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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2013

Yo desobedezco. Y t?

Esther Vivas
Pblico.es


Desobedecer. No queda otra. Frente a leyes y polticas injustas, la nica opcin es la desobediencia. As lo comparten cada vez ms sectores de la sociedad. "La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad" sealaba Henry D. Thoreau, y ms an cuando, como ahora, las leyes se hacen da tras das ms inaceptables y cuando el propio poder incurre en ilegalidades permanentes para protegerse. Ocupar plazas, bancos, supermercados, hospitales, inmuebles..., no pagar el euro por receta, los peajes, el aumento de las tarifas del transporte pblico... se ha convertido en algo cotidiano. Y no slo para quienes llevan a cabo dichas acciones, sino, tambin, para una mayora social que, desde sus casas, apoya estas prcticas y se identifica con ellas.

La corrupcin, la impunidad, las puertas giratorias entre lo pblico y lo privado, y el expolio colectivo que estamos sufriendo se daba ya antes del inicio de la gran crisis, pero sta ha puesto blanco sobre negro la cruda realidad y la desposesin masiva a la que nos somete la oligarqua financiera. Antes se poda mirar para otro lado o incluso sentirse ilusoriamente partcipe de la "fiesta" del capital, ahora resulta imposible. Las cortinas de humo se han desvanecido y el sistema se muestra tal cual, sin tapujos.

Hay quienes preguntan para qu sirvi el 15M, que si mucho ruido y pocas nueces. Pero la deslegitimacin tan grande que sufre hoy el Rgimen surgido de la transicin, los partidos polticos convencionales y las instituciones no es slo "mrito" de aquellos que nos han conducido a la presente situacin de bancarrota sino, y muy especialmente, de esa marea indignada que a partir del 15 de mayo del 2011 ocup, sin pedir permiso, el espacio pblico. El malestar cristaliz entonces en forma de un desafo sin precedentes a "polticos y banqueros". Y a partir de all, la "democracia", la Constitucin, la Monarqua... han visto su legitimidad erosionada. Atrs quedan los tiempos en los que estas instituciones eran prcticamente incuestionables.

La ocupacin de plazas fue en si mismo un acto de desobediencia civil masivo, en el que los de abajo se reconocieron como mayora social y retaron a los de arriba. Desde entonces, la desobediencia nos acompaa. No es que no existiera antes, simplemente se ha multiplicado y su audiencia amplificado. Cuando desahucian diariamente a 532 personas, mientras entre tres y seis millones de viviendas permanecen vacas, ocupar domicilios para darles un uso social se convierte en un derecho, ilegal pero legtimo. Cuando un milln de personas son estafadas por las preferentes, se bloquean y se ocupan bancos para exigir que los ahorros de toda una vida, ahora robados, sean devueltos. Cuando nos recortan en sanidad y educacin, ocupamos, entonces, hospitales, ambulatorios y escuelas en defensa de lo pblico.

El "no pago" se ha extendido, tambin, como modo de protesta. No pago el transporte pblico tras el aumento abusivo de tarifas, no pago en Catalunya el "atraco" de los peajes, no pago el "repago" del euro por receta o la propuesta ahora de no pagar en Barcelona el aumento de la tasa del agua... No pagamos porque hemos pagado demasiado, mientras unos pocos no han pagado nada y saquean nuestros bolsillos para saldar sus deudas privadas.

A pesar de que el Gobierno intenta criminalizar la protesta, no le est resultando nada fcil, porque la "mayora silenciosa", a la que el presidente Mariano Rajoy agradeca su silencio tras la accin del 25S Rodea el Congreso, est ms de acuerdo con aquellos que se indignan y desobedecen que con quienes ajustan y recortan. As lo han sealado las encuestas de varios medios de comunicacin, poco susceptibles de ser considerados "antisistema". Quiz las movilizaciones han perdido masividad, pero el malestar persiste y una mayora social se reconoce en ellas.

La desobediencia, como bien ha demostrado la historia, ha permitido conseguir avances en su momento inimaginables. Qu sera del derecho a voto de las mujeres sin las sufragistas, de los derechos civiles en Estados Unidos sin Rosa Parks o de la abolicin del Servicio Militar Obligatorio aqu sin los insumisos?. Nada de todo esto se hubiese conseguido. Hoy, como ayer, el futuro es de quienes creen en el nosotros y desobedecen.

*Artculo publicado en Pblico, 25/01/2013.
+info: www.esthervivas.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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