Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2013

Tesis y reflexiones de Francisco Fernndez Buey sobre los nacionalismos

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para Francesc Xavier Pardo, que probablemente coincida con muchas de las observaciones de esta nota.

El autor de Por una universidad democrtica escribi sobre nacionalismos y asuntos prximos desde mediados de los setenta o incluso antes. En los noventa intervino con energas renovadas en discusiones que se llevaron sobre el tema en los alrededores de Izquierda Unida. Hay varios testimonios de ellos: cartas a su amigo, compaero y camarada Vctor Ros, artculos en El Viejo Topo, intervenciones (a veces en minora de uno) en el Foro Babel, materiales para discutir son sus amigos y compaeros, ms de una conferencia con toda probabilidad.

Uno de estos papeles lleva por ttulo Nacionalismos [1]. No est fechado. No es improbable que sea de mediados de los novena del siglo pasado (lejos, pues, de la actual situacin poltica espaola) y, si no ando errado, no ha sido publicado hasta la fecha. Dar cuenta sucinta de las tesis y reflexiones de este escrito del profesor de filosofa moral y poltica es el objetivo de esta nota.

El texto est estructurado en 11 breves tesis. A la Benjamin, uno de los filsofos marxistas que ms interes a Francisco Fernndez Buey. No slo por su obra desde luego.

La primera reflexin muestra su realismo poltico, el mismo que cultivara su amigo y maestro Manuel Sacristn [2]. Independientemente de lo que podamos sentir al or pronunciar la palabra nacionalismo (identificacin, desagrado, indiferencia), apunta FFB, conviene partir de un hecho: los nacionalismos existen y, en diferentes formas, han existido desde el origen mismo del estado-nacin, o sea, por lo que hace a Europa, desde el origen de lo que los historiadores llaman modernidad.

La segunda observacin rastrea orgenes. Lo que llamamos actualmente nacionalismos probablemente sea la forma moderna (es decir, poltica) de los arraigados sentimientos de pertenencia a (e identificacin con) la comunidad propia que son observables en la mayora de las culturas histricas premodernas.

FFB ilustra su observacin con dos ejemplos. Uno de historia de las ideas, de historia de la ciencia, y otro de historia de la cultura. El primero: Cualquiera que haya ledo el tratado hipocrtico que lleva por ttulo Sobre los aires, aguas y lugares [3], se habr dado cuenta de la importancia de ese sentimiento de identificacin (y diferenciacin respecto de otros pueblos y etnias) tena ya para la cultura griega clsica. El segundo ejemplo: Cualquiera que conozca un poco de historia medieval y renacentista europea podr comprobar que la selva de los tpicos sobre los caracteres de identidad y diferenciacin de los pueblos era ya una constante antes del surgimiento del estado-nacin europeo.

La tercera observacin apunta al uso de la palabra brbaro. Estaba autorizado para ello. FFB fue autor de La gran perturbacin y de La barbarie, de ellos y de los nuestros. El reiterado uso de la palabra brbaro, apunta, para calificar al otro, al extranjero, al de la otra etnia o cultura prueba que mucho antes de que hubieran surgido los nacionalismos en el sentido moderno de este trmino los sentimientos de pertenencia, identidad y diferenciacin eran ya un elemento central en la vida de las colectividades.

La cuarta tesis seala y traza matices y lneas de demarcacin.

Es posible y conveniente- distinguir entre estos sentimientos de pertenencia, enraizamiento, identidad y diferenciacin cultural y lo que llamamos hoy habitualmente nacionalismo, que es, esencialmente nacionalismo poltico o polticamente organizado. Desde ese punto de vista, apunta el filsofo palencelons, uno/una puede sentirse cataln, vasco, gallego o espaol, por la lengua que suele hablar con ms frecuencia o por otras caractersticas culturales, y, por supuesto, no ser nacionalita. Es ms, prosigue FFB: si se admite la diferenciacin que acabo de hacer, se puede perfectamente ser racista o xenfobo y no ser nacionalista; y se puede ser tolerante y antirracista y ser al mismo tiempo nacionalista. En el plano estrictamente cultual, el paso del sentimiento de pertenencia al racismo o a la xenofobia se da cuando la afirmacin de las identidades y de las diferencias implica desvaloracin, desprecio o minusvaloracin de otros pueblos, pases, gentes o costumbres.

FFB matiza an ms su anterior consideracin: en el mundo actual es muy verdadero que la correlacin entre racismo y/o xenofobia y nacionalismo poltico suela ser fuerte pero no siempre es as, no siempre ha sido as, no tiene por qu ser necesariamente as. De hecho, el nacionalismo poltico ni siquiera depende siempre de la afirmacin, por ejemplo, de que hay culturas superiores a otras. Hay personas concluye FFB este punto, muy respetables aade generosamente, que comparten esta ltima afirmacin sobre superioridad cultural, habiendo partido del reconocimiento de las diferencias e incluso aceptando un cierto relativismo cultural, que no seran racistas ni tampoco nacionalistas.

La quinta tesis es un reconocimiento explcito de las reflexiones de Bertrand Russell, otro de sus referentes. El sentimiento de pertenencia o enraizamiento (Russell lo llam en una ocasin nacionalismo cultural) es sano y racionalmente defendible siempre, tanto ms, aade FFB, en un mundo tendente de forma creciente a la uniformizacin que se est llevando por delante lenguas, culturas, hbitos y costumbres muy respetables.

Dnde est., pues, lo discutible, lo criticable acaso? En el nacionalismo poltico por lo que tiene de exceso en la afirmacin del sentimiento de pertenencia, de exclusivismo y de cristalizacin intolerante de este sentimiento. Cuando Russell escriba sobre este vrtice, tena enfrente numerosos ejemplos en la historia de Europa. Desde entonces los ejemplos se haban multiplicado, apunta FFB.

Conclusin: el punto de vista del autor de los Principia Mathematica le pareca al autor de Politica doblemente razonable en general.

La sexta observacin es una neta consideracin brechtiana, del Brecht de Dilogos de fugitivos: de todas las enfermedades sociales el nacionalismo poltico es la peor, se contagia a contrario, y acaba convirtiendo en nacionalistas (de la otra nacionalidad) a muchas personas que en principio no lo eran. Hay o puede inferirse un corolario an ms grave: se acaba llamando nacionalista de otra nacionalidad- a toda persona que no comparta el nacionalismo poltico de la propia nacionalidad.

Esta, seala FFB, es una lgica perversa puesta en prctica todos los das en los ltimos tiempos, sobre todo en tiempos prximos a contiendas electorales en las que se presenta a los ciudadanos la situacin como si slo hubiera un eje nico de discusin: el de pertenencia o identificacin con la nacionalidad propia (Insisto: no me he equivocado, el papel comentado no est escrito en los ltimos meses de la vida del autor).

En la sptima observacin FFB desciende a territorios ms concretos. Ha habido y hay naciones y naciones, y tambin, por supuesto, nacionalismos y nacionalismos. Si nos fijamos solo en las palabras, resultara que el dicho del Che y Fidel Castro, Patria o muerte es igual a lo dicho por Jos Antonio Primo de Rivera sobre la Espaa libre o al dicho de Milln Astray Viva la muerte (contra los intelectuales destructores de la unidad de la patria).

A poco que se piense se ver, sostiene el autor de la Crtica al marxismo cientficista, que ambos dichos tienen poco que ver. En el primer caso, lo que se est exigiendo es respecto al grande, al grandsimo, para una nacin pequea. En el segundo, se trata de otra cosa, de una cosa muy distinta, se estaba apuntando que Espaa, adems de libre (por supuesto, aade FFB, del socialismo, del comunismo, del anarquismo y de la democracia sustantiva) tena que ser grande (es decir, imperial) y una (es decir, sin ms nacionalidades que la titular del Estado). Nada, nada que ver a con z, Guevara con la seora Aguirre. Identificar las dos cosas, concluye, y criticarlas por igual en esto, independientemente de las notas crticas que se quieran apuntar sobre Cuba y el castrismo, es para FFB un verdadero suicidio del pensamiento racional (la expresin es excelente).

La octava tesis sostiene que hay y ha habido naciones grandes y opresoras y naciones pequeas e histricamente oprimidas, y nacionalismos opresores y nacionalismos de pueblos oprimidos. Moral y polticamente est justificada esta distincin seala el traductor de Valentino Gerratana. Con independencia de consideraciones sobre adnde puede llegar a conducir en su da el nacionalismo poltico de la nacin pequea (a FFB tampoco se le escapa este sendero), se puede (y seguramente se debe) estar a favor de quienes reivindican polticamente la propia identidad frente a la nacin grande y oscura.

El anterior es un principio compartible an antes de la afirmacin de las opciones polticas de cada cual. Es uno de esos principios que, en su opinin, hoy en da, no es derechas ni de izquierdas, sino de la razn prctica de la humanidad. De ah, seala, que la mayora de las gentes hayan estado a favor de las luchas de liberacin (con componente nacionalista) en el Tercer Mundo.

La novena tesis aclara que lo sealado sobre nacionalismos de la nacin grande y de la nacin pequea no implica aceptar en lo concreto, en la prctica, lo que se rechaza en el plano terico general: los nacionalismos polticos. Qu significa entonces? Pues reconocer que no todos los nacionalismos polticos son iguales.

La pregunta se impone con fuerza: si uno no es nacionalista, de ninguna nacionalidad, pero acepta que hay nacionalismos que tienen su justificacin histrica; qu debe hacer?, cmo debe comportarse?

La mejor respuesta a estas preguntas, seala FFB, tiene un nombre, sigue teniendo un nombre: Vladimir Ilich Ulianov [4]

Lenin haba dicho cosas muy contundentes que ya en aquel entonces no se solan recordar. Ni siquiera por la izquierda. FFB recordaba algunas de ellas: Plena libertad de separacin, la ms amplia autonoma local (y nacional), garantizar en detalle los derechos de las minoras nacionales: tal es el programa del proletariado revolucionario [1917]. En todo nacionalismo burgus de una nacin oprimida hay un contenido democrtico general contra la opresin. Y a este contenido le prestamos un apoyo incondicional al mismo tiempo que rechazamos la tendencia al exclusivismo nacional, y luchaos contra la tendencia del burgus a oprimir al hebreo, etc [1917] El centro de gravedad de la educacin internacionalista de los obreros en los pases opresores debe consistir fundamentalmente en la propaganda y defensa de la libertad de separacin para los pases oprimidos. En cambio, el socialdemcrata de una pequea nacin tiene el deber de poner el centro de gravedad de su actividad en la unin libre de las naciones [1916]

FFB cierra su reflexin con una ltima tesis, una norma politica para la accin. Donde Lenin deca obreros, partido revolucionario, etc nosotros podemos decir hoy trabajadores y ciudadanos en general, izquierda digna de tal nombre, aade el autor de Marx sin ismos. Entonces puede derivarse el siguiente plan de accin para todos los das de la semana, del ao y de la dcada: defensa, en Madrid, del derecho de las naciones a la autodeterminacin (no por nacionalismo de ningn tipo sino por coherencia con el principio democrtico) y defensa, en Barcelona, Bilbao, Santiago, etc, del principio federal, confederal, federativo, o cmo se quiera decir, en un sentido solidario. A partir de ah quedan las concreciones (cmo se hace eso y cmo se articula) pero con ese punto de partida sabramos al menos que podemos discutir racionalmente. Buen leninismo, en el mejor sentido de la palabra que sin duda lo tiene.

El autor del material comentado, Nacionalismos, uno de los grandes marxistas-comunistas de la segunda mitad del XX y de la primera dcada del XXI, no finaliza su reflexin con ninguna pregunta. El autor-plagiador de esta nota s: no sera bueno, justo, conveniente, necesario incluso, atender a estas consideraciones en Valladolid, Madrid, Sevilla, en Barcelona, sobre todo en Barcelona, para discutir racionalmente y desde el punto de vista de los ms desfavorecidos y de una izquierda digna de tal nombre, como dira el inolvidable autor de Leyendo a Gramsci, sobre un asunto de tanta trascendencia poltica que tanto separa o puede separar a las clases trabajadoras?

Notas:

[1] De la documentacin prximamente depositada en la biblioteca de la UPF.

[2] Nada que ver con otro tipo de realismo. Sobre estos realismos, de neta e insana pulsin nacionalista, se manifestaba as de crtico Manuel Sacristn en 1980 (Realismo progresista, mientras tanto, n. 5, pp. 4-5): El realismo de los que fueron progres es la aceptacin de la realidad ahora dada... El realismo de estas actitudes, que puede y suele encubrirse con ironas y desplantes populistas, es un indicio ms del imperio creciente del pensamiento conservador. Es el mismo realismo de la poltica realista, de buen sentido y correcta administracin, que ha llevado ya a cada ser humano a disponer del equivalente de tres mil kilos de explosivo convencional para que lo vuelen. En aras de un sentido nada etreo de la realidad. En este plan de las cosas mayores, un ex-progre barcelons presenta uno de los ejemplos mas bonitos -como dira un antomo-patlogo- de completa insercin en el razonamiento de la insania realista. Preguntado sobre la cuestin de las centrales nucleares,... contesta que son inevitables y, movindose como pez en el agua en la realidad que l, hombre competente, ha estudiado (y, adems, en Francia) ofrece una buena solucin realista para catalanes: yo he estudiado el tema en Francia y he visitado centrales. Y, para los catalanes, creo que, ya que las centrales son inevitables, lo mejor sera colocarlas en Soria, o al otro lado de los Pirineos...

[3] FFB habla con detalle de ese tratado en su libro Para la tercera cultura. Ensayo sobre ciencia y humanidades (de prxima edicin).

[4] Con acuerdo tambin en este punto con Sacristn. En 1976,en su presentacin de la edicin castellana de los Poemas y canciones de Raimon sealaba el autor de Sobre Marx y marxismo : Me siento algo incmodo al ver reproducida en esta edicin para lectores de lengua castellana la nota que escrib en 1973 por cordial encargo de Raimon. Alguna gente de izquierda en sentido amplio (yo dira que en sentido amplsimo), creyndose inminentemente ministrable o alcaldable, considera hoy oportuno abjurar sonoramente de Lenin. No pretendo ignorar los puntos del leninismo necesitados de (auto-)crtica. Pero por lo que hace a la cuestin de las nacionalidades, la verdad es que la actitud de Lenin me parece no ya la mejor, sino, lisamente, la buena. Ahora bien: una regla prctica importante de la actitud leninista respecto del problema de las nacionalidades aconseja subrayar unas cosas cuando se habla a las nacionalidades minoritarias en un estado y las cosas complementarias cuando se habla a la nacionalidad ms titular del estado. A tenor de esa regla de conducta, tal vez sea un error la publicacin en castellano de mi nota de 1973, dirigida primordialmente a catalanes. Espero que no sea un error importante. Y me anima a esperarlo as la acogida de mis paisanos madrileos a Raimon en este suave y confuso invierno de 1976.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter