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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-01-2013

El vnculo invisible
Los asesinatos por honor y el capitalismo global

Jamil Khader
Jadaliyya.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


El debate producido alrededor del nuevo video musical del grupo palestino de hip hop DAM If I Could Go Back in Time, y la crtica que le hicieron Lila Abu-Lughod y Maya Mikdashi [*], ha generado una intensa reaccin visceral por parte de muchos de los lectores de Jadaliyya y en la globosfera. DAM produjo ese video musical en colaboracin con la directora Jackie Salloum y la famosa cantante y activista Amal Murkos, en denuncia del atroz crimen de los asesinatos de honor en Palestina. Abu-Lughod y Mikdashi llamaron la atencin sobre el video por abordar el horrible fenmeno del asesinato por honor como problema social en vez de poltico. Sin embargo, muchos lectores, as como los integrantes de DAM, interpretaron mal su artculo tomndolo por un intento de exonerar de culpabilidad a las estructuras patriarcales rabes. Verdad es que Abu-Lughod y Mikdashi no fueron muy lejos a la hora de condenar estas tradiciones culturales sexistas. Pero como Nadera Shalhoub-Kevorkian y Suha Daher-Nashif demostraron de forma contundente, las estructuras patriarcales opresivas en Palestina han funcionado en connivencia con las polticas israeles de apartheid a la hora de cometer injusticias de gnero.

Es interesante sealar que los belicosos comentarios del artculo de Abu-Lughod y Mikdashi se construyeron alrededor de varias oposiciones binarias que enfrentaron a activistas contra acadmicos (tericos), gnero contra nacin, nacionales arraigados contra crticos de la dispora y arte contra poltica. En su crtica de Abu-Lughod y Mikdashi, por ejemplo, la Bloguera de Beln afirma:

Ahora resulta que las mujeres no pueden describir sus experiencias sin que dos acadmicas de la Dispora les digan (en ingls) qu tipo de lenguaje utilizar cuando hablan. Este es para m el aspecto ms inquietante del escrito de Abu-Lughod y Maya Mikdashi: su (ab)uso del lenguaje feminista y anticolonialista para presentar un argumento que est haciendo mucho dao a las mujeres.

Deshacer las oposiciones binarias que subyacen a este tipo de retrica va ms all del alcance de este ensayo. Pero baste con decir que estas oposiciones dependen realmente unas de otras e informan, ms que negar, su coherencia.

Me siento sin duda solidario con la crtica que hacen Abu-Lughod y Mikdashi de la culturalizacin del asesinato de honor en relacin con las actuales historias de colonialismo y patriarcado. Sin embargo, me gustara sugerir aqu, para precisar ms, que el feminicidio (intrafamiliar) debe entenderse a nivel de la constitucin formal de la fuente estructural del problema mismo: es decir, el capitalismo global. Como el modo de produccin capitalista constituye la totalidad de las relaciones sociales de hoy, la crtica de la culturalizacin de los problemas polticos debera por tanto radicalizarse. Despus de todo, el capitalismo global genera finalmente las contradicciones y condiciones dentro de las cuales se perpetran esos atroces crmenes. Como argumenta el filsofo esloveno Zlavoj Zizek: El problema con el capitalismo global no se reduce a la expansin imperialista y a la opresin colonialista sino que implica su propia lgica de exclusin. Puede que las polticas coloniales israeles no expliquen la violencia contra las mujeres en los pases rabes o en el mundo, como los integrantes de DAM sealan correctamente en su rplica a la crtica original. Sin embargo, al reformular el feminicidio y la desigualdad de gnero en relacin con el capitalismo global, aparece una amenaza comn que ha permanecido invisible en la polmica de DAM. Al visualizar el capitalismo, se sita el feminicidio intrafamiliar dentro de las realidades materiales de la globalizacin econmica. Tambin puede revelar la medida en la que el capitalismo utiliza el colonialismo y el patriarcado para reproducir, y al mismo tiempo ocultar, la hegemona del orden econmico global.

