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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-01-2013

A propsito de la intervencin poltica
La parte del todo

Eduardo Lucita
Rebelin


El problema de intervencin poltica es a mi juicio uno de los problemas centrales que debe resolver la izquierda hoy. Intervenir con una visin estratgica en la coyuntura, reconociendo que esta no se da en las condiciones que nosotros quisiramos sino en las que estn determinadas por los condicionamientos del mercado mundial, la accin de los gobiernos y la relacin de fuerzas realmente existente.

Entindase bien no se trata negar que son los hombres los que hacen (hacemos) la historia como nos explicara Marx, pero s de reconocer que esto se da sobre una realidad objetiva, no la que quisiramos sino la que es tal como es.

No se trata de un problema meramente coyuntural. Pero para no caer en especulaciones tericas conviene poner la discusin en trminos actuales. Por ejemplo hace unos meses la portada de una revista de se preguntaba: Porqu criticar la minera a cielo abierto, el pago de la deuda ilegtima, la alianza con intendentes y gobernadores mafiosos, la entrega del petrleo y el oro a espaoles y canadienses es hacerle el juego o ser funcional a la derecha?

Se podra replicar Porqu apoyar las retenciones y la intervencin del Estado en la economa; la nacionalizacin de las AFJP o la parcial de YPF o la Ley de Medios; o caracterizar que las medidas tomadas por el gobierno para paliar el impacto de la crisis internacional en el 2009 dieron cierto resultado es ser kirchnerista o despertar expectativas en el gobierno? O Porqu cuando se plantea suspender los pagos de la deuda e investigarla se dice que es seguidismo de la centroizquierda, o no hay nada que investigar y nada que pagar? o porqu cuando se habla de la oposicin de derecha se responde sin demasiada argumentacin, la derecha es el gobierno?

Estos son los trminos de un debate que hoy est atravesando todos los colectivos sindicales, sociales y polticos. En poltica concreta muestra las dificultades para caracterizar el perodo, cmo analizar las contradicciones interburguesas y cmo pararse frente a un gobierno que no es fcil de encasillar. Para los trabajadores y otros sectores explotados y oprimidos segn como se resuelva este debate ser la forma de intervencin poltica en una coyuntura de relaciones de fuerzas desfavorable, donde la iniciativa, aun en un marco de debilidad relativa, la tiene el gobierno.

Si se profundiza el anlisis lo que est en juego es nada menos que el concepto independencia de clase Es sinnimo de neutralidad o indiferencia a como se resuelvan los conflictos interburgueses en juego? Las contradicciones interburguesas no tienen importancia ms que para caracterizar la situacin poltica o para mostrar su crisis? La poltica de la izquierda es solo el apoyo a los conflictos sociales y la bsqueda de la tan meneada unidad? Dnde queda la poltica entonces?

La concepcin que domina este escrito es la de darle prioridad a la poltica, lo que implica romper con el economicismo que ha condicionado fuertemente las prcticas de la izquierda. Aportar a su comprensin como una formulacin que se mueve con cierta autonoma de estos condicionamientos es el objetivo de estas lneas.

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Con la salida de la convertibilidad -suspensin unilateral de los pagos de la deuda y megadevaluacin mediante- la economa, en trminos capitalistas, se normaliz. En paralelo el tandem Duhalde-Kirchner logr reponer la voz de orden y mando del Estado. As el juego de las instituciones del rgimen, no sin dificultades, volvi a reinar.

Las excepcionales condiciones del mercado mundial, favorecieron el ciclo expansivo de la economa iniciado a mediados del 2002, mientras que las polticas estatales puestas en prctica desde el 2003 en adelante, resultaron decisivas para el fuerte crecimiento verificado desde entonces. Pero no fue solo esto, la fraccin poltica que se hiciera cargo del Estado no se limit a administrar la crisis, tambin recre las condiciones ms all de la coyuntura. Y lo hizo en forma totalmente diferenciada de las anteriores administraciones.*

Si el alfonsinismo busc canalizar las contradicciones y tensiones de la sociedad hacia las instituciones del rgimen revalorizando los partidos, el menemismo hizo poltica desde la economa, la ms de las veces ninguneando a las instituciones y abjurando de los partidos. Por el contrario el kirchnerismo hace poltica desde la poltica, con o sin las instituciones, con o sin los partidos y da batalla en todos los frentes [1] . Claro que en todos los casos hay medidas o inacciones que limitan esos logros aunque no invalidan la orientacin general [2]

