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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2013

Revolucin en el Reino de Arabia Saud?
Bruce Riedel, de Brookings, incita a intensificar el apoyo a los dspotas saudes

Glenn Greenwald
The Guardian/ICH

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Cuando se habla de la comunidad de poltica exterior de EE.UU., pocas personas, o ninguna, la representa mejor que Bruce Riedel. Funcionario de la CIA durante 30 aos y consejero por lo menos de cuatro presidentes de EE.UU., es un investigador asociado a la Brookings Institution, fundada por el magnate de la entretencin Haim Saban (a quien el New York Times describi como un incansable porrista a favor de Israel y que se describi a s mismo diciendo: Soy un tipo de un solo tema y mi tema es Israel). En 2012, Riedel colabor en un libro de eruditos de Brookings sobre Irn que argumentaron que EE.UU. podra lanzar una guerra contra Irn provocando clandestinamente a su gobierno reacciones que luego podran ser falsamente presentadas por EE.UU. al mundo como un acto no provocado de agresin iran, exactamente lo que Ken Pollack de Brookings propuso que se hiciera en 2002 para justificar engaosamente el ataque a Irak. Segn Brookings, en enero de 2009, el presidente Barack Obama pidi a Riedel que presidiera un estudio de poltica estadounidense respecto a Afganistn y Pakistn, cuyos resultados fueron anunciados por el presidente en un discurso el 27 de marzo de 2009.

Cuando hablan en pblico, los especialistas de la Comunidad de Poltica Exterior cuya funcin primordial es justificar el militarismo y la agresin estadounidense disimulan tpicamente sus verdaderas creencias y objetivos con una ofuscadora jerga especializada. Pero de vez en cuando, sufren un estallido de candor poco caracterstico que aclara su verdadera visin del mundo. Es el caso en un memorando notablemente claro dirigido al presidente Obama que Riedel acaba de escribir, y que fue publicado por Brookings, sobre la alianza ntima de EE.UU. con el rgimen de Arabia Saud.

Riedel comienza sealando que Arabia Saud es la ltima monarqua absoluta del mundo y como Luis XIV, el rey Abdal goza de autoridad total. Adems, la familia real saud no ha mostrado ningn inters por compartir el poder o por una legislatura elegida. El rgimen saud no solo impone una represin total a su propio pueblo, sino que tambin es vital, argumenta, para el sostenimiento de la tirana en mltiples Estados vecinos: ha ayudado a que la revolucin no haya derrocado a ningn monarca rabe y los otros monarcas de Arabia estaran inevitablemente en peligro si la revolucin llegara a Arabia Saud. Especficamente:

La minora sun de Bahrin no podra durar sin dinero y tanques saudes. Catar, Kuwait y los Emiratos rabes Unidos con ciudades-Estados que no podran defenderse contra un rgimen revolucionario saud, a pesar de todo su dinero.

Por lo tanto qu debera hacer EE.UU., Lder del Mundo Libre y autoproclamado Proveedor de Libertad y Democracia, ante el extremo sufrimiento y la represin impuestos por la monarqua saud en mltiples pases? Para Riedel, la respuesta es obvia: trabajar an ms duro, hacer incluso ms para fortalecer al rgimen saud as como a las tiranas vecinas a fin de aplastar el Despertar rabe y asegurar que la revolucin democrtica no pueda tener xito en esas naciones.

Riedel argumenta de manera estridente que EE.UU. se debe mantener resueltamente opuesto a cualesquiera revoluciones democrticas de la regin. El motivo es que Arabia Saud es el ms antiguo aliado de EE.UU. en Medio Oriente, una cooperacin que se remonta a 1945. Por lo tanto, ya que los intereses estadounidenses estn tan ntimamente ligados a la Casa de Saud, EE.UU. no tiene la alternativa de distanciarse de ella en un esfuerzo por colocarse al lado correcto de la historia.

