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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2013

Una izquierda sin pecado original es necesaria en el Ecuador

Jorge Oviedo Rueda
La lnea de fuego


Se puede decir que con el fin del siglo XX pareca haber llegado tambin el fin de la Utopa. A los marginados de la tierra se les haba esfumado hasta la esperanza. Las trompetas victoriosas del capitalismo ahogaban en todo el planeta los sollozos de los humildes. Un triste paisaje de desaliento haba quedado despus de la batalla. El ltimo esfuerzo mundial por reformar el socialismo fue devorado inmisericordemente por las mafias enraizadas en el mamotrtico Estado sovitico. Algo inverosmil haba sucedido: la rueda de la Historia pareca haber dado vuelta para atrs.

No dur mucho el entusiasmo capitalista. En la primera dcada del nuevo milenio las pavorosas contradicciones del sistema quedaron al descubierto. El capital financiero mundial tuvo que recurrir a transfusiones colosales de su propio dinero para sobrevivir. A nadie se le ocurre dudar de que el enfermo padece una enfermedad terminal, pero, as mismo, slo a los fanticos se les puede ocurrir que no hay nada ms que esperar para enterrarlo. En su fase final, el capitalismo todava tiene recursos para recuperarse. A las potencias capitalistas del mundo les queda la fuerza y otras estrategias menos drsticas para mantenerse vivas. El llamado capitalismo verde es ahora una de sus ms exitosas y el cambio de hegemona, otra. Los revolucionarios sabemos que no escatimarn recursos para conservar su civilizacin, levantada sobre el sudor y el sacrificio de los pueblos pobres del mundo.

En Amrica Latina la estrategia socialdemcrata reformista es una pieza clave de la recuperacin del capitalismo mundial. Son gobiernos que por principio plantean la necesidad de hacer concesiones a las necesidades de las masas para reacomodar las fuerzas de la dominacin, gobiernos pragmticos sabedores de que quitarle un punto de la riqueza a los poderosos puede ser visto como un acto revolucionario por las masas postergadas. Es una renovada concepcin poltica que ayuda a prolongar la agona del sistema. Estos gobiernos progresistas no conciben la idea revolucionaria de que al capitalismo hay que ayudarle a morir y no a recuperarse. Ellos se han adueado del discurso socialista y dicen ser la izquierda autntica. A su interior, una izquierda boba se mantiene hipnotizada en espera de, mediante un golpe de timn, tomar el mando del proceso.

El Ecuador no es la excepcin. Veamos.

Historia de una idea

En la dcada de los aos veinte del siglo pasado la crisis del bipartidismo liberal-conservador en el Ecuador vio surgir al socialismo como una alternativa. Recin en esta dcada comienza a aparecer el rostro del Ecuador moderno. Hay nuevas fuerzas econmicas, sociales y polticas, pero de toda esta nueva realidad lo ms importante fue la presencia del sub-proletariado, como Agustn Cueva lo llama, grupos populares pauprrimos y polticamente inquietos que buscaban afanosamente quin les representara a nivel poltico. Era la izquierda la llamada a hacerlo, pero no lo logra. Enfrascada en discusiones doctrinarias, ajena incluso a reflexiones tan importantes como las que Maritegui haca entonces en el Per, se deja ganar la partida por el caudillismo atropellante de Velasco Ibarra. Desde entonces la izquierda en el Ecuador carga el pecado original de no haber sido capaz de representar genuinamente a las masas populares y haberse escudado siempre en alguna figura o movimiento progresista para avanzar, segn ella, a la consecucin de sus metas histricas. Este rasgo general de la izquierda en el Ecuador estaba sustentado en la conducta particular de cada una de las fuerzas que la conforman. Las aspiraciones de una izquierda nacional, independiente, enraizada en nuestras tradiciones de lucha (PSE) se quedaron en eso, aspiraciones nada ms, nunca se hicieron realidad; igual, las aspiraciones de llevar adelante una reforma demo-burguesa (PCE) tampoco nunca tuvieron a la izquierda como protagonista. Toda reforma la hicieron las fuerzas o los lderes de las fuerzas pro burguesas, dndoles, a lo mucho, el papel de furgn de cola a la izquierda. As es como se ha modernizado la dominacin capitalista en el Ecuador, con una izquierda que ha puesto las tesis y una derecha que no ha tenido empacho en aprovechar el impulso a condicin de mantener en sus manos el poder poltico y el control del Estado.