Situar el feminicidio intrafamiliar dentro de la economa global y la feminizacin de la pobreza en el nuevo orden mundial hace que se pueda cuestionar la ubicuidad de la violencia misgina en las culturas patriarcales, no slo en los pases rabes sino tambin por todo el mundo. En su expansin global a los remotos rincones del mundo en bsqueda de nuevos mercados y mano de obra cada vez ms barata, la ideologa neoliberal de la globalizacin econmica vuelve a codificar la mano de obra femenina y vuelve a definir los parmetros de su movilidad. La consecuencia hace que resulten afectadas las formaciones tradicionales de gnero, a la vez que se negocian y se aduean de las nociones occidentales de libertad y de divisin del trabajo. Esta perturbacin cultural se produce de forma desproporcionada a causa de las condiciones econmicas cada vez ms deterioradas entre los palestinos. Los palestinos estn excluidos ms que nunca de la economa capitalista de Israel, que ahora est subcontratando cada vez ms a trabajadores emigrantes de todo el mundo. Y la crisis de tradicin y gnero, a su vez, se est exteriorizando violentamente en los cuerpos de las mujeres.

Consideradas en este contexto, podemos distinguir las conexiones entre las muchas formas que adopta por todo el mundo la violencia misgina, ya sea intrafamiliar (asesinatos por el honor), infanticida, feminicida mltiple (asesinos en serie) y feminicidios sistmicos (en zonas de guerra). Estas formas diversas de violencia misgina, ya sea el caso de los cien millones de nias desaparecidas en Asia Suroriental y Oriental de los que Amrtya Sen hablaba ya hace ms de dos dcadas, el comercio de refugiadas sirias en el mercado matrimonial jordano, o los cientos de jvenes asesinadas en las maquiladoras de las ciudades transfronterizas de EEUU y Mxico, todas estn conectadas con la hegemona del modo de produccin capitalista.

En el contexto de la expansin de la economa liberal en Palestina, puede resultar obvio que las vctimas palestinas de feminicidio, al igual que las mujeres desaparecidas en Asia, las trabajadoras de las maquiladoras, las refugiadas sirias o las vctimas de trfico sexual y de mano de obra, pasan a ser consideradas como una especie de propiedad desechable y como indefensos objetos sexuales. Ocupan el peldao ms bajo del mercado capitalista y a nadie le importan. Esto explica, como Kevorkian-Shalhoub y Daher-Nashif sealan acertadamente, por qu las configuraciones locales de la autoridad patriarcal funcionan en connivencia con los aparatos estatales opresores y las estructuras coloniales israeles a fin de regular la sexualidad de las mujeres. Tambin explica por qu las autoridades no se molestan en investigar estos crmenes ni en tomar medidas enrgicas contra los culpables. Segn la lgica capitalista de la plusvala, ocultar esos atroces crmenes resulta ms beneficioso que investigarlos. De ah que en general se acepte que se explote a estas mujeres como trabajadoras y como mujeres antes de desecharlas finalmente.

En concreto, este anlisis relacional (no relativista) materialista nos permite examinar las conexiones entre el feminicidio en Palestina y otras formas de violencia misgina en la regin. Esto es especialmente verdad en la opresin de gnero en el contexto de la cada vez mayor polarizacin de la riqueza entre ricos y pobres en el Estado colonial israel. Estas formas de violencia estn directa e indirectamente correlacionadas con la militarizacin de la sociedad israel y la intensificacin de sus polticas coloniales y de apartheid. Al mismo tiempo, debera ponerse tambin de relieve la cada vez mayor privatizacin de las estructuras de bienestar social de Israel y la expansin de la economa neoliberal. Por ejemplo, en 2005, Haaretz informaba que el agudo incremento en la tasa de violencia letal domstica contra las mujeres en los hogares israeles deba tambin considerarse como un resultado indirecto del conflicto militar (nfasis aadido). Lo que este informe omite es la cuestin de la causa directa de esta violencia contra las mujeres en Israel. El capitalismo global y sus contradicciones siguen as cmodamente invisibles.

