente museo de antigedades, donde sirva, ms que para enjuiciar el pasado, como leccin hacia un futuro donde la injusticia social, y las discriminaciones que le han dado asidero, no pasen de ser un mal recuerdo.

Lo turbador, y a la vez sedante, al valorar en esto el trabajo de Cubarte que con tantos buenos conocedores de msica cuenta, radica en que el foro mencionado al inicio sirvi asimismo para conocer otro componente de la realidad: la ausencia de un portal dedicado enteramente a la msica cubana en sus distintas manifestaciones no se ha debido a desidia de Cubarte, que tan alta responsabilidad tiene y cumple, desde el Ministerio de Cultura, en la coordinacin del trabajo digital para difundir, defender y salvaguardar el patrimonio artstico y literario de la nacin. En gran medida la sealada ausencia obedece a un hecho del cual el pas, sin sucumbir a chovinismos, debe sentirse orgulloso y responsable: la propia riqueza de la msica cubana, que hace complejo todo intento de valorarla y promoverla inteligentemente en su conjunto.

Pero lo que ms debe preocupar en este caso no es dicha riqueza, sino algo que tambin se apreci en las intervenciones hechas durante la Jornada por varias personas, algunas de ellas con responsabilidad en el tema: entre las dificultades que han impedido crear un espacio como el que viene reclamndose, parece haber funcionado, si es que no sigue operando, cierto espritu que se manifiesta cuando una institucin siente que sus funciones, y quizs sus prerrogativas, peligran por la cooperacin entre ella y otras de su campo.

Cuba tiene en su msica uno de los tesoros que con mayor lucidez debe atender a todos los niveles, y centralmente, y nada de l debe descuidar. Al decirlo, no se propone monopolio alguno. Se piensa en lo que la msica representa para la nacin en el plano cultural, y en el econmico. Este ltimo no debe ser objeto de veneracin pragmtica, pero en l pudiera aportar la msica ms, si no lo hace ya, que los centrales azucareros, de ms fcil demolicin que los ritmos y maneras expresivas que definen a la nacin en el mundo.

Cuando los medios digitales ejercen tanta influencia en el planeta, cumplira propsitos de primer orden un portal dedicado a la totalidad de la msica cubana, y apoyado, cuidado y alimentado por quienes desde ngulos distintos tienen responsabilidad y necesaria pasin en esa esfera. Muchos fines podran citarse, pero baste, de momento, uno: impedir que, por descuido, tendencias, modas, intereses, desconocimiento o torpe o dolosa manipulacin se cometan injusticias en la valoracin y el reconocimiento de figuras o zonas del acervo musical de la nacin. Buena Vista Social Club, digamos, contribuy comercialmente a revitalizar figuras, y tambin pudiera dar pie a injusticias, aunque no se intente culpar de ellas a quienes idearon y pusieron en marcha aquel fenmeno.

A veces parecera que figuras como Barbarito Diez, Miguelito Cun o Pacho Alonso, y hasta Benny Mor si los descuidos crecieran, no hubiesen existido, o se tienen por menores, porque murieron antes de que hubiera podido beneficiarlos el poder promocional de Buena Vista. O que Omara Portuondo debiera su grandeza al hecho de que ese plan la acogi, y tal vez le exigi poner freno de ancianidad a su energa escnica. Pongamos otro ejemplo, que parece haber pasado sin el proceso legal que debi haber suscitado, aunque en el propio portal Cubarte lo denunci Guillermo Rodrguez Rivera: el injusto olvido del primero de los Compadres, Lorenzo Hierrezuelo, ha llegado al extremo de no drsele los crditos que le correspondan, como intrprete y compositor, en un disco editado por una compaa que todo se lo acredit al tambin relevante Francisco Repilado, Compay Segundo , de menor presencia real que Hierrezuelo en las grabaciones de ese disco. Tal manipulacin se internutre con lo que en torno a la figura de Repilado ocurre hoy incluso en la imaginera con que intentan subsistir distintos establecimientos locales en Cuba.

El portal cuya creacin se reclama debera ser uno de los instrumentos tiles para fortalecer la institucionalidad capaz de impedir que una mal aplicada, burlada, torpe o inexistente poltica de difusin distorsione la msica cubana o la someta a desventajas con respecto a otras, y condene al olvido gneros y vertientes enteras. Impedirlo no es responsabilidad solo de instituciones formal y estatalmente llamadas al cuidado y la difusin del patrimonio nacional. Hoy da los centros de recreacin, las vendutas privadas (con amparo legal) de discos piratas y hasta los medios de transporte pblico influyen en la formacin del gusto, para no generalizar y decir su deformacin , y en el mal conocimiento de la msica cubana.