As sucedi en la dcada de los aos treinta. La crisis mundial del capitalismo agudiz las contradicciones internas del capitalismo dependiente. En el Ecuador se volvan a enfrentar conservadores y liberales por el control poltico del Estado. La izquierda (PSE, PCE) apoy el efmero gobierno del coronel Luis Larrea Alba y, despus, tom partido por la tendencia liberal, con el pretexto de impedir el retorno del conservadurismo, con lo cual allan el camino para el surgimiento del caudillismo velasquista. Tras la primera cada de Velasco Ibarra la izquierda reencontrada decidi apoyar la candidatura del coronel Larrea Alba que no prosper porque se instaur la dictadura de Federico Pez. Siempre detrs de bastidores, nunca poniendo sus cartas sobre la mesa. Este rasgo de la izquierda ecuatoriana no puede ser explicado nicamente por la debilidad orgnica que entonces tena, s por la composicin clasista de sus dirigentes. La izquierda en el Ecuador fue fundada por intelectuales de clase media, de los cuales muy pocos comprendieron que la ideologa de izquierda era un compromiso definitivo con el cambio revolucionario. Esta caracterstica castrante de la izquierda se ha mantenido desde entonces hasta nuestros das.

Igual sucedi en la dcada de los aos cuarenta. Mediante fraude lleg al poder Carlos Alberto Arroyo del Ro. Velasco Ibarra, que haba sido su contendor, no acept los resultados, motivo por el cual fue apresado y desterrado a Colombia. Se convirti en el gran ausente. La segunda guerra mundial fue el marco para que el Per invadiera nuestro territorio y nos obligara a firmar el Protocolo de Rio de Janeiro por el que se nos despoj de casi la mitad de nuestro territorio. La oposicin a Arroyo del Ro creci en un Ecuador traumado por la invasin peruana y por la constatacin de que los nicos beneficiarios del conflicto con el Per haban sido los sectores oligrquicos. Las condiciones histricas haban hecho de la oposicin popular la punta de lanza contra las fuerzas coaligadas de liberales y conservadores. El PSE y el PCE encabezaban la oposicin. Estudiantes, campesinos indios, peones libres de la costa, sectores suburbanos de las ciudades, pueblo en general apoyaron una coalicin de fuerzas antiarrostas, entre las cuales se incrustaron las fuerzas tradicionales de conservadores y liberales. Cuando lleg el momento del asalto final, esa coalicin de fuerzas populares, encabezadas por la izquierda, tambale y decidi llamar al gran ausente. Este declar que tena el corazn a la izquierda y acept la propuesta. A los pocos das de asumir el poder le volva a latir el corazn en su sitio y las aspiraciones populares quedaron frustradas.

Por medio del caudillismo velasquista se reafirmaba el dominio oligrquico. La izquierda no haba servido sino como peldao de los intereses seculares de nuestras clases dominantes. Tampoco en esta ocasin valen las justificaciones que la propia izquierda ecuatoriana esgrime: debilidad orgnica, ausencia de madurez poltica, falta de condiciones objetivas o subjetivas, traicin, etc., etc. y etc. Otra explicacin que s cabe es la composicin clasista de la dirigencia izquierdista que no era capaz de comprender que la ideologa de izquierda es un compromiso definitivo con el cambio revolucionario.

La estabilidad econmica que caracteriza al Ecuador de los aos cincuenta hace que la izquierda ecuatoriana se vuelva menos doctrinaria y contestataria. Se da el lujo de colaborar con los gobiernos de turno y de esa forma codearse con las lites y ganar prestigio.

El triunfo de la revolucin cubana en 1959 vendr a sacudir este estado de cosas, tanto en la izquierda como en las fuerzas tradicionales.

En la derecha porque la revolucin cubana es la primera amenaza que en la prctica se da a la dominacin continental de terratenientes y oligarcas y por el giro antinorteamericano que va tomando en la medida que avanza. Se percibe al proceso cubano como una fuerza centrpeta que atrae a su seno a los miserables pueblos latinoamericanos. Con los pelos de punta las lites de Amrica Latina comenzaron, como nunca antes, a ampararse en el poder norteamericano.

En la izquierda, porque el triunfo cubano hace aflorar las posiciones ms radicales que haban estado represadas, desde sus orgenes, por una dirigencia de clase media y pequeoburguesa incapaz de comprender cul era el verdadero compromiso revolucionario. Por eso, en el seno del PSE, surge el Partido Socialista Revolucionario y en el PC muchas inquietudes que comienzan a sacudir los conceptos tradicionales de una dirigencia anquilosada. La revolucin cubana le dice a la izquierda latinoamericana que el deber de todo revolucionario es hacer la revolucin y, en la izquierda ecuatoriana, se recepta el mensaje. El PSRE quiere ser esa fuerza que asuma el reto de la historia. Deja en el camino la carcasa oficial del viejo PSE para nacer como una fuerza poltica diferenciada de la izquierda tradicional, dotado de un programa y una ideologa revolucionarias en pleno proceso de construccin. Ese esfuerzo genuinamente revolucionario tuvo en Manuel Agustn Aguirre a su ms esclarecido representante.