Dado que el fundamental antagonismo de la lucha de clases es la escisin esencial que conforma la sociedad en el modo de produccin capitalista, la ideologa dominante har todo cuanto pueda para tapar este agujero en el tejido de las relaciones sociales. En nombre de la identidad nacional (juda), la ideologa sionista hegemnica en Israel ofuscar el alcance en el que las mujeres en Israel ya sean laicas o judas haredi, trabajadoras emigradas, obreras forzosas o refugiadas africanas- soportan la carga en sus cuerpos de estas polticas socioeconmicas y polticas. Como las polticas econmicas neoliberales exigen la integracin de la fuerza laboral palestina en el mercado israel, la violencia contra las mujeres en Israel adopta formas diferentes para mantener el control estatal sobre los cuerpos de las mujeres. Esto puede explicar la reciente aparicin de grupos fundamentalistas sionistas antiasimilacionistas, como Lehava, que empez a organizar patrullas de vigilancia para salvar y redimir a las mujeres judas sentimentalmente implicadas con no judos, con minoras y mano de obra extranjera. No es de extraar entonces que ms de la mitad de los judos israeles consideren las citas intertnicas como un acto de traicin nacional, situando adems el discurso pblico en cuanto a esta cuestin en los tpicos tropos colonialistas que representan a la mujer juda como la vctima inocente de la explotacin del hipersexualizado hombre rabe. Es adems en este contexto donde deberamos tambin comprender no slo la violencia contra las mujeres, y los hombres, de diferentes pases de todo el mundo que son objeto de trfico en Israel para explotacin comercial sexual y trabajo forzoso, sino tambin la violencia contra la mujer israel, que tambin es objeto de trata y enviada a Europa y Norteamrica.

Por tanto, en lo que se refiere al feminicidio y otras formas de violencia misgina, un anlisis materialista relacional revela cun profundamente implicados estn los denominados pases modernos y civilizados en el negocio de la violencia misgina. Incluso la primera superpotencia mundial se niega a ratificar el CEDAW (siglas en ingls del Convenio para la Eliminacin de Todas las Formas de Violencia contra la Mujer). Esta perspectiva relacional informa la base racista orientalista de la culturalizacin del debate sobre el feminicidio. Si a los crticos les preocupa la manipulacin de la violencia de gnero en los discursos orientalistas y las representaciones racistas para demonizar an ms a los palestinos y rabes en el tribunal opinin pblica, se hace imperativo entonces que examinemos crticamente las formas sistmicas de desigualdades en las vidas de las mujeres dentro de una estructura materialista que relacione la violencia contra las mujeres con las mismas estructuras de poder que actan a nivel global para explotar a las mujeres y su mano de obra.

Al plantear interrogantes acerca de la financiacin por las Naciones Unidas de la cancin de DAM, Abu-Lughod y Mikdashi han mencionado de pasada el antagonismo fundamental inherente al modo capitalista de produccin. Nos guste o no, las formas institucionalizadas del derecho cosmopolita y el rgimen de los derechos humanos estn incrustados dentro del universo ideolgico del capitalismo global. Para justificar sus polticas expansionistas, ste ltimo exige la fabricacin de determinadas imgenes de vctimas de tradiciones patriarcales. A su vez, estas imgenes se utilizan para transformar a esas vctimas en candidatas elegibles de la ayuda internacional y la intervencin humanitaria. No es necesario mencionar que las intervenciones humanitarias han sido legtimamente criticadas por su agenda expansionista (neocolonialista) que se piensa acompaa a los principios democrticos occidentales, pero que en realidad slo facilita la explotacin de la otra, a la vez que la integra en la economa global.

