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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-02-2013

Sembrando utopa
Fin del capitalismo? Nuevas formas de explotacin, nuevas ideas para la lucha

Varios Autores
Rebelin

Prximamente aparecer el libro que lleva por ttulo Fin del capitalismo? Nuevas formas de explotacin, nuevas ideas para la lucha. Sembrando utopa. Se trata de un conjunto de 14 ensayos de 10 autores diversos, de distintos pases (Cuba, Venezuela, Argentina, Espaa, Costa Rica, Mxico, Estados Unidos), los cuales tienen un hilo conductor: son preguntas sobre la situacin actual del capitalismo (est en crisis, agoniza, o est ms fuerte que nunca?) y reflexiones sobre las nuevas ideas que se plantean para la lucha revolucionaria, haciendo un anlisis crtico de lo que ha sido el socialismo hasta la fecha. A modo de adelanto, presentamos aqu su Introduccin y sus Conclusiones.

Colectivo de autores: 1) Oscar Amado, 2) Edgar Borges, 3) Marcelo Colussi, 4) Emilio Corbire, 5) Rafael Cuevas Molina, 6) Anthony Fontes, 7) Jon E. Illescas Martnez (Jon Juanma), 8) Gilberto Lpez y Rivas, 9) Andrs Mora Ramrez y 10) Alejandro L. Perdomo Aguilera.



Introduccin

Algunos aos atrs, no muchos, pareca -o, al menos, muchos queramos creerlo as- que el triunfo de la revolucin socialista era inexorable. El mundo viva un clima de ebullicin social, poltica y cultural que permita pensar en grandes transformaciones.

Entre las dcadas del 60 y del 70 del siglo pasado, ms all de diferencias en sus proyectos a largo plazo, en sus aspiraciones e incluso en sus metodologas de accin, un amplio arco de protestas ante lo conocido y de ideas innovadoras y contestatarias barra en buena medida la sociedad global: radicalizacin de las luchas sindicales, profundizacin de las luchas anticoloniales y del movimiento tercermundista, estudiantes radicalizados por distintos lugares con el Mayo Francs de 1968 como bandera, aparicin y radicalizacin de propuestas revolucionarias de va armada, movimiento hippie anticonsumismo y antiblico, incluso dentro de la iglesia catlica una Teologa de la Liberacin consustanciada con las causas de los oprimidos. Es decir, reivindicaciones de distinta ndole y calibre (por los derechos de las mujeres, por la liberacin sexual, por las minoras histricamente postergadas, por la defensa del medioambiente, etc.) que permitan entrever un panorama de profundas transformaciones a la vista.

Para los aos 80 del siglo pasado, al menos un 25% de la poblacin mundial viva en sistemas que, salvando las diferencias histricas y culturales existentes entre s, podan ser catalogados como socialistas. La esperanza en un nuevo mundo, en un despertar de mayor justicia, no era quimrico: se estaba comenzando a realizar.

Hoy, tres o cuatro dcadas despus, el mundo presenta un panorama radicalmente distinto: la utopa de una sociedad ms justa es denigrada por los poderes dominantes y presentada como rmora de un pasado que ya no podr volver jams. El Socialismo solo funciona en dos lugares: en el Cielo, donde no lo necesitan, y en el Infierno donde ya lo tienen, es la expresin triunfante de ese capitalismo que, en estos momentos, pareciera sentirse intocable. Lo que se pensaba como un triunfo inminente algunos aos atrs, parece que deber seguir esperando por ahora. El sistema capitalista no est moribundo. Para decirlo con una frase ms que pertinente en este contexto: los muertos que vos matis gozan de buena salud, annimo equivocadamente atribuido a Jos Zorrilla.

Las represiones brutales que siguieron a aquellos aos de crecimiento de las propuestas contestatarias, los miles y miles de muertos, desaparecidos y torturados que se sucedieron en cataratas durante las ltimas dcadas del siglo XX en los pases del Sur con la declaracin de la emblemtica Margaret Tatcher no hay alternativas como teln de fondo cuando se imponan los planes de capitalismo salvaje eufemsticamente conocido como neoliberalismo, el miedo que todo ello dej impregnado, son los elementos que configuran nuestro actual estado de cosas, que sin ninguna duda es de desmovilizacin, de parlisis, de desorganizacin en trminos de lucha de clases. Lo cual no quiere decir que la historia est terminada. La historia contina, y la reaccin ante el estado de injusticia de base (que por cierto no ha cambiado) sigue presente.

Ah estn nuevas protestas y movilizaciones sociales recorriendo el mundo, quiz no con idnticos referentes a los que se levantaban dcadas atrs, pero siempre en pie de lucha reaccionando a las mismas injusticias histricas, con la aparicin incluso de nuevos frentes y nuevos sujetos: las reivindicaciones tnicas, de gnero, de identidad sexual, las luchas por territorios ancestrales de los pueblos originarios, el movimiento ecologista, los empobrecidos del sistema de toda laya (el pobretariado, como lo llamara Frei Betto). Hoy da, segn estimaciones fidedignas, aproximadamente el 60% de la poblacin econmicamente activa del mundo labora en condiciones de informalidad, en la calle, por su cuenta (que no es lo mismo que microempresario, para utilizar ese engaoso eufemismo actualmente a la moda), sin protecciones, sin sindicalizacin, sin seguro de salud, sin aporte jubilatorio, peor de lo que se estaba dcadas atrs, ganando menos y dedicando ms tiempo y/o esfuerzo a su jornada laboral.

El amo tiembla aterrorizado delante del esclavo porque sabe que, inexorablemente, tiene sus das contados, podra decirse con una frase de cuo hegeliano. Eso es cierto, al menos en trminos tericos: el sistema sabe que conlleva en sus entraas el germen de su propia destruccin. La lucha de clases est ah, y la posibilidad que las masas oprimidas alguna vez despierten, abran los ojos y revolucionen todo (como ya lo han hecho varias veces en la historia!), est presente da a da, minuto a minuto. Por eso y no por otra cosa los mecanismos de control del sistema estn perpetuamente activados, mejorndose de continuo. Pero hay que reconocer que hoy, en este momento, este combate (combate que es slo un momento de una larga guerra) no lo viene ganando el campo popular. Hoy, cado el muro de Berln y tras l el sueo de un mundo ms justo, el gran capital sale fortalecido. El capitalismo como sistema, aunque le tenga terror a la posibilidad de estas explosiones de los desposedos, sabe cada vez ms cmo controlar. Y sin lugar a dudas, controla muy bien! La esencia misma del capitalismo actual (al menos el por as decir tradicional: el estadounidense, el europeo, el japons, el capitalismo pobre del Tercer Mundo; algo distinto quiz es el caso chino) se inclina cada vez ms a controlar lo logrado, a prever y evitar posibles desestabilizaciones. En otros trminos: es cada vez ms sumamente conservador. De ah que buena parte de su energa la dedica al mantenimiento del orden establecido, al control social. El neoliberalismo, que es una estrategia econmica sin dudas, puede entenderse en ese sentido como una gran jugada poltica, que retrotrae las cosas a dcadas atrs y sienta bases para varias generaciones: hoy da aterroriza tanto la posibilidad de ser desaparecido y torturado como la de perder el trabajo. La cultura light dominante es la expresin de esa re-ideologizacin: no piense y sea feliz.

No otra cosa que control social es todo el inmenso aparataje superestructural que cada vez ms viene perfilndose en el sistema: un sistema-mundo basado en forma creciente en la industria militar, en las tecnologas de avanzada ligadas a las comunicaciones -sutil forma de control; de hecho hoy da transitamos lo que los estrategas de la primera potencia mundial llaman guerra de cuarta generacin (Lind, 1989)-; control basado en el manejo planetario de las masas, en las industrias de la muerte (los principales rubros del quehacer humano actual estn ligados a las mafias del mbito financiero-especulativo (por qu no llamarlo usura?), a la produccin y venta de armas as como de los narcticos, al control social en su ms amplio sentido.

El capitalismo actual, si bien en su raz contina siendo el mismo que estudiaron los clsicos de la economa poltica en la Inglaterra del siglo XVIII o XIX (Adam Smith, David Ricardo, Thomas Maltus, John Stuart Mill), as como tambin Marx, es decir: un sistema basado exclusivamente en la obtencin de lucro, ha ido sufriendo importantes mutaciones en su dinmica. El actual modelo tampoco es el que pudo estudiar Lenin a principios del siglo XX, cuando ya se perfilaba la importancia creciente del capital financiero, pero an con potencias imperiales enfrentadas mortalmente entre s. El capitalismo actual se basa crecientemente en la especulacin (mundo de las finanzas como nunca antes en la historia), en el primado absoluto de capitales de orden global que ya han dejado atrs el Estado-nacin moderno, en la destruccin como negocio (industria de la guerra, consumismo voraz que lleva a la incontenible catstrofe medioambiental, sistema que excluye cada vez ms poblacin en vez de integrarla), en la concentracin de riquezas en forma inversamente proporcional al volumen de lo producido y del crecimiento poblacional. Si hoy alguien dijera que los grandes capitales pueden tener hiptesis de mediano plazo en donde se elimina buena parte de las grandes masas planetarias, donde el trabajo va siendo casi totalmente automatizado, y donde el planeta Tierra puede comenzar a ser prescindible (con vida en islas interplanetarias para grupos escogidos), ello no parecera de vuelo especulativo, pura ciencia-ficcin. Por el contrario, los escenarios que se van dibujando en el sistema-mundo, ms que pensar en un acercamiento de los beneficios del desarrollo cientfico-tcnico para el grueso de la poblacin mundial dejan ver un retroceso tico fenomenal: vale ms la propiedad privada que la vida humana, vale ms el lucro que cualquier valor espiritual. Cmo, si no, entre los negocios ms dinmicos de la actualidad podran encontrarse las guerras y las drogas ilegales?

