Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-01-2013

Qu sigue siendo vlido en Len Trotsky?

Guillermo Almeyra
Rebelin


La historia es como el mar y las mareas y olas avanzan y retroceden para volver a avanzar impulsadas por los vientos y, cada tanto, sufre violentos momentos catastrficos sus tsunamis- o parece caer en desesperante calma chicha.

Los grandes hombres, por su parte, tienen la altura de la ola histrica sobre la que se montan y, por consiguiente, en el perodo de ascenso de la misma abundan quienes, por ejemplo, tienen madera de mariscales de Napolen o los grandes revolucionarios rusos, con pasta de dirigentes potenciales, que confluyeron en el bolchevismo.

Marx y Engels crecieron montndose en las ruinas imponentes de la Revolucin Francesa y Trotsky, como Lenin, en el asalto al cielo de los comuneros parisinos, es decir, en la gran ola anterior a la que ellos mismos comenzaban a subirse. Por eso son hijos de su poca, antes que nada y, para juzgar su pensamiento hay que ver qu queda de la misma y ubicarlo histricamente.

El siglo XX fue un siglo de guerras y revoluciones que comenz con la guerra ruso-japonesa que dio origen a la Revolucin Rusa de 1905, una revolucin campesina y democrtica, antizarista, que dio origen a una direccin obrera los consejos obreros (soviets) de San Petersburgo, y que fue un ensayo general de la revolucin de 1917 pero integr tambin la ola de revoluciones democrticas con base campesina como la persa o la china de 1910 o la mexicana de 1910-1920.

Fue tambin un siglo que se apoy sobre las difundidas esperanzas y las fuertes organizaciones socialistas en todos los pases metropolitanos (salvo Estados Unidos) y en muchos de los dependientes, coloniales o semicoloniales de un mundo que se caracterizaba entonces por una abrumadora mayora de campesinos y por la opresin colonial de la inmensa mayora de la Humanidad.

Los grandes pases imperialistas eran entonces el Reino Unido, Francia y Alemania, seguidas por los imperios ruso y austrohngaro, y los tres primeros se haban distribuido Africa, el Pacfico y Asia (donde tambin actuaban imperialismo menores) y la parte del len estaba en manos de los britnicos. Estados Unidos, en efecto, antes de 1914, apenas era una potencia regional que se asomaba al campo de las potencias imperialistas con su intervencin en Filipinas, Cuba, el Caribe y Centroamrica y sus incursiones de rapia en Mxico.

Las guerras interimperialistas entre potencias de capacidad similar estaban, por lo tanto, en el orden del da, desde la segunda mitad del siglo XIX y lo estuvieron durante toda la mitad del siglo siguiente.

La burocratizacin de los partidos obreros y de los sindicatos haba marchado conjuntamente con la transformacin de los pases europeos occidentales en imperialistas. El Estado se haba tragado a los reformistas y estatalistas de Inglaterra y de la socialdemocracia en Blgica, Alemania, Holanda y en los sindicatos se batan en retirada el anarcosindicalismo y el sindicalismo revolucionario soreliano y se afirmaba cada vez ms el llamado socialismo de Estado, o sea, la sumisin del movimiento obrero al Estado, que se basa sobre el carcter burgus del sindicato como negociador del precio y las condiciones de venta de la mercanca mano de obra y su intervencin como un actor ms en un mercado cada vez ms regulado por el Estado capitalista. Eso fomentaba el nacionalismo de los contingentes obreros que ms aprovechaban la riqueza (y las fechoras) de su burguesa y su Estado, como el alemn, y creaba en Estados Unidos (donde los socialistas eran muy pocos) un sindicalismo de negocios, ultranacionalista y corrupto.

Todos los socialistas eran conscientes ya desde haca 50 aos de que la revolucin no la provocaban ellos con su voluntad sino que era un rayo producido por la crisis del sistema (como cuando la Comuna de Pars) que creaba a la minora de revolucionarios la posibilidad de llegar a las amplias masas ya trabajadas por la lucha ideolgica antisistmica que libraban diariamente y en todos los niveles de la sociedad los socialistas, con sus crculos de lectura, sus bibliotecas, organizaciones juveniles y deportivas, centros barriales y de asistencia mutua, filarmnicas, all donde eran legales, o con el monopolio virtual de la resistencia ilegal a la autocracia, como en Rusia.

Para ellos, por consiguiente, no haba posibilidad de triunfo de la revolucin sin condiciones previas revolucionarias pero tampoco sin partido y sin educacin socialista de las masas, al menos obreras, y de un pequeo sector de la baja intelectualidad que haca de bisagra con los sectores de escasa cultura. Algunos, como Lenin o Kautsky, atribuan a ese pequeo sector y al partido- el papel de introductores de la teora y el conocimiento desde afuera y otros, como Rosa Luxemburgo o Trotsky mismo, crean que el capitalismo ya preparaba a los obreros ms cultos y avanzados a pensar tericamente y, por lo tanto, que haba que apoyarse en las formas concretas en que el proletariado desarrollaba un doble poder (como los consejos) frente al del Estado.

La revolucin, para algunos socialistas, comenzaba entonces en las grietas ms grandes del capital (las grandes crisis, las guerras desastrosas) como movimientos democrticos, por las libertades y la tierra, constitucionalistas y modernizadores pero, por si direccin y su ritmo mismo, daba la voz cantante al proletariado, organizado, ms cultivado, ms consciente, que era el eje de la vida econmica en las ciudades y, por lo tanto, poda dirigir a la inmensa y dispersa masa campesina.

La revolucin democrtica y nacional asuma as reivindicaciones sociales obreras y anticapitalistas y una orientacin socialista: tal era la tesis de la Revolucin Permanente de Trotsky y Parvus, nacida de la experiencia de la revolucin rusa de 1905. Adems, una revolucin que estalla en una ciudad o se extiende a nivel nacional o perece y que irrumpe en un pas atrasado o se generaliza propagndose a otros pases ms avanzados, o se asfixia, degenera, muere. Esa fue la gran discusin de Trotsky con Lenin y los bolcheviques, que defendan en cambio la tesis de una revolucin democrtica y campesina en una primera fase, pero Lenin en Julio de 1918 adopt la tesis de Trotsky, que dirigi la insurreccin bolchevique, y la historia le dio momentneamente la razn a la teora de la Revolucin Permanente.

Pero, si bien la revolucin socialista amenaz a todos los pases derrotados en la Gran Guerra de 1914-1918 (Alemania y los componentes del ex Imperio Austrohungrico, en particular) donde se crearon consejos obreros, ni las alas de izquierda de los partidos socialistas, ni los nacientes partidos comunistas, ni los sindicatos revolucionarios pudieron dirigirla. En los pases coloniales, la revolucin nacional, democrtica y antiimperialista, a falta de direcciones o de ncleos socialistas, sigui direcciones nacionalistas, como en Mxico o en China.

La Unin Sovitica qued por lo tanto sola cuando haba depositado todas sus esperanzas de sobrevivencia en la revolucin mundial y, adems, por el error cometido invadiendo Polonia donde sus ejrcitos fueron derrotados, perdi la frontera con la Alemania en crisis. Esa fue, como dice Trotsky, la base principal de la burocratizacin.

Lenin, en sus ltimos escritos, combati la burocratizacin del partido bolchevique y del Estado, cada vez ms en manos de Stalin, pero quien estudi y combati ese fenmeno, sobre todo despus de la muerte de Lenin, con la Oposicin de 1923, primero y despus hasta el fin de su vida, fue Trotsky. A l y su libro La Revolucin Traicionada, debe la Humanidad no slo el anlisis de por qu surge la burocracia en los pases modernos sino tambin de cules son los principales remedios para reducirla (la incorporacin de la juventud obrera y de las mujeres al partido, su politizacin, la democracia partidaria con el derecho a la existencia de tendencias, la lucha contra el nacionalismo y el verticalismo). Porque, para l, como para su compaero y amigo Cristian Rakovsky, en Los Peligros Profesionales del Poder, la burocracia tiene una base objetiva en la miseria, la escasez, el atraso cultural y material, la desmoralizacin y desgaste de quienes hicieron la revolucin pero una base subjetiva en la falta de preparacin terica en el partido y en el conservadurismo de sus cuadros ms nacionalistas y atrasados, as como en la fusin entre el partido, que debera ser antiestatalista, y el aparato estatal, que administra el funcionamiento de una economa capitalista en un mundo capitalista.

Para Trotsky, como para Lenin, el socialismo tena como base fundamental la estatizacin de los medios de produccin, la planificacin econmica, el monopolio estatal del comercio exterior. Ellos sobrestimaban as las transformaciones jurdicas en la propiedad (la estatizacin) y la capacidad del Estado de controlar burocrticamente una sociedad cada vez ms compleja a medida que reconstrua las bases de la economa y creca y se diversificaba. Subestimaban al mismo tiempo la subsistencia del rgimen salarial y de las viejas relaciones de produccin (en las que el patrn haba sido reemplazado por el dirigente nombrado por el partido) y la carencia de cualquier control por parte de los obreros, as como la necesaria modificacin de la subjetividad de los mismos. La frmula el socialismo es igual a la electricidad ms los soviets confiaba ms en la incorporacin de las nuevas tcnicas (la electricidad) que en los soviets que ya haban dejado de ser organismos de poder obrero y campesino para convertirse en meras correas de transmisin del partido, al que la guerra civil haba obligado a ilegalizar adems la lucha de tendencias, que le daba vitalidad, y a convertirse en partido nico.

