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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2013

Paraguay: Golpe de Estado y asesinatos
Multinacionales del agronegocio y resistencia campesina

Conamuri
Revista Biodiversidad, sustento y culturas


Los transgnicos y sus empresas nada saben de democracia, ni de justicia. El primero de diciembre dos sicarios asesinaron al campesino Vidal Vega, por defender la tierra campesina.

Aunque muchos medios de comunicacin no hablaron de golpe de Estado, lo ocurrido el pasado mes de junio en Paraguay as debe explicarse. Un pequeo pas y su economa bsicamente agraria fue atacado con la violencia del poder econmico por quienes controlan la tierra y sus empresas asociadas, nacionales e internacionales, temerosas ante algunos pequeos pasos que el gobierno de Fernando Lugo quera acometer. La organizacin de mujeres campesinas de Paraguay, Conamuri, integrada en La Va Campesina, nos lo explica con detalle.

Sombras de democracia en un pas de terratenientes. A partir de la asuncin del gobierno de Fernando Lugo, en 2008, las contradicciones en el seno de la sociedad paraguaya tendieron a profundizarse. Si bien, al decir del economista Luis Rojas, no se puede hablar de ste como de un rgimen socialista porque, a la hora de las definiciones econmicas vir siempre hacia el sector de la clase dominante, en tanto que haca lo propio hacia el sector popular cuando de temas sociales se trataba algunos eternos reclamos de la clase trabajadora, como lo relacionado a salud, sobre todo, por fin encontraron eco en una dirigencia diferente al tradicional partido incrustado en el poder desde haca ms de sesenta aos: el Partido Colorado.

Pero tambin el gobierno depuesto por el Parlamento, el 22 de junio pasado, fue un poco ms temerario de lo que se esperaba, y de ser amigo de programas de asistencialismo y de medidas populistas, pas a tentar la ofensiva contra el poder hegemnico que representan los terratenientes, a travs de la intencin de recuperar las tierras robadas al Estado durante el rgimen de la dictadura militar e incluso durante la tan prolongada transicin democrtica. En esta intencin, muy por lo bajo anunciada como un cuco, se bas el proceso de cambio en el Paraguay: nada concreto, una ilusin que despert, por un lado, la indignacin y posterior movilizacin de una ciudadana ms consciente, y, por otro, la alta preocupacin de quienes detentan los hilos del poder fctico.

Intervenir tcnica y jurdicamente los latifundios, mxima fuente de las desigualdades sociales en el Paraguay, significaba revertir la estructura agraria que permite que 85.5% de las tierras est en manos de 2.6% de la poblacin, elevando la concentracin a un nivel de rcord mundial.

Aunque hayan sido escasas las concesiones sociales, existi una notable tesitura demcrata en algunos funcionarios pblicos, como el Senave, de control de semillas, la SEAM, de medioambiente, y el Indert, que rige la cuestin de tierras y desarrollo rural. Desde entonces, la guerra desatada a travs de los medios de la oligarqua denunciaba como un atropello inslito e inconcebible el cumplimiento de las normativas ambientales y constitucionales que regulan el espritu de estas secretaras del Estado: sojeros, ganaderos, latifundistas eran todos uno a la hora de ser medidos con la vara de la ley.

Y estos sojeros, ganaderos y latifundistas, aliados a los medios empresariales de comunicacin, el Parlamento, la Corte Suprema y las corporaciones multinacionales y de agronegocios con inters en acceder a los bienes naturales del Paraguay, sentenciaron a muerte el proceso democrtico del cambio a travs de un burdo juicio poltico al presidente democrtico e instalando en el poder al que fuera su vicepresidente, el liberal y conservador Federico Franco, abiertamente contrario a las resoluciones de Lugo y sus ministros, y simpatizante y miembro, a la vez de esa burguesa local, que se senta cada vez ms incmoda con el representante del Ejecutivo, ya que, consecuencia de la participacin ciudadana y la promocin de la democracia, la sociedad paraguaya empezaba a mirar con ojo crtico el orden establecido a fuerza de prepotencia, aletargamiento y conformismo.

La hora ms sombra de nuestra historia reciente: Marina Cu. En el interior de Campos Moromb SA en la localidad de Marina Cu, una empresa sospechosa de estar asentada en tierras malhabidas y, por lo tanto, con aos intentando su recuperacin por el campesinado organizado, se dio la masacre de Curuguaty que termin con la vida de once campesinos sin tierra y seis policas, en un confuso episodio de desalojo, el 15 de junio pasado.

La lucha por la tierra en Paraguay acumula muchos cadveres de luchadores y luchadoras que han bregado por mayor acceso a la justicia social, pero, de una sola vez, tantas muertes slo se recuerdan durante los ms crudos pasajes de la represin stronista a las Ligas Agrarias Cristianas, en 1976.

