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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2013

Capitalismo andino amaznico e ilusin estadstica

Ral Prada Alcoreza
Rebelin


 

 

El vicepresidente comenz la conmemoracin del tercer aniversario del Estado plurinacional con un discurso terico, que emite trminos como topologa, geografa homogenizada, poli-centrismo, ciclos largos del Estado; quizs tambin quiso decir ciclos largos econmicos; la estructura argumentativa del discurso ratific la tesis, lanzada hace unos aos, del capitalismo andino amaznico. Tesis guardada rpidamente, dada la discusin y la crtica que suscit; la tesis fue suplida por la propuesta del socialismo comunitario, que contiene, sin embargo, la misma estructura argumental de la tesis del capitalismo andino amaznico. Al respecto de la pervivencia del capitalismo, hay que recordar que el modo de produccin capitalista, contenido en la economa-mundo y el sistema-mundo capitalista, es el gran operador de la homogeneizacin del espacio, de la reduccin de la geografa plural al espacio estriado [1] , capturado por el Estado moderno. Como puede verse la homogeneizacin espacial es una consecuencia de la expansin y mundializacin capitalista. Persistir en la homogenizacin del espacio es, en otras palabras, persistir en la desterritorializacin capitalista, reterritorializada en el Estado-nacin. Aunque se use metafricamente el lenguaje matemtico de topologa, el estudio de los espacios abstractos, a partir de su conexidad y compacidad, se est referenciando al espacio homogneo producido por el capitalismo [2] .

El modelo del capitalismo andino amaznico se asienta en un conjunto de vrtices, comprendidos como polos de desarrollo. Se divide la geografa poltica en reas especializadas, de acuerdo a sus vocaciones territoriales, restringidas a los recursos naturales de la regin, segn la divisin del trabajo que requiere este modelo de desarrollo, concebido como una topologa poltica y econmica. En el discurso se busca distinguir la topologa del Estado plurinacional de las topologas de los estados coloniales y republicanos. La diferencia radica en la oposicin del poli-centrismo, del espacio correspondiente al Estado plurinacional, respecto del uni-centrismo, del Estado colonial y el Estado republicano. Hay tambin otra diferencia marcada; las dos civilizaciones pre-coloniales, anteriores a la invasin europea, la andina y la amaznica, lograron, a su modo, homogeneizar el espacio, abarcarlo, desde una perspectiva poli-cntrica. Estas civilizaciones, fueron portadoras de ciencias, tecnologas, saberes agrarios que revolucionaron la produccin alimentaria; aadiramos, manejando el genoma de las plantas, sobre todo de los tubrculos.

Estas dos diferencias histricas, en el pasado y en el presente, plantean un interregno colonial que nos convirti en dependientes, sometidos al control y al dominio imperialista, dando lugar a una sociedad estructurada a partir de desigualdades. Esta hiptesis interpretativa, histrica y poltica, concibe al periodo de transicin, desde el 2006 hasta la fecha, como etapa de recuperacin soberana de la condicin plurinacional, que tambin se dio, en sus propios contextos y temporalidades, en las formaciones administrativas de las civilizaciones andina y amaznica. Esta hiptesis supone una conexin con el pasado pre-colonial; este es el sentido de nombrar lo andino-amaznico como referente y matriz del modelo poltico y econmico del Estado plurinacional. Tal parece, hasta aqu, que la interpretacin histrica y poltica del Estado plurinacional encuentra su matriz en las civilizaciones andinas y amaznicas pre-coloniales. Hasta aqu la hiptesis se parece a otras interpretaciones histrico-polticas, que critican la dominacin buscando su origen en una guerra de conquista [3] . Empero, lo que ya no aparece como crtica a la dominacin, lo que se diferencia de las teoras histrico-polticas, es una suerte de apologa del capitalismo, en su posible versin local y regional, andina y amaznica. Lo que es incongruente, en esta interpretacin histrica y poltica, es la concepcin capitalista de lo andino amaznico. No slo por qu es difcil sostener que esas civilizaciones fueron capitalistas. En todo caso, usando todava el concepto de modo de produccin, se puede comprender que se trataba de otros modos de produccin, diferentes al modo de produccin capitalista. En este caso, no podra haber una re-conexin con los modelos econmicos andinos y amaznicos; en contraste, en desconexin mas bien, la transicin todava experimentara el condicionamiento capitalista del sistema-mundo. Es notorio que, si bien, el capitalismo andino-amaznico no se lo menciona en el discurso, es, sin embargo, el contenido de la tesis topolgica poli-cntrica del Estado integral.

