Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2013

Por qu somos robespierristas?

Albert Mathiez
publicaresdos.blogspot.com.es

Conferencia pronunciada en la Ecole des Hautes Etudes Sociales el 14 de enero de 1920.


Me siento obligado a dar una explicacin preliminar a todos aquellos de entre ustedes que sientan la tentacin de creer que la nica preocupacin que tiene las conferencias que sobre Robespierre organizamos este ao en esta Escuela que amablemente nos acoge es la de la oportunidad de la actualidad del tema. No hemos esperado la Gran Guerra, ni el bolchevismo, ni la inencontrable Cmara (a), para dirigir nuestra atencin hacia este lder tan calumniado de la Montaa. Nuestra Sociedad de Estudios Robespierrianos existe desde 1908. Es una sociedad histrica, un taller de investigacin libre que continua su labor, por decirlo as, sin mas preocupacin que la de la verdad. Son lo resultados de esta investigacin los que mis colaboradores y yo mismo tenemos hoy el honor de exponerles.
Pero, porque, desde 1908, creemos que es til y urgente estudiar a Robespierre y abogar con pruebas en este gran proceso que Cambacres remita al juicio de la posteridad? Es evidente que las fervientes apologas de Danton aparecidas en el ultimo cuarto de sigo XIX, y las no menos fervientes diatribas anti-robespierristas que las acompaaban no nos convencan.

Nos pareca difcil admitir que el hombre de Estado, que haba gozado en vida de una popularidad inmensa, de tal magnitud que quiz no haya existido otra semejante, y cuya muerte dejo tan considerable vaco que la Republica qued estremecida hasta en sus cimientos, no haba sido sino un poltico mediocre y casi desprovisto de talento. Nos pareca imposible de creer que aquel a quien los sans-culottes llamaban el Incorruptible no hubiese sido sino un ambicioso sin escrpulos y no hubiese tenido otra virtud que el disimulo. Observbamos que los termidorianos mismos, desde Cambon hasta Barras, pasando por Barrere, haba deplorado amargamente, en la poca de la Restauracin y del Imperio, la pesada falta que haban cometido al derribar con Robespierre la Republica honrada, la verdadera Republica. Tombamos nota de sus mea culpa y constatbamos que todos los republicanos del periodo heroico, los que conocieron las prisiones y los cadalsos mas que los cargos y los honores, haban venerado la memoria de Robespierre como la de un gran patriota que nunca haba renunciado a la victoria y que haba sido el alma del glorioso Comit de Salud Publica, como la de un gran demcrata, vctima de su propia fe, del que se proclamaban discpulos y continuadores orgullosamente. Robespierrismo y Democracia eran la misma cosa en el espritu de nuestros padres hasta despus de 1848. No podamos llegar a comprender que los contemporneos y sus sucesores inmediatos se hubiesen equivocado tan torpemente al considerar como un precursor y un profeta al hombre que hoy se nos presenta sin reservas como un poltico retrogrado e imbuido del espritu del pasado.

Pero cuando apremibamos la argumentacin del adversario, descubrimos con sorpresa que se reduca, en suma, a tres reproches

El primero, muy antiguo, recogida entre el barro de los termidorianos, consista en arrojar sobre Robespierre, a la manera de chivo expiatorio, la responsabilidad exclusiva de la sangre vertida durante el Terror.

El segundo, herencia de un hebertismo atizado por Michelet y Quinet, consista en acusar a Robespierre del crimen de haberse opuesto a la descristianizacin violenta y a la proscripcin absoluta del catolicismo habindose constituido , a continuacin , por fanatismo , en pontfice del Ser Supremo.

El tercer agravio finalmente, formulado con pasin y odio por un iluminado del positivismo, el doctor Robinet, era de orden personal y sentimental. No se perdonaba a Robespierre de haber tenido el valor de llevar a Danton ante el tribunal revolucionario.

No dir nada aqu del primero de los reproches, el del terrorista Robespierre, puesto que me propongo examinarlo a fondo ante ustedes en un posterior estudio especial.

Sobre el segundo punto, sobre el pretendido pontificado de Robespierre, creo que mis diferentes obras sobre los cultos revolucionarios, sobre la revolucin y la Iglesia , han arrojado suficiente luz de manea que hoy no hay ningn historiador serio que se atreva a sostener que Robespierre intentaba un nuevo culto, cuando el sistema de festividades cvicas, que se limito a coordinar, nacieron espontneamente del mpetu entusiasta de las Federaciones y de las necesidades de la propaganda revolucionaria. Creo que ha confirmado, con pruebas, cuya refutacin espero desde hace quince aos, que la actitud de Robespierre ante el problema religioso fue la misma que la de la gran mayora de los miembros de la Convencion y de Danton mismo. Al examinar su papel en la descristianizacion, creo haber demostrado que no le inspiraba mas que la preocupacin por los intereses supremos de la patria y la republica y que su iniciativa fue no solamente legitima sino, adems , de provecho. Se acusa a Robespierre del crimen de no haber terminado con el catolicismo por la violencia! Singular crimen de la pluma de los mismos escritores que le reprochan igualmente los pretendidos excesos terroristas No voy y a insistir mas en ello de mis conclusiones , mi amigo M. Demongeot en su destacable trabajo sobre la descristianizacion en el Oise, ha dado justa cuenta ante ustedes de una leyenda tan absurda como malintencionada

