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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2013

Lance Armstrong: una confesin que desnuda al sistema

Marcelo Colussi
Rebelin


Lance Armstrong, el ciclista estadounidense ganador consecutivo de siete Tours de Francia, acaba de confesar pblicamente que utiliz sustancias prohibidas en su carrera deportiva. Tom sustancias prohibidas? "S" EPO? "S" Transfusiones de sangre? "S" Testosterona, hormona de crecimiento o cortisona? "S" Lo hizo en todos y cada uno de los Tours de France que gan? "S" , fueron las preguntas y respuestas con que la periodista Oprah Winfrey y el propio ciclista en cuestin dejaron atnita, o ms an: indignada, a una teleaudiencia multitudinaria.

En realidad, no fue ninguna sorpresa que saliera a luz el dopaje en una prctica deportiva; lo sorprendente en este caso fue la declaracin de Armstrong tras aos de haber negado categricamente el uso de drogas prohibidas. Probablemente toda esta confesin ante cmaras de televisin puede ser parte de una estudiada maniobra. No est claro an hacia dnde se apunta con esto, pero desde ya puede pensarse en posibles agendas ocultas ms all de un sentimiento de culpa por parte del texano de 41 aos. Ms an: si todo esto admite una lectura crtica en trminos sociales y/o polticos, ello excede a las razones subjetivas que pueda haber en la persona de Lance Armstrong. Y as fuera que la confesin no es sino un sentimiento absolutamente ntimo que lo ha llevado a este mea culpa pblico, el anlisis que pretendemos no se invalida.

Por qu lo hizo? No es precisamente eso lo que debe llamarnos a la reflexin crtica. El caso puntual de Armstrong ms notorio que otros casos de dopaje en el deporte quiz tiene ribetes increbles, y probablemente podrn encontrarse all determinantes que guardan relacin con su muy peculiar situacin personal: alguien que luch contra el cncer y que demostr un espritu de superacin especialsimo, lo que puede desembocar en un hambre de triunfo voraz; tan voraz, que no se detuvo ante la transgresin, lo que le llev al uso de estimulantes prohibidos. Pero no es esa variable subjetiva, personal, la que deseamos destacar.

La Unin Ciclista Internacional UCI, que en octubre del ao pasado le retirara todas las medallas obtenidas gracias al uso de esos frmacos prohibidos inhabilitndolo para la prctica del ciclismo profesional de por vida, actu en forma polticamente correcta. Sin dudas, el mensaje que lanz con ello es una defensa de la tica deportiva de este deporte, puesta en entredicho en estos ltimos aos con numerosos casos similares. De hecho, entre 1999 y el 2005 perodo en el cual Lance Armstrong obtuvo sus siete victorias consecutivas en el Tour de Francia se registraron alrededor de 20 casos de dopaje en las principales competencias ciclsticas de Europa, en Francia, Italia y Espaa. Su decisin de enfrentarse a su pasado es un paso importante en el largo camino para recuperar la confianza en el deporte , destac enftico el presidente de ese organismo internacional, el irlands Pat McQuaid, tambin cuestionado por su presunta connivencia en el caso Armstrong.

Del mismo modo, el Comit Olmpico Internacional COI se apresur a fustigar la confesin del ciclista texano: No puede haber espacio para el doping en el deporte y el COI condena las acciones de Armstrong y de todo aquel que busca una ventaja injusta con el uso de drogas .

No caben dudas que todo el sistema de dopaje utilizado por Armstrong, altamente desarrollado, hecho a la ms alta escuela a tal punto que nunca pudo ser detectado en el momento en que lo utilizaba, implic estructuras complejas. Es imposible que lo hiciera l en solitario. La confesin del ciclista tal vez ayude a develar alguna red implicada, y no sera de extraar que se encontraran encumbradas figuras ligadas a todo el escndalo.

Pero la cuestin va ms all todava. Si ahora queremos llamar la atencin sobre el hecho, no es por una pura cuestin amarillista de pseudoperiodismo, para enfrascarnos en la maldad de este deportista en concreto, o de alguna red mafiosa a sus espaldas. El fenmeno del dopaje en el deporte profesional que viene acrecentndose en las ltimas dcadas es un sntoma de descomposicin social inocultable. En 1988 el velocista canadiense Ben Johnson, en 1992 la atleta alemana Katrin Krabbe, en 1994 el futbolista argentino Diego Maradona, en 1998 el escndalo del Tour de Francia que termina con redadas policiales y el descubrimiento de una vasta red de dopaje en el ciclismo, en 1999 el atleta alemn Dieter Baumann, en el 2005 el tenista argentino Mariano Puerta y sus compatriotas Juan Ignacio Chela y Guillermo Caas, en el 2006 el equipo de esqu austraco, del que seis de sus miembros son suspendidos huyendo de la escena el entrenador Walter Mayer, en el 2006 nuevamente en el Tour de Francia salta el escndalo por dopaje siendo suspendidos nueve corredores, entre ellos el alemn Jan Ullrich y el italiano Ivan Basso, en el 2007 la triple campeona olmpica estadounidense, la velocista Marion Jones, en el 2009 la alemana quntuple campeona olmpica de patinaje Claudia Pechstein, en el 2010 nuevamente un ciclista, el espaol Alberto Contador, en el 2012 otro ciclista, el alemn Jan Ullrich, slo por mencionar algunos de los ms connotados casos. El ciclismo, evidentemente, evidencia un marcado uso de sustancias prohibidas; pero ello se repite con frecuencia en los ms variados deportes, en figuras estelares como todos los arriba mencionados as como en deportistas de segundo nivel. Qu significa todo ello?

