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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-01-2013

La izquierda y las viejas nuevas guerras

Javier Couso
La pupila insomne


En la izquierda nuestra hay cuestiones que permiten separar el grano de la paja en lo que a las actitudes morales se refiere. Cuba tiene esa capacidad. Su Revolucin y como nos relacionamos con ella hace caer muchas mscaras entre los que prefieren la actitud progre de lo polticamente correcto a la defensa del bsico antiimperialismo.

Hoy, la mayor de las Antillas comparte con Venezuela y los pases del ALBA esa funcin tamizadora. Afortunadamente cada da est menos sola y parece que va ganando la batalla contra la inquina del mayor Imperio global conocido.

Con las nuevas guerras pasa lo mismo, asistimos a la fragmentacin de la izquierda mundial con gravsimas diferencias. Una parte de la gente de izquierda, mucha buena gente, ha sucumbido al aplauso de las operaciones de cambio de gobierno desarrolladas por actores imperiales y neocoloniales utilizando y parasitando las legtimas aspiraciones de pueblos enteros.

Como se demostr en la agresin que destruy la Repblica Federal de Yugoslavia, no se pueden avalar intervenciones brutales que se enmascaran en la supuesta defensa de los Derechos Humanos por parte de los que no los cumplen jams y cuyos pretextos, no pocas veces, son fabricados en operaciones de bandera falsa.

Apoyar aunque sea tcitamente el llamado deber de injerencia es no darse cuenta de que se est ayudando a romper la arquitectura bsica emanada de los procesos descolonizadores, esa que dio carta de naturaleza al derecho de no intervencin en los asuntos internos de los estados soberanos.

Hace 10 aos estaba claro, la izquierda al unsono y un importante nmero de la poblacin mundial nos manifestamos contra la agresin a Irak. No, no defendamos a Sadam, el antiguo ttere que se us como ariete contra Irn, ese que haca escala en Arabia Saud para bombardear, ese que utilizaba la tortura y la persecucin, NO, ninguno lo defendamos.

Estbamos contra el desmantelamiento de lo que quedaba de ese estado laico nacido del panarabismo socialista que se alz contra el colonialismo en toda la regin. Nos manifestbamos contra la destruccin de la sanidad pblica, contra la privatizacin de la industria del petroleo, contra los bombardeos que sabamos seran la puntilla de un embargo que haba matado a cientos de miles de nias y nios iraqus.

Por eso no entiendo la comprensin de parte de la izquierda ante el uso de las milicias integristas de la versin ms reaccionaria del islam, el de las satrapas sauds y qatars. A pesar de Gadafi, a pesar de Assad.

Dnde estn ahora los que pedan una intervencin en Libia? Los que espolearon y dieron ptina de moralidad a los bombardeos de antiguas potencias europeas con sueo de renovada grandeur, esos cnicos gobernantes occidentales que lanzaban a unos jvenes contra otros como carne barata para el asador estratgico.

Ya no ogo hablar de Libia, ni de su desastre, ni de la vuelta al tribalismo, a la persecucin, a los reinos de taifas en lo que antes era un estado laico, s, gobernado como un cortijo, pero mejor que el caos de ahora donde siguen las torturas, las ejecuciones, los bombardeos con armas qumicas,

Es lo mismo que pas en Irak tras la invasin. Yo lo vi con mis propios ojos, en 2004, en 2005 y en 2008. Vi una sociedad destruida, con dificultades en el acceso al agua potable, con cortes en la luz elctrica, con mafias, con delincuencia, con trata de blancas, vi la vuelta de enfermedades erradicadas como el clera. Escuch lo que me decan muchos iraqus: que los invasores haban hecho bueno a Sadam, que cualquier cosa era mejor que ese amenaza estadounidense, hoy cumplida, de hacer retroceder al pas cientos de aos.

En estos meses contemplo Siria con horror. Rastreo en las informaciones convertidas en propaganda. En nuestro lado, en nuestra prensa, esa que est de parte de los llamados rebeldes, que informa basndose en fuentes que estn en Londres y que no son verificables. Del otro lado, busco a Sana, RT o TeleSur. Intento desgranar la realidad que se nos escapa en medio de tantas operaciones psicolgicas que son propias de cualquier guerra.

Trato de ver los vdeos del denominado Ejrcito Libre Sirio y me espeluzno. Es su propio material y no dejo de ver a salafistas y a gentes del takfir. Los aspirantes al califato islmico, perfectos peones usados para desestabilizar. A veces veo tambin gente que parece estar luchando de buena fe, pero son los menos y la verdad, no percibo que tengan el peso protagnico.

Tambin veo vdeos del Ejrcito rabe Sirio, imgenes que se me hurtan en la inmensa mayora de los informativos. Veo las miserias blicas, pero tambin soldados de extraccin popular combatiendo calle a calle y como son recibidos por miles en barrios de diferentes ciudades. Y otra vez me digo, no es tan fcil.

Lo que me sorprende es la inopia de algunos que parecen no ver la mano negra del Golfo, de Turqua, de Francia, en su batalla contra Irn y contra la resistencia libanesa o en la pretensin de cortar la salida al mar Mediterrneo de Rusia. Todo, intereses geopolticos que sustituyeron hace tiempo cualquier aspiracin popular.

Y tiemblo, no por Assad, no por su cortijo de mierda, sino por el estado rabe laico donde conviven distintas etnias y religiones, mal que bien, pero conviven. Y me viene otra vez a la cabeza Irak, su desastre, la divisin confesional y sectaria de un tablero desmembrado y desestabilizado, como le gustaba al Imperio Britnico, como le gusta a sus herederos.

Por eso, no contis conmigo. No quiero formar parte de la coartada supuestamente humanitaria de las grandes potencias para decidir quien es el malvado de turno, ni ser parte de esa izquierda que tolera las nuevas formas de intervencin del imperialismo, del viejo colonialismo de siempre.

Fuente original: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2013/01/16/la-izquierda-y-las-viejas-nuevas-guerras/



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