Queda el tercer reproche: Danton. Si yo tuviese que reprochar algo a Robespierre no seria el haber consentido por fin en abandonar a un demagogo vido de beneficios que se haba vendido al mejor postor, desde la Corte hasta Lameth, tanto de partidarios como de contrarrevolucionarios. Un mal francs que dudaba de la victoria y que preparaba en la sombra una paz vergonzosa con el enemigo, un revolucionario hipcrita que se haba convertido en la mayor esperanza del partido monrquico. No. Yo reprochara mas bien a Robespierre de haber esperado demasiado y de haber arriesgando, por haber tenido una excesiva indulgencia, explicable por el recuerdo de una camaradera poltica, haber arriesgado digo, por sus contemplaciones y sus vacilaciones, en dar tiempo a la conjura del derrotismo y de la corrupcin para madurar y estallar. Recordemos, que la Convencin termidoriana misma, por muy ajena que le fuese la virtd, rehus integrar a Danton y a sus cmplices en la larga lista de sus miembros victimas del terror que rehabilit solemnemente en bloque el 11 vendimiario del ao IV. Ningn amigo de Danton, en una asamblea en la que se encontraban varios de ellos, se atrevi a protestar lo mas mnimo ante esta nueva injuria, peor aun que la del tribunal revolucionario. No fue sino mucho mas tarde, cuando los sobrevivientes de la poca gloriosa haban desaparecido, uno tras otro, cuando la causa de Danton encontr por fin defensores. Su leyenda- y he aportado sobre este asunto textos que no dejan lugar a dudas -fue obra de sus hijos y de un sobrino lejano que ocupaba un alto ago en el Ministerio de Instruccin Publica bajo el gobierno de Julio y bajo el Segundo Impero. La defensa de la familia Danton despistaron a historiadores de la categora de Villiaume y Michelet. Encontraron una ayuda inesperada en la parroquia positivista que contemplaba con fe religiosa al vividor de Danton como si fuera un hijo intelectual de Diderot y un precursor de Augusto Comte. La campaa de mentira y falsificacin consigui hacerse con la opinin despus de 1870 por razones mltiples pero sobre todo por el papel jugado por un inters partidista. De todo aquello que he llegado a verificar de archivos y alegaciones de los propagadores de la leyenda, nada se sustenta. Mi Danton y la Paz, mis dos primeras series de estudios robespierristas sobre la cuestin no han tenido replica alguna.

Hemos derribado la leyenda dantoniana para erigir en su lugar otra. Nos es preciso justificar la admiracin que profesamos a Robespierre, a sus ideas y a su obra. Estamos obligados actualmente a redibujar su papel histrico, enumerar sus aportaciones, hacer entender en definitiva el valor de su ejemplo, un ejemplo que creemos que es til invocar en los momentos por los que pasamos, situaron marcada por el destino histrico de la reconstruccin de nuestra querida Francia, la cual queremos, igual que l lo quiso, mas fuerte, ms justa y ms fraterna.
Si los discursos de Robespierre han sido durante tres cuartos de sigo, el breviario de los demcratas, es porque stos podan beber en ellos , como si de una fuente viva se tratase, el elevado ideal de la poltica cuya grandiosa teora haba formulado J. J. Rousseau. Los discursos de Robespierre eran los principios el Contrato Social en vas de realizacin, luchando contra las dificultades y los obstculos, era la teora que bajaba del Cielo a la tierra, era la lucha pica del espritu contra las cosas, en el momento ms trgico de nuestra historia, cuando rancia se jugaba su existencia para salvar su libertad.

Profundizando en el pensamiento de J. J. Rousseau, Robespierre no crea que la democracia residiese totalmente y exclusivamente en las formas polticas. Proclam, desde la Constituyente, que la democracia o era social o no era democracia. Se hubiera con facilidad acomodado con una monarqua, con tal de que el monarca no fuese mas que una especie de presidente hereditario, sin poder alguno de decisin ni en poltica interior ni en poltica exterior. Cuando los girondinos le reprocharon, bajo la Legislativa, sui poco entusiasmo por la forma republicana, les replic que Haba luchado, solo durante tres aos contra una asamblea todopoderosa para oponerse al excesivo poder de la autoridad real y les recodara que tras Varennes se haba atrevido, casi en solitario, a reclamar que Luis XVI fuese juzgado y la nacin consultada sobre su permanencia en el trono; y aadiendo finalmente: Es nicamente en la palabra republica o monarqua donde reside la solucin al gran problema social?

El gran problema social. Ningn otro revolucionario hablaba ese lenguaje. La igualdad civil, la igualdad poltica, la igualdad social, fueron, desde el primer dia de su vida pblica hasta el ltimo, su preocupacin esencial. Rechazaba el comunismo, la ley agraria, que consideraba como una quimera, pero entenda que toda accin poltica deba aplicarse para prevenir y, si era necesario, para reprimir, los abusos de la riqueza. La plutocracia no encontr un adversario mas determinado y convencido: las grandes riquezas- deca el 7 de abril de 1791- corrompen a los que las poseen y a los que las desean. En los pases corrompidos por el lujo, no se contempla la virtud y el honor, el talento incluso, como un medio til a la patria sino como en medio de adquirir fortuna. En esa situaron, la libertad no es sino una vana quimera, las leyes no son sino instrumento de opresin. Nada hacis por la felicidad publica si todas vuestras instituciones no se orientan a destruir la excesiva desigualdad de fortunas.El hombre puede disponer de la tierra que cultiva cuando l mismo es reducido a polvo? No, la propiedad del hombre, tras su muerte, debe volver al dominio pblico de la sociedad. No es sino por inters publico por primer propietario. Pues bien, el inters publico es la igualdad.

Los socialistas no pueden aadir ms contra la herencia y el derecho e propiedad. Para Robespierre, es evidente que la revolucin poltica no era nada, o poca cosa, si no desembocaba en una revolucin social.

No se limit a tomar partido, en rodas las ocasiones, por la defensa de los desheredados, los judos, los comediantes, los esclavos, no se limit a preocuparse apasionadamente por las miserias de los soldados y de sus familias, sobre los que sostena que la nacin tenia contrado una deuda sagrada. Se rebel, con una clarividencia asombrosa, contra la nueva oligarquia que termin por confiscar la Revolucin en su beneficio propio. Su celebre declaracin derechos, antas veces reeditada por los socialistas desde 1830 a 1848 proclamaba el derecho a la educacin, el derecho al trabajo, el derecho a la existencia, a la vez que planteaba limitaciones al derecho de propiedad. En las notas personales en que resuma su pensamiento en privado, escribi: El pueblo, que obstculo existe para la educacin del pueblo? La Miseria. Cuando el pueblo puede ser ilustrado? Cuando tenga pan y cuando los ricos y su gobierno cesen de sobornar a las plumas y as lenguas prfidas para engaarlo y su inters sea el mismo que el inters del pueblo, Y cuando ser su inters el mismo que el del pueblo? Nunca! Lo repito, ningn revolucionario ha tenido una visin parecida del problema social, ninguno ha hallado en su corazn acentos tan profundos y emocionados para expresar el cario por las multitudes ignorantes y sometidas. En su ltimo discurso, lanzaba una vez mas a los escpticos este soberbio grito: Existe, y de ello soy testigo, almas sensibles y puras, existe esa pasin, tierna, imperiosa, irresistible, tormento y gloria de los corazones generosos, es ese aborrecimiento profundo a la tirana , ese celo solidario con los oprimidos, ese amor sagrado por la patria, ese amor por lo mas sublime y santo de la humanidad, sin lo cual toda gran revolucin no es mas que el estallido de un crimen que destruye otro crimen . Existe esa generosa ambicin de fundar sobre la tierra la primera republica del mundo, ese egosmo de los hombres no degradados que encuentra una felicidad celestial en la tranquilidad de una conciencia pura y en el espectculo radiante de la felicidad pblica. Se siente la emocin que arde en el alma, lo siento en la ma Esta emocin no engaa. Ha atravesado el siglo despus de resonar profundamente en las conciencia de los sans-culottes.

Robespierre se saba devorado, literalmente, por la pasin del bien pblico. Pero este gran demcrata- sealmoslo- no se hacia la mas minima ilusin sobre los meritos propios del rgimen democrtico. No crea en absoluto que el parlamentarismo fuese la panacea. Nadie como l ha denunciado sus vicios, sus imperfecciones y sus peligros. En esto, su pensamiento contina particularmente vivo.

Constata, desde la Constituyente, que los representantes se separan rpidamente de sus mandatarios, que les esconden las verdaderas razones de sus decisiones con el fin de apartarles de los asuntos pblicos. Denuncia desde ese momento la oligarqua de los polticos con acritud como la oligarqua de los ricos con los que tan frecuentemente se confunde: Est en la naturaleza de las cosas ue los hombres prefieran su inters personal al inters publico cunado pueden hacerlo impunemente. En consecuencia, el pueblo se encuentra oprimido cuando sus mandatarios son absolutamente independientes de l. Si la nacin no ha recogido aun los frutos de la revolucin, si los intrigante se suceden unos a otros, si una tirana legal parece haber sustituido al antiguo despotismo, no busquis la causa en otra razn mas que en el privilegio que se han atribuido los mandatarios del pueblo de poder manejar impunemente los derechos de aquellos a los que han halagado rastreramente durante las elecciones

En aquella aurora del rgimen parlamentario, Robespierre ya haba descubierto sus aguas estancadas: Acaso reconocis como legisladores a esos hombres mas preocupados por su cantn que por la patria, mas por si mismos que por sus representados? Seducidos por la esperanza de prolongar la duracin de sus poderes, comparten su solicitud entre esa preocupacin y la de la cosa pblica. As, contemplamos a representantes del pueblo desviados del gran objetivo de su misin, dominados por la envidia y la rivalidad , por la intriga, ocupados casi nicamente, en gritarse unos a otros para hacerse co la conciudadanos. No es ese panorama de una aguda actualidad?