En su lugar, insiste, aunque Obama debera alentar al rey saud a acelerar las modestas reformas que ha apoyado en abstracto, el principio predominante que impulse las acciones de EE.UU. debera ser que el derrocamiento de la monarqua representara un serio revs para la posicin de EE.UU. en la regin y suministrara un drstico golpe de fortuna estratgico para Irn. Y EE.UU. no solo debera reforzar la dictadura saud, sino que adems debe estar dispuesto a apoyar a los reinos y territorios vecinos gobernados por jeques. Como escribi un corresponsal bahrein sobre este memorando de Riedel: Brookings dice bsicamente a Obama que se asegure que sigamos gobernados por regmenes dictatoriales.

Lo nico que no est claro respecto al memorando de Riedel es por qu percibe alguna urgencia de escribirlo. Como seala, la poltica de EE.UU. desde hace tiempo ha sido, y sigue siendo, exactamente lo que propugna: asegurar que el pueblo de Arabia Saud siga tiranizado por esa monarqua:

El defensor crtico del rgimen debera ser la Guardia Nacional. El rey Abdal ha pasado su vida en la construccin de esa fuerza pretoriana de elite. EE.UU. la ha entrenado y equipado con decenas de miles de millones de dlares en helicpteros y vehculos blindados.

La semana pasada, el presidente Obama subray cun crtica es su alianza con la Casa de Saud al hacer algo que pocas veces hace un presidente de EE.UU.: recibi en el Despacho Oval no a otro jefe de Estado sino a un simple ministro (el ministro saud del Interior, prncipe Mohammed bin Nayef bin Abdulaziz Al-Saud). Posteriormente, la Casa Blanca proclam que Obama y el prncipe saud afirmaron la slida cooperacin entre EE.UU. y Arabia Saud.

Por cierto, el gobierno de Obama ha prodigado continuamente al reino saud una cantidad rcord de armas y ha hecho lo mismo por la tirana bahrein. Ha hecho todo esto mientras mantena alianzas ms estrechas que nunca con los dspotas de los Estados del Golfo que aplastan los movimientos democrticos de sus propios pueblos.

Como siempre, la justificacin de este inalterable apoyo estadounidense a la tirana rabe es dudosa, por decir lo menos. Riedel seala que mientras EE.UU. puede vivir sin petrleo saud, China, India, Japn y Europa no pueden, pero es absurdo pensar que quienquiera que gobierne Arabia Saud se negara a vender petrleo en el mercado mundial. Riedel tambin argumenta que la guerra de la CIA contra al Qaida depende considerablemente del Reino, lo que se acerca ms a la verdad, pero solo muestra que esa interminable guerra es el motivo de la mayora de los desmanes de EE.UU. en la regin, y es ciertamente irnico que el nico gobierno con vnculos vlidos con los perpetradores del 11-S se haya convertido en el mejor aliado de EE.UU. en la guerra contra el terror, mientras gobiernos sin semejantes vnculos comenzando por Irn se han convertido en perpetuos enemigos de EE.UU.

Riedel tambin dice que los saudes tambin han sido protagonistas claves durante dcadas en la contencin de Irn. Pero cuando se trata de represin y tirana, Irn por atroz que llegue a ser su rgimen no se compara con los saudes. No hay ningn motivo para ver a Irn como un implacable enemigo de EE.UU., y ciertamente no es ninguna justificacin para imponer una tirana absoluta a millones de personas en el mundo rabe solo porque esos regmenes tambin son hostiles a Irn.

Pero, como destaqu la semana pasada, en este caso no se trata de objetar el apoyo de EE.UU. a los peores dictadores del mundo, sino instar a que esta realidad se reconozca. A pesar de esta verdad evidente -que EE.UU. no tiene objecin alguna a la tirana sino que le agrada y la apoya cuando los tiranos son fieles a sus intereses hordas de expertos en poltica exterior pretenden desvergonzadamente que EE.UU. y sus aliados de la OTAN estn comprometidos con extender la libertad y la democracia y combaten el despotismo a fin de justificar cada nueva intervencin de EE.UU. y la OTAN.

Basta con escuchar la retrica evidentemente engaosa proveniente de dirigentes polticos de EE.UU. y sus sirvientes en la Comunidad de la Poltica Exterior cuando se trata de protestar contra regmenes antiestadounidenses en Libia, Siria e Irn. El hecho de que EE.UU. y sus aliados de la OTAN -ardientes benefactores de los peores tiranos del mundo se opongan a esos regmenes diciendo que se preocupan por la democracia y los derechos humanos es una hipocresa tan obvia que simplemente es increble que haya personas dispuestas a propugnarlo en pblico y mantengan una cara seria. Incluso Riedel seala la verdadera razn de esas intervenciones: los saudes, escribe, son pragmticos y han apoyado las revoluciones de Libia y Siria que debilitan a antiguos enemigos del Reino, especialmente Irn.

La misma retrica ftil aparece en el debate sobre la intervencin en Mal. Los mismos pases que arman a los peores abusadores de los derechos humanos en el continente africano se vanaglorian al mismo tiempo de ser cruzados por los derechos humanos al bombardear Mal. Mientras tanto, los que sealan que el bombardeo de musulmanes en otro pas ms ser utilizado por al Qaida para fortalecerse an ms como dice el New York Times la repercusin puede acabar siendo peor que la amenaza original son predeciblemente tachados de simpatizantes del terrorismo por los autoproclamados expertos de la Comunidad de la Poltica Exterior que existen para justificar el militarismo de EE.UU. y la OTAN (vea aqu y aqu como ejemplos).

Es el mismo debate distorsionado, flagrantemente propagandstico, que ha tenido lugar durante dcadas. As es como George Bush y Tony Blair, amigos de los saudes, pudieron decir a sus ciudadanos que su antiguo aliado, Sadam Hussein, deba ser atacado y derrocado en parte por ser tan tirnico (citando abusos de los derechos humanos que tuvieron lugar cuando estaba apoyado por EE.UU. y sus aliados de la OTAN). Y es as como los que denunciaron todas las contradicciones e hipocresas en las que se basaban esas afirmaciones a favor de la libertad fueron sistemticamente calumniados como favorables a Sadam.

Crticamente, esta propaganda sobre el compromiso con los derechos humanos y la democracia de EE.UU. y sus aliados de la OTAN apunta, y solo afecta, a las poblaciones interiores de esos pases. La gente de la regin en la cual esas polticas favorables a las tiranas son impuestas por miembros de la OTAN es perfectamente consciente de esta realidad, como demuestran claramente los sondeos de opinin. Pero cuando existe un masivo aparato de autoproclamados expertos que se califican de Comunidad de la Poltica Exterior para propagar estos mitos, y los medios estadounidenses que tambin ven el mundo a travs del prisma del gobierno de EE.UU., es fcil ver por qu esos mitos, por evidentemente absurdos que sean, tienen tanto efecto. El hecho de que pueda existir un memorando como el de Riedel, que explica con tanta claridad la poltica de apoyo de EE.UU. a las peores tiranas que sirven sus intereses, y aparezca junto a la interminable retrica estadounidense favorable a la guerra sobre la urgencia de luchar por la libertad y la democracia, es un testimonio excepcional de esa produccin de mitos.

2013 Guardian News and Media

Glenn Greenwald es exabogado constitucionalista estadounidense, columnista, bloguero y escritor. Trabaj como abogado especializado en derechos civiles y constitucionales antes de convertirse en colaborador de Salon.com , donde se centr en el anlisis de temas polticos y jurdicos. Tambin ha colaborado en otros peridicos y revistas de informacin poltica como The New York Times, Los Angeles Times, The Guardian, The American Conservative, The National Interest e In These Times. En agosto de 2012, dej Salon para colaborar en The Guardian.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article33747.htm

rCR



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