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Los cambios en el mercado mundial que se verificaron desde el 2003 en adelante han presidido los cambios internos, pero es necesario entender que enfrentamos una administracin que los ha comprendido, los ha acompaado y profundizado con polticas locales muchas veces funcionales a esas tendencias y otras con algunas contradicciones. No se trata de un gobierno antiimperialista, pero s de que tiene roces crecientes con el imperialismo. Si se compara sin prejuicios se ver que el kirchnerismo se enfrenta con las mismas corporaciones que lo hizo el alfonsinismo [3] .

No obstante mayores niveles de ocupacin, de salarios e ingresos populares, por lo tanto mayor mercado interno, constituyen avances relativos que mejoran relativamente las condiciones en que viven y reproducen su existencia las clases trabajadoras, pero no implican necesariamente cambios estructurales profundos [4] .

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Desde el 2003 se ha hecho cargo de la administracin del Estado una fraccin poltica burguesa que no acta por conviccin sino por necesidad, pero que cuando esta necesidad se le presenta la salida en la mayora de los casos no es la que le proponen los organismos internacionales y la oposicin derechista. Por el contrario lo que destaca es la mayor intervencin del Estado, y es esa intervencin la fuente de la politizacin creciente que vive nuestra sociedad.

Ascenso del capital productivo, mayor intervencin estatal, dinamizacin del mercado interno, fuerte recambio generacional en los lugares de trabajo, en las barriadas, en las organizaciones, marcan un cambio de escenario, que se ha acentuado en los ltimos aos y cuyo rasgo distintivo es el regreso de la poltica.

Es este cambio de escenario, que debiera haber llevado a una renovacin de la estrategia y de las formas de intervencin, el que presenta un desafo no menor para la izquierda, que la ms de las veces parece prisionera de una retrica simblica que termina creando su propia realidad, sin acertar una caracterizacin del kirchnerismo, tampoco de la etapa. Esto es particularmente notorio en la izquierda partidaria que, encerrada en un doctrinarismo sin perspectivas o en una independencia de clase en abstracto, no alcanza a ver las oportunidades que surgen de las disputas interburguesas. Tampoco a comprender que en la mayora de los casos los trabajadores y los sectores populares no son indiferentes a como estas disputas se resuelvan. Mientras que lo que se conoce como nueva izquierda suele estar ms cerca de caracterizaciones acertadas aunque muchas veces, no siempre, prisionera del antiestatalismo propio del neo-anarquismo de extraccin pequeo-burguesa de este tiempo. No alcanza a comprender la importancia de la poltica en la construccin de alternativas.

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Si alguna virtud tuvo la izquierda revolucionaria que intentamos construir en los aos 60 y 70 del siglo pasado, es que en su ruptura con el reformismo, de corte estalinista o socialdemcrata, puso en el centro del debate el problema del poder. Ms all de la discusin sobre las vas y los tiempos el problema del poder define los campos y ordena la accin poltica. Es necesario conocer la formacin social, la estructura de clases, definir la poltica de alianzas, las clases y fracciones amigas y enemigas, y sobre todo las que hay que neutralizar, y como se mueven en cada coyuntura. En sntesis es la base para hacer poltica.

La regresin impuesta por ms de tres dcadas de neoliberalismo hace que se haya vuelto a la lgica del programa mnimo y mximo. Al sindicalismo y reivindicacionismo por un lado y al ideologismo y al socialismo o al cambio social por el otro. En el medio el campo de la poltica, el terreno donde se procesa todo cambio de conciencia, ha quedado vacante.

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La cultura dominante intenta evitar la politizacin de las clases subalternas, busca tambin escindir la economa de lo poltico, a la par que establece como momentos diferenciados conocimiento e interpretacin por un lado y transformaciones por el otro. Por el contrario la intervencin de la izquierda para ser efectiva requiere comprender que no hay tal escisin, tampoco dos momentos, sino que es un proceso nico que no se da en abstracto, sino asentado en procesos reales. Estos procesos encierran tambin la contradiccin entre la lucha sindical y el reivindicacionismo de los movimientos sociopolticos-culturales, que finalmente resultan absorbidos o neutralizados por el capital y su Estado, y la confrontacin de clase.

La experiencia nos indica que esas luchas no escapan a los lmites del reivindicacionismo y corporativismo. Por el contrario solo la poltica logra que los sujetos sociales superen esos lmites. Claro que una cosa es enunciarlo tericamente y otra la accin prctica concreta. Hay una tensin recurrente entre estos dos trminos de la ecuacin, que no se resuelve en el marco de las conceptualizaciones tericas sino en el campo experimental de la lucha concreta.

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Con Marx sabemos que la economa es decisiva, pero solo en ltima instancia, por lo que la accin poltica aunque se referencie en el terreno de la economa y sus relaciones siempre mantiene cierto grado de autonoma. No comprender esto nos ha hecho caer en concepciones deterministas que han sido, y son, fuente de desviaciones oportunistas y economicistas, ideologistas y voluntaristas, que ms de una vez hizo que en aras del desarrollo de las fuerzas productivas se abandonara toda concepcin anticapitalista o que fracciones de la izquierda se lanzaran a una politizacin sin referencias de clase contenedoras [5] .

Entendemos que la accin poltica debe partir de reconocer la centralidad del trabajo en nuestra sociedad del capital. Lo que no implica en absoluto el simplismo del reduccionismo fabril, pero s que es el anclaje que garantiza la independencia de clase, y a travs del cual los sujetos sociales protagnicos toman conciencia de su protagonismo y del papel que juegan en las contradicciones de la sociedad. Precisamente es la politizacin la que permite elevar el nivel de conciencia y comprensin de los individuos elevndolos a la accin colectiva.

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El nuevo escenario de la pos-convertibilidad, que algunos caracterizamos como neodesarrollismo nos ha replanteado ese desafo. Desafo que se ha acentuado en los ltimos aos, ms cuando como ya hemos dicho estamos frente a un gobierno que hace poltica cotidianamente, con todos sus actos y cualquiera fueran las circunstancias. La poltica fue el rasgo distintivo que presidi todos sus actos y acciones.

Hoy el neodesarrollismo, surgido de las propias relaciones del neoliberalismo est encontrando all sus propios lmites. Y estos han comenzado a manifestarse con fuerza en el tercer perodo kirchnerista, se ha ingresado en una fase de estancamiento, tanto por las presiones de la crisis mundial como por propias contradicciones del modelo y limitaciones de clase del gobierno.

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Se abren entonces nuevas oportunidades de intervencin en la crisis, si somos capaces de ver los cambios que la misma conlleva y a condicin de que sepamos diferenciar los lmites orgnicos de aquellos ocasionales o momentneos, tambin diferenciar como se ejerce la dominacin en cada momento, si prima la coercin o el consenso. Para no caer en ultimatismos estriles es necesario distinguir los lmites histricos de aquellos movimientos de coyuntura a los que el capital puede recurrir.

No pareciera posible volver a las altas tasas de crecimiento de la economa. No es solo el condicionamiento de la crisis mundial, la reindustrializacin est trabada; el desarrollo por la va de inversiones externas no parece tener viabilidad; la tasa de desocupacin difcilmente baje mucho ms, la recuperacin salarial est estancada, la precarizacin es un nuevo precio de la economa. La pobreza se ha instalado con un piso no inferior al 20% de la poblacin. En este contexto el extractivismo seguir siendo el recurso al que recurrir la burguesa, para sostener un crecimiento ramplom, o una recuperacin, aunque de bases malsanas.

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En estas condiciones las reformas progresistas que buscan paliar la situacin no encuentran demasiadas posibilidades. Lo que est planteando la crisis en ciernes es un programa de lo que llamamos reformas no reformistas. Se trata de reformas inscriptas en la lgica transicional. Claro est que en un perodo en que no est en juego el poder pero si cambiar la relacin de fuerzas sociales y elevar el nivel de conciencia, para abrir nuevas posibilidades. Reformas que para sostenerse en el tiempo requieren de nuevas reformas que terminen cuestionando el orden establecido por el capital.

La poltica entonces no es solo la cuestin electoral, de la que soy partidario, como de hacer todos los esfuerzos y acuerdos necesarios para participar con las mayores posibilidades. No comparto la idea de abandonar el terreno donde dominan los dominadores. Pero es poltica tambin, y fundamentalmente, la accin de disputar polticas pblicas para enfrentar los grandes problemas nacionales y tambin dar respuesta a las necesidades inmediatas de los trabajadores y los sectores populares, a condicin que estas demandas las elevemos de su nivel reivindicatorio [6] .

En nuestra comprensin no se trata solo la disputa en el nivel estatal y de las instituciones del rgimen, es tambin que las propuestas deben ir acompaadas de una convocatoria al ms amplio protagonismo social, en trminos de control de trabajadores y usuarios, y cuando cuadre de la comunidad misma. Y esto nos vuelve a plantear los trminos de nuestra intervencin en el movimiento social en su conjunto. Debemos interpelarlo con nuestras propuestas pero tambin estar dispuestos a escuchar e incorporar las demandas y cuestionamientos que de all provengan. La democratizacin de todas las relaciones forma parte tambin del todo de esta poltica, porque se trata de cambiar la relacin de fuerzas sociales y crear fuerza social impugnadora del orden capitalista existente.

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Si quisiramos sintetizar el desafo, se trata de la articulacin del anlisis de una situacin econmica dada con la accin poltica concreta y el protagonismo social que busca transformarla.

Enero 2013.

  * He dado una caracterizacin del kirchnerismo en Economa y poltica en la administracin kirchnerista, Anuario EDI n 5, Septiembre 2010 y en 10 aos de kirchnerismo entrevista Revista Sudestada n 115, Diciembre 2012, por lo que no considero necesario abundar demasiado aqu.



[1] Capturando renta extraordinaria y recuperando para el Estado la administracin de la seguridad social (nico pas en el mundo que la reestatiz); ampliando derechos (Ley de Medios, Matrimonio Igualitario, Voto voluntario a los 16, Muerte Digna, Identidad de Gnero, Ftbol para Todos) ampliando la democracia anulando los indultos e impulsando los juicios a los genocidas; reestatizando algn sector cuando no le queda otra salida.

[2] Por ejemplo la Ley Antiterrorista, las modificaciones a la de Riesgos del Trabajo, la judicializacin de la protesta, la falta de aplicacin de los artculos no judicializados de la Ley de Medios, trabas al proyecto de ley de acceso a la informacin; ciertos condicionamientos a la poltica partidaria, etc.

[3] Con excepcin de las FFAA que lo resolvi el menemismo. El reciente conflicto con gendarmes y prefectos, se parece ms a los que tuvieron Correa y Chvez con las respectivas Guardias Nacionales, que a los viejos conflictos con las FFAA.

[4] Es que hay continuidades y rupturas. El bloque de clases dominantes es el mismo que se consolidara en los 90 pero hubo cambios en el orden interno de ese bloque, hoy lo preside el capital productivo. Si se comparan estticamente la estructura del PBI y de las exportaciones entre 1998 (ao ms elevado de la convertibilidad) y el 2011 punto ms punto menos no hay grandes modificaciones. Por el contrario si se analiza dinmicamente el ciclo expansivo 2003-2011 se comprueba que salvo en los primeros momentos es el sector industrial el que dinamiza el crecimiento de la economa. Esto ha tenido un impacto social no menor.

[5] Por ejemplo ciertos posicionamientos de izquierda pro-K detrs de un movimiento nacional inexistente; ir detrs de la SR o declararse neutrales frente a una puja interburguesa cuando la crisis por la Resol. 125; adherir al concepto liberal de libertad de prensa en el debate por la Ley de Medios; cuando la reestatizacin parcial de YPF o la reforma de la Carta Orgnica del BCRA .

[6] Es decir no se trata solo de luchar por una mejora del sistema ferroviario, sino de discutir que papel tendra un ferrocarril estatal en el marco de un Programa Nacional de Transporte. No es solo bregar por la nacionalizacin total de YPF sino de proponer un Plan Energtico Nacional; no es solo combatir la inflacin con control de precios, sino de controlar los costos de produccin y distribucin de las formadoras de precios, estableciendo la razonabilidad en las tasas de ganancias y ajustar los salarios peridicamente de acuerdo a un ndice de inflacin real; frente a los lmites en la creacin de empleo hay que hacer cumplir la jornada legal de 8 horas, pero no hay otra salida efectiva que la reduccin de la jornada laboral y el reaparto del trabajo existente. Una nueva ley de entidades financieras es necesaria pero la salida de fondo pasa como mnimo por la estatizacin de los depsitos en camino a la nacionalizacin del sistema financiero todo; Y un largo etctera .

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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