Robespierre, a quien tantas veces se presenta como un hombre abstracto y quimrico, no es ningn iluso .Est al corriente del secreto de los polticos conversos: Aquel que se pretenda republicano antes de la Republica, cesa de serlo cuando la Republica llega. Quera rebajar todo lo que estaba por encima de l, pero, no quiere bajarse del lugar donde l mismo se ha subido. Ama las revoluciones solo cuando l es el hroe, no ve mas que desorden y anarqua donde l no gobierna. Quien se atrevera a pretender que este retrato digno de la Bruyre, ha perdido actualidad? Escuchemos una vez mas como dibuja con trazos vengadores a los tartufos de la democracia: El falso revolucionario se opone a las medias enrgicas y les exaspera cuando no puede impedirlas. Inflamado por las grandes resoluciones que nada significan, muy apegado, como los beatos, a practicas externas, le gustara mas ponerse cien gorros frigios rojos que realizar una buena accin .Y aada con la misma expresin brillante: Los barones demcratas son hermanos del marques de Coblenza y con frecuencia, los gorros rojos estn mas cerca de los tacones rojos de lo que se cree .Desgraciadamente la raza de los barones demcratas no ha desaparecido y ya no est Robespierre para desenmascararlos.

Sabiendo los vicios del parlamentarismo, Robespierre preconiz para prevenirlos unos remedios genricos: Las elecciones deberan ser frecuentes, los representantes no podran ser reelegidos mas que despus de un plazo prolongado, no podran ejercer ministerios ni funcin alguna en el ejecutivo. De esta manera no caeran en la tentacin de hacer de su mandato un oficio. El poltico profesional le parece la plaga de la democracia. Si, entre nosotros, las funciones de una administracin revolucionaria no se toma como un deber sino como objeto de privilegio, la Repblica est perdida . En apoyo de la brevedad del mandato legislativo denunciaba la situacin que confunde el inters propio con el del pueblo, para lo que se hacia necesario que con frecuencia vuelva el representante a la situacin de integrarse l mismo en el pueblo. Poneos en el lugar del simple ciudadano y preguntaos que es la ley que preferirais recibir, o bien de aquel que tiene la certeza seguros que en breve no ser sino un ciudadano mas, o la de aquel que tiene la esperanza e perpetuarse en el poder? . Para que la democracia exista verdaderamente es necesario, en efecto, que el parlamentario no se distinga del los diputados supiesen que se iban a reintegrar a la vida privada despus de cada legislatura, asistiramos a esa carrera desvergonzada que desmoraliza a un pas?

Robespierre desprecia a los hombres de Estado cuya sabidura consiste en alcanzar el poder y mantenerse a toda costa. No me gusta- exclama el 17 de mayo de 1791, en memorable discurso contra la reeleccin de los constituyentes- , esa nueva ciencia que se se usa como tctica en las samelas, se parece demasiado a una intriga, y solamente la verdad y la razn deben reinar en las asambleas legislativas. A causa de su desden por las maniobras de pasillos les fue muy fcil a sus enemigos preparar en la sombra el golpe del 9 termidor.

Nadie ha tenido una idea mas elevada de los deberes de un hombre pblico. Nadie los ha cumplido mejor. He preferido- responda a Brissot el 27 de abril de 1792- provocar murmuraciones con honor honorables que obtener aplausos con vergenza, he considerado como un xito personal el que resuene la voz de la verdad incluso cuando yo mismo estaba convencido que no seria aceptada. He alzado mi mirada mas all de reducido mbito del santuario de la legislacin, cuando diriga la palabra al cuerpo representativo, siendo mi objetivo que me escuchase la nacin entera y la humanidad. He querido despertar sin cesar en el nimo de los ciudadanos ese sentimiento de dignidad del hombre y esos principios eternos que definen los derechos de los pueblos contra el error o los caprichos el legislador mismo. Y aada: La grandeza de un representante del pueblo no consiste en acariciar la opinin momentnea que excitan las consiste en luchar solo, con su propia conciencia, contra un torrente de prejuicios y de facciones (18 diciembre de 1971)

Sus mismos adversarios le hacen justicia a este respecto. Mirabeau deca de l: Ira lejos, cree en todo lo que dice. Su peridico Le Courier de Provence aada: Todos los partidos estan de acuerdo en que Robespierre nunca ha renegado los principios e la libertad y no hay muchos a los que se peda hacer el mismo elogio. Camille Desmoulins deca de Robespierre que era el comentario viviente de la declararon de derechos. Adrien Duport, que ocup ininterrumpidamente en la Constituyente una ctedra de derecho natural. Barre, que era siempre implacable con los principios y la razn. Dubois-Crance, que nunca sus mayores detractores pudieron reprocharle ni un instante de desviacin, que tal como fue al principio, se mantuvo hasta el fin, que las calumnias y los ultrajes no le hacan mella. Le he visto enfrenarse a la Asamblea entera y pedir, como un hombre digno, que el Presidente le llamase al orden, Dubois-Cranc dice adems que Robespierre fue una roca inexpugnable. Los adaptados, los resignados y conformistas de la poca denominaban orgullo y empecinamiento esta inflexibilidad, pero el pueblo se agarraba a esa roca inexpugnable.

Con tales convicciones, Robespierre nunca pudo plegarse a una disciplina estrecha de un partido. En la que se sentaban en la Asamblea en las primeras lneas no se reunan con anterioridad a las sesiones. No haba entre ellos mas que lazos espirituales. D esos lazos mismos, aunque fuesen tenues, Robespierre tambien se despegaba cuando su conciencia hababa con mas fuerza que la tctica o la amistad. Se separ de l Montaa y voto con los Girondinos, sus peores enemigos, cuando stos reclamaron el destierro de Philipe Egalit. Ya, bajo la Constituyente se haba apartado varias veces con ruido del pequeo grupo de demcratas que se agrupaban a su lado desde la extrema izquierda. Asi el 10 de junio de 1791, cuando voto solo l despido de los oficiales del ejrcito realista, asi cuando se opuso a las primeras leyes de excepcin contra los sacerdotes y contra los emigrados. Gracias a esos ejemplos de independencia y de valenta cvica se impona en el aprecio de todos.

El incorruptible no tenia nada de demagogo. Amaba demasiado al pueblo para adularle. Saba que su capacidad poltica era aun demasiado restringida para que pudiera establecerse de golpe y sin riesgo el gobierno directo que es quizs la consecuencia final lgica de la democracia. Entretanto, no pierde de vista la realidad: lo que es posible y lo que o lo es. Tema las exageraciones y repeta gustosamente con Marat que una forma de perder la revolucin era exagerar sus principios. No se nos colgar mas que por lo alto- deca Marat. La democracia- deca Robespierre- no es un Estado en el que el pueblo, continuamente reunido, regule por si mismo todos los asuntos pblicos, y aun menos donde cien mil facciones populares, por medio de medidas aisladas, precipitadas y contradictorias hayan de decidir dictado l mismo, hace por si mismo todo o que puede hacer y por delegados todo lo que no puede hacer (17 pluvioso). Admirable formula que mantiene su virtud.

Pero por muy enemigo que fuese del desorden Robespierre no se dejaba engaar por esos .conservadores sociales que llamaban anarqua a la justicia y que no haban de paz que para legitimar el abuso de la fuerza: Llaman orden a todo sistema que convenga a sus manejos. Honran con el nombre de paz la tranquilad de los cadveres y el silencio de las tumbas Y aada: la enfermedad mortal del cuerpo poltico no es la anarqua, sino la tirana .

Poco le importaba los sarcasmos y el desden de la gente de bien. Somos, los sans-culottes y la canalla replicaba a los de la Gironde.

Adversario de la oclocracia y de la plutocracia, Robespierre es un hombre de orden, pero que quiere que el orden yla autoridad estn exclusivamente al servicio del bien comn. Teme los abusos de los gobernantes sobre la libertad de los ciudadanos. Desconfa de la burocracia, invasora e incapaz por naturaleza. Teme cualquier despotismo porque le horroriza la arbitrariedad. Pero si se le obligaba a elegir, escontra el despotismo del gobierno contra el que se pronunciaba sin vacilar porque teniendo mayores medios a su disposicin, ese despotismo es susceptible de ser ms opresivo que los dems. Se muestra, por lo tanto, resueltamente descentralizador: Dejad a los departamentos, sometidos al pueblo, la porcin de los tributos pblicos que no sea necesario entregar en la caja general y que los gastos sean decididos por los del lugar eque hayan de aplicarse la medida en que sea posible. Huid de la antigua mana de los gobiernos de querer gobernar demasiado, dejad a los individuos y a las familias el derecho de hacer lo que no perjudique a otro; dejad a los municipios la potestad de reglamentar ellos mismos sus propios asuntos y lo que no afecta directamente a a administracin general de la Republica. En una palabra, dejad a la libertad individual todo lo que no pertenezca por su naturaleza a la autoridad publica y habris impedido en la misma medida la posibilidad de la ambicin y la arbitrariedad. He aqu, que desgraciadamente sigue estando al orden del da.