En menos de lo que un gallo canta el poder norteamericano se dio cuenta que el ejemplo de la revolucin cubana poda incendiar la pradera. Para neutralizar el ascenso revolucionario continental propuso su clebre Alianza para el Progreso. Reforma Agraria y fomento industrial eran sus dos caballos de batalla. Los gobiernos cipayos de Amrica Latina creyeron que se les estaban abriendo las puertas del cielo. Las autnticas fuerzas revolucionarias del continente decidieron dar la batalla. Con el ejemplo cubano se organizaron, bien o mal, fuerzas insurgentes en todo el continente. El poder yanqui tens las fuerzas de la contrainsurgencia. La dcada de los aos sesenta registra la ms feroz injerencia de la CIA en Amrica Latina y las fuerzas tradicionales encabezadas por la Iglesia catlica, Apostlica y Romana se pusieron al frente de la cruzada anti comunista.

En Ecuador se instaur la dictadura militar de Castro Jijn que inici su gobierno nacionalizando las cumbres andinas, como para que no queden dudas de su espritu transformador. Los yanquis se vean obligados a hacer concesiones en un continente agotado por la crisis y la expoliacin brutal de los terratenientes y sus aliados.

Pronto entre las fuerzas de la revolucin comenzaron a presentarse problemas. No encontraban forma de ponerse de acuerdo sobre temas relacionados con la tctica y la estrategia de la revolucin. El Che Guevara ofrend su vida en Bolivia para demostrar que la mejor tctica de la revolucin mundial era la lucha prctica contra el imperialismo. Pocos siguieron su ejemplo. La izquierda comunista, sobre todo, actu como una quinta columna en todo el continente, proclamando a los cuatro vientos que la teora del foco era impracticable y que haba que aceptar que las tareas demo-burguesas eran el paso inmediato de la revolucin.

Pocos aos despus de la muerte del Che triunf en Chile Salvador Allende. Un nuevo aliento surga en las fuerzas revolucionarias del continente. La va chilena al socialismo se pona a consideracin de los revolucionarios. Un cambio legal, con el apoyo democrtico de las masas oprimidas, era una nueva opcin. El golpe fascista de Pinochet contra Allende en Chile demostr que cuando se trata de mantener el poder poltico y el Estado al servicio de las clases dominantes, no hay paos tibios. Tras un bao de sangre el imperialismo volvi a meter a Chile en su rebao. Las teoras del desarrollo neoliberal sirvieron para legalizar la dictadura. La polmica en la izquierda latinoamericana, desde entonces, se agudiz ms, pero con una nueva caracterstica, se volvi ms acadmica, ms diletante, menos arriesgada.

Como consecuencia se agudiz la atomizacin de la izquierda. En la matriz socialista y en la comunista surgieron nuevos grupos. Unos ms radicales que otros. Surgi el MIR, el MRT, la Izquierda Cristiana, el PCML y, ms tarde, Liberacin Nacional. Sintomticamente se discuta de todo, pero cada vez ms se consideraba menos otras formas de lucha como mtodo para tomar el poder. La izquierda, en general, se fue institucionalizando y, lo que es peor, parlamentarizando, sosteniendo, cada vez con mayor fuerza, que la lucha legal era la nica posible.

En el Ecuador la dcada de los aos setenta est copada por las dictaduras militares. En realidad son dicta-blandas, que se dieron el lujo de autodefinirse como gobiernos nacionalistas y revolucionarios. La izquierda mir y, en algunos casos, hasta aplaudi la gestin militar.

Al finalizar la dcada de los aos setenta la presin popular, en primer lugar, clamaba por un regreso a la democracia. La Constitucin del retorno sirvi para legalizar el regreso de la oligarqua al poder y el manejo del Estado, sobre todo despus del accidente fatal que seg la vida de Jaime Rolds Aguilera.

Con nuevos bros de lucha democrtica la izquierda ecuatoriana se preparaba para la lid poltica. Contaba, a su haber, con un interesante desarrollo consciencial del movimiento obrero-sindical, que a estas alturas comenzaba a dejar el claustro de la lucha gremial para incursionar en la lucha poltica.

La izquierda en su conjunto haba comenzado a sacarle brillo a su ms reciente tesis: de aqu en adelante hay que construir partidos de masas, que estn en condiciones de competir exitosamente con los partidos de la derecha, hay que dejar a un lado las veleidades de la organizacin revolucionaria, el mtodo de lucha es la lucha legal, todo lo contrario es infantilismo revolucionario.

Con estas tesis inicia la izquierda en el Ecuador la dcada de los aos ochenta. Tema sobre el cual hablaremos en una prxima entrega.

Fuente original: http://lalineadefuego.info/2013/01/22/una-izquierda-sin-pecado-original-es-necesaria-en-el-ecuador-por-jorge-oviedo-rueda/


 



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