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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2013

El terror como cortina de humo

El Siglo


Habra que decir tambin como cortina de humo, pues ese recurso es frecuentemente utilizado para paralizar la accin y el ascenso de movimientos progresistas y muy privilegiadamente las luchas reivindicativas de los trabajadores, bajo el argumento de que pondran en riesgo lo que llaman la paz social. Como se sabe, bajo ese nombre en apariencia positivo y atractivo -paz social- se esconde un deseable inmovilismo de todo lo que enfrente al modelo de dominacin vigente. En primer lugar y por cierto, las manifestaciones de esa lucha de clases que la extrema derecha chilena ha hecho y sigue haciendo tanto por negar, as mismo y como si se pudiera negar el dato objetivo de la existencia de la Cordillera de Los Andes.

Pero decamos cortina de humo, pues en esta nueva campaa del terror la derecha busca, entre otros propsitos, ocultar su desazn ante la evidencia de que sus opciones presidenciales estn muy lejos de prender en el electorado, as como la obra del gobierno pierista slo concita rechazo en la ciudadana.

Como vocero de esta nueva campaa se consolida el senador designado Carlos Larran el mismo de la renuncia elstica a la presidencia de RN- cuyo cultivado estilo no deja de recordar los, a pesar de la alta dosis de pintoresquismo, tristemente clebres martes de Merino de los tiempos de la dictadura.

Para renovar el fantasma del comunismo, Larran y sus adlteres tanto de RN como de la UDI recurren a citas truncas o episodios que pertenecen a contextos especficos y que ellos se empean en negar o falsear.

As, los actos de legtima resistencia y rebelda ante el innegable terrorismo de estado practicado por la dictadura son presentados como incitaciones a la violencia e intentos de provocar un estado de cosas que nos condujera a matarnos entre chilenos.

Es claro, en la ptica ultra derechista de la que son exponentes los Larran y los Melero, entre otros tenores de la dictadura, los asesinatos y persecuciones cometidos por su sector no alcanzan tal gravedad, tal vez porque para estos seores los cados de entonces no eran chilenos.

No eran chilenos los generales Schneider ni Prats ni Bachelet, como ciertamente tampoco lo eran Salvador Allende, Jos Toh, Orlando Letelier, Bernardo Leighton, Vctor Jara, Tucapel Jimnez o Eduardo Frei Montalva, entre tantos otros.

Y, entonces, ocultos en sus albsimas togas de tribunos de la democracia, pjaros impolutos en medio de la sangre derramada con su complicidad y sus silencios, estos seores reparten certificados de democracia y respeto a los derechos humanos.

Pocas veces en nuestra historia se ha visto gestin ms desvergonzada.

El pas puede darse por notificado: el signo distintivo de las campaas electorales que se avecinan ser una vez ms el anticomunismo.

Habr que recordar lo que se esconde bajo el anticomunismo?

Precisemos: Prohibicin y persecucin a las ideas de cambio social y a la expresin, cualquiera sea su forma no olvidemos los furibundos ataques que en su momento se desplegaron contra la Teologa de Liberacin- de una alternativa al modelo poltico y econmico impuesto, en nuestro caso, a sangre y fuego. Persecucin y consiguiente criminalizacin de cualquiera manifestacin de protesta o de reivindicacin, ya sea en el campo sindical como estudiantil, territorial, tnico o de gnero.

La democracia que postulan estos mentores y cmplices de Pinochet, principales beneficiarios del saqueo practicado en contra de los bienes de la nacin y de los trabajadores chilenos, no puede funcionar sin proscripciones y la amenaza permanente de mayor represin. Por eso, el recurso al terror.

El anticomunismo no es la herramienta final de estos falsos demcratas: es, apenas, el umbral que una vez traspasado abre las puertas al fascismo puro y duro del que ellos son portavoces cada vez ms indisimulados.



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