El capitalismo chino, segunda economa a escala planetaria y siempre en ascenso, an en plena crisis financiera de los grandes centros capitalistas histricos, de momento no muestra abiertamente estas caractersticas mafiosas. No abiertamente, valga aclarar, p ero s las tiene tambin. Hay diversos grupos mafiosos que desde las reformas de Deng Xiaoping, con el oxgeno capitalista gozan de buena salud, como: las triadas chinas (de gran importancia en los talleres de textil de las Zonas Econmicas Especiales, donde hacen tratos con los capitalistas no chinos y tienden a meter su negocio mediante ellos en Europa, por ejemplo). Seramos quiz algo ilusos si pensamos que ello se debe a una tica socialista que an perdurara en el dominante Partido Comunista que sigue manejando los hilos polticos del pas. En todo caso responde a momentos histricos: la revolucin industrial inglesa de los siglos XVIII y XIX, China recin ahora la est pasando, al modo chino por supuesto, con sus peculiaridades tan propias (la sabidura y la prudencia ante todo). Queda entonces el interrogante de hacia dnde se dirigir ese proyecto. Pero lo que es descarnadamente evidente es que el capitalismo ya envejecido se mueve cada vez ms como un capo mafioso , como un viejo maoso , pleno de ardides y tretas sucias. Las guerras y las drogas ilegales son hoy una savia vital, y los dineros que todo eso genera alimentan las respetables bolsas de comercio que marcan el rumbo de la economa mundial al tiempo que se esconden en mafiosos parasos fiscales intocables. En ese sentido, la enfermedad estructural define al capitalismo actual y no hay diferencias con el de siempre.

Si el negocio de la muerte se ha entronizado de esa manera, si lo que duplica fortunas inconmensurables a velocidad de nanotecnologa es la constante en los circuitos financieros internacionales, si en una simple operacin burstil se fabrican cantidades astronmicas de dinero que no tienen luego un sustento material real, si el capitalismo en su fase de hiper-desarrollo del siglo XXI se representa con parasos fiscales donde lo nico que cuenta son nmeros en una cuenta de banco sin correspondencia con una produccin tangible, si destruir pases para posteriormente reconstruirlos est pasando a ser uno de los grandes negocios, si lo que ms se encuentra a la vuelta de cada esquina son drogas ilegales como un nuevo producto de consumo masivo mercadeado con los mismos criterios y tecnologas con que se ofrece cualquier otra mercadera legal, todo esto demuestra que como sistema el capitalismo no tiene salida.

Pero el capitalismo no est en crisis terminal. Convive estructuralmente con crisis de superproduccin, desde siempre, y hasta ahora ha podido sortearlas todas; as surgi el keynesianismo (hoy, quiz, con un keynesianismo latinoamericano, como los diversos proyectos de capitalismo con rostro humano de la regin); o incluso ah estn las guerras como vlvulas de escape, siempre listas para servir a la estabilidad del sistema. Estos nuevos negocios de la muerte son una buena salida para darle ms aire fresco. Lo trgico, lo terriblemente pattico es que el sistema cada vez ms se independiza de la gente y cobra vida propia, terminando por premiar el que las cuentas cierren, sin importar para ello la vida de millones y millones de prescindibles, de poblacin sobrante, poblacin no viable. Ello es lo que autoriza, una vez ms, a ver en el capitalismo el principal problema para la humanidad. Esto es definitorio: si un sistema puede llegar a eliminar gente porque no son negocio, porque consumen demasiados recursos naturales (comida y agua dulce, por ejemplo) y no as bienes industriales (es lo que sucede con toda la poblacin del Sur), si es concebible que se haya inventado el virus de inmunodeficiencia humana VIH -tal como se ha denunciado insistentemente- como un modo de limpiar el continente africano para dejar el campo expedito a las grandes compaas que necesitan los recursos naturales all existentes (minerales estratgicos, petrleo, biodiversidad, agua dulce), si un sistema puede necesitar siempre una cantidad de guerras y de consumidores cautivos de txicos innecesarios, ello no hace sino reforzar la lucha contra ese sistema mismo, por injusto, por atroz y sanguinario. Porque, lisa y llanamente, ese sistema es el gran problema de la humanidad, pues no permite solucionar cuestiones bsicas que hoy da s son posibles de solucionar con la tecnologa que disponemos, tales como el hambre, la salud, la educacin bsica.

