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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2013

Paz tambin es dignidad

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


No se puede jugar a la guerra y poner quejas cuando la muerte aparece contra quienes la juegan. Cuando la muerte viene, lo mejor para derrotarla, lo viable y necesario es acabar la guerra, es desactivar su maquinaria, abrirle espacio a la paz es cerrarle el paso a la muerte. No se puede jugar a la guerra con las cartas de la muerte marcadas a favor y anunciar la paz para esquivar las miradas que miran a los que disparan. No se puede seguir jugando a la guerra con balas de verdad y seguir ocultando el desastre y la vergenza con el doble discurso de la mano tendida y el pulso firme. Es claro para los excluidos, los marginados, los empobrecidos, los silenciados, los desarmados y ahora los armados que es la hora de la paz en Colombia. Hay coincidencias de que no es una paz a cualquier precio, no al precio de propiciar beneficios polticos a unos y rentas a los otros y en cambio de silenciar a los dems. Las cinco dcadas de guerra parecen suficientes para que los mayores, los que ponen reglas, orientan discusiones, gobiernan y representan a los que tienen un inclaudicable espritu de guerra que entiendan que los jvenes y la niez no pueden seguir esperando eternamente que cambie el camino de obstculos que les impide vivir en presente y les elimina el futuro.

En 2012 Colombia alcanz el puesto 144 entre 158 pases sobre los que se aplic el ndice de Paz Global de las Naciones Unidas. Las tablas marcan a un pas en rojo en mxima alerta de inviabilidad, que comparte posiciones con Chad, Libia, Siria, Somalia y Afganistn de los que la prensa oficial no cesa de informar y mantener vivas las imgenes de la muerte. Los noticieros registran aviones bombardeando, tropas disparando, estelas de humo en todas partes, cuerpos arrastrndose. De Colombia en cambio escasamente se sabe en presente de cifras parciales, de tropas con corazones pintados y alentados por la fe en una causa interminable, difusa, que pocos entienden que no es otra cosa que asesinar con eficacia, destruir para llegar a la victoria.

En los ltimos 3 aos el comportamiento de la paz ha ido en retroceso, pas del puesto 130 en 2009 y 139 en 2010 y 2011 al 144. Va ganado la muerte, es mejor la capacidad de la guerra, ms sangre derramada en las filas de hermanos colombianos, todos salidos de la clase social que esta por fuera del poder. En el mismo tiempo en cambio la economa regentada por la clase vinculada al poder ha logrado estabilidad en los niveles de crecimiento real del PIB con un 4.4% en 2009, 3.9% en 2010 y 2011 y superior al 3.6% en 2012 (datos del economist). La tendencia en la ltima dcada se mantiene en los dos aspectos: Paz en detrimento y mercados en crecimiento. La confianza inversionista se levant sobre las cifras de la muerte, entr a hacer parte de la cotidianidad creer que a ms enemigos liquidados mayor seguridad y prosperidad colectiva. Sin embargo la realidad muestra que aumento la concentracin de la riqueza a la par con el sostenimiento de los volmenes de pobreza, no hubo redistribucin de la riqueza conquistada, ni el capital producido sirvi para rebajar los indicadores de la guerra. Las compaas extranjeras ampliaron su participacin en la extraccin y explotacin de recursos pero no ofrecieron empleo, ni condiciones de mejor bienestar o redistribucin de las riquezas extradas al suelo, subsuelo y patrimonio de la nacin.