Es posible real: lo atestigua el autor de este artculo que en un mnibus de turismo no haya manera de que el turista, nacional o de otro pas, oiga msica cubana, porque el chofer y el gua turstico nada de ella cargan consigo en sus memorias digitales, y tal vez tampoco en las otras. Como si la msica cubana, tan gustada en el mundo, no interesara, ni valiera la pena favorecer su mejor conocimiento. Esto, desde el punto de vista profesional, supone ignorar que la visita a un pas, como turista o como sea, debe suscitar el deseo de conocer no solo sus playas y sus hoteles. Esos mnibus son propiedad social, administrada por el Estado. No integran, todava al menos, cooperativas de cuentapropistas.

Otra rea en que las instituciones responsabilizadas con el cuidado del patrimonio artstico cubano, y en particular de su msica, deben operar activamente, es en la educacin, y as est planteado estatal y partidistamente como parte de la poltica cultural del pas. Llegados a este punto, parece que no est de ms recordar que en el concepto poltica cultural el vocablo rector no es el adjetivo cultural , sino el sustantivo poltica . Recientemente el portal Cubarte public, y otros rganos reprodujeron, y fue ampliamente bien recibido y comentado, un valioso artculo de Oni Acosta, un texto que las instituciones aludidas deberan tener seriamente en cuenta, no para leerlo y desentenderse de l.

Ese trabajo libra al autor del presente artculo de extenderse en consideraciones y ejemplos abordados con tino y valor por Acosta. Pero sera ingenuo aspirar a que un artculo, o dos, o tres, o varias decenas de ellos, resuelvan problemas afincados, con races sociales, en la costumbre, la inercia, la ignorancia y la desprevencin, y quin sabe en cuntos otros caldos de cultivo para lo indeseable. Acaso han bastado resoluciones y lineamientos del Estado y del Partido? La educacin, que es cosa seria, vital, requiere tenacidad y hasta prdica repetitiva, aunque a Dios rogando y con el mazo dando. Se necesitan caminos y modos para que la repeticin sea culturalmente eficaz, persuasiva, no mero acto cansn y autoritario, condenado de antemano a ser poco efectivo, o al fracaso.

No hay que repudiar en s un gnero musical u otro. Cada poca y cada ambiente tienen sus expresiones musicales predominantes, que no obligan a desentenderse de las otras y descuidar su preservacin, y ningn gnero est fatalmente destinado a promover la grosera y la vulgaridad, males que estn a la vista en el pas, para quienes quieran verlos y no darlos por cosa natural y disfrutable. Si se ha probado que la sonata Claro de luna , de Beethoven, ejerce influencia benfica sobre el sistema nervioso y la conducta de quienes la disfrutan , otros productos podran hacer lo contrario. Pero no es cuestin de imponer o condenar gneros, ni de arrancar los cabellos a problemas que deben enfrentarse en su raz.

Si actitudes indeseables expresan protesta, lo certero no ser repudiarlas sin ms, sino ir al fondo para saber contra qu reaccionan, y si lo hacen con razn. Si la protesta es vlida, se debe aspirar a que tenga calidad cultural, y atenderla como corresponda. Lo merece un pueblo que, en medio del acoso imperialista y limitaciones materiales, ha puesto, por encima de la alimentacin del cuerpo, la del alma. Eso significa el digno esfuerzo por llenar el pas de escuelas, que tambin en lo relativo a la msica y cmo disfrutarla deben ser fraguas de espritu adems de propagar verdaderamente conocimientos, o de poco valdran.

En una sociedad las cosas no suelen darse como elementos desgajados. Cada una remite a otras muchas, y es necesario ver el rbol y el bosque, or tanto la nota musical y la palabra como la obra en que ellas se inscriban, sea pieza para sandunguear, cancin trovadoresca, sinfona o concierto. La msica cubana es de una significacin tal para la patria que nadie ha de sentirse dueo o administrador de bodega cuando puede y debe cumplir la misin de guardin amoroso de un tesoro. Todos los esfuerzos, individuales y colectivos, seran pocos para protegerlo y salvarlo, en bien de la nacin a la que pertenece, y que lo debe honrar: una nacin que merece perpetuarse como pas habitable, vivible , con el placer de lo hermoso y edificante, no en el padecimiento de la chabacanera que prepara incluso para hacer que las insatisfacciones justas conduzcan a desaguisados contrarios a los ideales educativos por los que se ha luchado, y muchos y muchas han muerto.

Fuente:http://cubarte.cult.cu/periodico/letra-con-filo/con-la-musica-cubana-a-todas-partes-detalles-en-el-organo-xiv/24054.html



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