Quiz podra pensarse que el sistema actual se volvi loco, pero es se el sistema con el que tenemos que vrnosla. Y en realidad, sopesadamente vistas las cosas, no hay ninguna locura en juego. Hay, eso s, lmites infranqueables. El sistema se retroalimenta a s mismo de su mismo combustible: lo que lo pone en marcha y alienta es el afn de lucro, y eso puede terminar siendo su tumba; pero no puede cambiar. Si se modifica, deja de ser capitalista. Un capitalismo de rostro humano, atemperado en su voracidad y en su frentica busca de ganancia a toda costa, es posible limitadamente, slo en algunas islas perdidas, suponiendo siempre la explotacin inmisericorde de los ms. El sistema, en tanto sistema-mundo de alcance planetario y absolutamente interconectado, no admite cambios reales sino slo parches cosmticos (la socialdemocracia, por ejemplo). Por eso, en tanto sistema -estando ms all de voluntades subjetivas- no puede detenerse, y como mquina desbocada sigue tragando seres humanos y destrozando la naturaleza para optimizar su tasa de ganancia, aunque eso elimine en forma creciente seres humanos y se enfrente en forma autodestructiva a la casa comn de todos, el mismo planeta.

Por eso mismo, tambin, se hace imprescindible conocerlo en su ms mnimo detalle, analizarlo, desmenuzarlo. Eso es lo que pretenden los materiales que conforman el presente texto: un anlisis profundo de las actuales caractersticas del sistema como un todo.

Los textos aqu presentados no son -ni lo pretenden, en modo alguno- anlisis econm icos en sentido estricto; por supuesto, presuponen una lectura del fenmeno econmico como trasfondo (lase: lucha de clases como motor de la historia, ley del valor, plusvala), pero pretenden ser, ante todo, anlisis polticos. En otros trminos: cmo se mueve el sistema capitalista actual? Cules son sus notas distintivas? Se alter algo de lo denunciado en El Capital decimonnico? Cmo y en qu sentido cambi? Por qu el actual capitalismo se apoya en el parasitismo de los monumentales capitales financieros globales que se desplazan por toda la faz de la Tierra con velocidad vertiginosa? Por qu la produccin y trfico de drogas ilegales, por ejemplo, ocupa un lugar de tanta preeminencia actualmente? El imperio, como categora aislada (Hardt, Negri, 2001), no termina de explicar, y mucho menos de otorgar herramientas vlidas, para plantear vas reales de accin en pos de la transformacin. Hay imperios o hay capitales globales? Es posible hoy una nueva guerra de proporciones mundiales, quiz con armamento nuclear? Est el mundo globalizado por los capitales supranacionales, o sigue habiendo rivalidades inter-imperialistas? Cmo pararse ante los escenarios de nuevas guerras planetarias desde el campo popular?

Todo esto, retomando las primeras experiencias socialistas del siglo XX, e incluso el llamado socialismo del Siglo XXI -concepto muy discutible, por cierto- nos debe llevar a plantear crticamente la posibilidad (o imposibilidad) de socialismo en un solo pas.

En definitiva, preguntas todas que nos apuntan a la cuestin de fondo: ante estas nuevas caras de la explotacin, cmo proponer alternativas? Ante el dominio fenomenal de los capitales globales, las bombas inteligentes, los mecanismos de deteccin satelital y las neurociencias al servicio de los poderes, cmo es posible seguir pensando en la utopa de un mundo de mayor justicia? En ese caso, entonces: -pregunta fundamental de lo que pretende ser nuestro aporte- qu hacer?

Hace ya ms de un siglo, en 1902, Vladimir Lenin se preguntaba cmo enfocar la lucha revolucionaria; de esa manera, parafraseando el ttulo de la novela del ruso Nikolai Chernishevski, de 1862, igualmente se interrogaba qu hacer? La pregunta qued como ttulo de la que sera una de las ms connotadas obras del conductor de la revolucin bolchevique. Hoy, 110 aos despus, la misma pregunta sigue vigente: qu hacer? Es decir: qu hacer para cambiar el actual estado de cosas.

