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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2005

De Afganistn a Iraq y Siria
Democracia exportable

Rubn Martnez Dalmau
Grupo Correo


La situacin actual de Afganistn es indigna e injusta, aunque desde muchos lados se hacen esfuerzos para evitar enfrentarse a ella y que la realidad del pas salga a la luz pblica. Para los afganos no es nuevo, pues ya era indigna e injusta durante el gobierno talibn, incluso antes. La experiencia talibn es, con otros aspectos, responsable de que para una parte importante de la opinin pblica internacional gobierno islmico y gobierno terrorista sean fundamentalmente una misma cosa, gravsimo error. Pero el problema llega ahora, puesto que la legitimidad con la que Estados Unidos y los aliados ocuparon militarmente el pas, hace ya casi cuatro aos, y desalojaron a los talibanes, se basaba en la promesa de implantar un sistema democrtico. As, de golpe, como si la democracia se pudiera instalar de una vez y limpiamente, y su xito poco tuviera que ver con la tradicin institucional, los derechos humanos, la concienciacin ciudadana o la soberana.

Las cosas se han torcido en Afganistn y, en estos momentos, la divisin tribal, la corrupcin, la debilidad del gobierno, la revancha de la guerrilla y la violencia contra los derechos humanos siguen estando al orden del da. Los ms ingenuos esperaban que, con la aprobacin de la nueva Constitucin de redaccin vigilada por los aliados-, determinadas actitudes cambiaran de un plumazo. Si la experiencia poltica del siglo pasado ha demostrado algo en este aspecto es que realidad y teora constitucional deben ir cogidas de la mano para surtir los efectos de cambio que motiva toda revisin de la norma poltica suprema. Por eso, pocas cosas cambiaron despus de que, el pasado enero, el Presidente Hamid Karzai promulgara la nueva Constitucin democrtica. Apenas tres meses despus, una mujer mora lapidada pblicamente en manos de su marido y las autoridades locales, condenada por adulterio. "El caso de Amina demuestra que el gobierno afgano no protege a la poblacin y no garantiza la justicia ni la imparte, especialmente para las mujeres", ha denunciado Amnista Internacional.

La cruda realidad es que los afganos cumplieron su papel como cabeza de turco en esa jaura de fieras en que devinieron las relaciones internacionales tras el 11 de septiembre. No han sido los nicos. Como es de sobra conocido, Sadam Husein ejerca de tirano entre tiranos, pero si algo no poda acusarse al expresidente era de fomentar el integrismo musulmn. Por eso era tan difcil creer en una alianza natural entre Husein y Al Qaeda. Irak perteneca a ese grupo de pases de mayora musulmana donde, a diferencia de otros regmenes Marruecos, sin ir ms lejos, cuyo rey mantiene las ms altas funciones de gobierno al tiempo que es lder religioso del pas-, el gobierno no promova ninguna religin de Estado, lo que constitua un motivo entre los occidentales para defender la necesaria victoria de Irak sobre Irn por el bien del mundo en una guerra que ocup buena parte de la dcada de los ochenta. Por cierto, era el propio Jomeini el que acusaba a Baas, el partido nico de Sadam Husein, de prostituir el islam.

No parece creble que los norteamericanos ignorasen qu iba a ocurrir al abrir la caja de Pandora y desatar, sin un liderazgo firme y en un Estado donde no exista nacin, tensiones entre kurdos, chiitas y sunitas, musulmanes todos. El proceso electoral ha sido peligroso y poco creble, constituir gobierno una tarea ardua, y acabar con la violencia misin imposible. Realizar elecciones no es instituir la democracia, como tampoco lo ser la aprobacin de la Constitucin prometida. En estos momentos, en que los muertos se cuentan diariamente por decenas, Irak es un pas al borde de la guerra civil. Al igual que Afganistn, tambin Irak cumpli su papel en el nuevo escenario de las relaciones internacionales, aunque para satisfacer otro tipo de intereses.

Tras Afganistn e Irak, siguen siendo malos los augurios hacia la regin. Unas semanas atrs, los ojos de medio mundo apuntaron hacia las tropas sirias destacadas en el Lbano, las protestas de los libaneses y la presin internacional sobre Damasco para que desocupara el pas de los cedros. Durante dcadas, esas fuerzas permanecan en territorio libans sin levantar ningn tipo de reclamo que llegase a odos de la comunidad internacional. El asesinato del ex primer ministro libans, Rafik Hariri hizo estallar la voz de alarma, y una buena parte de la ciudadana mundial, ajena por completo al conflicto, supo de la existencia de soldados sirios en territorio libans. Es poco conocido el hecho de que fue la Liga rabe la que solicit a Siria el envo de tropas al Lbano en 1976, en el marco de la guerra civil que asol el pas, y que durante el complejo conflicto se alinearon y desalinearon varios bandos: sunitas, chitas, cristianos maronitas, palestinos...

En 1989, en Taif, Arabia Saudita, se reunieron los diputados libaneses para poner fin a la guerra civil, que haba durado diecisis aos, lo que fue seguido por una disminucin paulatina de la presencia militar siria en el Lbano, pero no de su retiro. De los 40.000 soldados sirios desplegados en aquella poca, en 2005 quedaban menos de 15.000. Es difcil menospreciar el trabajo de estas tropas como fuerzas de interposicin para la resolucin del sangriento conflicto libans, como tampoco puede obviarse que Damasco, con el beneplcito de determinadas lites libanesas, ha ejercido durante todos estos aos una influencia decisiva y de difcil legitimacin sobre el Lbano, aprovechando la situacin de inestabilidad de la zona y la presencia militar. La salida de las tropas sirias se decidi por la misma Liga rabe, y Naciones Unidas exigi la salida de los sirios en septiembre de 2004.

An hoy, nadie sabe quin asesin a Hariri, que de familia humilde pas a multimillonario y nunca fue un radical antisirio. El conocido como seor del Lbano poda tener muchos amigos, pero lo cierto es que tambin contaba con una larga lista de enemigos. Sobre los responsables, hay hiptesis para todos los gustos: desde los israeles hasta los propios servicios secretos libaneses, pasando por Hezbol o, cmo no, los sirios. Casi al mismo tiempo Estados Unidos anunciaba que Siria haba pasado a engrosar el eje del mal, del que tambin forma parte Irn. No puede olvidarse que los complicados entresijos de la relacin siriolibanesa se sitan en una regin dominada por el conflicto enquistado entre Israel y Palestina, otro que tambin cumple su papel. Desafortunadamente, en este caso las resoluciones de las Naciones Unidas no se cumplen, por mucho que presione la comunidad internacional.

Los norteamericanos no estn para gracias, y tanto Damasco como Tehern lo saben. Ni Siria ni Irn son modelos vlidos de democracia, ni en el mbito de los derechos humanos, ni en el de las elecciones transparentes, ni en el de la divisin de poderes. Pero no cabe la sorpresa: la gran parte de la poblacin mundial vive bajo regmenes que no aprobaran ningn examen en cuanto a estos aspectos. Ahora bien, que se preparen aquellos pueblos a los que norteamericanos y sus aliados impongan el modelo de democracia exportable, porque experimentarn sin intermediarios cmo cualquier situacin mala es susceptible de empeorar.






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