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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2013

Esos chilenos siempre forzados al exilio

Sbastian Brulez
Le Courrier de Genve

Traducido para Rebelin por Carmen Garca Flores


DESTIERRO. Han abandonado su pas cuando otros por fin podan entrar. Cuando, al regreso de la democracia, algunos oponentes armados tuvieron que elegir entre la prisin y el alejamiento.

Cuarenta aos. Esta es la pena de destierro que se impuso Carlos Garca Herrera en 1992, dos aos despus del retorno formal de la democracia en Chile. La condena ms dura para seis chilenos que an viven hoy en el exilio forzado en Blgica y en Finlandia. Este es un honor que yo no me merezco, dice irnicamente, jams he sido un dirigente poltico Carlos prefiere describirse como un militante de la resistencia, un guerrillero urbano.

Encarcelado por la dictadura de Augusto Pinochet en 1981, est todava condenado a cadena perpetua segn una ley denominada antiterrorista. Para l, como para los otros militantes en su mismo caso, la vuelta del a democracia tuvo un gusto amargo. Esperbamos una liberacin incondicional de todos los presos polticos, como lo haban prometido los partidos del a oposicin.

Pero la transicin no ha hecho tabla rasa con las instituciones del pasado. Con el ex dictador como comandante en jefe de la armada durante toda la duracin de su mandato, y con una Constitucin

elaborada por este ltimo (an hoy en da en vigor aunque enmendada por dos veces), el gobierno del demcrata-cristiano Patricio Aylwin se limit a investigar la justicia en la medida de lo posible, como afirm en su poca.

Y el general Pinochet haba tenido cuidado en hacer cumplir rigurosamente la Constitucin de 1980: Nada de gracia posible para los prisioneros condenados por terrorismo. El gobierno de la transicin le propondr entonces elegir entre partir, sin posibilidad de retorno durante varios aos, o permanecer en prisin. Entre 1990 y 1994, a veintinueve personas se les conmutaron sus penas de prisin por penas de alejamiento (extraamiento). Haba pasado ya suficientes aos en prisin, prefer partir.

La trayectoria de Carlos es la de un hombre que ha atravesado por todas las tempestades de esta poca agitada. En 1973, ao del golpe de Estado contra el gobierno socialista de Salvador Allende, estaba en la Marina. Junto con otros, el senta que algo se tramaba en el seno de la Institucin. Muchas personas eran conscientes de que se preparaba un golpe de Estado, haba una gran efervescencia poltica en la Marina.

De marino a guerrillero

Chile an cuenta con una importante marina de guerra cuyos oficiales estn claramente anclados en la derecha conservadora. El embrin del golpe de Estado se encontraba all, entre un grupo de oficiales de marina. Pinochet se sum a la idea al final, explica Jorge Magasich, doctor en historia de la Universidad de Bruselas y autor de la tesis Los que dijeron no. Historia del movimiento de los marinos chilenos opuestos al golpe de Estado de 1973.

Por contra, los suboficiales y sobre todo la tropa, son en su mayora leales y de izquierda. Cuando comprenden que el pronunciamiento es inevitable y que sern obligados a participar en l, los marinos leales intentan alertar a las autoridades polticas. Pero en la noche del 5 al 6 de agosto de 1973, es decir un mes antes del golpe de Estado, una ola de arrestos cae sobre ellos. Entre 150 y 200 marinos son arrestados, ellos sern los primeros torturados. A continuacin, noventa y dos de ellos sern condenados por sedicin a penas que iban desde tres a ocho aos de prisin, explica Jorge Magasich. Carlos Garca formaba parte de ese grupo. Nosotros no ramos militantes, ramos simplemente personas que pensaban que un golpe de Estado es algo ilegal. Nuestro deber como marinos era defender al gobierno, poco importa cul fuera con tal que fuera elegido democrticamente. Esto es lo que hicimos y fuimos encarcelados por ello, recuerda.

Es en la prisin cuando se convierte en militante. En efecto, despus del golpe de Estado los presos polticos afluyen por cientos. Cada organizacin, en las prisiones o en los campos de concentracin en la que haba militantes encarcelados, mantena una estructura organizativa. Es, pues, por su contacto como nosotros empezamos a formarnos polticamente y a conocer lo que es la teora revolucionaria, el marxismo, etc.

