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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2013

Algunas notas a dos interesantes ensayos de Claudio Katz y de Eduardo Lucita

Guillermo Almeyra
El Correo


Anatoma del Kirchnerismo, de Claudio Katz y La parte del todo (a propsito de la intervencin poltica), de Eduardo Lucita.

En primer lugar quiero destacar que concuerdo con Claudio Katz y con Eduardo Lucita, compaeros y amigos, en la eleccin de sus respectivos temas, que son muy importantes, y en la sana decisin de iniciar una discusin esclarecedora sobre algunas de las cuestiones estratgicas fundamentales para los anticapitalistas en Argentina (y conste que no digo izquierda porque el trmino es demasiado amplio y ambiguo y en esa casilla no son todos los que estn).

Adems, estoy de acuerdo tambin con buena parte de lo que dicen ambos ensayos y, por consiguiente, me limitar en estas notas a discutir algunas formulaciones que, creo no son claras o son errneas y a desarrollar algunas partes que, a mi juicio, son importantes pero estn apenas esbozadas.

Dos de las premisas de Claudio Katz son, a mi juicio, discutibles. Para m, el rgimen cristinista no es neopopulista ni el gobierno es de centroizquierda. El concepto de populismo puede servir para darle un modus vivendi a ese legtimo discpulo de Abelardo Ramos que es Ernesto Laclau y puede cubrir con su bruma terica la pereza mental y la ignorancia de los periodistas, incapaces de definir y clasificar los fenmenos sociales, pero debe ser erradicado del vocabulario de los marxistas, el cual debe ser preciso.

Primero, porque populismo es una categora passe-partout, cajn de sastre, donde entra todo, como en la vidriera del tango Cambalache (Stalin, Lzaro Crdenas, Pern y Castro, Togliatti, Mao y Chvez, la Thatcher y De Gaulle, Cristina y Macri y un largo etctera). Y, en segundo lugar, porque no evita los problemas de clasificacin: hay muchas especies de mamferos pero saber que el ornitorrinco es uno de ellos no nos evita ver sus particularidades si queremos estudiarlo porque all tendremos que adjetivar y decir que es ovparo, que tiene pico de pato y membranas en las patas, como las aves acuticas, aunque tenga pelambre. Para conocer por consiguiente ese ornitorrinco que es el cristinismo, ese gobierno capitalista reaccionario con una poltica distributiva y asistencial atpica en la actualidad, nos sirven mucho ms que los trminos impresionistas los escritos de Gramsci sobre los lmites del cesarismo y del bonapartismo y, sobre todo, el estudio hecho por Trotsky sobre el bonapartismo sui generis en algunos momentos de la lucha en los pases dependientes, formulados ante el ejemplo del ms progresista de esos bonapartismos, el de Lzaro Crdenas en el Mxico de 1936.

Contrariamente a lo que dice Claudio, el bonapartismo no trata slo de la influencia de las fuerzas armadas, como corporacin ultrarreaccionaria, sobre los gobiernos burgueses. En primer lugar, porque en ciertos momentos histricos, en los pases dependientes esas fuerzas armadas se dividen y de su seno emergen tendencias nacionalistas de diversa orientacin (nacionalistas reaccionarias, en el caso de Pern o nacionalistas progresistas, en el de Chvez, el general boliviano Juan J. Torres, el peruano Juan Velasco Alvarado). Trotsky, con su idea del bonapartismo sui generis trata de analizar sobre todo a los gobiernos capitalistas sustitutivos y promotores de las burguesas nacionales raquticas, que quieren reforzarlas mediante el aparato estatal y, para eso, contienen a los trabajadores, los encierran en el plano asistencial y de las reformas y se apoyan electoralmente en ellos al mismo tiempo que tratan de impedir su independencia poltica de clase.

Claudio habla de la oscilacin de Cristina Fernndez, tal como oscilaba Pern, entre sus enemigos de extrema derecha y el gran capital nacional y extranjero, y su base obrera y popular, pero tanto en un caso como en el otro el pndulo del gobierno peronista o cristinista termina siempre del lado del capital. Por eso no es tampoco un gobierno de centroizquierda aunque, dado que el centro en la Argentina (salvo Proyecto Sur y cuatro o cinco ms) est tan a la derecha, y que la derecha clsica y tradicional ha sido siempre ultraderecha caverncola desde principios del siglo pasado, puede suceder que, por ilusin ptica, un gobierno de centroderecha defensor del gran capital aparezca en el 2013 en Argentina como de centroizquierda, por contraste con los monstruos del pasado reciente. Pero las calificaciones de izquierda, centro, derecha, son simples trminos de relacin, no etiquetas absolutas. Se es de izquierda con relacin a algo y Hitler estaba a la izquierda de Gengis Khan.

Creo que en todo esto hay dos problemas de fondo que los partidos que dicen ser trotskistas no tratan: uno es el carcter de la fase mundial actual de la ofensiva capitalista. Estamos ante una gran derrota mundial de los trabajadores, que se baten en retirada perdiendo sus tradicionales armas ideolgicas y su coordinacin. En Grecia los banqueros proponen el trabajo gratuito de los desocupados, por la comida (o sea, la vuelta a la esclavitud o, mejor dicho, la incorporacin de la esclavitud en Europa, donde haba desaparecido en el Bajo Medioevo). Los puntos ms altos de las luchas son las revoluciones democrticas (como la Primavera rabe) o las luchas defensivas, para conservar el empleo o tener alguna mejora, en Grecia y en China. En ninguna parte del mundo hay una situacin revolucionaria o prerrevolucionaria o un movimiento anticapitalista de masa. La aplastante mayora de los trabajadores, incluso entre los ms combativos, se fija an como marco natural el capitalismo y como objetivo un capitalista distributivo, justicialista (no la eliminacin de raz de las injusticias implcitas en un sistema de explotacin). La conciencia est, en el mejor de los casos, en un nivel nacionalista (abierto por lo tanto a la xenofobia) y reformista.

La influencia mundial del capitalismo no consiste, pues, slo en los efectos de la crisis de la economa a nivel planetario : se apoya sobre todo en la hegemona cultural e ideolgica burguesa, en la dominacin, de la que forman parte el Estado y el gobierno cristinistas.

El obrerismo combativo o la propaganda socialista para el Gran Da Futuro no bastan: no hay una educacin socialista constante de los trabajadores, una crtica constante de la vida cotidiana, una discusin constante sobre la posibilidad de una alternativa anticapitalista, pero no realizada en general, como declaracin, sino desarrollando proyectos alternativos viables.

Cristina tiene el consenso pasivo de la mayora de los trabajadores por las mismas razones que lo tena Pern: porque entre el gobierno burgus y reaccionario y los trabajadores que, en su accin diaria, enfrentan parcialmente al capital, hay un doble lazo, ideolgico y organizativo. Ideolgico la idea de la inexistencia de las clases a la Laclau, la de la movilidad social (el deseo ilusorio de tener un tallercito o un kiosco y dejar de laburar), la idea de que somos todos argentinos que une con las empresas (dominadas por el capital extranjero) y separa de los trabajadores latinoamericanos (bolivianos o paraguayos). Y organizativo: el lado burgus de los obreros como dueos de su fuerza de trabajo que negocian en el mercado les lleva a tolerar a las burocracias sindicales en nombre de la eficacia de su lucha econmica y de su autodefensa, que refuerzan la separacin entre ocupados en blanco y en negro, tercerizados y de planta, ocupados y desocupados y transmiten los valores burgueses, porque la burocracia es parte del aparato burgus de dominacin.

Es cierto que, como explica Eduardo Lucita, no todos los gatos son pardos. Los diversos grupos burgueses en choque no tienen la misma poltica salvo en lo que se refiere a tratar de asegurar la supervivencia del sistema y, ms concretamente, la rentabilidad de los empresarios- y sus diferentes lneas afectan de manera muy diferenciada a los trabajadores.

En efecto, habra que ser completamente idiota para pensar que es lo mismo tener a Videla en la Rosada que al liberal Alfonsn. Sin embargo, no faltan los primitivos que dicen que entre bueyes no hay cornadas y que todos son iguales porque todos son capitalistas. Hacer poltica es tambin, como dice Eduardo, entrar en las contradicciones intercapitalistas, aprovecharlas, sin perder la independencia. Los bolcheviques, por ejemplo, entre las dos grandes revoluciones entraron en la Duma al igual que el partido burgus de los Cadetes, al cual tuvieron que poner fuera de la ley, al igual que la Duma misma despus de la Revolucin de Octubre, porque los obreros y campesinos tenan entonces sus Consejos.

Eso no quiere decir apoyar a un grupo progresista de centroderecha como mal menor frente al grupo de la oligarqua y la extrema derecha. Los llamados males menores abren el camino a los mayores: lo que se necesita es una poltica independiente de clase que ensee a golpear juntos sobre un punto concreto, manteniendo sin embargo todas las crticas al que, en ese punto, momentneamente coincide con algunos de los intereses inmediatos de los trabajadores que, no hay que olvidarlo, son tambin consumidores que quieren mantener su nivel de vida as como tambin demcratas, que quieren mantener sus servicios sociales y sus conquistas democrticas y, por lo tanto, no ponen un signo de igual entre los diferentes frentes burgueses.

Precisamente porque Argentina est inmersa en el mundo y no en Marte y, con sus caractersticas y ritmos propios, los trabajadores argentinos participan de la derrota histrica del proletariado mundial y estn tratando an de reconquistar lo perdido a partir de los setenta y precisamente porque entre los trabajadores y el gobierno bonapartista sui generis cristinista- que prescinde de ellos para intentar apoyarse en un aparato propio- existe an el lazo del consenso ideolgico masivo antes mencionado, se ilusionan gravemente los que creen que el descontento por salarios, impuestos, caresta de la vida y el debilitamiento y fraccionamiento de la burocracia sindical, abandonada por sus patrones, les abre directamente el camino al crecimiento.

El combativismo sindical y la utilizacin poltica en general de los sindicatos como centro de oposicin a las medidas de los gobiernos peronistas no llevan inmediatamente a la ruptura con las bases de ste sino que son slo su base indispensable. Todava hay que dar el salto de la posicin sindical elemental de clase a la oposicin consciente de clase, a la independencia poltica, a la bsqueda de una alternativa al sistema. Eso requiere una actividad terica, educativa en la prctica y una actividad agitativa-poltica de parte de los revolucionarios.

El PO es un reloj roto fijo a las 12 y anuncia siempre el Medioda de la lucha de clases. La locura ultraizquierdista permanente de su gur y su oportunismo y la cerrazn sectaria de la organizacin la tornan impermeable a una incomprensin de las tareas actuales. El FIT, que es una mera alianza electoral entre fuerzas totalmente heterogneas, no es un centro poltico ni puede serlo. Quedan pues los que en el campo del marxismo, o en el del sindicalismo (la Juventud Sindical, por ejemplo) o en los movimientos estudiantil y urbano que antes eran autonomistas, como Marea, tratan de confrontar la accin del capitalismo y del gobierno cristinista.

Por el carcter de la fase actual y por el hecho de que este es un ao electoral, es inevitable aprovechar tambin el terreno de las elecciones, combinado con el de la lucha sindical y por las reivindicaciones de los trabajadores, en el sentido ms general del trmino (desocupados y ocupados, en negro y en blanco, asalariados de todo tipo, sectores ms pobres de las clases medias rurales y urbanas, estudiantes y profesionales, etc) para utilizar las elecciones para la movilizacin y la educacin poltica anticapitalista y no terminar mendigando un voto para Altamira hasta a la peores reaccionarios. En una palabra, los ms inteligentes y honestos entre los integrantes del FIT deberan ver a Marea y hasta a la Juventud Sindical como aliados electorales potenciales, con quienes discutir algunos puntos comunes y avanzar en comn aunque sea unos metros, y no como competidores.

Las reformas no reformistas (inaceptables por el capital) que plantea Lucita son, sin duda, la herramienta para ayudar a vastas capas a avanzar polticamente y a comprobar en su propia prctica que una alternativa anticapitalista es posible. Creo que la Nota 6 [1], al pie, en su interesante documento, debera ser desarrollada y explicada como un artculo especial porque tiene una grandsima importancia poltica y terica y permite construir un programa de transicin aqu y ahora, como decan los viejos socialistas, en vez de repetir meramente el Programa de Transicin escrito por Trotsky en 1938, en otra situacin mundial y para otro proletariado.

Nota:

[1] La parte del todo (a propsito de la intervencin poltica). Nota N 6: Es decir no se trata solo de luchar por una mejora del sistema ferroviario, sino de discutir que papel tendra un ferrocarril estatal en el marco de un Programa Nacional de Transporte. No es solo bregar por la nacionalizacin total de YPF sino de proponer un Plan Energtico Nacional; no es solo combatir la inflacin con control de precios, sino de controlar los costos de produccin y distribucin de las formadoras de precios, estableciendo la razonabilidad en las tasas de ganancias y ajustar los salarios peridicamente de acuerdo a un ndice de inflacin real; frente a los lmites en la creacin de empleo hay que hacer cumplir la jornada legal de 8 horas, pero no hay otra salida efectiva que la reduccin de la jornada laboral y el reaparto del trabajo existente. Una nueva ley de entidades financieras es necesaria pero la salida de fondo pasa como mnimo por la estatizacin de los depsitos en camino a la nacionalizacin del sistema financiero todo; Y un largo etctera.

Fuente: El Correo. Pars, 31 de enero de 2013.



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