Con el mismo nimo y para remediar la arbitrariedad, Robespierre exige que las deliberaciones de los cuerpos constituyentes sean publicadas y que todos los funcionarios, electos o no, sean efectivamente responsables. La famosa separacin de poderes, tan querida por Montesquieu, no le parece un medio suficiente para detener a los gobiernos en su inclinacin al despotismo, cuenta mas con la descentralizacin y con la educacin de la opinin publica.
Nadie ha denunciado con tanta clarividencia y tenacidad el peligro que representa para la democracia un ejrcito de oficio, un estado mayor de pretorianos. Deca, el 27 de abril de 1791, en la Constituyente: Es cierto que all donde el poder de un jefe de una fuerza militar considerable existe sin contrapeso alguno, el pueblo no es libre. Qu contrapeso es ese? la Guardia Nacional. Al soldado profesional opona como correctivo, el soldado-ciudadano. Y para que la guardia nacional misma, es decir la nacin en armas, no se convirtiese en instrumento de clase quera que estuviese abierta a todos lo ciudadanos, tanto a pobres como a ricos. Estaba convencido que el espritu de despotismo y dominacin es connatural en posmilitares detonas partes. Por eso propona que los oficiales de la guardia nacional estuviesen sometidos a elecciones frecuentes. Nadie mejor que l se apercibi del peligro del espritu corporativo. Era un adversario de las condecoraciones, esos juguetes vanidosos que emplean los gobiernos como pago de la entrega de sus devotos. Considera que como mucho sirven para dar a luz un espritu de orgullo y de vanidad y a humillar al pueblo. En cuanto a un ejrcito regula, hubiera deseado renovarla totalmente para que se fundiese con la nacin. En el ao II, cuando entra en el gobierno, buscar los nuevos jefes, que sern los que han de vencer a Europa, entre las filas mas annimas. Incluso temia que aquellos recin llegados olvidasen pronto su orgenes y adverta a Barrere que no elogiase demasiado sus victorias, Repeta con convencimiento: El poder militar ha sido siempre el mas temible obstculo para la libertad.

Nadie me preguntar, creo yo, como puede ser que este antimilitarista convencido fuese, tanto en la oposicin como en el poder, el patriota ms ferviente e intransigente. Practicando al pie de la letra la consigna de vencer o morir, oponindose resueltamente a toda transaccin con el enemigo, reprimiendo con rigor las tentaciones derrotistas, convenciendo a la Convencin , que inicialmente era hostil, para que se arrestase a los elementos que se emboscaban, en plena guerra, en todas las administraciones.

Robespierre era consciente de servir no solamente a Francia sino a la humanidad. Este hijo del siglo XVIII encontraba que todos los hombres son solidarios: Nuestra suerte- deca el 29 de julio de 1792- esta ligada a la de todas las naciones Franceses, no olvidis- exclamaba el 10 de agosto- que tenis entre vuestras manos depositado el destino del Universo Su magnnimo corazn se compadeca de los sufrimientos de sus mismos enemigos. El, que llevara la guerra con un rigor implacable, deseaba con toda su alma la sustitucin de los horrores fraticidas por la reconciliacin de todos los pueblos. Anunci literalmente la organizacin de una Sociedad de naciones y propuso incluso codificarlo en cuatro artculos que la Convencin estim demasiado osados:

1.Los hombres de todos los pases son hermanos y los diferentes pueblos deben ayudarse mutuamente, segn sus posibilidades, como ciudadanos de un mismo Estado 2.Aquel que oprima a una nacin, ser declarado enemigo de todas las otras 3. Los que hagan la guerra a un pueblo para detener el progreso de la libertad y aniquilar los derechos del hombre deben ser perseguidos por todos, no como enemigos ordinarios sino como asesinos y bandidos rebeldes. 4. Los reyes, los aristcratas y tiranos, de toda clase, son como esclavos rebelndose contra el nico soberano de la tierra, que es el gnero humano y contra el legislador del universo, que es la naturaleza.

Estos artculos que fundamentan la existencia de una Sociedad de naciones en una condicin bsica, el derrocamiento de los tronos y el establecimiento de una democracia universal, no sirven an hoy dia de reflexin, incluso tras los discursos del Presidente Wilson que tienen el defecto de no situar el problema en su verdadera mbito. Antes que Wilson, lo hizo Robespierre, sin apelar a ninguna diplomacia secreta que es la fuente envenenada s de los intrigantes, los incapaces o de empricos que disponen a su antojo de la sangre y de la riqueza de los pueblos. En seto, como entonos los casos, Robespierre tambin hacia coincidir actos y palabras. Dirigi la poltica exterior del Comit de Salud Publica, a la luz del dia.

Desde lo alto de la tribuna lea las instrucciones que diriga a los agentes diplomticos, desde lo alto de la tribuna, l o Barrere respondan igualmente a las proposiciones de paz de los coaligados, daba a conocer a todo el mundo los objetivos .Gracias a esta franqueza, que en poltica es la suprema habilidad, por mucho que piensen lo contrario nuestros mezquinos empricos, Robespierre tuvo tras de si a toda la parte sana de la nacin. Francia saba porque luchaba y dnde se la conduca y senta multiplicar sus fuerzas, hacindose invencible.

No se funda nada grande, nada duradero si no es en las conciencias. Los polticos empricos menosprecian al pueblo creyndole incapaz o lo tratan como a un menor de edad. Robesperre no tenia ese desdn ni ese escepticismo. Confiaba en la gente del campo y del taller. Creia en su buen sentido. Por eso fue grande, por eso las consecuencias de sus actos fue inmensa.

Su pensamiento y su ejemplo no han acabado. Fue el primer maestro de escuela de la demoracia, un maestro severo, de los que no escamotean la verdad, las advertencias, ni siquiera las reprimendas. Su programa de accin es siempre de una actualidad sorprendente. Somos sus hijos intelectuales. Lo adoptamos como gua y como bandera. Queremos a Robespierre porque concibi y practico el arte de gobernar- esa poltica tan desprestigia en nuestros das- como un sacerdocio. En poltica, no hay nada justo si no es honrado, nada util si no es justo (9 de mayo 1791). Hubiera deseado que la poltica fuese moral en accin. Evidentemente no le podan entender los grandes hombres de la republica, sus camaradas.

Queremos a Robespierre porque no ha tenido miedo de enfrenarse, cuando era necesario, a los prejuicios. Le queremos porque nunca tuvo miedo del ridculo, porque repeta sin cansarse, una verdad que aprendi de Jean Jacques y e Montesquieu, a saber, que de todas las formas de gobierno, la democracia es la mas difcil de practicar, puesto que se necesita entrega al bien comn, es decir la la virtud, y l la predic con su ejemplo.

A aquellos de entre Vds. que quieran saber como cumpla sus deberes en el Comit de Salud Publica, les aconsejo que lean el carnet done anotaba por escrito, da a dia, los asuntos que debia plantear, las aclaraciones que iba a exigir, las soluciones que se proponia defender. Nada se escapaba a su atencin rigurosa y celosa. No se ocupaba nicamente, como se ha dicho a veces, de poltica general, del espritu publico que hay que educar y revivir, de complots que hay que denunciar o reprimir, se mantiene atento a todas las ramas de la administracin, de la diplomacia, tanto del ejercito como de los servicios administrativos, lo mismo sobre justicia que sobre aprovisionamientos, sobre hombres y sobre cosas. Abarca, con una amplia y certera perspectiva todo el campo del combate revolucionario, en vanguardia y en retaguardia, en Francia y en el extranjero. Es un controlador universal perpetuamente despierto. Atiende lo mismo a los delegaos en misin como a los generales y hasta a los mas humildes mensajeros que le traen despachos. Nada se le escapa, y, cuando descubre un abuso, un defecto, de inmediato indica el remedio y toma la decisin que se impone. Ninguna vacilacin, ningn retraso. Francia no puede esperar.

Ese hombre, que se le dice terico, posee, en la espontaneidad de sus notas diarias, un espritu eminentemente concreto, eminentemente francs. Es infinitamente ms realista que esos empricos que se creen positivos porque no tienen ni ideal ni ideas. Los bromistas de la historia que se ren de su virtud nunca han entendido que una republica entregada a los empricos y a los filisteos, una republica sin virtud pero llena de vicios es quizs el peor de los regmenes porque es aquel en que una avalancha de egosmos se desencadena con el mnimo esfuerzo.

En la poca en que la republica era hermosa- esa poca est lejos pero volver- aquello eran verdades elementales. Quid legis sine moribus? Los republicanos, antes, conocan su Conciones . Aprendan la poltica en la escuela de Montesquieu, de Rousseau, de los antiguos. No la haban aprendido en las antecmaras de los ministerios, ni en los consejos de administracin de las grandes compaas, ni en los pasillos de los teatros subvencionados, ni en los crculos lujosos donde se cena bajo la efigie de Marianne.

Queremos a Robespierre porque ha encarnado lo que la Francia revolucionaria tenia de ms noble, de mas generoso, de mas sincero. Le queremos por la enseanza de su vida y el smbolo de su muerte. Ha sucumbido a los golpes de los granujas. La leyenda, astutamente forjada por sus enemigos, que son los mismos enemigos el progreso social, ha engaado hasta a los republicanos que no le conocen y que le veneraran como un santo si le conociesen. Esa injusticia nos hace apreciarlo ms.

Queremos a Robespierre porque su nombre, maldito por los mismos a los que l quiso emancipar, resume todas las iniquidades sociales que queremos que desaparezcan. Consagrando nuestros esfuerzos y nuestros desvelos a rehabilitar su memoria creemos servir no solamente a la verdad histrica. Estamos seguros de hacer algo por esa Francia que debera continuar siendo lo que era en la poca de Robespierre, la campeona de los derechos, la esperanza de los oprimidos, el temor de los opresores, la antorcha e la humanidad.

Robespierre y sus amigos fueron grandes porque comprendieron que su accin de gobierno, por muy decidida que saliese de sus manos seria , no obstante, impotente para galvanizar las energas del pueblo francs si no asociaban a ese pueblo, directamente con el cumplimiento de las leyes por medio de una poltica de confianza y de claridad. Es hora de que los hombres de Estado, que tienen hoy la temible misin de curar las heridas de la patria, se inspiren en sus ejemplos.