Si la prctica del deporte profesional, que se supone debera ser la promocin de una vida sana libre de sustancias psicoactivas, puede verse continuamente tocada por estas transgresiones, en muchos casos con connotaciones policiales, ello nos habla de un espritu de la poca cada vez ms centrado en el disparate. No puede entendrselo de otra manera: disparate!

Por un lado, y como primera cuestin a analizar: por qu el deporte ha ido dejando atrs de un modo total, sin retorno, el carcter amateur para devenir una mercadera ms? Las reglas del mercado, en tanto centro omnmodo de la vida actual, sin dudas fijan todas las actividades humanas. El deporte no podra escapar a esa lgica. A partir de ello surge la segunda cuestin: el capitalismo, en tanto sistema que slo se alimenta del lucro, no sabe de tica, de valores, de solidaridad. Slo se trata de ganar. Un deportista profesional, expresin a ultranza de esa lgica, smbolo rutilante del xito al igual que cualquier estrella de la farndula, enceguecido por los reflectores por qu habra de tener aseguradas las barreras ticas en la bsqueda de ese xito que el sistema reclama a cada instante? No todos los deportistas profesionales se doparn para aspirar al triunfo, pero evidentemente muchos s. De hecho, muchas grandes figuras del deporte profesional pusieron el grito en el cielo al conocerse recientemente las declaraciones del ciclista estadounidense. Pero no se trata aqu de una simple cuestin de buena o mala voluntad de tal deportista en cuestin.

Lance Armstrong o Diego Maradona, por dar algunos ejemplos, no son ms reprochables que aquel deportista que jams us estimulantes; no puede agotarse el anlisis en su mala conducta personal. Obviamente no se la puede justificar, as se entienda que puede ser sntoma de sus estructuras de personalidad. Si Maradona, lamentablemente para l, es un adicto crnico: habr que regaarlo por su mala conducta? Esa es la prescripcin profesional para los toxicmanos? No va por ah la cuestin. Lo que se quiere evidenciar ahora es que estas prcticas tan comunes en el deporte profesional actual son, en definitiva, expresin de un medio que obliga al xito a toda costa, fetichizando el triunfo a cualquier precio. Algunos, por las razones subjetivas que sea, no dudarn en transgredir. El mandato social est all invitando a hacerlo. El triunfo seduce, llama, cautiva. As funcionan las drogas prohibidas: ah estn, como una mercadera ms invitando a su consumo. Muchos las prueban y algunos quedan enganchados de por vida. Maradona, an adicto, sigue siendo dolo popular en su pas, y su transgresor histrico gol con la mano de dios no es objeto de vergenza de sus seguidores, sino de enorgullecimiento. Lo mismo pasa con cualquier fortuna: la transgresin est en su base, la explotacin, el despojo. O alguien puede hacer fortuna trabajando honestamente? El xito de los millonarios, del sistema en definitiva, no se fustiga, sino que se premia.

Si el sistema, el macrocosmos, pide triunfo, xito, victoria a toda costa (esos son los valores primeros de nuestro mundo, en cuyo nombre se hacen guerras, se mata, se hace espionaje industrial o se invaden pases), algunos desde el microcosmos (Armstrong, Maradona, etc., la lista es larga e incluye tambin a muchos Juan de los Palotes que no hacen declaraciones ante cmaras de televisin) se lo toman demasiado en serio, y pueden vender el alma al diablo por conseguirlo.

En otros trminos: todo el sistema basado en el triunfo, en el lucro como ideal supremo tal como es nuestro capitalismo dominante, muy sano y rozagante y sin miras de caer en lo inmediato lleva implcita la transgresin. Las normas sociales ordenan la vida, impiden la transgresin como prctica normal, pero el xito bien superior por excelencia de ese sistema no se detiene ante nada. Sin dudas el COI no premia el dopaje y, por el contrario, castiga ejemplarmente a quien incurre en l. Pero el sistema general de valores en el que se desenvuelve, quiera que no, indirectamente lo termina promoviendo. Armstrong, al igual que cualquiera de los gladiadores modernos (muy bien pagados, por supuesto) que el sistema implementa para su monumental y cada vez ms framente calculado pan y circo por qu no habran de apelar al engao si es eso lo que cimienta todo el aparato social? La justicia, la solidaridad, el amor y la paz son el barniz polticamente correcto del sistema, pero la explotacin inmisericorde y la guerra son su motor real. Un deportista profesional que se dopa el transgresor texano para el caso, que quiz a nivel personal s necesite ayuda psicolgica no hace sino repetir ese modelo tan normal que mueve al mundo contemporneo. Y eso, sin dudas, es un disparate.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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