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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2013

Libertad, Igualdad y Mercanca

Carlos X. Blanco
Rebelin


Al comienzo del primer volumen de El Capital, en el captulo destinado a La Mercanca, Karl Marx establece una comparacin breve pero jugosa entre el modo de produccin feudal y el modo de produccin capitalista. A continuacin, la nueva comparacin establecida por Marx es entre este sistema maduro de produccin capitalista de mercancas, de una parte, y el modo de produccin familiar y autosuficiente que rige en una economa campesina.

Que ambas comparaciones se siten tan prximas en el texto marxiano, creo, tiene su razn de ser. En el hilo interno, ambas pertenecen al famoso apartado El fetichismo de la mercanca, y su secreto (I, 4). En l como es sabido- se expone el modo en que el capitalismo camufla las relaciones sociales, relaciones entre personas, como si fueran relaciones objetivas, vnculos entre objetos materiales. Las mercancas, presentadas como objetos materiales susceptibles de cambio, esconden en sus respectivas equivalencias mutuas en el mercado los distintos trabajos cualitativamente distintos invertidos en la produccin de cada uno de ellos. En una sociedad productora de mercancas suficientemente desarrollada, la cualidad diferente de cada trabajo (el trabajo de un tejedor, que en s es muy diferente del trabajo de un sastre, por ejemplo) ha quedado absolutamente reducido a un trabajo abstracto. En la crtica marciana al capitalismo se encuentra incluido este diagnstico: el sistema opera ya con esta reduccin. Es un ejemplo del carcter prctico de toda abstraccin. A la hora de presentarse revestida de valor una cierta mercanca, sta puede cambiarse por otras porque ya previamente la sociedad admite como cosa lgica y natural que los trabajos invertidos en su produccin sean tambin mercancas y sean susceptibles de ser medidos y comparados en su valor (de cambio) pasando por encima de la diversidad cualitativa de trabajos: he ah la mdula de este sistema de explotacin.

 

En este sentido, la primera comparacin (p. 42), establecida entre el modo de produccin feudal y el modo de produccin desarrollado de mercancas que es ya, capitalismo- es meridiana en el texto de Marx. Como ya saban bien en el siglo XIX, e incluso defendan apologticamente algunos romnticos e historicistas, el feudalismo consisti en un sistema personalista. En l, las relaciones sociales de dominacin, de subordinacin- eran por completo transparentes. No era preciso recurrir al disfraz de relaciones entre objetos materiales para esconder el engranaje social entendido como conjunto de servicios y prestaciones. Es el trabajo concreto del vasallo el que sirve para expresar esa subordinacin o sojuzgamiento. Tambin en el feudalismo el trabajo es medido en tiempo, pero son tiempos de trabajo distintos para trabajos diversos. En este sentido, el feudalismo es un personalismo frente a la cosificacin capitalista. El trabajo del hombre va adherido a la profesin o status de ese hombre, que se encuentra supeditado en la escala social a otros. Marx vincula estrechamente la diversidad de oficios o trabajos del feudalismo con la transparencia del modo de produccin aquel. Curiosamente, el advenimiento de la ideologa burguesa (Rousseau, Libertad, Igualdad, Fraternidad, las ideas modernas en trminos de Nietzsche) supone el enmascaramiento de las formas de dominacin. En realidad, se trata de libertad burguesa para comprar y vender, libertad burguesa del obrero para vender su fuerza del trabajo al no disponer de ningn otro bien para vender. En realidad se trata de la Igualdad formal de todo ciudadano, como si todo miembro de la sociedad fuera un burgus con poder, dinero, conocimientos o asistencia jurdica para defenderse y hacer valer sus derechos. En realidad tambin- la Fraternidad consiste en el privilegio de una parte para explotar a la mayora, en nombre de una igualdad formal de derechos que esconde una explotacin material cruda.

 

El segundo punto de comparacin (p. 43) que establece Marx es el del sistema familiar campesino. Por ejemplo, ste se encontraba hasta hace muy poco lleno de vitalidad en la Casera Asturiana, aunque cuenta con anlogos en los diversos tipos de granjas de la Europa templada y nrdica. Marx presenta el sistema familiar campesino tambin en su subcaptulo sobre El fetichismo de la mercanca y a propsito de la diversidad cualitativa de los trabajos y de la medida del tiempo. En una familia aldeana, de forma elemental, hay una divisin del trabajo: por sexo y por edad puede haber un reparto de las funciones, aunque es frecuente que todos puedan y sepan hacer de todo cuanto es necesario, pues ello es til en casos de ausencia de uno de los miembros, enfermedad, fallecimiento, sobreocupacin, etc. Cortar lea, llevar el ganado, trabajar el huerto, reparar herramientas u otros medios de produccin, etc. Marx afirma que las fuerzas individuales se hayan repartidas, hay una divisin social del trabajo, pero cada fuerza individual es como un rgano de una misma fuerza colectiva de trabajo, que es toda la familia.

 

Resulta enteramente comprensible que los economistas polticos de la burguesa hayan vituperado todo lo posible estos dos modos de produccin ajenos a la produccin desarrollada de mercancas, modos ajenos al capitalismo. Para Marx la situacin es comparable a la de los Padres de la Iglesia que consideraron a todas las religiones precristianas, as como a las religiones rivales contemporneas, como falsas y demonacas (p. 44). Pero la proyeccin subjetiva de tales telogos no poda esconder al historiador neutral la rivalidad efectiva entre la Religin dominante (nica verdadera) y las otras, sojuzgadas, en el margen o en manos de potencias enemigas. Pues bien, los telogos modernos del Capitalismo incurren en una proyeccin similar. Los resquicios de feudalismo o de comunidad campesina primitiva y familiar son condenados a la marginalidad, son una base que se ha de superar. Se incapacitan ellos mismos los telogos economistas- en el uso del mtodo comparativo, pues en la comparacin entre un sistema de produccin orientado al Mercado supremo, nico verdadero- y los dems, stos modos salen siempre perdiendo (como fases histricas superadas, como mrgenes anmalos que no tardarn en verse disueltos por el progreso constante del capitalismo).

Curiosamente, el positivismo de la economa poltica es un enfoque idiogrfico radical: la determinacin material (el modo de produccin) determina los dems elementos superestructurales slo en la sociedad burguesa. Marx replic a estas tempranas crticas (nota 36, p. 46) advirtiendo que los atenienses clsicos no se ganaban la vida con la Poltica, ni los feudales del medievo latino tampoco se ganaban la vida con el Catolicismo. Si cada modo de produccin es especfico, y dotado de leyes propias, no obstante hay una pauta comn e ineludible- a toda sociedad humana, cual es la de producir para satisfacer sus necesidades sociales. No se vive de la Poltica, no se vive de la Religin, no se vive del Arte.

 

Toda formacin social dispone de un esqueleto anatmico y de una fisiologa que sirven a los propsitos de satisfacer las necesidades humanas. Las necesidades biosociales deben ser resueltas, y la manera en que se dividen las clases sociales para resolver el problema de la Produccin, as como la relacin que se establece entre estas es un problema general de la vida humana en sociedad. El hecho de que un hombre deba vivir por necesidad en el interior de una formacin social dada, es un factor condicionante a la hora de comprender adecuadamente esa anatoma y esa fisiologa de la sociedad. Los economistas vulgares slo llegaban a ver los vnculos de la superficie, mientras que los economistas clsicos llegaron a perfilar relaciones ms slidas entre categoras cientficas (precios, mercancas, valores). Pero faltaba la inmersin de esa red de categoras en un fondo, el verdadero fondo y ncleo del capitalismo: el valor de la fuerza del trabajo. Slo por medio de una abstraccin prctica, que incluye las ficciones jurdicas correspondientes y la aceptacin universal en la sociedad, slo por medio de la fantasa igualitaria es como la sociedad burguesa perdi su transparencia (en comparacin con la feudal, su precedente) y equipar la diversidad de oficios y profesiones, la muchedumbre de quehaceres humanos en el proceso social de la produccin. La fuerza invertida en los diversos trabajos hubo de ser medida en tiempo para ser considerada mercanca.

