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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2013

FMI, el viejito bueno?

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Uno quisiera comenzar de civilizado modo, concediendo el beneficio de la duda. Entonces, para embridar el cimarrn interno, y no acusarlos en medio de gruesos exabruptos cuando menos de sarcsticos, de cnicos, apela uno a una suerte de ataraxia, la filosfica imperturbabilidad, y se cie al deslavazado titular que ha recorrido el orbe: El FMI reconoce que algunos de sus pronsticos subestimaron las consecuencias de las medidas de austeridad.

O sea que pagaran el pato ciertos realizadores de vaticinios, por subestimar significativamente el incremento en el desempleo y la cada del consumo privado y la inversin asociados a la consolidacin fiscal. Y los mandamases de una organizacin situada en las avanzadillas del neoliberalismo exhiben toda la sangre fra posible al anunciar que en algunos pases hemos revisado nuestros pronsticos para reflejar esta y otras investigaciones. Por ejemplo, en Portugal hemos relajado los objetivos de dficit.

Precisamente en Portugal, inmerso en lo que el estudioso norteamericano Immanuel Wallerstein ha calificado de una geografa de la protesta que cambia rpido y constantemente. Salta aqu y luego es reprimida, cooptada, o se agota. Y tan pronto como esto ocurre, salta en otra parte, donde de nuevo se le reprime, se le coopta o se agota. Y luego salta en un tercer lugar, como si por todo el mundo fuera irreprimible. Corcovea, se encabrita incansable ya que cuando se estanca la economa-mundo y el desempleo real se expande considerablemente, esto significa que el pastel total se encoge [] La lucha de clases se torna aguda y tarde o temprano conduce a un conflicto abierto en las calles. De ah, los artilugios del FMI, entre otros alabarderos del Sistema.

Porque aqu no se trata de que el Fondo Monetario Internacional sea el viejito bueno de la esquina, que suele disculparse por los pisotones derrochados en su paso inseguro. El rgano imperial se integra por su fuero a los que estn procurando desesperadamente gobernar segn consenso conservar la hegemona, en el sentido que imprime al trmino el clebre marxista italiano Antonio Gramsci-, para lo cual han conseguido anatematizar la efervescencia de las muchedumbre, de los pueblos.

No en balde el intelectual cubano Fernndez Martnez Heredia asevera que un triunfo descomunal del capitalismo actual ha sido convertir la demonizacin de la violencia en uno de los dogmas polticos ms aceptados y sentidos por una masa enorme de oprimidos del mundo que estn activos en cuestiones sociales y polticas. Se convierten as en agentes de su propio desarme, que se ofrecen inermes e inculcan inaccin en todo su entorno. Lo peor es que la apariencia de esa demonizacin es moral y de defensa de los valores del ser humano. Mientras, no existe freno alguno para la violencia masiva imperialista, que siega vidas por cientos de miles, ni para el asesinato selectivo que se exhibe con jactancia, ni para las incontables formas de violencia que se practican cotidianamente contra las mayoras del mundo.


Arremetida que arrecia hoy, cuando la formacin social trasluce con suma nitidez su incapacidad estructural de dar respuesta a los problemas de la humanidad, y la utopa del desarrollo enmarcado en la lgica que absolutiza las ganancias individuales pierde la capacidad de ilusionar a las clases oprimidas. Tal afirma la acadmica salvadorea Julia Evelyn Martnez, la esperanza de que algn da, con nuestro esfuerzo y la ayuda de Dios, las cosas van a mejorar va quedando progresivamente relegada al museo de la mitologa econmica. En su lugar, la lucha de clases est emergiendo bajo diversas formas de lucha social, desde el movimiento de los indignados en Europa hasta los movimientos de defensa de los bienes comunes en Latinoamrica.

Qu hacer, pues, ante los anestsicos aplicados por los poderosos sobre el espritu de rebelda, incluido ese reconocimiento extemporneo del FMI. Quizs para empezar, quitarle a la revolucin el sambenito endilgado por los verdaderos terroristas. Y explicar hasta su comprensin cabal que, al decir de Martnez Heredia, la violencia de Marx es la partera de la historia, es la condicin sin la cual la conciencia y la organizacin de clase no destruiran el capitalismo, es lo que permite al proletariado devenir poder revolucionario e iniciar el fin de todas las dominaciones. Lo cual, por supuesto, no implica que en la liberacin dejen de utilizarse cuantos recursos sean pertinentes, contados los pacficos.

Tal vez resulte esta una buena contribucin a la cruzada cultural que libra el Imperio para desdibujarnos la mismsima pulsin de protesta. Puede que sea esta la manera de abordar el mea culpa del FMI. Y si es cierto que perdiendo los estribos perdemos la pelea ideolgica, al no convencer de la necesidad de la insubordinacin, pues busquemos la estoica serenidad de nimo, la ataraxia, con que algn da decidiramos tomar todos los recodos del planeta.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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