Las cosas no son siempre como parecen. Y si nos centramos en los medios de comunicación de masas, yo diría más. Las cosas no son, solo parecen. Esta es su función: crear un discurso sobre la realidad partiendo de imágenes de la realidad misma, para transmitir una idea preconcebida de como funciona el mundo. Todo lo que aparece en la televisión, desde el primer fotograma al último, es ficción. Las imágenes son escogidas o desechadas para servir a ese discurso, las palabras de presentadores, tertulianos e invitados se articulan con el fin de contribuir a ese discurso. Nadie dice la verdad. Todos hablan para representar a un personaje que encaje en esa gran farsa.
Y el objetivo de esta farsa, claro, se podría sintetizar de la siguiente manera. Se trata de hacernos creer que vivimos en una democracia, donde rige la libertad y la pluralidad. Todo el mundo tiene su voz, toda voz tiene su espacio.
Pero a finales de 2012, La Sexta fue absorbida por Antena 3, no mucho tiempo después de la fusión entre Tele 5 y Cuatro. Y es que la realidad es obstinada y le cuesta mucho hacerse invisible así como así. A veces emerge, en este caso para recordarnos que los medios de comunicación son empresas, y como tal están sujetos a las mismas dinámicas que cualquier empresa.
La concentración de capital es un proceso propio del capitalismo. Aún más en épocas de crisis como la que estamos viviendo, y el sector de los medios de comunicación está profundamente inmerso en dicha crisis. El resultado es un entramado de medios de todo tipo esparcidos por la geografía del Estado español, no solo televisiones, también radios y prensa escrita, detrás del cual se esconden poco más de una docena de grandes grupos empresariales, algunos interrelacionados, que controlan, en la práctica, la producción de esa gran ficción que conocemos como realidad.
¿Se volverá el Wyoming de derechas? No lo pensamos. Sea lo que sea lo que produzca una empresa, está obligada a concurrir en un mercado delimitado, donde deberá competir por alcanzar el máximo de cuota posible. De hecho, las fusiones forman parte también de esta dinámica. Cuando una empresa absorbe otra, no compra solo unos medios de producción, compra también su cuota de mercado. Esa cuota tiene unas características determinadas, de ahí que el nuevo dueño intentará mantener la identidad de la empresa adquirida para preservar la fidelidad de los clientes.
Contradicción sobre contradicción. Los “progres” pueden respirar tranquilos. Seguiremos disfrutando de unos medios de comunicación libres y plurales, fiel reflejo de una democracia moderna como la nuestra.