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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2013

Los kamikazes

Jos Manuel Rambla
Rebelin


Resulta sorprendente la aparente sorpresa con que algunos han recibido los recientes indultos del Gobierno a condenados por delitos contra la seguridad vial. En lo que lleva de mandato Mariano Rajoy ya son siete los reos que han visto perdonadas sus penas de crcel, en algunos casos por homicidio. Es lo que le ha pasado a Ramn Jorge Ros, un kamikaze que el 1 de diciembre de 2003 mat a un joven de 25 aos al colisionar con su coche a la altura de Poliny del Xque, despus de haber conducido a gran velocidad durante cinco kilmetros en contradireccin por la autopista AP-7.

El hecho de que el bufete de abogados Uriel y Menndez que se encarg de su defensa tenga en nmina a un hijo del ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardn y a otro del diputado del PP Ignacio Astartola, ha despertado no pocas suspicacias ante este acuerdo del Consejo de Ministros refrendado por el rey. Sin embargo, todas ellas son, sin duda, infundadas. Porque, en el fondo, lo que ha permitido a Ramn Jorge librarse de 13 aos en el trullo no ha sido tanto el trato de favor poltico, como la naturalidad con que la sociedad espaola de este post-fin de la historia parece asumir los perfiles del kamikaze como encarnacin de los nuevos tiempos.

No es para menos. No en vano, hace tiempo que esta figura, evocadora del fanatismo blico de los pilotos japoneses que tripulaban aviones suicidas en la batalla del Pacfico, se ha convertido en un acompaante habitual de nuestras cotidianas miserias. Y no se trata de los fantasmas que peridicamente recorren el imaginario de los informativos desde los prehistricos tiempos del 11-S, rejuvenecidos estos das con la ofensiva de Pars en Mali y las contundencias argelinas en Tigantourine. No. La clave de este indisimulado protagonismo radica en que el kamikaze ha logrado personificar a la perfeccin la lgica que gua el funcionamiento de nuestras sociedades, en otro tiempo pretendidamente avanzadas.

Ah est si no para confirmarlo la grteliana figura Luis Brcenas. Porque qu duda cabe que el ex tesorero del PP ha terminado convertido en todo un piloto suicida que parece dirigir su letal aparato de 22 millones en cuentas suizas contra los despachos de Dolores de Cospedal y del propio Rajoy. As, la podredumbre de la corrupcin vuelve a confirmarse como el principal como la bomba de relojera de unas instituciones democrticas cada vez ms agotadas. Eso s, sin que ello impida en este caso a la incombustible Esperanza Aguirre aspirar resurgir de la previsible colisin como el ave fnix de la poltica espaola, o mejor an, como la emperatriz del Sol Renaciente gracias a las llamas de tan temerarios pilotos.

As pues, si Brdenas ha podido beneficiarse de la amnista fiscal de Cristobal Montoro, adems de un despacho en la calle Gnova y abogados con minuta a cargo del PP, parece ms que justificable que el kamikaze de la AP-7 sea a juicio del Gobierno merecedor, si no de una medalla, al menos de un indulto. Sobre todo si tenemos presente que las temerarias manos de estos fanticos conductore s , hace mucho que no se conformar con dirigir solo la maquinaria poltica, sino que adquirieron sin complejos los delicados mandos de la economa. Con el agravante de que, en este caso, lejos de manejar el volante de un modesto utilitario, asumen los mandos de una imparable locomotora que no dudan en dirigir contra los desgastados andenes del estado del bienestar.

Kamikaz es travestidos de tecncratas como el experto Luis de Guindos, capaz de las acrobacias necesarias para pasar de la ruinosa contabilidad de Lheman Brothers a la cartera de Economa del Reino de Espaa. O el experto Mario Monti, flamante esperanza blanca de la repblica italiana, coronado por Bruselas con los laureles de Roma tras haber asesorado antes desde Goldman Sachs al gobierno griego de Konstantinos Karamanlis en las viejas artes de falsificar las cuentas pblicas. Son los caprichos que tienen estos nuevos tiempos donde mandan los conductores suicidas del recorte perpetuo. Esos que se empean en deslumbrarnos con la cegadora luz de sus autos, confiados en que tras el guiapo de nuestros cadveres en la carretera siempre les aguardar la reconfortante condescendencia de un buen indulto.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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