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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-01-2013

Nuestras protestas deben anular los intereses de los combustibles fsiles que bloquean a Barack Obama

Bill McKibben
Sin Permiso

Traduccin para www.sinpermiso.info : Lucas Antn


Por lo general, el cambio se produce con mucha lentitud, aun cuando la gente ms seria haya decidido ya que existe un problema. As sucede, en un pas tan grande como los Estados Unidos, debido a que la opinin pblica se mueve en forma de lenta corriente. Puesto que, por definicin, el cambio requiere ir en contra de poderosos intereses establecidos, puede que hagan falta decenas de aos para que estas corrientes erosionen la fortaleza de los intereses especiales.

Tomemos, por ejemplo, "el problema de nuestras escuelas". No se preocupen de si haba en realidad un problema, o de si hacer que todos los estudiantes dediquen sus aos escolares a rellenar tests normalizados lo ha resuelto. Pensemos solo en la cronologa. En 1983, despus de algunos aos para que los expertos se aclarasen la garganta, la Comisin Carnegie public "A Nation at Risk" [Un pas en peligro], insistiendo en que una "creciente marea de mediocridad" amenazaba nuestras escuelas. Las mayores fundaciones y la gente ms rica del pas despert a la accin y durante tres dcadas nos aplicamos entrecortadamente a una serie de reparaciones y reformas. Tuvimos Race to the Top [Carrera a la Cumbre, concurso escolar del Departamento de Educacin para promover innovaciones y reformas], y Teach for America [Ensear por Norteamrica, ONG que recluta a recin licenciados para ensear en comunidades de bajos ingresos], y estatutos y vales escolares, y todava estamos metidos en lo de "arreglar" la educacin, muchas generaciones de estudiantes despus.

Aun encarando problemas que son innegablemente reales la discriminacin contra la comunidad homosexual, pongamos por caso- se puede defender que el cambio gradual ha sido en realidad la mejor opcin. Si algn mtico Tribunal Supremo progresista hubiera declarado legal, en 1990, el matrimonio homosexual en el pas, la reaccin en contra habra sido rauda y contundente. Desde luego, puede aducirse que yendo de estado en estado (empezando por estados ms sagaces y pequeos como Vermont) se ha conseguido un feliz resultado ms slido a medida que cambiaba la cultura y las nuevas generaciones se hacan mayores.

Lo que no significa decir que no hubiera millones de personas que han sufrido de resultas de ello: las ha habido. Pero nuestras sociedades estn hechas para moverse despacio. Las instituciones humanas tienden a trabajar mejor cuando disponen de aos o hasta de dcadas para llevar a cabo correcciones graduales de rumbo, cuando el tiempo suaviza los conflictos entre la gente.

Y esa ha sido siempre la dificultad respecto al cambio climtico, el mayor problema al que hayamos tenido alguna vez que enfrentarnos. No es una lucha, como la reforma educativa o el aborto o el matrimonio de los homosexuales, entre grupos en conflicto con opiniones en conflicto. No podra ser ms distinto en un plano fundamental.

Estamos hablando de una lucha entre los seres humanos y la fsica. Y la fsica no tiene el ms mnimo inters en los calendarios humanos. A la fsica no puede importarle menos si una actuacin brusca hace subir los precios del gas, o daa a la industria del carbn en estados electoralmente indecisos. No podra importarle menos si ponerle un precio al carbono ralentiza el ritmo de desarrollo de China y hace menos rentable la industria agropecuaria.

La fsica no entiende que la accin rpida sobre el clima amenaza el negocio ms lucrativo de la Tierra, el sector de combustibles fsiles. Es implacable. Toma el dixido de carbono que producimos y lo traduce en calor, lo que quiere decir en hielo que se funde y tormentas que se forman. Y a diferencia de otros problemas, cuanto menos haces, peor se vuelve. Y si no se hace nada, te encuentras de pronto con una pesadilla.

Podramos demorar la reforma sanitaria durante diez aos y el precio sera terrible, con todo ese sufrimiento al que no responderamos en esos diez aos. Pero cuando volviramos a ello, el problema vendra ser de las mismas dimensiones. Con el cambio climtico, a menos que actuemos con bastante prontitud para responder al calendario que impone la fsica, no hay mucha razn para actuar en absoluto.

A menos que se comprendan estas distinciones, no se entiende el cambio climtico, y no est nada claro que el presidente Obama lo entienda.

Por esa razn es por la que su administracin siente ese fastidio cuando no consigue el crdito que cree merecer por enfrentarse al asunto en su primer mandato presidencial. La medida que sealan con ms frecuencia es el aumento del ahorro medio de combustible en automviles, que ir entrando lentamente en vigor a lo largo del prximo decenio.

Precisamente es el tipo de transformacin gradual que a la gente y a los polticos les gusta. Deberamos haberlo adoptado hace mucho tiempo (y lo habramos adoptado, salvo que desafiaba el poder de Detroit y sus sindicatos, y as tanto los republicanos como los demcratas lo mantuvieron a raya). Pero aqu viene lo terrible: ya no es una medida que le impresione a la fsica. Al fin y al cabo, la fsica no va por ah bromeando o negociando. Mientras discutamos si el cambio climtico era siquiera un tema al que se le poda permitir aparecer en la ltima campaa presidencial, se estaba fundiendo el rtico. Si vamos a ralentizarlo, tenemos que recortar la emisiones a escala global a un ritmo sensacional, algo as como un 5% anual, para que suponga una verdadera diferencia.

No es culpa de Obama que no est pasando esto. Consideremos el momento en el que el gran presidente del siglo pasado, Franklin Delano Roosevelt, hubo de enfrentarse a un implacable enemigo, Adolf Hitler (lo ms anlogo a la fsica que podamos imaginar, en el sentido de que era enloquecidamente solipsista, aunque en su caso tambin era un malvado). Ni siquiera cuando los ejrcitos alemanes haban empezado ya a rodar por toda Europa, consigui FDR, con todo, hacer acopio de fuerzas para que Norteamrica se levantara del sof y luchara.

Exista incluso en aquel entonces el equivalente de los negacionistas del cambio climtico, encantados de defender que Hitler no representaba ninguna amenaza para Norteamrica. Ciertamente, en algunos casos se trataba de idnticas instituciones. La Cmara de Comercio norteamericana, por ejemplo, se opuso de manera estentrea a la Ley de Prstamos y Arriendos [de 1941 para ayudar a la Gran Bretaa en guerra]. .

De modo que Roosevelt hizo todo lo que le permita su autoridad, y luego cuando Pearl Harbor le ofreci su momento, empuj con toda la fuerza que poda. Fuerza significaba, por ejemplo, decirle a las empresas de automviles que quedaban fuera del negocio de coches durante algn tiempo para pasar, en cambio, a la fabricacin de tanques y aviones de combate.

Para Obama, enfrentado a un Congreso comprado por el sector de combustibles fsiles, un enfoque realista consistira en hacer absolutamente todo lo que pudiera con su autoridad: nuevas regulaciones de la EPA (Environment Protection Agency, la Agencia de Proteccin Medioambiental del gobierno federal), por ejemplo; y, por supuesto, debera denegar el permiso para tender el oleoducto de arenas alquitranadas Keystone XL, algo para lo que no requiere permiso alguno de John Boehner [el republicano que preside la Cmara de Representantes] ni del resto del Congreso.

Hasta ahora, sin embargo, ha sido, en el mejor de los casos, tibio cuando se trata de dichas medidas. La Casa Blanca, por poner un caso, desautoriz la propuesta de la EPA de mayor regulacin sobre ozono y smog en 2011, y el ao pasado abri el rtico a la perforacin petrolfera, al tiempo que venda a precio de ganga vastas extensiones de la cuenca del ro Powder, en el estado de Wyoming, a la minera del carbn.

Su Departamento de Estado meti la pata en las negociaciones globales sobre cambio climtico. (Es difcil recordar un fracaso diplomtico de mayor perfil que el de la cumbre de Copenhague). Y hoy Washington bulle de rumores de que aprobar el oleoducto Keystone, que podra transportar 900,000 barriles diarios del crudo ms sucio de la Tierra. Casi gota por gota, es la cantidad que ahorraran sus nuevas regulacin de ahorro de consumo en automviles.

Si Obama fuera serio, estara haciendo algo ms que lo fcil y obvio. Ira buscando ese momento de Pearl Harbor. Sabe Dios que tuvo su oportunidad en 2012: el ao ms clido de la historia de los Estados Unidos continentales, la mayor sequa de su vida, y un deshielo del rtico tan grave que el principal cientfico del gobierno federal para el cambio climtico lo declar emergencia planetaria.

De hecho, ni siquiera pareci darse cuenta de estos fenmenos, haciendo campaa para un segundo mandato como si estuviera en una burbuja de aire acondicionado, hasta cuando la gente se desmayaba en masa a causa del calor. A lo largo de la campaa de 2012, sigui declarando su amor por una poltica energtica de todo lo antedicho, en la que aparentemente el petrleo y el gas natural eran exactamente igual de benficos que el sol y el viento.

Slo al final mismo de su campaa, cuando pareci que el huracn Sandy presentaba una abertura poltica, dio indicios de aprovecharla, y su personal permiti que los informadores se enterasen, sin atribuirlo a ninguna fuente, de que el cambio climtico sera ya una de sus tres prioridades ms importantes (o quizs cuatro, despus de la matanza de Newton) de un segundo mandato.

Es un comienzo, supongo, pero resulta muy diferente a decirles a las empresas automovilsticas que haran mejor en reequiparse para producir turbinas elicas en masa.

Y en cualquier caso, lo retir a la primera oportunidad. En su rueda de prensa posterior a las elecciones, anunci que el cambio climtico era "de verdad", sealando su acuerdo, digamos, con el presidente George H. W. Bush en 1988. Por deferencia a las "futuras generaciones", estuvo asimismo de acuerdo en "hacer ms". Pero enfrentarse al cambio climtico, aadi, entraara "duras opciones polticas". Desde luego, demasiado duras, parece, pues estas eran sus lneas clave:

"Creo que ahora mismo el pueblo norteamericano ha estado tan centrado y seguir tan centrado en nuestra economa y empleo y crecimiento que si el mensaje es de alguna manera que vamos a ignorar el empleo y el crecimiento para afrontar simplemente el cambio climtico, no creo yo que nadie se apunte a esto. Yo no ira por ah".

Es como si Winston Churchill, primer ministro britnico durante la II Guerra Mundial, hubiera declarado:

"No tengo nada ms que ofrecer que sangre, trabajo, lgrimas y sudor. Y sabe Dios que eso no cosecha muchos votos, as que mejor nos olvidamos".

Al presidente hay que presionarle para que haga todo lo que pueda y ms. Es por lo que miles de nosotros descenderemos sobre Washington, D.C., el fin de semana previo al Da del Presidente [jura del cargo], en lo que constituir la mayor manifestacin medioambiental en muchos aos. Pero existe otra posibilidad que hemos de considerar: que no est quizs a la altura de esta tarea y que tengamos nosotros que hacerlo por l, lo mejor que podamos.

Si no se enfrenta l al sector de los combustibles fsiles, lo haremos nosotros. Es la razn por la que los activos movimientos de desinversin de 192 campus de todo el pas estn haciendo todo lo que pueden para poner de manifiesto que el sector de combustibles fsiles amenaza su futuro. Si l no utiliza nuestra posicin como superpotencia para sacar las negociaciones internacionales sobre cambio climticos del barro, lo intentaremos nosotros.. Es por lo que la gente joven de 190 pases se va a reunir en Estambul en junio en un esfuerzo por sacarle los colores a las Naciones Unidas para que acten. Si no escucha l a los cientficos como los 20 climatlogos ms importantes que le dijeron que el oleoducto Keystone es un error , en ese caso los cientficos ms relevantes tendrn cada vez ms claro que tienen que propiciar que les detengan para dejar clara su postura.

Quienes figuramos en el creciente movimiento contra el cambio climtico, nos movemos con toda la rapidez y contundencia que sabemos (aunque no tanto, me temo, como exige la fsica). Tal vez si vamos lo bastante rpido, hasta este pacientsimo presidente acabar atrapado por esta ola. Pero no es que le estemos esperando. No podemos.

Bill McKibben , es un conocido medioambientalista estadounidense, especialmente respetado por sus escritos sobre el cambio climtico. Actualmente es Schumann Distinguished Scholar en el Middlebury College, Vermont.

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5633

 



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