Vincular los asesinatos por honor al capitalismo global permite formular una poltica alternativa de liberacin que puede alinear a la gente alrededor del antagonismo fundamental de la lucha de clases que trasciende todos los gneros, razas y naciones. Esto requiere no slo cuestionar la inversin del derecho cosmopolita en los problemas sociales locales sino tambin articular el trabajo de los activistas progresistas y los trabajadores culturales anti-sexismo, como DAM, ms all de la estrategia para aumentar la conciencia. Para que no se malinterprete mi punto de vista, permtanme dejar claro que es importante que se reconozca el esfuerzo de los hombres a la hora de combatir la violencia misgina. Despus de todo, la violencia de gnero es claramente masculina, en funcin de lo cual los hombres ocupan una posicin de estructura de poder en las sociedades patriarcales que les permite perpetrar, a menudo impunemente, la mayor parte de la violencia de gnero que se registra en el mundo.

Especialmente en el contexto de silencio que rodea todas las formas de violencia misgina en el mundo rabe, tener a un grupo de hombres hablando contra la violencia de gnero enva una poderosa declaracin acerca del rechazo de los hombres a quedarse en silencio y ser cmplices. Los hombres deberan, y podran, hacer mucho social y culturalmente para poner fin a la violencia misgina. Sin embargo, es vitalmente importante establecer una correlacin directa entre la violencia de gnero y la crisis de masculinidad resultante de la ltima recesin econmica y de la situacin de precariedad. No hace falta decir que esa crisis se exacerba bajo las condiciones de una ocupacin colonial y apartheid como la que vemos en Palestina. En definitiva, el comportamiento masculino est siempre arbitrado por las divisiones sociales coloniales y de gnero. Sin embargo, la clase sigue siendo el antagonismo ms importante que puede explicar de forma ms convincente las implicaciones de la reconfiguracin de la poltica de gnero y la movilidad y libertad de las mujeres en relacin con las estructuras tradicionales de gnero y los poderes en declive del sostn masculino de la familia.

Aclarando, la crtica al colonialismo y a la opresin patriarcal es una parte importante de la lucha global por la emancipacin y la libertad, pero debe siempre enraizarse en la lucha de clases. Las experiencias singulares y concretas de los pobres, de los que estn excluidos del sistema, de los sin parte, por utilizar la frase del filsofo francs Jacques Rancire, representan el gesto radical de universalidad que se opone a los vacos principios de igualdad constitucional. Es a travs de su opresin y explotacin que podemos discernir algo de la urgencia de volver a imaginar un orden mundial verdaderamente justo.

Aunque los grupos oprimidos por estructuras de poder sexistas, racistas, homfobas y colonialistas deberan esforzarse por afirmar su universalidad concreta basada en sus experiencias especficas, es importante que tambin analicen estas formas especficas de lucha a nivel de la constitucin formal o antagonismo fundamental del sistema capitalista global. De lo contrario, seguiremos aadiendo infinitamente una nueva dimensin de opresin tras otra sin abordar el verdadero problema, que al parecer sigue siendo imposible simbolizar. Esta es la nica forma en la que podremos abordar el problema del asesinato por honor y la legitimidad de la lucha por la justicia de gnero sin desplazar, comprometer o despolitizar la necesidad de formular la universalidad de la lucha palestina contra el asentamiento colonial y las polticas de apartheid de Israel.

N. de la T.:

[*] Vase en Rebelin la traduccin de Loles Olivn del mencionado artculo:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=159873

[El autor desea dar las gracias a Sherene Seikaly por sus valiosos comentarios sobre los diversos borradores de este ensayo.]

Jamil Khader es Profesor de Ingls y Director del Programa de Estudios de Gnero en la Universidad Stetson. Es autor, entre otros libros, de Cartographies of Transnationalism in Postcolonial Feminisms: Geography, Culture, Identity, Politics (Lexington Books 2012), y es co-editor, con Molly Rothenberg, de una coleccin de ensayos sobre el filsofo esloveno Slavoj iek titulada: iek Now: Current Perspectives in iek Studies, (Polity 2013).

Fuente original: http://www.jadaliyya.com/pages/index/9675/the-invisible-link_honor-killing-and-global-capita




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