Los acontecimientos registrados en Curuguaty fueron el detonante de la crisis poltica que catapult a Federico Franco al poder, tras derrocar al presidente Lugo y tras truncar el proceso de cambio. Hoy da, el gobierno de facto trata por todos los medios a su alcance de que la poblacin olvide lo ocurrido en Marina Cu. Los reclamos de las familias que all sobreviven no han sido tenidos en consideracin, ms all que ante las cmaras y ante el micrfono: todava esperan que su comunidad se convierta en asentamiento, as como la liberacin de 12 detenidos y 42 imputados, y la indemnizacin por parte del Estado.

Primero, una delegacin del Parlasur (Parlamento Suramericano) determin que en Marina Cu haba mucha historia an por descubrir, concluyendo que la masacre constitua un libreto confeccionado. Un poco despus, una misin de la Va Campesina Internacional arrib al lugar donde viven las familias de los campesinos asesinados y, mediante entrevistas, denunci la situacin de abandono y extrema pobreza en que estaba sumergida la poblacin. En agosto, una comisin conformada tambin por la Va Campesina y organizaciones solidarias, constat una serie de violaciones a los Derechos Humanos e irregularidades en el procedimiento fiscal-policial, que qued palpable en un documento a ser presentado prximamente en instancias de organismos internacionales, como la ONU, la OEA y la Unasur.

Resistencia ciudadana contra el golpe. En la prctica, el gobierno del golpe se muestra desorientado. No esperaba la reaccin de la ciudadana movilizada y, mucho menos, el vaco de la regin y el desconocimiento de la diplomacia internacional. Slo cuatro pases en todo el planeta reconocen en Federico Franco a un presidente legtimo.

Por un lado, si la promocin de la soberana aparece en los medios y en el discurso oficial como un estandarte del nuevo gobierno, por otro lado, la autntica soberana la alimentaria, la territorial, la energtica, se entrega en los mercados y se ofrece a las multinacionales como Monsanto o Ro Tinto Alcn, que han encontrado cierta intransigencia durante el gobierno de Fernando Lugo. A menos de cuatro meses del golpe de Estado parlamentario, Monsanto ha logrado introducir su algodn BT y RR y estn en la fase final de un acelerado proceso de aprobacin cinco variedades de maz transgnico. Tambin, la multinacional canadiense, lder mundial en produccin de aluminio, Ro Tinto Alcn, se apresta para ser un parsito que sobreviva a costa del pueblo paraguayo, con intenciones de consumir energa hidroelctrica subsidiada que terminarn pagando el trabajador y la trabajadora a travs de sus facturas de consumo de corriente elctrica, sin mencionar los mayores costos ambientales y sociales que esto llegar a significar.

Pero el gobierno golpista no ha tenido un da de paz. La resistencia se traduce en protestas en las calles de la ciudad y movilizaciones, cortes de ruta y algunas ocupaciones en el campo. Si en algo beneficia esta coyuntura es en el acento que ponen los sectores organizados en la unidad y en la unificacin de criterios contra el gobierno usurpador. Esta rearticulacin surgi de merecidas autocrticas y de la reflexin acerca del letargo provocado por las facilidades que el acceso a la democracia implic. El periodo de cambio no sirvi para la depuracin de los vicios, el tiempo ha sido corto; sirvi, s, para que una ciudadana descontenta tomara conciencia de la situacin y se animara a la protesta en las redes sociales, en las marchas, hermanada con el movimiento mundial de los indignados, en las acciones de resistencia como lo son los espacios de intercambio de semillas nativas y criollas o el debate instalado en las universidades sobre el peligro que acarrean los transgnicos y la amenaza creciente a nuestra Soberana Alimentaria.

Pese a las acciones puntuales de resistencia y la unidad como un conato de respuesta colectiva de defensa de los intereses difusos y mayoritarios, no se ha alcanzado todava el grado de conciencia suficiente para convocar a todos los sectores bajo una misma bandera: estudiantes, campesinado, indgenas, mujeres, sindicatos, etctera, cada cual aporta su granito como puede y desde el espacio en que se mueve.

Las aguas, sin embargo, tienden a hervir todava ms. En puertas tenemos las elecciones presidenciales (abril de 2013) y el gobierno ilegtimo de Federico Franco quiere dejar la mesa puesta a las transnacionales, a travs de la aprobacin de decretos o leyes avaladas por el Parlamento burgus que se perpeta en el poder constituyendo una autntica dictadura. Slo la unidad en la lucha y una verdadera conviccin de que la clase trabajadora en el Paraguay se merece una sociedad mejor, permitir dar vuelta a esta pgina vergonzosa de nuestra sufriente democracia.

Coordinadora Nacional de Organizaciones de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indgenas (Conamuri)

Fuente: Revista Biodiversidad, sustento y culturas N 75



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