Liberado en 1976, Carlos retoma enseguida contacto con algunos camaradas del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) a los que conoci en prisin. Vuelve a vivir en Santiago donde se incorpora a los movimientos sociales que surgen despus de la feroz represin que haba seguido al golpe de Estado. Hacia el 77-78 hubo una reactivacin, especialmente del movimiento sindical. Pero la oposicin no se detuvo ah: Como yo y otros compaeros tenamos una experiencia militar debido a nuestro paso por la Marina, el MIR nos propuso formar parte de un equipo de propaganda armada, un equipo de sabotaje. Y poco a poco comenzamos una guerrilla.

Contra la Gestapo chilena

Una guerrilla que aspiraba a desenmascarar los centros de tortura secretos de la dictadura, en la regin de Santiago y Valparaso principalmente. Organizamos dos ataques relmpago contra estos centros de tortura, unos atentados contra los principales responsables de las torturas de la dictadura. Pero este tipo de acciones no era lo cotidiano, no ocupbamos tambin de la vida poltica durante la resistencia y adems cada uno deba trabajar para vivir. Esto se pareca mucho a lo que hacan los Belgas, los franceses o los otros europeos contra la ocupacin nazi.

Entre las acciones dirigidas por esta clula figura el atentado de 1980 contra el teniente coronel Roger Vergara, director de la Escuela de enseanza del Ejrcito. Para Carlos, esto fue un acto poltico, decidido colectivamente. Habamos asesinado a un responsable de la Gestapo chilena compara.

Enseguida, la vida legal y la resistencia armada se hacen inconciliables. Carlos permanece, pues, en la clandestinidad. Pero esta situacin no durar por mucho tiempo, ser arrestado unos meses ms tarde, en enero de 1981.

Era un da normal, haba ido al cine y acababa de visitar a mi familia y al entrar en mi casa me tendieron una emboscada y me arrestaron junto a mi mujer y mi hija de un ao y medio Fue juzgado por un tribunal y condenado a cadena perpetua..

En 1992 se le conmuta la condena en dos penas de veinte aos de alejamiento, es decir cuarenta aos. Otros cumplieron penas ms cortas de cinco, diez o veinte aos de alejamiento y han vuelto o estn prximos a volver definitivamente. Algunos, siempre bajo fuertes medidas, pueden entrar en Chile por breves periodos de tiempo por razones humanitarias como la defuncin de un pariente. Yo no quiero matar a mi madre para poder regresar a mi casa, exclama Carlos.

Derecho a la resistencia

El pasado noviembre, cumpli su primera pena de veinte aos. Escribi una carta al presidente Sebastin Piera, a quien ha hecho que le llegara la carta en propia mano por la intermediacin del Cnsul honorario de Amberes, en Blgica. Hace veinte aos que estoy aqu, no es suficiente? Me gustara recuperar mi derecho a volver a mi casa. Aqu en Blgica dispongo de todos los derechos como cualquier otro ciudadano por qu no puedo disponer de ellos en mi propio pas? se pregunta.

Hoy, Carlos siente sorpresa por el hecho de que despus de todos estos aos, el poder poltico chileno se niega a reconocer que las personas que participaron en esta resistencia han ayudado enormemente a debilitar la dictadura. Esta misma dictadura que cada ao era condenada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero Pinochet y los suyos no escuchaban a nadie, las palabras no eran suficientes. Las condenas verbales, oficiales, diplomticas eran tiles pero no suficientes.

Y nosotros, dentro del pas, no tenamos el derecho de decidir lo que queramos hacer. Y ramos muchos los que nos organizamos para resistir. Pero nunca, ni a m, ni a todos los compaeros que yo conozco, se nos puede acusar de haber atentado contra un gobierno democrtico, legtimamente constituido. En ningn momento.

El 11 de septiembre de 2013, Chile conmemorar los cuarenta aos del golpe de Estado militar. Veintitrs aos despus del final de la dictadura, muchas heridas quedan por cerrar. Si nadie lo remedia, Carlos no volver a su pas antes de 2032, l tendr entonces 79 aos.

Fuente: http://www.lecourrier.ch/node/105200



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