 

Marx vio cmo Aristteles, por haber vivido en un sociedad esclavista, y por tanto transparentemente no igualitaria no poda descifrar por s misma la forma del valor (p. 26). Desde Rousseau y desde la modernidad revolucionaria, la igualdad entre los hombres cobr la forma de un prejuicio popular. Las masas populares se dejaron seducir por tan halagea ilusin: al menos jurdicamente todos vamos a ser iguales, haciendo abstraccin de la riqueza, el talento, la moral, la fuerza y la inteligencia. Pero, desde el punto de vista de la Produccin desarrollada de mercancas esta igualdad no es reconocida de forma natural y directa, no lo es en modo alguno. Haba sido preciso combatir la esclavitud jurdica para bendecir la nueva forma de esclavitud econmica. Esto es, hacer del capitalismo un sistema de embozado de la realidad. La realidad es que los diversos empleos de la fuerza de trabajo son desiguales materialmente, pero quedan tratados como mercancas cuyo valor flucta en el mercado y equiparados precisamente en cuanto adquieren un valor de cambio. Ese valor es relativo: hace referencia a otros empleos diversos de fuerza de trabajo, que en una sociedad productora de mercancas ya estn muy diversificados y especializados. Y ese valor tambin es equivalente: es medido por comparacin con otros usos de la fuerza de trabajo y la homologacin para las equivalencias se sustenta en mediciones de tiempo. As, tantas horas de uso de fuerza de trabajo de un tejedor equivalen a tantas horas de trabajo de un sastre. En una sociedad ms transparente, como la esclavista o la feudal, se asume el carcter irreductible de cada contribucin humana a la sociedad. El valor de un esclavo domstico, joven, muy culto o muy bello, poda superior al valor de un rudo y ya anciano esclavo de la minas o del campo. Pero esa comparacin era realmente una comparacin entre dos mercancas, dos objetos, y entrando en los detalles, se trata de dos objetos cualitativamente distintos que pueden servir como medios de produccin. Lo mismo se dir de la transparencia feudal, en la que la aportacin en servicios y prestaciones de un humilde campesino a su seor es distinta, en lo cualitativo y en lo cuantitativo, de la aportacin de un rico granjero pero igualmente vasallo: depende de la calidad de la persona.

 

La superficialidad de algunos enfoques que se dicen anti-capitalistas estriba, muchas veces, en no haber meditado a fondo sobre el concepto (germinal, segn Marx) de Mercanca. El mero hecho de que el capitalismo sea un sistema de dominacin es algo que no debe sorprender a nadie. Ni siquiera los apologistas de este sistema criminal pueden ocultar semejante realidad, aunque es habitual que recurran a la naturalidad e inexorabilidad de semejante dato: dejando a un lado, quizs, las formas comunales campesinas, o un nebuloso comunismo primitivo, toda sociedad compleja es un sistema de dominacin. Pero dominacin no significa necesariamente explotacin econmica. En tiempos antiguos un propietario de cientos o miles de esclavos era portador de gran riqueza incluso si estos esclavos eran mantenidos inactivos, simplemente como atesoramiento de una mercanca disponible (susceptible de venta o de explotacin). Es la virtualidad de esa riqueza lo que permite entender que el hombre, el ganado y muchos otros bienes mviles, transportables, contables, hayan ejercido funciones dinerarias. Es la virtualidad de poder, con una relativa facilidad, cambiar esas unidades almacenadas por otros valores de uso equivalentes. Tambin hay una dominacin extraeconmica, cuando las castas o clases superiores, bajo coaccin, amenaza, violencia, ejercen su poder sobre las clases o castas ms dbiles. En lugar de la explotacin organizada econmicamente- encontramos aqu el chantaje, el robo, el rapto, el saqueo, el botn, etc.

 

La transicin entre el robo y saqueo sistemticos hacia una dominacin tributaria es un asunto a tratar empricamente por los historiadores. Es frecuente en la dominacin de pueblos brbaros, militarmente fuertes pero con un nivel cultural ms bajo que la poblacin sometida. Estos tiempos brbaros son fundamentales en el proceso de la llamada Acumulacin Primitiva. Las leyes del capital, que de forma muy elemental pueden entenderse como el Imperio de la Mercanca, el modo de dominacin en el que toda produccin e intercambio es de mercancas y para leerse como mercancas, viene a ser algo as como un edificio grande y complejo que tan slo puede levantarse una vez aplanado el terreno sobre el que se va a alzar: deben despejarse los escombros y ruinas de viejas construcciones, y desbrozar cualquier maleza, retirar por la fuerza todo obstculo natural o construido por el hombre. El Imperio de lo econmico (de una dominacin estrictamente econmica) procede originariamente de una dominacin extraeconmica: robo, saqueo, rapia.

 

Las ideas modernas en contra de las cuales inici Nietzsche su cruzada (con no pocos seguidores, considerados antitticos del marxismo, como O. Spengler) fueron en realidad en su conjunto- el aparato ideolgico necesario para la implantacin del capitalismo. Implantacin que incluye extender de forma impertinente las ilusiones de igualdad, de libertad y fraternidad a campos diversos de la vida social, dejando intocadas las cuestiones verdaderamente decisivas de la Produccin. As es como la izquierda una vez castrada en su potencial revolucionario- se convierte en la ms ardiente defensora de los ideales burgueses. Todas las minsculas guerras sobre el gnero exacerban la elemental reivindicacin de una igualdad jurdica entre el hombre y la mujer, trasponindola a los terrenos ms absurdos: habituar a que los nios varones jueguen con muecas, mutilar los cuentos de Hadas para que desaparezcan los ingredientes que hoy llamamos machistas, maquillar (bajo un nuevo puritanismo feminista) todo indicio de identidad femenina marcada, imposicin de cuotas paritarias, etc. Es decir, que una vez conquistada la igualdad jurdica entre los sexos, lo que se pretende es aminorar las diferencias entre ellos, toda vez que el capitalismo necesita del ser humano abstracto, tanto en su faceta de consumidor como en la de productor. Y ese ser humano abstracto parece ser un ser humano sin sexo segn la izquierda que piensa en ngeles en vez de personas. Otro tanto se diga de las dems luchas de la izquierda claudicante, todas ellas a mayor gloria del Capital. La Democracia, que como deca Ortega, es estrictamente una forma de Derecho Poltico, se quiere trasplantar a terrenos donde el propio concepto degenera: el capitn sometiendo a votacin su maniobra militar, el maestro consultando a sus pupilos sobre las notas de los exmenes, los ciudadanos en tanto que usuarios de servicios pblicos fiscalizando la labor profesional de funcionarios especializados Todo ello es, desde luego, un democratismo ridculo, pero a ese ridculo llegan las sociedades occidentales del capitalismo tardo. Al no democratizar lo que verdaderamente es fundamental a saber, la Economa, la izquierda y el marxismo degenerado han procedido a sacar la democracia fuera de sus tiestos y a perder el rumbo.

 

El mensaje burgus surgido de las grandes ciudades, muchas veces ajeno al proyecto genuino del marxismo - el de la restauracin de la Comunidad-en oficial, en pensamiento nico. El socialismo y el liberalismo, entre otras tendencias principales, lo han asumido, extrapolando conceptos slo viables en el sentido jurdico (los que estn presentes en la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, fundamentalmente) y presentndolos como fin en s mismo. Al mismo tiempo, el concepto medular del Capitalismo, la Mercanca, permanece encerrado en el sanctasanctrum. Todo, absolutamente todo, es considerado Mercanca en este sistema de Produccin. La Tierra, el Trabajo, todo tipo de servicio y relacin humana. Nadie, aparentemente, quiere darse cuenta de aquello que Marx dej entrever ya en su captulo sobre la Mercanca. Que el concepto de Igualdad (de todos los hombres) encubre la desigualdad material de la especie en todos los aspectos, muy principalmente en el de la posesin de los medios de produccin. Las sociedades humanas un tanto complejas ya poseen distinciones jerrquicas, y por ejemplo entre los antiguos indoeuropeos hay una particin trimembre de funciones que, con las debidas transformaciones llegan casi hasta hoy. El hoy que ha conocido una extraordinaria divisin del trabajo, una dialctica incesante entre especializacin de oficios (impulsada por el desarrollo cientfico-tcnico) y una descualificacin de oficios. Porque es preciso decirlo: el capitalismo ya no puede dar pasos hacia delante si no es por medio de esa proletarizacin. Vivimos sumidos en un izquierdismo que ha llegado a ser la coartada para la explotacin y el imperio de la produccin de mercancas para la apropiacin de la plusvala. Se radicalizan ideas igualitaristas y democratistas, y se sacan de madre, con el fin de asegurar el imperio del capitalismo.

 

Nota: las pginas citadas estn tomadas de la excelente versin de El Capital, traduccin de Wenceslao Roces, Fondo de Cultura Econmica, tomo I; Mxico, 2000.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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