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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2013

Natalicio 160 de Jos Mart
El hombre que saba desaparecer

Rolando Gonzlez Patricio
La Jiribilla


Unas horas antes de exponer su cuerpo al fuego de la fusilera espaola, desde el campamento de Dos Ros, Jos Mart caracteriz aquel momento de la historia de Cuba cuando, iniciada la guerra, estaba por constituir la nueva repblica en armas, y faltaba la consiguiente definicin de cul sera en adelante su lugar dentro de la revolucin. En ese contexto le asegur a su amigo mexicano Manuel Mercado: en cuanto a formas, caben muchas ideas, y las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen. Me conoce. En mi solo defender lo que tengo yo por garanta o servicio de la Revolucin. S desaparecer. Pero no desaparecera mi pensamiento, ni me agriara mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cmplame esto a m, o a otros. Pocas veces la historia recoge hombres de una estatura tica como la de Mart quien, conocedor de su valor poltico dentro del proceso, era al mismo tiempo portador de una humildad plenamente convencida.

La aleacin que deriva de fundir en un hombre de vida breve al renovador literario, al poltico creador y al pensador extraordinario, no basta para explicar toda su presencia en nuestros das. Especialmente, cuando formamos parte de un sistema mundo en el cual predominan ideas y valores que brindan poco o ningn espacio a la tica, la memoria y el pensamiento.

La cultura hegemnica de los tiempos que vivimos se esmera en hacer pensar nicamente incluso a quienes desde el fondo de su realidad estn poco menos que condenados a no poder pensar con los cdigos de la inmediatez, lo industrial, lo moderno, lo confortable, lo propio, lo placentero, lo simple, lo fcil Este camino para travestir el ciudadano en consumidor demuestra ser mucho ms atractivo que la ruta al paraso despus de la muerte. Por si fuera poco, sigue pareciendo ms accesible un televisor que una escalera para subir al cielo.

La tecnologa de las esperanzas y las expectativas es parte de la ingeniera del consenso creada al servicio del capital. Semejante tecnologa solo apunta al futuro, porque no puede detenerse a explicar las crudezas del presente y se bloquea ante la historia. La memoria es altamente corrosiva para esa tecnologa, por lo que la produccin industrial de consumidores exige altas concentraciones de amnesia masiva. Para generarla se emplea toda la diversidad de aparatos culturales disponibles. Para solo citar ejemplos en el campo educacional, baste recordar el afn neoliberal por degradar la formacin universitaria en ciencias sociales y humanidades, y cmo tras el tratado de libre comercio con los EE.UU. los libros escolares mexicanos comenzaron a omitir aquellos captulos del siglo XIX que pudieran generar un sentimiento adverso al vecino del norte. Paralelamente, el entonces presidente Vicente Fox haca retirar de la presidencia el cuadro con la imagen de Jurez.

Cuba ha tenido la sabidura y la oportunidad de transitar por caminos diferentes, pero el lugar especial que la Revolucin le confiere a Mart tampoco explica por s solo la vigencia y actualidad de su obra. He tenido la oportunidad o el privilegio de poder bucear en sus miles de pginas con alguna profundidad, pero soy de quienes me aproximo a ellas para intentar descubrir para m su valor y alcances, no de quien asume previamente, o de odas, un carcter sagrado en su palabra. Esta postura no impide advertir todo lo venerable que resulta su contribucin a la historia y la cultura de Cuba, de nuestra Amrica y de la Humanidad. No es fortuito que Fidel catalogara alguna vez a Mart como el ms universal de todos los cubanos.

Intento explicarme la vigencia y actualidad de Jos Mart por un camino que no parte de su obra escrita y en actos, sino de la historia en su complejidad y condicionamientos. Dicho del modo ms breve, considero que la actualidad de Mart nace de la historia como proceso inacabado. Lamentablemente, la Humanidad, nuestra Amrica y Cuba, aunque en proporciones diferentes, no han cambiado lo suficiente como para permitirnos desechar la riqueza de la aportacin martiana. Los problemas del mundo de hoy tienen tanto en comn con los que Mart conoci y avizor desde la segunda mitad del siglo XIX, que el calado de su anlisis nos llega como un referente imprescindible.