Si vemos el mundo desde el 20% de los que comen todos los das, tienen seguridad social y una cierta perspectiva de futuro, las cosas no van tan mal. Si lo miramos desde el otro lado, no el de los ganadores, la situacin es pattica. Un mundo en el que se produce aproximadamente un 40% de comida ms de la necesaria para alimentar a toda la humanidad sigue teniendo al hambre como una de sus principales causas de muerte; mundo en el que el negocio ms redituable es la fabricacin y venta de armamentos y donde un perrito hogareo de cualquier casa de ese 20% de la humanidad que mencionbamos come ms carne roja al ao que un habitante de los pases del Sur. Mundo en el que es ms importante seguir acumulando ese fetiche llamado dinero, aunque el planeta se torne inhabitable por la contaminacin ambiental que esa misma acumulacin conlleva. Mundo, entonces, que sin ningn lugar a dudas debe ser cambiado, transformado, porque as, no va ms.

Entonces, una vez ms surge la pregunta: qu se hace para cambiarlo? Por dnde comenzar? Las propuestas que empezaron a tomar forma desde mediados del siglo XIX con las primeras reacciones al sistema capitalista dieron como resultado, ya en el siglo XX, algunas interesantes experiencias socialistas. Si las miramos histricamente, fueron experiencias balbuceantes, primeros pasos. No podemos decir que fracasaron; fueron primeros pasos, no ms que eso. Nadie dijo que la historia del socialismo qued sepultada, ms all del aire triunfalista con que la derecha actual, post Guerra Fra, presenta las cosas. Quiz habra que considerarlas como la Liga Hansetica, all por los siglos XII y XIII en el norte de Europa, en relacin al capitalismo: primeras semillas que germinaran siglos despus. Los procesos histricos son insufriblemente lentos. Alguna vez, en plena revolucin china, se le pregunt al lder Lin Piao sobre el significado de la Revolucin Francesa, y el dirigente revolucionario contest que an era muy prematuro para opinar. Fuera de la posible humorada, que seguramente slo un chino con 5.000 aos de historia a sus espaldas puede hacer, hay ah una verdad incontrastable: los procesos sociales van lento, exasperantemente lentos. De la Liga Hansetica al capitalismo globalizado del presente pasaron varias, muchas centurias; hoy, terminada la Guerra Fra, se puede decir que el capitalismo ha ganado en todo el mundo, dando la sensacin de no tener rival. Para eso fue necesaria una acumulacin de fuerzas fabulosas. Las primeras experiencias socialistas -la rusa, la china, la cubana- son apenas pequeos movimientos en la historia. No ha pasado an un siglo de la Revolucin Bolchevique, pero la semilla plantada no ha muerto. Y si hoy nos podemos seguir planteando qu hacer? ante el capitalismo, ello significa que la historia contina an.

El mundo, como decamos, para la amplia mayora no slo no va bien sino que resulta agobiante. Pero el sistema global tiene demasiado poder, demasiada experiencia, demasiada riqueza acumulada, y hacerle mella es muy difcil. La prueba est con lo que acaba de suceder estas ltimas dcadas: cada la experiencia de socialismo sovitico y revertida la revolucin china con su trnsito al capitalismo (o socialismo de mercado al menos), los referentes para una transformacin de las sociedades faltan, se han esfumado. Movimientos armados que levantaban banderas de lucha y cambios drsticos algunos aos atrs ahora se han amansado, y la participacin en comicios democrticos pareciera todo a cuanto se puede aspirar. Lo polticamente correcto vino a invadir el espacio cultural y la idea de lucha de clases fue reemplazndose por nuevos idearios no violentos: de Marx (el fundador del socialismo cientfico) pasamos a Marcs (mtodos alternativos de resolucin de conflictos).

La idea de transformacin radical, de revolucin poltico-social, no pareciera estar entre los conceptos actuales. Pero las condiciones reales de vida no mejoran para las grandes mayoras. Aunque cada vez hay ms ingenios tecnolgicos pululando por el mundo que supuestamente deberan hacer la vida ms agradable, las relaciones sociales se tornan ms dificultosas, ms agresivas. Las guerras, contrariamente a lo que poda parecer cuando termin la Guerra Fra -quiz una esperanza ingenua-, siguen siendo el pan nuestro de cada da desde la lgica de los grandes poderes que manejan el mundo. La miseria, en vez de disminuir, crece.

Una vez ms entonces: qu hacer? Hoy, despus de la brutal paliza recibida por el campo popular con la cada del muro de Berln, smbolo de una cada mucho ms grande, y el retroceso sufrido en las condiciones laborales (prdidas de conquistas histricas, desaparicin de los sindicatos como arma reivindicativa, condiciones cada vez ms leoninas, sobre-explotacin disfrazada de cuentapropismo) las grandes mayoras, en vez de reaccionar, siguen anestesiadas. Una vez ms tambin: el sistema capitalista es sabio, muy poderoso, dispone de infinitos recursos. Varios siglos de acumulacin no se revierten tan fcilmente. Las ideas de transformacin que surgen a partir del pensamiento labrado por Marx, puntal infaltable en el pensamiento revolucionario, hoy da parecieran fuera de moda. Por supuesto que no lo son, pero la ideologa dominante as lo presenta.

Hoy, producto de ese sofisticado trabajo superestructural del sistema, es ms fcil movilizar a grandes masas por un telepredicador o por un partido de ftbol que por reivindicaciones sociales. Pero no todo est perdido! Los mil y un elementos que el sistema tiene para mantener el statu quo no son infalibles. Continuamente surgen reacciones, protestas, movimientos contestatarios. Lo que s pareciera faltar es una lnea conductora, un referente que pueda aglutinar toda esa disconformidad y concentrarla en una fuerza que efectivamente impacte certeramente en el sistema. Por dnde golpear a ese gran monstruo que es el capitalismo? Cmo lograr desbalancearlo, ponerlo en jaque, ya no digamos colapsarlo? Los caminos de la transformacin se ven cerrados. Quiz el presente es un perodo de bsqueda, de revisiones, de acumulacin de fuerzas. Hoy por hoy no se ve nada que ponga realmente en peligro la globalidad del sistema-mundo capitalista. Las luchas siguen, sin dudas, y el planeta est atravesado de cabo a rabo por diversas expresiones de protesta social. Lo que no se percibe es la posibilidad real de un colapso del capitalismo a partir de fuerzas que lo adversen, que lo acorralen. El proletariado industrial urbano, que se crey el germen transformador por excelencia -de acuerdo a la apreciacin absolutamente lgica de mediados del siglo XIX- hoy est en retirada. Los nuevos sujetos contestatarios -movimientos sociales varios, campesinos, luchas tnicas, reivindicaciones puntuales por aqu y por all- no terminan de hacer mella en el sistema. Y las guerrillas de corte socialista parecen destinadas hoy a ser piezas de museo, salvo excepciones puntuales, como el movimiento naxalita en la India. Quin levantara la lucha armada en la actualidad como va para el cambio social cuando la tendencia es buscar salidas negociadas y deponer las armas?

Sin embargo, en el medio de esa nebulosa siguen surgiendo protestas, voces crticas. Es decir: sigue habiendo esperanzas. La historia no ha terminado, definitivamente. Si eso quiso anunciar el grito victorioso apenas cado el muro de Berln con aquellas famosas frases pomposas de fin de la historia y fin de las ideologas, el estado actual del mundo nos recuerda que no es as. Ahora bien: qu hacer para que colapse este sistema y pueda surgir algo alternativo, ms justo, menos pernicioso para nuestra especie?

El solo hecho de seguir plantendonos todo esto muestra que la utopa no est muerta. Puede estar golpeada, maltrecha, aturdida. Pero no muerta. Los materiales que aqu ofrecemos intentan ser un llamado a mantener viva esa esperanza. Si sembramos utopa, tal como quisimos ponerle de sub-ttulo al presente libro, es porque esperamos que la misma madure, florezca, fructifique y d como resultado algo menos injusto que el actual sistema que, aunque quisiera -y por supuesto no quiere- no puede superar su asimetra estructural.

Es por eso que, an pasando este mal momento, el socialismo sigue siendo una esperanza abierta. La utopa nos sigue esperando.

***


A modo de conclusin

Dicho todo lo anterior (trece exposiciones con lujo de detalles) resultara ocioso repetir que el sistema capitalista no ofrece solucin a los grandes problemas histricos de la humanidad. Esto ya es ms que sabido. La cuestin bsica estriba en cmo nos planteamos su transformacin.

Ya ha habido varios intentos para llevar adelante esa monumental empresa en el transcurso del siglo XX. No se puede decir que los mismos fracasaron estrepitosamente; no, de ningn modo. Con dificultades, con muchos ms problemas de los que hubiera sido deseable, se consiguieron resultados encomiables. Si se miden con el rasero capitalista basado en la acumulacin del fetiche mercanca y la teora del valor, por supuesto que esas sociedades no se desarrollaron; pero est claro que los socialismos realmente existentes se encaminaron a otra cosa y no a repetir el modelo del capitalismo. Si de medirlas se trata, definitivamente hay que apelar a otras categoras. Lo que se busc en esas experiencias tiene que ver bsicamente con la dignificacin del ser humano, con desarrollar sus potencialidades, con la promocin de valores ms ricos que la acumulacin de objetos apuntando, por el contrario, hacia la solidaridad, al espritu colectivo, al darle vuelo a la creatividad y la inventiva.

Quiz esas primeras experiencias, de las que sin dudas podemos y debemos formular una sana crtica constructiva, son un primer paso: con las dificultades del caso qued demostrado que s se puede ir ms all de una sociedad basada en la exclusiva bsqueda de lucro personal/empresarial. Los logros en ese sentido estn a la vista: en esas sociedades, ms all de la artera publicidad capitalista, no se pasa hambre, la poblacin se educa, no existe la violencia demencial de los modelos de libre mercado, existe una nueva idea de la dignidad. Si hoy muchas de esas experiencias se revirtieron o se pervirtieron, eso debe llamar a una serena reflexin sobre qu significa hacer una revolucin. Pero no hay nada ms demostrativo de los logros obtenidos como el hecho que, por inmensa mayora, en los pases donde existieron modelos socialistas, al da de hoy, con la llegada del capitalismo salvaje y luego de pasado el furor de la novedad de las cuentas de colores de los fascinantes shopping centers, las poblaciones aoran los tiempos idos. Ahora, al igual que en cualquier pas capitalista, all comer, educarse, tener salud y seguridad social es un lujo; el socialismo, an con sus errores, ense que la dignidad no tiene precio.

La titnica tarea de revolucionar el sistema conocido implica un cambio fenomenal: es la construccin de un parteaguas en la historia, es el inicio de una sociedad que, alcanzado un nivel de productividad mucho ms alto que otros estados histricos de desarrollo anteriores, puede empezar a pensar realmente en el bien comn, en el colectivo, en la especie humana como un todo. Eso es el socialismo. Obviamente, un proyecto fenomenal. Haciendo nuestras las palabras de Marx que ponamos en el epgrafe del libro: No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.

Establecer una nueva sociedad: ah est la clave. No es reformar, maquillar, disimular algo viejo dando la sensacin de un superficial cambio cosmtico. Estamos hablando de una transformacin profunda, enorme. Por supuesto, eso es algo monumentalmente difcil. Es refundar la humanidad. Y eso, la experiencia lo mostr, no es algo que se logra por decreto, en poco tiempo, slo con buena voluntad a partir de ideas renovadoras, con una vanguardia que intenta dinamizar un proceso y empuja. Cambiar el curso de la historia implica transformar de raz el sujeto que somos. Para el caso: transformar a millones y millones de seres humanos. Eso no es imposible, pero s sumamente complejo. Unas pocas generaciones, tal como efectivamente sucedi en esas primeras experiencias, slo pueden servir para comenzar a dimensionar la magnitud de la empresa con la que nos enfrentamos. Es un reto fenomenal!

Ahora bien: estas reflexiones nos llevan hacia consideraciones que van ms all de la intencin original de esta obra; nos obligan a repensar el sentido ltimo de lo que significa la revolucin socialista. Por qu no funcionaron como se esperaba las primeras revoluciones socialistas del silgo XX? Por qu, despus de varias dcadas, cayeron, o se revirtieron? Acaso no es posible entonces tomarse en serio lo de transformar la historia, crear un hombre nuevo, dejar atrs la prehistoria apegada a las luchas en torno a la propiedad privada? Reflexiones, por cierto, que son imprescindibles para acometer la construccin del cambio en ciernes. La idea de base es que s es posible; si no, ni siquiera nos lo estaramos planteando. La pasin que nos alienta es que la utopa es posible. De lo que se trata ahora es cmo darle forma, cmo sembrarla para que germine.

Pero lo que pretendemos con esta coleccin de ensayos que aqu presentamos no apunta a reflexionar sobre esto precisamente: busca, en todo caso, plantear cmo est el capitalismo actual, y qu podemos hacer para lograr su transformacin. Es decir: cmo colapsar el actual sistema, cmo impactar, cmo vencerle.

Dicho as, pareciera que aqu se dan recetas, guas de accin, un manual para hacer la revolucin. Ojal se pudiera disponer de eso! Sin embargo, ello es absolutamente imposible; es ms: est reido con la tica socialista misma, con la idea de una verdadera transformacin. Ms all de poder pensar dificultades comunes e intentar sacar conclusiones de los errores cometidos y de las luchas libradas, si algo define la experiencia humana es su complejidad, su alto grado de imprevisibilidad (pese a que exista una ciencia social -de derecha- que intenta anticiparse y controlarla), su dosis de irracionalidad incluso. Vista en sentido histrico, ms all de saber que las guerras son disputas a muerte por el poder: es racional la guerra en trminos de especie humana, o justamente atenta contra ella? Todos sabemos que fumar puede producir cncer, pero seguimos fumando. Cmo entender la racionalidad entonces? Se abre ah una imperiosa necesidad de reformularnos cuestiones bsicas, desde el materialismo histrico y desde las ciencias sociales que fueron apareciendo en el transcurso del siglo XX, luego que Marx formulara las lneas fundamentales de este andamiaje conceptual.

Por ejemplo, la cuestin del poder como eje que dinamiza buena parte de las relaciones interhumanas (las conocidas al menos, las que se basan y presuponen la propiedad privada), es un tema que desde la izquierda tradicionalmente no se ha considerado en toda su complejidad, lo cual no deja de ser una agenda pendiente de gran importancia. Por qu vemos que se repiten muchas veces similares errores en la construccin de alternativas anticapitalistas? Estamos en la izquierda inmunizados ante los juegos del poder, o ello debera replantearse con mayor altura crtica? Por qu un camarada dirigente de ayer puede transformarse tan fcilmente en un magnate?

As sea slo un ejemplo este tema del poder -no pequeo, por cierto- son muchas las tareas de revisin crtica que nos esperan para potenciar las estrategias revolucionarias, hoy por hoy bastante alicadas. Los materiales aqu ofrecidos no son manuales; son preguntas crticas. No ms. Pero tampoco: nada menos. Cmo nos planteamos el tema del poder? Qu hay de las actuales mezquindades y flaquezas que nos constituyen? (Dicho en otros trminos: por qu es posible revertir revoluciones socialistas victoriosas?) Cmo se construye el hombre nuevo del socialismo? Slo decir esto y ya vemos la necesidad de la autocrtica: hombre como sinnimo de humanidad? No se nos filtra ah un arrogante prejuicio machista? Dicho sea de paso: en el presente libro slo varones publican; arrogante prejuicio machista de quien seleccion los textos? De eso se trata entonces: no de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva. La autocrtica permanente debe ser una clave vital. Pero en lo humano no se puede establecer aquello de borrn y cuenta nueva: construimos el socialismo con la materia prima que somos. Ah estriba una dificultad enorme, y por tanto, el reto es maysculo. De todos modos dificultad, nunca, en ningn momento histrico y en ninguna lengua significa imposibilidad.

Sin dudas es mucho ms fcil preguntar crticamente y desarmar lo establecido que proponer cosas nuevas. Esa es una dialctica humana: es ms fcil destruir que construir. En ese sentido, resulta ms simple constituirnos en crticos implacables del capitalismo (pues obviamente hay muchsimo por demoler ah) que proponerle alternativas vlidas, posibles, efectivas, que realmente sirvan para edificar algo nuevo. Si fuera tan fcil aportar soluciones, el mundo sera distinto. Pero siendo autnticamente socrticos en nuestro proceder, podramos decir que en el hecho de preguntar/criticar lo conocido anida ya el germen de la respuesta, o sea, la solucin al problema planteado. Por tanto, vale (y mucho!) preguntarnos acerca de los lmites del capitalismo, del actual y de sus races histricas, porque a partir de ese interrogante se podrn ir construyendo las respuestas, los caminos alternativos.

Est claro que el libro en su conjunto, que es eminentemente una coleccin de reflexiones polticas, es un ejercicio acadmico-intelectual y no una propuesta de accin concreta. En verdad, nunca pretendimos esto ltimo; y por supuesto no creemos haber contribuido mucho en ese sentido. Pero s podemos dejar algunas preguntas en el nivel de lo que los autores aqu reunidos pueden aportar: consideraciones crticas sobre aspectos tericos que ojal permitan iluminar un poco ms la prctica concreta. Sin tenerle miedo a la teora, podemos repetir con Einstein que no hay nada ms prctico que una buena teora en el momento oportuno.

Cmo hacer la revolucin socialista entonces? La publicacin, en todo caso, dice ms lo que no se debe hacer que los pasos concretos a seguir. Quiz es poco, pero no deja de ser importante considerarlo: hablar de los lmites y los errores nos da ya un primer marco. Presentmoslo en forma de preguntas:







En realidad estas no son conclusiones en sentido estricto. Todo el libro, a travs de sus diferentes textos, es una invitacin a profundizar estos debates, a enriquecerlos y darles vida. Si algn valor puede tener todo este esfuerzo es aportar un modesto grano de arena ms en una bsqueda interminable. De lo que s podemos estar absolutamente seguros es que esa utopa vale la pena. El mundo de ninguna manera puede ser una suma de triunfadores y desechables, por lo que esa bsqueda est abierta, invitndonos a zambullirnos en ella. Cerremos con una frase del poeta Antonio Machado totalmente oportuna para el caso: Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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