Pero el partido republicano se ha dormido en el poder. Se ha deslizado a un moderantismo del justo medio que le ha oscurecido la visin clara de sus orgenes, de los que no se reivindicaba mas que por una especie de costumbre ritual y rutinaria. Las leyendas mas contrarrevolucionarias han encontrado acogida incluso entre sus dirigentes. Una buena parte de ellos se han convertido en admiradores de aquellos que durante la Revolucin Francesa fueron el equivoco, la debilidad, lo negocios o la traicin. Les han levantado estatuas. Y los grandes hacedores de la democracia, los que no conseguan victorias prricas, os que construyeron Francia con un abandono y total sacrificio de su inters y su trabajo, de sus amigos, su reputacin y su vida, los entregados e incorruptibles, los enrgicos, clarividentes, los que sometieron a la Europa monrquica y reprimieron las Vends interiores, los que levantaron sobre sus propios cuerpos la Republica traspasando el umbral de un nuevo mundo,esos fueron calumniados y ridiculizados a capricho. Se ensucio su tumba y se rechaz como inoportuno su recuerdo.

Por una consecuencia lgica, a medida que la mentira y la ingratitud prosperaban, a medida que el partido republicano se alejaba de sus verdaderos fundadores, se filtraba en nuestras costumbres, no se qu viento de mezquindad y clculo, qu indulgente escepticismo hacia todas las mas graves renuncias, qu repugnancia instiniva hacia los compromisos claros , las resoluciones vigorosas, qu hbitos de desidia y de apata, que compromisos insanos disfrazados con el nombre de adaptacin, pacificacin, habilidad, sabidura Paulatinamente se ha corrodo en los hombres pblicos el sentido y la necesidad de responsabilidad, se ha desarmado en ellos la energa moral, la fuerza de los principios, el afn de claridad que han hecho la grandeza de antiguos ministros del antiguo rgimen tanto como sus mulos del Comit de Salud Publica. El calculo interesado, el espritu de partido y de intriga, las costumbres feudales de la clientela han reemplazado el noble y necesario estimulo del servicio al bien comn sin el que los Estados perecen, La confianza popular, inevitablemente, se ha retirado de un parlamento que no confiaba en la nacin.

Lo que Robespierre quera conjurar s ha realizado. La Republica se ha convertido en presa de las facciones, stas, a su vez, dominadas por intereses causa e estos males, que se hacen evidentes hoy incluso para los mas ciegos, Francia ha estado a punto de perecer. Ni siquiera, est curada! Pero si queremos que su convalecencia sea breve, su curacin completa, apliqumosle el elixir Robespierre. Y no nos retrasemos demasiado que no queda muco tiempo.

No se si les habr convencido, pero al menos les habr dicho sin reticencias lo que somos y lo que queremos. Creeos que nuestra Sociedad ha servido desde 1908 con valenta y desinters, no Tanto A la cusa de un hombre, no tanto a la causa de un partido, sino a la causa de Francia, de la Francia moderna que seguir fiel a sus tradiciones. Creemos que nuestra Sociedad, que ha luchado sin descanso contra la indiferencia, contra la ignorancia, el desdn, incluso contra la hostilidad, no ha trabajado en vano ni en el dominio de la ciencia, ni e el de la accin. Estamos orgullosos al pensar que hemos contribuido indirectamente, a la crisis moral, que, con una guerra por medio, terminar por purificar la atmosfera en la que nuestras instituciones estn marchitndose y pereciendo. Creeos que nuestra investigacin independiente y nuestro combate de ideas preparan el advenimiento de esa nueva republica a la que tantos corazones sinceros estn apelando. Esperamos que desde el fondo del abismo que bordeamos surgir por fin una democracia viva y organizada, una democracia invencible porque ser justa y fraternal, ser esa ciudad de igualdad por la que Robespierre y Saint-Just murieron, esa ciudad de libertad por la que tantos millones de annimos hroes han vertido tanta sangre generosa.

Estas son las razones, Seoras y Seores, las razones, lejanas y cercanas a la vez, cientficas y prcticas por las cuales nos proclamamos robespierristas

Notas:


(a) La Chambre introuvable (en espaol: Cmara inencontrable) es el apodo dado a la cmara baja de Francia salida de las elecciones generales de los 14 y 22 de agosto de 1815, durante la segunda fase de la Restauracin borbnica en Francia. La expresin es atribuida a Luis XVIII de la se vio enfrentada rpidamente con un parlamento "ms realista que el rey", que intent poner su poder a prueba y bas su accin en la aprobacin de leyes represivas. La sesin parlamentaria se inaugur el 7 de octubre de 1815, dando inicio a un episodio poltico breve pero muy intenso hasta su disolucin el 5 de septiembre de 1816.

Fuente: http://publicaresdos.blogspot.com.es/2013/01/porque-somos-robespierristas_3.html




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter