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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2013

28 y 29 de enero de 2013, Biblioteca Luis Angl Arango
Jos Mart, la Politica Espiritual

Hctor Jos Arenas A.
www.desdeabajo.info

Al cumplirse 160 aos del nacimiento de Jos Mart el 28 de enero de 2013, nos hemos propuesto alentar una memoria de su resplandor en el corazn de la sabana muiska andina. Con este propsito organizamos un evento mltiple para tratar su obra, el cual incluye: el Coloquio Internacional sobre la vigencia de la vida y obra de Mart, la exposicin itinerante que recoge facetas luminosas de su trasegar, y una muestra de la obra audiovisual realizada en torno a la figura de Mart. Todas y todos estn invitados a la Biblioteca Luis ngel Arango de Bogot, desde el 28 de enero, donde se disertar, se expondr su obra y se proyectarn los audiovisuales. Informes: [email protected]


Mientras no se rinda culto pleno a la dignidad de cada ser, la vida y el pensamiento de Mart estarn vigentes. El secreto de su intemporalidad habita en su visin espiritual, no de credo religioso, que madur tempranamente en su interior. Adems, Mart comprendi, como pocos, el sentido de su poca, las esencias del tiempo germinal de nuestro tiempo en el que discurri su breve y luminosa parabola vital.

En 1873, en su primer destierro en Madrid cuestiona a la Primera Repblica espaola por mantener su dominio imperial sobre las islas de Cuba y Puerto Rico, por no reconocer los estragos causados por el rgimen colonial y contribuir a su curacin, y por continuar soportando el crimen de la esclavitud: La honra puede ser mancillada. La justicia puede ser vendida. Todo puede ser desgarrado. Pero la nocin del bien flota sobre todo y no naufraga jams. Espaa no puede ser libre mientras tenga en la frente manchas de sangre (La repblica espaola ante la revolucin cubana).

En 1880, cuando recin arrib a los Estados Unidos, pas en el que vivir durante 15 aos, se declar impresionado con la atmosfera de libertad que all se respiraba, pero poco a poco su conciencia capt lo que llamara la enfermedad del dinerismo: En la mdula, en la mdula est el vicio, en que la vida no va teniendo en esta tierra ms objeto que el amontonamiento de la fortuna.

Junto a ese materialismo romo que convierte la vida en una regata funesta por la riqueza material, e impide captar que la muerte no es fin, sino trnsito, Mart comprendi a Cuba como el fiel de la balanza hemisfrica, observ la violenta tendencia expansiva de la que sera la primera potencia planetaria, y consagr su accin y su escritura a impedir con la emancipacin de Cuba y Puerto Rico que el norte revuelto y brutal se abalanzara sobre Nuestra Amrica: la unidad geogrfica y cultural de los pueblos que habitan desde el norte de Mxico hasta la Patagonia. En diciembre de 1882, escribe una carta a Bartolom Mitre, en la que declara no confundir lo que piensa un cenculo de ultraaguilistas con el pensar de todo un pueblo heterogneo, trabajador, conservador, entretenido en si, y por sus mismas fuerzas varias equilibrado [...]

Ya en 1882, Mart haba percibido el rumbo que se impondra al mundo entero: Ha echado por caminos la existencia moderna, en que la serenidad de animo, la claridad de lo interior y la vida legitima van siendo imposibles (Cartas a La Nacin, julio de 1882). Se da cuenta de que habita en un pas donde la conciencia de la fuerza y el apetito de la fortuna tienen en riesgo el decoro nacional, la independencia de los pueblos vecinos y la independencia del mismo espritu humano acaso [...] (Cartas a La Nacin, agosto 12 de 1885).

Mart se ocup entonces de organizar un proceso insurrecional que culminar con xito la independencia poltica de Cuba, a travs de un accin militar sin odio, y veloz por estar acompaada de manera conciente por el pueblo cubano, sin exclusin por clase, raza, sexo, o credo. Pero, al mismo tiempo, plasm los principios y los mtodos que deberan garantizar una democracia radical, un orden poltico propio, no calcado de realidades diferentes, un orden soberano en las que las decisiones que se tomaran sobre el devenir colectivo fuesen fruto del pensamiento conciente y la expresin de la comunidad.

En los Estados Unidos percibi que tras el disfraz democrtico en realidad se operaba el control de las instituciones pblicas por parte del poder financiero y las nacientes redes intermonopolicas: donde ven un dbil comen de l, y veneran en si la fuerza, nica ley que acatan, y se miran como sacerdotes de ella [...] Forman sindicatos, ofrecen dividendos, compran elocuencias e influencia, cercan con lazos invisibles al congreso, sujetan de la rienda la legislacin como un caballo vencido, y, ladrones colosales, acumulan y se reparten las ganancias en la sombra. Son los mismos de siempre [...]. Tienen soluciones dispuestas para todo: peridicos, telgrafos, damas sociales, personajes floridos y rotundos, polemistas ardientes, que defienden sus intereses con palabra de plata y magnifico acento. Todo lo tienen se les vende todo: cuando hallan algo que no se les vende, se coaligan con todos los vendidos y lo arrollan [...] Un deseo absorbente les anima siempre, rueda continua de esta tremenda maquina: adquirir: tierra, dinero, subvenciones, el guano del Per, los estados del norte de Mxico [...]. En cuerda pblica, descalzos y con la cabeza mondada deban ser paseados por las calles estos malvados que amasan su fortuna con las preocupaciones y los odios de los pueblos Banqueros no: bandidos (Cartas a La Nacin, octubre de 1885).

En ese momento, en Colombia, el itsmo de Panama y los yacimientos petrolferos, iban identificndose como objetivos de conquista por parte del poder hemisfrico. En 1889, los Estados Unidos organizan en Washington la primera Conferencia Panamericana y Mart comprende y revela la naturaleza imperial del convite que realizan: Creen en la necesidad, en el derecho brbaro, como nico derecho: 'Esto ser nuestro, porque lo necesitamos'. Creen en la superioridad incontrastable de la raza anglosajona contra la raza latina. Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india que exterminan (Cartas a La Nacin 1891).

Mart habit y recorrri Cuba, Mexico, Guatemala, Hait, Repblica Dominicana, Venezuela, Colombia, y percibi el espritu de estas tierras, de la grandeza destrozada, del valor extraordinario de la independencia apenas iniciada y de la necesidad de completarla, de escribir la ltima estrofa del poema de 1810: Qu importa que vengamos de sangre mora y cutis blanco? El espritu de los hombres flota sobre la tierra en que vivieron, y se les respira. Se viene de padres de Valencia y madres de Canarias, y se siente correr por las venas la sangre enardecida de Tamanaco y Paramaconi [...].

Robaron los conquistadores una pgina al universo. Con Guaicapuro, con Paramaconi, con Anacaona, con Hatuey hemos de estar, y no con las llamas que los quemaron ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron (La Amrica, abril de 1884).

Mart percibe la naturaleza singular, unitaria y germinal de un pueblo de pueblos indgena, negro, mestizo, y su resistencia a Europa, primero, y a la Amrica europea, despus: El primer criollo que le nace al espaol, el hijo de la malinche fue un rebelde. El glorioso criollo cae baado en sangre, cada vez que busca remedio a su vergenza, sin mas gua ni modelo que su honor, hoy en Caracas, maana en Quito, luego con los comuneros del Socorro; [...] muere como el admirable Antequera, profesando su fe en el cadalso del Paraguay, iluminado el rostro por la dicha "exhortando a las razas a que afiancen su dignidad" (Madre Amrica, 1890).

Su visin temprana sobre el significado germinal de Bolvar y Venezuela, suspenden el aliento: Cuando se tienen los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enrgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un nimo sincero por las contrariedades de la vida. De Amrica soy hijo: a ella me debo. Y de la Amrica, a cuya revelacin, sacudimiento y fundacin urgente me consagro, esta es la cuna; [...] Dme Venezuela en que servirla: ella tiene en m un hijo (Carta a Fausto Teodoro Aldrey, 1880).

Mart conjuga su observacin serena y penetrante en el sentido de su tiempo, con una accin esclarecedora y organizativa febril. En 1892 funda el peridico Patria dirigido a comunicar las ideas, los principios, los sueos que guan la emancipacin: el odio no funda, slo el amor engendra maravillas. Al mismo tiempo Mart acomete la comunicacin ejemplar y por escrito de lo que el considera decisivo: la revolucin que ha de desarrollarse una vez lograda la independencia: la que permita el florecimiento de un ser humano con ms ala que garra.

En 1889 Mart escucha a un republicano en la Casa Blanca presidida por Harrison decir:

El continente es nuestro, y a las buenas o a las malas nos ha de comprar lo que le tenemos que vender. Entiende y se horroriza ante la vileza del designio imperial que para imponer sus intereses siembra la divisin y la guerra entre quienes tendran que laborar unidos en la defensa de la soberana y la construccin del hogar colectivo [...]. En su formidable ensayo Nuestra Amrica, plasm la necesidad de la unidad de nuestros pueblos y de una educacin propia y no plegada a la dominacin.

[...] Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, segn la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; los rboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las races de los Andes. (Nuestra Amrica, 1891).

Cmo han de salir de las universidades los gobernantes si no hay universidad en Amrica donde se ensee lo rudimentario del arte del gobierno, que es el anlisis de los elementos peculiares de los pueblos de Amrica? A adivinar salen los jvenes del mundo, con antiparras yankis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen...Gobernante en un pueblo nuevo quiere decir creador. [...] Tenemos cabeza de Scrates y pies de indio, pies de llama, pies de Puma y de jaguar; pies de bestia nueva. El sol nos anda en las venas. Nuestro problema es nuestro, y no podemos conformar sus soluciones a las de los problemas de nadie. Somos pueblo original: un pueblo desde los Yakis hasta los patagones (Nuestra Amrica).

En su vivencia en Nueva York, Mart percibi la manera en que la ciudad ejecuta, y la forma en que la vida urbana enceguece y enferma. Apreci las mejores expresiones del espritu norteamericano: Emerson, Whitman, Longfellow, y encontr coincidencias profundas con nuestros pueblos nativos en el amor por la tierra y la naturaleza; de Emersn sealo: Para l un rbol sabe ms que un libro; y una estrella ensea ms que una universidad; y una hacienda es un evangelio; y un nio de la hacienda est ms cerca de la verdad universal que un anticuario, para l no hay cirios como los astros, ni altares como los montes, ni predicadores como las noches palpitantes y profundas [...] para ser bueno no necesita ms que ver lo bello (Crnica sobre Emerson, La opinin Nacional, 1892).

El bosque vuelve al hombre a la razn y a la fe, y es la juventud perpetua. El bosque alegra, como una buena accin. La naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre. Y el hombre no se halla completo, ni se revela a s mismo, ni ve lo invisible, sino en su intima relacin con la naturaleza.

Mart capt la naturaleza espiritual del ser humano y breg por un porvenir colectivo que cuidase esa esencia y la potenciara. Labr un verbo dirigido a encender almas, elevar espritus, y preservar la belleza moral, la belleza interior. Comprendi que no puede haber revolucin social, sin revolucin interior, poltica revolucionaria sin tica, sin amor sin tregua.

Unos das antes de ofrendar su vida en Dos Ros, Mart escribi una carta a su madre en la que le dice :

Madre ma: Hoy, 25 de marzo, en vspera de un largo viaje, estoy pensando en Vd. Yo sin cesar pienso en Vd. Vd se duele, en la clera de su amor, del sacrificio de mi vida; y por qu nac de UD con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre esta all donde es ms til. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agona el recuerdo de mi madre. [...] Ahora, bendgame, y crea que jams saldr de mi corazn obra sin piedad y sin limpieza. La bendicin.

Su Jos Mart.

Tengo razn para ir ms contento y seguro de lo que Vd. pudiera imaginarse. No son intiles la verdad y la ternura. No padezca.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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