Entonces la hiptesis interpretativa histrica y poltica adolece de esta incongruencia conceptual, respecto a la mantencin de un modelo de desarrollo que sigue siendo capitalista. Est claro que no se puede caracterizar de capitalistas a las civilizaciones andinas y amaznicas; sin embargo, se puede seguir manteniendo esta estructura econmica acumulativa, de valor abstracto, en la transicin del Estado plurinacional? Ante esta pregunta, hay dos respuestas alternativas posibles; una, que sostenga que en la transicin no se puede hacer otra cosa que ir transitando bajo los condicionamientos del sistema-mundo capitalista, empero creando condiciones para superar esta marco capitalista. La otra respuesta, es la que propone como estrategia una variante de este modelo de desarrollo capitalista; por lo tanto, se define este modelo como horizonte histrico, aunque no se lo mencione, empero se lo muestra en toda la estructura argumentativa y propositiva estratgica. Es esta segunda opcin la que aparece en el discurso topolgico poli-cntrico, que interpreta el mismo modelo de desarrollo capitalista con otros trminos y una perspectiva espacial matemtica. No es esta ltima la mayor incongruencia de la interpretacin histrica y poltica en cuestin; pues la mayor parece ser la de referirse a las civilizaciones andinas y amaznicas desde la perspectiva de la experiencia del capitalismo y la modernidad, como si el capitalismo hiciera inteligibles estas sociedades antiguas [4] . La otra incongruencia, la de una transicin capitalista, es problemtica polticamente. Pues, si se emerge de luchas sociales anti-neoliberales, anti-coloniales, que son, por el contenido social y cultural de las movilizaciones, anti-capitalistas, no se puede persistir como objetivo estratgico en un modelo de desarrollo que supone el modo de produccin capitalista. En todo caso, se puede decir que en la transicin se debe tener en cuenta el condicionamiento del sistema-mundo y la economa-mundo capitalista, en el que estamos insertos, empero, no se puede, consecuentemente, proponer un modelo de econmico alternativo que suponga la acumulacin capitalista. Aunque no se la mencione como tal, por su nombre, los vrtices del modelo de desarrollo, los polos de desarrollo, no son otra cosa que ejes del capitalismo perifrico, a pesar que se intente insistir en stos provisionalmente para salir de la dependencia, a travs de la industrializacin y la soberana alimentaria. Una transicin tiene que ser transformadora respecto a los condicionamientos del capitalismo, una transicin no puede llegar a ser transformadora si se repite el modelo de desarrollo capitalista. No se puede reducir a las regiones y a los territorios de acuerdo a su vocacin en recursos naturales, configurar una divisin del trabajo ms eficiente y abarcadora, que al final de cuentas est destinada a la exportacin de materias primas. No se puede apuntar a la expansin y al crecimiento econmico mediante este modelo de desarrollo, basado en las vocaciones territoriales para su explotacin, que no puede ser otro que la explotacin del capital, que es el que se alimenta con estas materias primas en sus procesos de produccin. La industrializacin no transforma el modelo extractivista slo por el hecho de su mayor participacin en la estructura econmica; mientras la estructura econmica est articulada a la demanda de la acumulacin capitalista a escala mundial sigue siendo un modelo extractivista, pues la matriz del mismo siguen siendo la explotacin de los recursos naturales, reducidos a objetos de la transformacin y acumulacin capitalista.

