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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2013

El territorio como espacio emancipatorio

Ral Zibechi
La Jornada


Los movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por indgenas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimacin del modelo neoliberal. Desde sus territorios lanzaron formidables ofensivas que abrieron grietas en el sistema de partidos sobre el que se asienta la dominacin y modificaron el escenario geopoltico regional. De modo directo e indirecto, influyeron en lo local, lo nacional, regional y global.

Han jugado y jugarn tambin un papel decisivo en la construccin de un mundo nuevo. Si ese mundo, como seala Immanuel Wallerstein (La Jornada, 12 de enero de 2013), ser el resultado de una infinidad de acciones nanoscpicas, las pequeas mariposas capaces de construirlo habitan territorios en los que resisten y en ellos pueden construir relaciones sociales diferentes a las hegemnicas. No es con manifestaciones ni declaraciones, por ms masivas y necesarias que sean, como se crea el socialismo, sino con prcticas sociales en espacios concretos. Territorios en resistencia que son a la vez espacios en los que va naciendo lo nuevo.

Hasta ah, son temas que hemos venido debatiendo en los ltimos aos. El capitalismo puede ser derrotado si somos capaces de expropiarle los medios de produccin (y de cambio) en un largo proceso. Pero la cuestin no se agota all. El sistema aprendi a desorganizar, diluir, cooptar y aniquilar por la fuerza (todo junto, no una u otra accin) a los sujetos nacidos y arraigados en la resistencia territorial. La combinacin de fuerza bruta (militar y policial) con polticas sociales para combatir la pobreza es parte de esa estrategia de aniquilacin.

Ante esta situacin compleja y difcil, crece la tentacin de replegarse de los territorios en los que nacieron mltiples sujetos colectivos, buscando lugares ms propicios donde seguir creciendo. A veces se apuesta por lo sindical, otras a lo estudiantil y en otras por lo electoral. Un debate de este tipo atraviesa sobre todo a movimientos en Argentina, Chile, Paraguay y Per, aunque est presente en casi todos los pases.

Es cierto que lo territorial por s solo no alcanza. Que debe incluir formas diferentes de hacer poltica donde la gente comn decida y ejecute; que hace falta crear formas de poder distintas a las estatales; que para garantizar la autonoma territorial es imprescindible asegurar la sobrevivencia material, o sea salud, educacin, vivienda y alimentacin para todos y todas.

Pero no podemos olvidar que los territorios son claves para la lucha por un mundo nuevo por dos razones, digamos, estratgicas: se trata de crear espacios donde podamos garantizar la vida de los de abajo, en todas sus multifacticas dimensiones; y porque la acumulacin por despojo o guerra que es el principal modo de acumulacin del capitalismo actual ha convertido a los movimientos territoriales en el ncleo de la resistencia. La mutacin del capitalismo que conocemos como neoliberalismo es guerra contra la vida.

A ellas se podra agregar un tercer argumento: slo es posible resistir en las relaciones tejidas en torno de valores de uso, ya sean materiales o simblicos. Si slo nos movemos en las esferas de los valores de cambio, nos limitamos a reproducir lo que hay. Cerrados los poros de la vida en las fbricas por el posfordismo, es en los territorios, barrios, comunidades o periferias urbanas donde aun esos mismos trabajadores se vinculan entre s en formas de reciprocidad, ayuda mutua y cooperacin que son relaciones sociales moldeadas en torno del intercambio de valores de uso.

No es una cuestin terica y por lo tanto slo se puede mostrar. Se conoce y se practica, o no se entiende. Resistir hoy es proteger la vida y construir vida en territorios controlados colectivamente. El punto es que si abandonamos los territorios, ganaron los de arriba. Y en este punto no hay dos caminos. Slo queda hacerse fuertes y autnomos all, neutralizando las polticas sociales que quieren destruir lo colectivo salvando al pobre individualmente.

El pueblo mapuche resiste desde hace cinco siglos aferrndose a sus territorios. As derrotaron a los conquistadores espaoles, y en ellos se repusieron de la derrota que les infligi la Repblica criolla en la guerra de exterminio conocida como Pacificacin de la Araucana en la segunda mitad del siglo XIX. En sus territorios aguantaron el diluvio de la dictadura pinochetista y las polticas antiterroristas de la democracia, debidamente condimentadas con polticas sociales para someter con migajas lo que no pudieron con palos.

No es la excepcin sino la regla. Chiapas, Cauca, Cajamarca donde se resiste el Proyecto Conga, Belo Monte, El Alto o el conurbano de Buenos Aires, entre muchos otros, muestran que la combinacin de guerra y domesticacin son los modos de esterilizar las resistencias. Lo que diferencia esos territorios es que all existen los modos de vida heterogneos sobre los cuales es posible crear algo distinto a lo hegemnico. No nos engaemos: esa posibilidad no existe hoy ni en las fbricas ni en los dems lugares donde todo son valores de cambio, desde el tiempo hasta las personas.

Por eso las polticas sociales se han territorializado, porque los gestores del capital percibieron que all venan perdiendo pie ante el nacimiento de sujetos integrados por los que no tienen nada que perder: mujeres, hombres y jvenes sin futuro en este sistema, aquellos que por el color de su piel, su cultura y su modo de ser no tienen cabida en las instituciones, ni siquiera en las que se reclaman de izquierda o defensoras de los trabajadores. All slo existen como representados, o sea como ausentes.

No hay alternativas al trabajo territorial, ni atajos para hacer ms corto y soportable el camino. La experiencia reciente muestra que es posible doblegar el cerco del sistema contra nuestros territorios, superar el aislamiento, sobrevivir y seguir adelante. Persistir o no, es una cuestin de pura voluntad.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/01/25/index.php?section=opinion&article=021a1pol



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