La caracterizacin que hizo Trotsky de la Unin Sovitica como Estado obrero degenerado, que sigui a las sucesivas de Lenin de Estado burgus sin burguesa y de Estado obrero con fuertes deformaciones burocrticas, era formalista porque los obreros haban sido ya expropiados por los burcratas que, en su nombre, desarrollaban valores y relaciones burgueses que no necesitaban de la propiedad para asegurarles el status de casta-clase privilegiada.

Esa aceptacin del carcter an obrero del Estado no capitalista surgido de la Revolucin de Octubre llev a Trotsky, durante muchos aos, a una lucha perdida de antemano por la recuperacin del cuerpo descompuesto del partido y del Estado y le impidi construir a tiempo y con los mtodos adecuados una clandestinidad en el partido y en sus instituciones- una direccin revolucionaria, facilitando as la cada vez ms salvaje represin stalinista, la cual se haca cada vez ms torpe y cruel a la medida en que los errores internacionales de Stalin aislaban ms a la URSS de una revolucin mundial estancada y la ponan en peligro ante el nazismo y la contrarrevolucin mundial, fortalecidos por esos errores.

Poco antes de ser asesinado, Trotsky plante que el capitalismo que en esos momentos preparaba una nueva guerra mundial interimperialista, en medio de su estancamiento productivo- haba agotado sus posibilidades de crecimiento. Organiz la IV Internacional para que un partido mundial de la revolucin dirigiese la nueva oleada revolucionaria, que crea seguira a la guerra, y regenerase la Unin Sovitica mediante una revolucin poltica que extirpase a la burocracia manteniendo las conquistas de la Revolucin Rusa. Sostuvo tambin que, si despus de la guerra el proletariado mundial no poda hacer la revolucin socialista, se instalara un perodo de barbarie, la URSS desaparecera y habra que imaginar entonces las bases de un nuevo programa para la reconstruccin de la civilizacin.


El mundo en que vivimos


La URSS desapareci y el proletariado se transform y diferenci en muchas capas, que reforzaron la tendencia siempre existente, pero antes dbil, a desarrollar en vastas sectores una mentalidad de pequeos productores similar a la de las clases medias pobres y a aceptar como naturales la ideologa y la dominacin del capital.

Vivimos hoy la mayor, ms profunda y ms extensa crisis que el capitalismo haya conocido pero, a diferencia de las crisis del pasado, no hay quien plantee una alternativa socialista ni hay partidos socialistas de masas y la idea misma del socialismo dej de ser una esperanza para identificarse en cambio, para millones de seres humanos en toda Europa oriental, la ex Unin Sovitica, Corea del Norte, China, Vietnam, Camboya y en Cuba misma o con el recuerdo de atrocidades y terribles sufrimientos o, en el caso cubano, con una idea que no moviliza a los que en toda su vida no han conocido sino la escasez y las restricciones de todo tipo.

Las condiciones revolucionarias pueden aparecer y aparecern, pero no sern los revolucionarios socialistas casi inexistentes salvo al nivel de pequeos grupos los que las aprovechen al menos en un plazo corto previsible. Por eso la Primavera rabe, eco postergado de la Primavera de los Pueblos de 1848 en Europa que dio impulso posteriormente al socialismo y al movimiento obrero, ve hoy empantanarse su impulso democrtico, nacionalista y antiimperialista en la cinaga de los conflictos religiosos, regionales y tnicos y surgen regmenes bonapartistas apoyados en las fuerzas armadas que tratan de aplastarla.

Desde el fin de la Segunda Guerra mundial ha habido un crecimiento enorme de la capacidad productiva del capitalismo, que hoy abarca todo el planeta, y el capital financiero, internacionalizado, dirige todo el proceso y tiene a los Estados a su servicio. El proletariado se ha transformado profundamente. En los pases industrializados, el ndice de sindicalizacin es bajsimo, los trabajadores industriales no representan sino cerca del 12 por ciento de la Poblacin Econmicamente Activa (menos que los que trabajan en Servicios y menos tambin que los precarios, cada vez ms numerosos y mal pagados); cerca de la mitad de ellos, como en Francia o en Italia, votan por partidos xenfobos y chauvinistas de extrema derecha mientras la mayora aplastante de los obreros (socialdemcratas, socialistas, nacionalistas en los pases como Argentina, Bolivia, Venezuela o Brasil) slo esperan un capitalismo humano. Los anticapitalistas, como en el siglo XIX, en tiempo de Marx, son absolutamente minoritarios en todas partes. En las elecciones italianas (de febrero prximo) las encuestas dan, por ejemplo, entre 1.5 y 2.5 por ciento a los grupos que dicen ser socialistas algunos de los cuales formaron sin embargo parte de gobiernos capitalistas. El capitalismo incorpor a su arsenal centenares de millones de trabajadores con salarios bajsimos y condiciones de trabajo propias de la poca de Dickens que en la ex URSS y en China y todo Oriente aceptan el capitalismo como marco social nico y natural.

Los ataques neocolonialistas del imperialismo (como en Irak, Afganistn, Libia o las acciones de Israel en Palestina) son cosa de todos los das y no despiertan ya la solidaridad internacional que tuvieron los combatientes de Corea del Norte en los sesenta o de Vietnam. Esas guerras neocoloniales localizadas alimentan a las industrias de guerra, refuerzan el peso del complejo militar industrial en los respectivos Estados y forman parte de una lucha sorda entre las potencias por la redistribucin del control de los recursos vitales y estratgicos (combustibles, agua, mares).

Los distintos imperialismos siguen teniendo intereses propios y tienen continuas diferencias con sus aliados, como lo muestran las guerras neocoloniales de Francia en Africa, pero es impensable hoy una guerra interimperialista (los pases europeos occidentales, por ejemplo, fabrican en comn su armamento) e incluso es muy improbable a corto o mediano plazo una guerra de cualquiera de los imperialismos con China, que los sostiene a todos comprndoles bonos y empresas y que es el principal socio comercial de las transnacionales.

No existe una visin propia de los obreros, diferenciada a nivel mundial, pues cada contingente desempea un papel secundario a nivel nacional, no se siente parte de una sola clase mundial, lucha apenas por reformas que mejoren su nivel de vida o que frenen algo el empeoramiento del mismo. El Partido Mundial de la Revolucin Socialista con el que Trotsky soaba no existe ni siquiera en proyecto y no tiene bases materiales ni siquiera una revista terica que analice el mundo actual y formule alternativas crebles. Slo se llega al nivel del intercambio de informaciones y de intervenciones polticoorganizativas apenas puntuales. No hay as construccin paulatina de conciencia socialista, educacin socialista a partir del balance de las luchas y de las experiencias, limitadas es cierto, de autoorganizacin y autogestin o de desarrollo de elementos de doble poder, como las policas comunitarias armadas y los tribunales populares en el estado de Guerrero, en Mxico, o en las fbricas ocupadas y en autogestin, en Grecia, Espaa, Francia, Argentina, Uruguay.

En ninguna parte del mundo existe una situacin revolucionaria. En todas partes estamos en efecto ante luchas defensivas de los trabajadores a los que la ofensiva capitalista mundial sigue quitndoles conquistas histricas, como las 8 horas, la prohibicin del trabajo infantil, la asistencia social, las leyes de proteccin laboral. Esta ofensiva capitalista va acompaada por una depredacin sin lmites de los bienes comunes y de los recursos ambientales sin que se alce contra eso, salvo en casos excepcionales, como en Cajamarca, Per, una protesta social de magnitud tal que frene al gran capital.

La alianza entre los obreros (reducidos a un peso mnimo y todava reformistas y bajo la dominacin capitalista) y los sectores no capitalistas de las zonas rurales, subsumidas por el capital y en proceso de emigracin hacia las ciudades o hacia otros pases, en estas condiciones actuales no aparece posible porque los primeros confan en mejorar algo su situacin en el marco del capitalismo y los segundos ven al capitalismo como lo nico posible y prefieren emigrar hacia dnde puedan ganar algo ms o encerrarse en la utopa del aislamiento.