El discurso topolgico poli-cntrico no es ms que otra versin de la misma tesis del capitalismo andino amaznico. De todas maneras, llama la atencin que se vuelva a insistir en el contenido de esta tesis con un discurso ya no del socialismo comunitario, sino topolgico. Lo que se nota es una preocupacin por explicar mejor lo que se est haciendo, por adecuar mejor su justificacin a la Constitucin, por mostrar que no se ha abandonado el proceso y el proyecto. Hay como un atisbo a reflexionar sobre el proceso, cosa que no necesariamente ocurra antes, en discursos anteriores, cuando pareca mostrarse una reiteracin afirmativa de lo que se haca. Estas pequeas variaciones, estos desplazamientos imperceptibles en el discurso, pueden mostrar ciertos cambios en la condicin subjetiva, no slo de los gobernantes, sino tambin en la relacin intersubjetiva entre gobernantes y pueblo.

El segundo discurso, esta vez ms largo, pronunciado como informe del residente, es mas bien descriptivo. Aparece como balance econmico. El segundo discurso entonces corresponde al de la exposicin econmica; una larga disertacin sobre los logros del gobierno en sus dos gestiones, comparando el contraste entre los alcances econmicos de los gobiernos anteriores y el gobierno popular. Lo que se muestra es el crecimiento de las cifras, en cuadros y en histogramas. La diferencia es notoria en la variacin positiva del PIB del pas, en el crecimiento abultado de las reservas internacionales, tambin en los PIB departamentales, en los ingresos del Estado, del Tesoro General del Estado, en el ingreso de las gobernaciones, municipios y universidades. Tambin se describen los avances en las exportaciones. Del mismo modo se muestran los datos de la inversin; se hace notar que es importante el monto de la inversin, como no ocurri nunca antes; esta inversin est destinada la produccin, a la industrializacin, al incremento del valor agregado. Tambin se muestran los montos destinados a los bonos sociales, su impacto en nmero de beneficiarios. Se presentan indicadores que muestran la reduccin de la pobreza extrema, interpretada por el gobierno como avances en la meta del milenio, en contraste, con el crecimiento de la clase media y su disponibilidad dineraria. Como se podr ver, este panorama es la mejor propaganda de los cambios habidos en el proceso. Sin embargo, hay dos explicaciones para todo este llamado crecimiento econmico; primero, obviamente la nacionalizacin de los hidrocarburos modifica la estructura de ingresos del Estado, mejorndolos notablemente. Ingresos que se van a repartir en todas las instancias administrativas del pas, gobierno central, gobernaciones, municipios y universidades, adems del ejrcito, la polica y el sistema educativo. La otra explicacin tiene que ver con la subida sostenida de los precios de las materias primas en el mercado internacional. Los ingresos del Estado son mayores; para que ocurra esto no se necesitaba mucha genialidad econmica, bastaba con beneficiarse de la alta temporada de altos precios para los recursos naturales. Entonces estamos ante un incremento de cifras, al que no se puede reconocer como crecimiento estructural de la economa. No se puede caer en el fetichismo de las cifras. El problema es que la estructura econmica sigue siendo la misma, la preponderancia expansiva del modelo extractivista, el perfil dominante de un Estado rentista. Las cifras han crecido, empero no se ha transformado la estructura econmica. De este crecimiento econmico cuantitativo, los mayores beneficiarios fueron los bancos, por lo tanto, su lgica especulativa financiera sali beneficiada. Tambin la empresa privada se beneficia con este crecimiento econmico, el Estado tiene ms para gastar, aunque muchas veces no ejecuta su propio presupuesto. Hay ms grasa, pero el cuerpo sigue siendo enfermo; hablamos de una economa dependiente [5] .

En lo que respecta a las inversiones, tambin se sufre de un fetichismo de las cifras; se cree que por el slo hecho de destinar montos a la inversin, sta se realiza materialmente, como arte de magia [6] . Si las condiciones para la realizacin material, la transformacin productiva, no estn dadas, estas inversiones no son ejecutadas o se pierden en gastos insulsos, hasta en desvos corruptos. La experiencia del fracaso del proyecto siderrgico, en el caso del Mutn, es categrico. El engao de la empresa de produccin del carbonato de litio, la Planta de Carbonato de Litio, inaugurada siete veces, con montajes y desmontajes de la planta, equipada y desmantelada con materiales y equipos alquilados, a pesar de los montos destinados a la construccin de la planta; adems del fraude de la compra de carbonato de litio en Chile, que se le present al presidente como si fuese hecha en la planta; acompaando esta historia con otras tramoyas, con simulaciones de que se est vaporizando la sal, cuando se ha echado alcohol en las piscinas, para que esto parezca ocurrir. Sumndose a esto el conflicto con los coreanos, quienes se llevaron una cantidad grande de salmuera para experimentos cientficos, sin permiso del Congreso; experimentos que terminaron con descubrimientos de nuevas tecnologas, que no la comparten con Bolivia, y mas bien quisieron cobrarle como parte del contrato [7] . Todas estas anomalas muestran la cruda realidad. Se puede constatar entonces que, efectivamente, no se efecta una real transformacin de la matriz productiva; hablamos de fracasos y de bluff. Si a esto le sumamos las incursiones en la petroqumica, la Planta de Amoniaco y Urea que se la proyecta instalar en el Chapare y no en Puerto Suarez, donde parece que es aconsejable, por la proximidad de la fuente de gas y del mercado. Planta que se instalara en tierras regaladas por el Estado a campesinos, que ahora seran indemnizados por una rara confiscacin de las tierras.

Como se puede ver, estamos ante un panorama nada alegador en lo que respecta a los proyectos industriales estratgicos. La instalacin de plantas separadoras de gas, que no corresponden exactamente a procesos de industrializacin, como hace creer el gobierno, pasaron por historias de escndalos de corrupcin, sobre-precios, que hasta ahora no se han aclarado. Siguiendo con las tristes historias, las inversiones menores en empresas industriales estatales como PAPELBOL, CARTONBOL, LACTEOSBOL, no lograron parar empresas industriales tal como se proyectaron. Unas estn estticas, otras estn muy lejos de llegar a ser empresas que puedan funcionar por s mismas. Ante esta realidad, el discurso de las inversiones cae por su propio peso. La nica empresa pblica que parece haber funcionado es EMAPA, pero no en los marcos que ha sido constituida, que es la de produccin de alimentos, sino en marcos ms estrechos, circunscrita al acopio de productos, con el objeto de controlar y nivelar los precios, distribuyendo, adems, en los pequeos y medianos productores insumos para la agricultura. En este panorama gris, esperemos que la empresa estatal de la castaa, Empresa Boliviana de Almendra y Derivados (EBA), pueda cumplir su papel; apoyar a las comunidades, a las cooperativas, a las trabajadoras castaeras, rompiendo el monopolio privado de la castaa, donde Bolivia es el principal exportador mundial.

YPPF y COMIBOL son indudablemente las dos ms grandes empresas estatales estratgicas, que captan la mayor parte de los recursos de la estructura econmica del pas; sin embargo, no hay que olvidar que estas empresas existen desde los aos de la revolucin nacional (1952-1954). Tambin se puede citar a ENTEL, la empresa estatal de telecomunicaciones nacionalizada, as tambin a otras empresas nacionalizadas, en el rubro de los hidrocarburos, as como recientemente la empresa nacionalizada de servicio y distribucin de energa elctrica. Todo este conjunto de grandes empresas ya exista, no se pueden mostrar como parte de la transformacin de la matriz productiva. Para que se pueda hablar de este cambio es menester la creacin de nuevas empresas estratgicas de gran alcance e impacto, de tal forma que logren modificar el perfil de la estructura econmica.

El fetichismo de las cifras no sustituye a la realidad; no se puede confundir el crecimiento cuantitativo con el crecimiento cualitativo, que es el real. No se puede tomar en serio los montos destinados a la inversin, si no se cumplen con las condiciones de posibilidad para su realizacin material. No se puede vivir de propagandas y de informes positivos, que enorgullecen al presidente, al vicepresidente y al ministro de economa. La necesidad de las transformaciones estructurales e institucionales en la economa requiere de transformaciones materiales, de condiciones objetivas y subjetivas, de transferencia de tecnologas y formacin cientfica.

La arcas del Estado han crecido, ni duda cabe; esto no est en discusin. El problema es que no se trabaja en la creacin de condiciones de posibilidad material y subjetiva para la transformacin de la matriz productiva. Se prefiere apostar al fetichismo de las cifras, experimentando en la imaginacin la transformacin productiva y el soado desarrollo. El problema del gobierno popular es su concepcin monetarista de la economa. Un gobierno popular, colocado en la transicin que debe ser transformadora, no puede proyectar polticas econmicas transformadoras desde una concepcin econmica conservadora, como el monetarismo. Sin embargo, es a esta eficiencia a la que apuesta el gobierno, a la eficacia de las cifras. El gobierno que tiene que responder a la Constitucin, a la Organizacin Econmica del Estado, debera desarrollar una concepcin materialista y dinmica de la economa, apostando a la movilizacin productiva generalizada, inyectando inversin en los sectores productivos comunitarios, empresariales, sociales, incluso cooperativas, garantizando que se cumpla con el estatuto social de la cooperativa. Obviamente, la inversin en las empresas estatales es estratgica, para que esta inversin sea estructural, es indispensable una transformacin radical de la llamada empresa pblica; desburocratizndola, convirtindola en una institucin de ingeniera productiva, compuesta por cientficos, profesionales y obreros altamente calificados. Puede ser que para dar estos pasos se requiere de un macro operador de planificacin integral y participativa, con enfoque territorial, como establece la Constitucin. En contraste, el gobierno ha optado por desmantelar el Ministerio de Planificacin para el Desarrollo, reducindolo a la mnima expresin. La planificacin qued reducida al ncleo estrecho de clarividentes que definen las polticas pblicas. Por otra parte, siguiendo con las condiciones de posibilidad institucionales, para una planificacin integral y participativa se necesitaba urgentemente de un censo cientfico, que cuente con una actualizacin cartogrfica, antes de realizarse, incorporando variables para la construccin de indicadores especficos y diferenciales, tiles para la planificacin participativa y las polticas pblicas. En discrepancia, el gobierno ha preferido seguir con un censo que no contaba con la actualizacin cartogrfica, cuya boleta ha sido desarmada, sin cumplir con las preguntas de la comparacin internacional, que es un requisito, menos introducir preguntas para indicadores especficos y diferenciales. La pregunta que se mantuvo es la de opcin de auto-identificacin con algn pueblo indgena; pegunta de opinin, que requera otros soportes y controles, que tampoco se introdujeron. En otras palabras, nos quedamos sin soga ni cabra. El gobierno quiere cubrir estas abismales falencias con propaganda. Si el censo no es cientfico, est mal implementado, no cuenta con el requisito bsico de la actualizacin cartogrfica, no se puede esperar alguna utilidad apreciable de sus resultados.

El gobierno vive una ficcin estadstica, quiere que tambin el pueblo viva de esta ficcin; sin embargo, esto no es posible. Los gobernantes pueden darse el lujo de alimentar el imaginario de una economa en crecimiento, de manera diferente, el pueblo, que se encuentra en otros planos, en los planos donde experimenta la evidencia cualitativa de las dinmicas sociales y econmicas, de sus procesos recurrentes, no llega a entusiasmarse con cuadros e histogramas.

Como dijimos al principio, llama la atencin el atisbo de reflexin y elaboracin discursiva sobre el proceso, una especie de desplazamiento de retoma en el discurso de preocupaciones emancipatorias. Se introducen trminos como de la madre tierra, el vivir bien, se critica al capitalismo, a la dependencia de los mercados, al dominio del capital financiero, se alude a la necesidad de respetar a la madre tierra y estar en armona con ella, por lo tanto de disear un desarrollo que equilibre progreso y respeto de los derechos de la madre tierra. Al respecto, algo que ya deberamos haber aprendido de la enunciacin discursiva es que la introduccin de estos trminos no garantiza una concepcin no-desarrollista, no-extractivista, no-depredadora. Puede darse un discurso que incorpor estos trminos, pertenecientes a otras concepciones, por ejemplo, a las cosmovisiones indgenas, pero, se lo hace, para colonizar estas concepciones, adecundolas a una ideologa modernista. Incluso, puede esperarse que los que emiten el discurso creen que logran equilibrar tendencias contradictorias, la indgena y la moderna, la desarrollista y la ecolgica; pero, no puede obviarse que las prcticas discursivas no garantizan su deduccin en prcticas-no discursivas, en este caso, en la efectuacin de polticas y prcticas que logren armonizar y equilibrar tendencias efectivas, de evidente contraste. Los gobernantes creen que por que hablan de madre tierra se respetan sus derechos, consagrados en la Constitucin, creen por que por que hablan del vivir bien, ya se encaminan en este horizonte y expresan esta perspectiva. Nada se resuelve en el discurso, salvo su propio desplazamiento y emisin, muchas veces contradictorio. Si el gobierno se mantiene en el modelo extractivista, nada ha cambiado, sigue una poltica econmica depredadora.

Es anecdtico, que en el mismo discurso el gobierno se traicione, termine develando sus ocultas intenciones; el presidente ha dicho que va erradicar la extrema pobreza del TIPNIS, y esa tarea se encargar al ministro de la presidencia. Ese es el respeto a los derechos de la madre tierra y a los derechos de las naciones y pueblos indgenas originarios. El presidente ha dicho que el gobierno ha sido exageradamente democrtico - cmo se puede ser exageradamente democrtico? -, que ha hecho la consulta en el TIPNIS, cuando no le corresponda, pues se trata de una carretera y no de temas administrativos y fiscales que afecten a los pueblos indgenas. Ha dicho que ha consultado a las comunidades del TIPNIS, las que de acuerdo al informe oficial, han aceptado la suspensin de la intangibilidad, interpretada por el gobierno como aceptacin de la construccin de la carretera. El presidente ha recurrido, en su argumentacin, a una consulta que no es consulta, que no cumple con la estructura normativa y conceptual de la consulta con consentimiento, previa, libre e informada. Ha dado cifras de preguntas hechas a familias, no a comunidades, mostrando forzadamente que la mayora del TIPNIS ha aceptado la construccin de la carretera. Una vez conocido el informe del gobierno, se ha visto al detalle todas sus falencias; se sabe ya lo que significan sus cifras. Tambin se sabe que de ah, del informe de la consulta, a pesar de que solamente son familias y no comunidades las que respondieron, no se puede deducir la construccin de la carretera. Sin embargo, el gobierno persiste en una interpretacin insostenible. Tambin se conoce el informe de Defensora del Pueblo, as como el informe de la comisin verificadora de la consulta, compuesta por Derechos Humanos, la iglesia catlica y una oficina interamericana, informes que arrojan lucen de la violencia sistemtica, la violacin de derechos fundamentales, la manipulacin grotesca de la consulta gubernamental. Hasta se dio el caso del rapto de una familia de Gundonovia, que fue trasladada a Trinidad, a un cuartel donde fue adoctrinada, para posteriormente hacerle la consulta en una hacienda. Sin embargo, el presidente persiste en seguir utilizando como argumentos estos mecanismos alterados.

Como se puede ver, se sigue optando por la persistencia de la fuerza, de las demostraciones de fuerza, en el uso ilegitimo de la mayora congresal, a pesar de la evidencia de los crasos errores, el deterioro alarmante, la expansin de la corrupcin y las derrotas electorales, en la eleccin de magistrados y en el departamento del Beni. Tal pareciera, que el gobierno ha llegado a un lugar de la curva del tiempo poltico del que ya no se puede retroceder. Ya est atrapado en una lgica de poder que se desencadena indeteniblemente. El gobierno no va optar por una evaluacin crtica de lo que ha pasado en los ocho aos de gestin, no se le ocurre revisar su comportamiento poltico, tampoco piensa contrastar lo que efectivamente hace respecto de lo que establece la Constitucin. Esto ya no va ocurrir, el caballo de los acontecimientos ya est desbocado.

Lo que ha ocurrido en la conmemoracin del aniversario del llamado Estado plurinacional, que no es otra cosa que el mismo Estado-nacin, solo que folklorizado, pues no se han efectuado las transformaciones estructurales e institucionales, que sostengan la construccin del Estado plurinacional comunitario y autonmico, es una clara manifestacin de lo que ocurre. Se moviliza un auditorio popular, se traen organizaciones, que ya no acuden espontneamente, se arma un desfile cvico y militar, repitiendo lo que se hizo aos atrs; solo que ahora, ya no se nota el entusiasmo, como al principio de la primera gestin de gobierno. Se trata de una movilizacin formal, armada por el mismo gobierno; estamos lejos de las convocatorias a la movilizacin para profundizar el proceso. Estos actos se han convertido en una inercia repetitiva. Por otra parte, se tiene al verdadero pblico de los discursos, los diputados y senadores de la Asamblea Legislativa, quienes s aplaudieron los discursos del vicepresidente y del presidente. El pblico que asisti a la Plaza, fuera de las organizaciones que desfilaron, fue por los festejos, la presentacin de los conjuntos musicales. Fue a divertirse. Por ltimo, tenemos a los propios miembros del gobierno, quienes no son pblico, sino actores de las polticas pblicas que estaban contempladas en el informe del presidente. En este estrato privilegiado estn los mandatarios, quienes dieron los discursos. Habra que preguntarse: A quienes se dirigen? Quines son sus interlocutores? El pueblo boliviano? Cuntos del pueblo realmente vieron y escucharon los discursos? Ya no ocurre como antes, al principio de la primera gestin, cuando la gran mayora estaba atenta a lo que deca el presidente. La gran mayora se senta comprometida con el proceso. Ahora, en cambio, se siente desplazada por los funcionarios, los polticos profesionales, los gobernantes, que siempre tienen la razn, no escuchan, todo el rato se justifican y explican asombrosamente sus errores ms garrafales. A propsito, una figura exagerada puede mostrarnos lo que patticamente parece ocurrir: Los oradores se dirigen a su propio espejo; se miran a s mismos en la pica estadstica de sus grandes logros. Tambin se miran a s mismo en el espacio topolgico de una trama donde aparecen como los hroes incomprendidos.



[1] Trmino usado pro Gilles Deleuze y Flix Guattari; ver Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia II. Pre-textos. Barcelona.

[2] La topologa se define como estudio de los espacios abstractos, dedicada al anlisis de las propiedades de los cuerpos geomtricos, que permanecen invariables a pesar de las transformaciones continuas. La topologa estudia las propiedades de los espacios topolgicos y las funciones continuas . La Topologa se ocupa de estos tpicos usando conceptos como proximidad , nmero de agujeros , adems de comprender el tipo de consistencia que presenta un objeto, comparar objetos y clasificar, entre otros mltiples atributos donde destacan conectividad, compacidad, metricidad y otros atributos. El trmino de topologa tiene dos connotaciones; primero, en trminos generales, el estudio de los espacios abstractos y sus propiedades; segundo, comprende familias de subconjuntos de un conjunto dado, familia que cumple unas reglas sobre la unin y la interseccin.

[3] Revisar de Michel Foucault Defender la sociedad. Curso en el Coll ge de France (1975-1976). Fondo de Cultura Econmica. Buenos Aires.

[4] Marx y Engels hicieron famoso el enunciado presentista de que el capitalismo alumbra a los otros modos de produccin y formaciones sociales-econmicas, hacindolas inteligible. La frase ms conocida es que la anatoma del hombre es la clave para comprender la anatoma del mono.

[5] Revisar de Ral Prada Alcoreza La concepcin desfachatada de la economa; Bolpress 2013; La Paz.

[6] Revisar de Ral Prada Alcoreza Critica de la economa poltica del desarrollo; Bolpress 2012; La Paz.

[7] Lo que se refiere a la Planta de Carbonato de Litio se basa en denuncia de los trabajadores de la planta.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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