Un breve inventario comparativo de su tiempo con el nuestro, entrados ya en el siglo XXI, bastara para advertir los denominadores comunes. Hoy la satisfaccin de las necesidades de la humanidad en los rdenes econmicos, poltico, social y cultural contina a la zaga de las esperanzas de hace cien aos. Mart alcanza nuestro tiempo porque puso todo su talento y energas en funcin del suyo.

Es bien conocida su consagracin a la plena independencia de Cuba y Puerto Rico, a la segunda independenciade la Amrica nuestra, a la bsqueda del equilibrio del mundo y al bien mayor del hombre. Haber propuesto un nuevo horizonte humano, an por conseguir, y entregarse a su conquista, hace inevitable que Mart pase a las filas del combate contemporneo por un mundo mejor.

Muy lejos estn estas lneas de menospreciar la devocin popular a Mart. l mismo escribi que perdura lo que un pueblo quiere. Si me interrogo acerca de la actualidad de Mart, desde las herramientas de la ciencia social, es para poner en jaque algunas posturas ms o menos polares en la cartografa ideolgica de nuestra poca.

En los aos 90, en vsperas del centenario del combate de Dos Ros, un lector annimo de un diario con cuyas pginas colaboraba, escribi invitando a dejar tranquilos a los muertos. Debo subrayar que ese lector se refera a hombres como Mart y Maceo, y nunca a los muertos que desde entonces hasta la fecha generaron los males que ellos enfrentaron hasta las ltimas consecuencias. Curiosamente, la invitacin llegaba cuando el descalabro del socialismo histrico y la expansin de la geocultura neoliberal eran manejados por los centros de poder hegemnico mundial al servicio de promover la idea de que no exista alternativa al capitalismo. Eran aos en los que se intentaba tanto cuestionar la Revolucin cubana con frases martianas extirpadas de sus contextos, como hicieron varios presidentes de los EE.UU., como degradar la figura de Mart. Ambas posturas perseguan fines contrarios a una nacin cuya gente comparta y comparte sentimientos de especial respeto hacia Mart, como uno de sus referentes imprescindibles.

En esos mismos aos, y con las mejores intenciones, algunos intentaban hacer un uso de la obra martiana que considero inapropiado. Una tarde, alguien interrumpi mi lectura en la biblioteca del Centro de Estudios Martianos. Su organismo preparaba una importante exposicin y, del mismo modo que los colegas de la salud se servan de las referencias martianas a la nicotina en su campaa de prevencin, l quera que la industria de los alimentos usara alguna cita de Mart sobre los espaguetis. El asombro me impidi responder al instante, y prefer, en un momento en que todava no tenamos las Obras completas en formato digital, someterlo al peso de buscar, pgina a pgina, en una veintena de tomos.

Intentos como aquel sin duda, bien intencionado faltos de visin y de cultura, traen costos culturales que no podemos desconocer. Cuando nuestros medios de difusin insistieron machaconamente en traer a colacin a Mart en cualquier campo tratado, lejos de difundir su legado corran el riesgo de banalizar el mensaje. En el campo de la cultura y de las ideas los excesos no son menos costosos que la apelacin insuficiente.

Desde entonces, considero que la obra de Mart, su ejemplo y recepcin constituyen un capital cultural invaluable. Sin embargo, por contradictorio que parezca, desperdiciamos una parte importante del potencial movilizador que hoy ofrece esa obra monumental. Finalmente, comprob mi hiptesis cuando en su abarcadora definicin de Revolucin, a las puertas del nuevo milenio, Fidel convoc a cambiar cuanto fuera necesario. Pero hasta entonces, y an una dcada despus, no hemos sido capaces de un empleo otro de la sabidura martiana. Generalmente desperdiciamos por omisin aquellas ideas que ayudaran a cuestionar y subvertir lo que no hacemos bien, al tiempo que sobreusamos frases martianas que pareceran aplaudir todo lo hecho.

Tengo el convencimiento de que nuestros jvenes descubrirn, ms temprano que tarde, ese Mart radicalmente cuestionador, profundamente revolucionario, y alzarn an ms alto su antorcha liberadora. Desde el futuro que sobrevendr a ese momento de hoy y maana ser posible ratificar la condicin de contemporneo de un Mart que, en lo individual, supo desaparecer; y hacerlo de manera heroica, convencido, como los millones que sumamos sus seguidores, de que no desaparecer su pensamiento.

Fuente: http://www.lajiribilla.cu/articulo/3223/el-hombre-que-sabia-desaparecer



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