A 2012 las empresas extranjeras se muestran posicionadas en el pas con un crecimiento de sus inversiones que pasaron de 10.620 millones de dlares en 2008 a colocarse por encima de 13.000 millones de dlares en 2012 (datos de proexport). Lo ms significativo es que los excedentes obtenidos resultan inmorales en un pas de guerra. Por cada dlar invertido obtienen otro dlar de ganancias, que no son reinvertidas en Colombia, si no que alimentan los capitales privados de inversionistas que a la manera de los mercenarios no les importa el pas que les da la confianza y menos la estela de dolor y sufrimiento que dejan a su paso, para ellos por encima de la vida humana y del equilibrio del planeta importan los negocios, los buenos negocios. Adems cuentan con el vertiginoso papel del capital financiero para el que se produjeron reformas especiales a costa de miles de empleados despedidos y de eliminar del sector los derechos (para ellos barreras) que permitieron la privatizacin de los bancos nacionales dando mayor libertad y garantas a la banca trasnacional que ha universalizado los negocios con exorbitantes ganancias que los peridicos oficiales sealan con grandes titulares de primera pgina destacando el xito inmoral del capital, mientras en letra pequea anuncian las prdidas sufridas por los dbiles ahorros de asalariados, de pensiones de jubilados, de recursos de sanidad, educacin y desalojo de viviendas de quienes no lograron pagar los impagables intereses.

El ndice de paz global mide el nmero de muertos en la guerra, el nmero de homicidios, el nmero de desplazados, el nivel de criminalidad, el nivel de respeto por los derechos humanos, el gasto militar, el nmero de personal militar, el nmero de personas encarceladas, las compras de armamento y el nivel del conflicto entre otros. Este contenido permite identificar la paz como una creacin de la cultura que se aprende, se ensea, tiene prcticas sociales, tiene un lenguaje que la anuncia y explica, unos contenidos materiales que la vuelven realidad. Por eso la paz no puede ser una frmula de garanta que se puede comprar a cualquier precio.

Al tomar como ejemplo el ndice de Paz Global, hay que trabajar sobre el todo pero tambin sobre cada una a una las partes del indicador en especifico. Hay que abolir la posicin errada del Estado de adelantar el proceso guiado por la tramposa formula israel de negociar como si no hubiera guerra y hacer la guerra como si no hubiera negociacin. Hay guerra por eso hay negociacin. El objetivo no es acabar la insurgencia, si no acabar el conflicto. El Estado no puede jugar un juego de ganadores con cartas marcadas para tratar de salir de la insurgencia, eliminarla, aislar sus bases de su dirigencia, si no eliminar el conflicto, cerrar el captulo del uso de las armas como instrumento de accin poltica y social. Se trata de negociar para derrotar al conflicto no para derrotar al adversario. No puede haber un doble lenguaje como si fueran dos estrategias, debe ser una sola: apostarle a la paz. Es preciso detener los alientos a la guerra, el afn de tener hroes antes que seres humanos, forjar ambientes de paz, desarmar a los armados por fuera del conflicto.

No se puede mejorar la posicin de Colombia en el ndice de Paz sin tratar la economa, sin revisar el sentido de la confianza inversionista, sin abandonar la persistencia por imponer un modelo de pax romana de vencedores, sin empezar a disminuir los gastos de la guerra y a aumentar los de la paz representados en educacin, salud, vivienda, agua potable, vas, infraestructuras. El estado est llamado a convocar a la nacin, a los movimientos sociales, a los excluidos del poder poltico y econmico para crear mecanismos de redistribucin de la riqueza nacional, de la biodiversidad, de los recursos energticos y mineros, de las patentes agrcolas.

La paz es un riesgo del que tenemos que ocuparnos los hombres y mujeres de este pas, los armados y los desarmados para eliminar la amenaza de quienes hacen clculos polticos o empiezan a orientar sus artefactos de manipulacin para minar las bases de la mesa de conversaciones y preparar la retirada. En paz los negocios tambin son prsperos pero pueden ser ms justos y los jvenes vivir sin carencias, con oportunidades y con dignidad. La paz es una herramienta que sirve para recuperar la dignidad nacional superando el terrible lastre de ocupar los primeros lugares en matarnos y en asumir el despojo como regalo. La paz no resulta solo de la firma de un acuerdo hay que aprender su lenguaje, su discurso, sus prcticas, sus valores, sus modos de convertirla en bienestar y respeto por los derechos y esencialmente por los seres humanos y el entorno natural.



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