All donde la crisis de hegemona del imperialismo estadounidense ha dejado mayor margen al desarrollo de las debilsimas burguesas nacionales, stas estn subordinadas al capital financiero internacional y las tareas democrticas que les habran correspondido no son llevadas a cabo por el proletariado nacional como lder de la entera nacin oprimida y explotada sino por aparatos estatales nacionalistas distribucionistas y asistenciales que se apoyan en el pueblo indiferenciado, frenando e impidiendo el avance de los obreros y desde el Estado quieren reanimar y alimentar a esas burguesas nacionales . Esos gobiernos bonapartistas progresistas, no rompen con las polticas neoliberales que los atan al capital financiero internacional y se dan como objetivo un utpico capitalismo segn ellos justo y productivo, no un cambio revolucionario de sistema. De las frondosas burocracias estatales y partidarias que fomentan surgen sectores capitalistas especuladores, corruptos que infectan el aparato estatal capitalista a todos los niveles. El repudio a una poltica mundial que reduce constantemente los mrgenes a la ciudadana y los derechos democrticos y sociales conquistados durante el ltimo siglo gracias al temor de los capitalistas a la posibilidad del socialismo, no supera an el nivel de los movimientos democrticos de masa, de las llamadas revoluciones cvicas, en la que los obreros son una parte menor y no diferenciada. A eso se une la burocratizacin y cooptacin por el Estado, como en Bolivia, de las direcciones de los movimientos sociales y de los sindicatos y la transformacin de esas fuerzas sociales en base de apoyo para realizar una poltica capitalista de modernizacin del pas, un neodesarrollismo basado en el extractivismo y en la depredacin ambiental que confunde crecimiento econmico con desarrollo social y zapa las bases mismas del apoyo popular al gobierno progresista de la pequeoburguesa.

Los grandes movimientos nacionales y democrticos en ninguna parte del mundo, salvo quizs, y muy en parte, en Grecia, tienen una direccin orientada al socialismo o con peso proletario.Vivimos a escala mundial, y esa ser la situacin durante unos lustros, en la necesidad de terminar la Revolucin Francesa, con la Repblica de los ciudadanos, no an de reproducir la Rusa de los consejos.

Trotsky tena razn cuando deca que las tareas democrticoburguesas no podan ser ya dirigidas por las burguesas nacionales, integradas en el capitalismo financiero mundial en forma subordinada. Pero, al no poder ser dirigidas por los trabajadores en el sentido ms amplio del trmino, simplemente son postergadas y se crea una situacin de crisis social y econmica permanente y prolongada que abre la posibilidad de una catstrofe ecolgica mundial o de aventuras militares que escapen del control, o sea, de una larga fase cada vez ms brbara.

De los grandes aportes de Len Trotsky subsiste en primer lugar la visin internacionalista y la confianza en los trabajadores, en la juventud, en las mujeres y la necesidad de apoyarse en ella y de construir sobre ella, cualesquiera sean los plazos. Es actual, igualmente, la necesidad de combatir en todos los campos la ignorancia, la miseria cultural, la brutalidad, el desprecio por las ideas, o sea las bases subjetivas de la burocratizacin de los grupos y partidos que deberan combatir a su vez la burocratizacin de los sindicatos, como instituciones reformistas, y las burocracias estatales progresistas. La lucha por la democracia ms amplia posible en los partidos que se dan como objetivo el socialismo sigue siendo inseparable de la afirmacin de la democracia como terreno de maduracin del proletariado en esta dura fase del siglo XXI en su camino a la formulacin de programas anticapitalistas.

El concepto del partido bolchevique, nacido en la lucha clandestina contra el zarismo y desarrollado en la fase del ascenso revolucionario de 1918.1919, es en cambio obsoleto en las nuevas condiciones mundiales, igual que el de un Partido Revolucionario Mundial, pero no lo es el de un partido en lucha a muerte con el capitalismo y, por lo tanto, obligado a asegurar su permanencia y sobrevivencia con medidas de autodefensa y si es necesario de clandestinidad.

La visin mundial, planetaria, de la lucha de clases y de la construccin del socialismo que, como sostena Trotsky, es imposible en un solo pas, es fundamental y buena parte de los errores y desastres sufridos por la Unin Sovitica o incluso por Cuba, se deben a la visin estrecha y nacionalista de los dirigentes de los respectivos Estados y demuestran una vez ms la importancia de Trotsky como terico marxiano de nuestro tiempo.

Trotsky no nos basta hoy para responder a todos los desafos tericos que enfrentamos como la elaboracin de programas de transicin precisos para la reconstruccin de la independencia de clase de los trabajadores y de los oprimidos- pero sin l y sin sus concepciones sobre el desarrollo desigual y combinado que muestra cmo en un solo proceso actan en interrelacin y se interiinfluencian distintas revoluciones y luchas culturales o sobre las tijeras entre la ciudad y el mundo rural y sin su internacionalismo, careceramos de instrumentos para intentar comprender la realidad para transformarla.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter