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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-02-2013

Hermandades y corrupcin

Vctor Alonso Rocafort
Colectivo Novecento


Hoy al Partido Popular se le exige que abandone el gobierno por un caso de corrupcin que afecta de lleno a toda su cpula, incluido al presidente. Ayer era la federacin bipartita que gobierna Catalua la que tena grandes problemas con comisiones y cuentas suizas. Y el principal partido de la oposicin, todava con un largo historial a cuestas, no logra quedar exento de dificultades. Es preciso no generalizar y decir bien alto que otros partidos no se han corrompido a esos niveles. Que hay representantes, de unos y de otros, que se preocupan por mantener los vnculos democrticos con la ciudadana. Sin embargo da miedo pensar que los partidos ms acosados por la corrupcin son, casualmente, los que han tocado poder.

Lo que quiero indicar aqu, partiendo de un modelo que hunde sus races en la Grecia antigua, es que los partidos de nuestro pas funcionan como hermandades. Con las distinciones de intensidad ya indicadas. Esto nos permitir comprender mucho mejor sus reacciones, previstas ayer casi al milmetro en el caso del PP por analistas como Carlos E. Cu (reaccionarn como una pia) o Isaac Rosa (lo negarn todo). Es el funcionamiento esencial de los partidos, por tanto, lo que se debe cambiar.

La nmesis de la hermandad es la amistad, de ah que la comparacin entre ambas pueda iluminar mejor estas cuestiones. La amistad como explican Aristteles o Cicern entre los clsicos, y Hannah Arendt, Jacques Derrida o Emilio Lled entre los contemporneos permite vnculos selectivos y libres entre individuos. Su cultivo, como el de la democracia, depende del da a da; entre sus condicionantes est el que tu amigo no cometa lo que consideras una grave injusticia. La hermandad, por el contrario, se sustenta en vnculos de sangre inquebrantables; es por ello que si un hermano comete una injusticia, se silencia o se le apoya sin fisuras.

La amistad permite la diferencia; es ms, la celebra, por lo que difcilmente surgir a su alrededor una organizacin repleta de temores y silencios. Si mi amigo difiere en mi posicin en algn punto, la doctrina clsica establece que el que pueda manifestarla y actuar conforme a ella engrandece nuestra confianza, nuestro entendimiento y nuestra libertad. La lealtad, al contrario que la fidelidad perruna, ofrece un apoyo slido a la vez que permite un espacio para diferenciarse y no obedecer sin pensar. Es por ello que si mi amigo pretende incendiar el Senado, declara el republicano Cicern, por muy leal que le sea no lo seguir; es ms, tratar de impedrselo o lo denunciar. La ruptura de la amistad tambin es libre.

La hermandad sin embargo se basa en criterios tan ajenos a la libre eleccin como el sanguneo. En ella se rinde culto a la homogeneidad y la obediencia. En una hermandad se promete el calor de un grupo cerrado donde como en un escuadrn ante la batalla militar supone abandonar la fra soledad moderna. Se marcha y se canta conjuntamente; la movilizacin es perpetua, se repudia al traidor que no repite bien la letra y se busca desesperadamente al enemigo. Tras el lder paternal que, como todo dolo, si cae es reemplazado enseguida por otro solo hay jerarquas de hermanos mayores escalonados a los que obedecer entre soterradas pugnas por el delfinato. Y aqu hablamos de los puestos directivos del partido, tan desconectados del resto de seguidores como las estrellas de rock lo estn de sus fans en un estadio. Siguiendo el modelo fraterno, los cuadros dirigentes de los partidos tratan de hablar con una sola voz, persiguen el disenso interno y defienden hasta la evidencia a cada culpable de una injusticia entre sus filas.

Desde tiempos inmemoriales las hermandades han sido un modelo de agrupamiento poltico entre los seres humanos. Los llamados tiempos heroicos, tan bien narrados por Homero, estaban dominados por fratras (hermandades) de nobles varones que tenan derechos polticos exclusivos. Tierra, sangre y religin se unan en ellos: dominaban amplios latifundios, estaban ligados por un mismo linaje y solo ellos tenan funciones sacerdotales.

Ya en el siglo dieciocho, algunos ilustrados del Sur de Europa como Giambattista Vico, disconformes con el rumbo que tomaba la moderna construccin europea, criticaron el retorno de este modelo fraterno a los nuevos Estados-nacin: se era ciudadano por razn de tierra, sangre y (extraoficialmente, en una secularizacin fallida) religin. El ius soli y el ius sanguini se marcaron a fuego en nuestros cdigos civiles, mientras la matriz cristiana de Europa todava la discuten sabios de la Unin Europea que se oponen al ingreso de los infieles turcos. Por eso tenemos Centros de Internamiento para Extranjeros que no son ciudadanos, por eso hay redadas xenfobas y deportamos.

Finalmente el modelo fraterno, tan unitario para los de dentro, tan exclusivo para los de fuera, se hizo puro en los movimientos totalitarios de la primera mitad del siglo veinte. Su influencia perme sobre el resto de partidos de masas, entonces en expansin. El contigo o contra m, las purgas y el terror al disenso interno, las rgidas jerarquas, el esquema de lderes idolatrados frente a seguidores, marcaron en diversos grados a unos y otros. El dogma o la marca religiosa se sustitua por la ideolgica; la tierra se dilua en lo nacional mientras el componente sanguneo se reforzaba: los militantes eran como hermanos de sangre. No haba hueco para aquella amistad poltica que clsicos y humanistas tanto haban defendido. Con razn los espritus ms libres de aquel tiempo fueron asociados a la disidencia.

El modelo de partido imperante, que copian los sindicatos mayoritarios y otros grupos de poder en nuestras instituciones pblicas, bebe de esas fuentes. Debe por tanto cambiar. En otros pases se dieron cuenta de ello, y ciertas medidas han tratado de atemperar un modelo que sepulta el debate y la libertad interna. En Espaa, sin embargo, todo se ha ido haciendo cada vez ms cerrado, ms jerrquico, ms silencioso. Funciona la omert. Incluso el partido ms revolucionario, de plegarse al medio ambiente y replicar este modo de funcionamiento, antes o despus se ver un da tapando algn escndalo de su direccin.

Ser capaz una futura unin de izquierdas en este pas, animada por las demandas ciudadanas, dar con la tecla para organizarse de un modo plural y democrtico? Calara el ejemplo? Seremos capaces de cultivar la amistad poltica, de respetar la libertad de cada cual y el respeto a lo que consideremos justo una vez nos agrupemos polticamente?

Hoy estamos todava lejos de estas expectativas; unos ms que otros. Por eso el Partido Popular, como la ms frrea de las hermandades, trata de cerrar filas y que nadie repita mal la letra, que nadie se exprese en libertad para decir la verdad. Como los viejos mantras ideolgicos de los ms fanticos, los argumentarios partidistas se alejan de la realidad. El que se atreva a murmurar que el emperador est desnudo quedar manchado, se le perseguir por disidente. Pero las grietas son mltiples y ya hay quien se desmarca, las evidencias pronto darn lugar al juego de los dolos cados, de los traidores, de las nuevas fidelidades. Las sectas y las mafias son modelos extremos de hermandad. Tambin las fraternidades estudiantiles, o las propias hermandades religiosas armadas sobre las que tanto sabemos en Espaa. De todos ellos se pueden extraer lecciones para comprender lo incomprensible: que el Partido Popular no pida disculpas, que no destituya a su direccin para, acto seguido, reorganizar de un modo honesto a la derecha de este pas.

Mariano Rajoy debe dimitir, aunque en una democracia no tendramos que esperar su decisin; los ciudadanos deberamos tener mecanismos para destituirlo. Es preciso convocar as nuevas elecciones. Es ms, los partidos polticos deberan facilitar un proceso constituyente donde su propia transformacin est incluida para ayudar a abrir el camino, esta vez s, hacia la democracia.

http://colectivonovecento.org/2013/02/01/hermandades-y-corrupcion/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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