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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2013

Del legislador ciudadano o de la democracia absoluta

Csar J. Prez Lizasuain
vitalpolitik.com


Si dos individuos se ponen de acuerdo para unir sus fuerzas tienen ms poder y, por tanto, ms derecho juntos del que tenan [] cada uno aisladamente. Cuanto mayor sea el nmero de los que se unen, mayor ser el derecho de que gocen todos unidos.

[L]a legislacin del mejor Gobierno debe fundarse en los preceptos de la razn.

Baruch Spinoza, Tratado Poltico (1665-1677)

En las ltimas semanas en el pas se ha suscitado el debate sobre la reforma legislativa, ms concretamente sobre el llamado retorno del legislador ciudadano. Ciertamente, la asamblea legislativa no pasa por su mejor momento, habiendo alcanzado en los ltimos ocho aos su mayor clmax de impopularidad. A ello se le suma dos administraciones en la rama ejecutiva de las cuales una fue sumamente ineficiente y la otra desptica, arrogante y cuyo eje fue imponer a mansalva una serie de reformas neoliberales. Por si no fuera poco, la tercera rama de gobierno republicano, la judicial, hecha eco y copia al carbn de los movimientos ms siniestros de la realpolitik criolla resultando en la confeccin de un Tribunal Supremo, que adems de incompetente, se ha alineado en confirmar jurdicamente y a la trgala las reformas neoliberales promovidas desde la Milla de Oro y el pasado ejecutivo. Ahora bien, el cuarto poder, el media criollo, ha tratado de impulsar la mentada reforma legislativa, prometida durante la campaa electoral (sobresale en este esfuerzo el programa radial Fuego Cruzado), intentando simplificar el debate en torno a una cuestin meramente cuantitativa. En ello hay varios asuntos a considerar. En primer orden sobresale el tipo de razn esencialmente tcnica que se intenta imponer en la discusin, sobre todo aquellos que favorecen la reforma legislativa tal y como la propone el nuevo gobernador. Y de lado se deja el necesario debate sobre las formas que la democracia va asumiendo (o deja de asumir) en nuestro pas.

Este tipo de razn tcnica entiende al derecho como un cmulo de normas, y al proceso legislativo visto como un cmulo de legislaciones y siempre, en ambos casos, como negatividad, como imposicin jurdica o poder-sobre el ciudadano. En todo caso, esta percepcin, nacida del liberalismo moderno que separa lo pblico y lo privado, lo poltico de la vida comn, no es otra cosa que una perversin de nuestra inherente condicin normativa: de nuestra diaria coexistencia se va produciendo una viva esfera normativa. La no correspondencia de esa normatividad viva con la formalidad jurdica del Estado es uno de los elementos, segn el filsofo neerlands del siglo XVII Baruch Spinoza, que lleva al Estado a su propia ruina toda vez que pierde su principal finalidad: asegurar la libertad de la multitud.

De manera que segn Spinoza el Estado debe permitir en mayor grado la opinin del ciudadano como activo agente constitutivo tanto del individuo como del mismo Estado (contrario al ideal platnico en La Repblica cuyo proyecto poltico fue precisamente limitar la opinin (doxa) del demos). En ello reside parcialmente la radicalidad de Spinoza, su facultad para pensar el poder en trminos positivos, en donde la soberana como existe actualmente resulta ser un continuo proceso de produccin colectiva en el cual el poder individual de cada cual es transferido a una autoridad pblica mientras se establecen fluctuaciones ideolgicas. La expresin [la opinin del demos] es un momento en este proceso. El lmite que representa la existencia del Estado [] expresa no otra cosa que la efectividad de este proceso en que el Estado est constituido.[1]

Este tipo de crculo spinozista entre el demos y la potestas (la instituciones) entiende la obediencia, no el miedo extremo, como forma de voluntad. El miedo extremo al Estado hace que el mismo pierda su razn de ser pues su finalidad, la paz y la seguridad, quedan diezmadas. La paz en este sentido no es meramente la ausencia de hostilidades sentencia Spinoza , sino una virtud de la cual nace la fortaleza de nimo. Es la propuesta, en trminos positivos, que otorga a la teora spinozista su real potencia. La ley y la legislacin, en ltimo recurso, no podran ser entendidas en sus acepciones positivistas y formales, pues el miedo y el respeto, elementos a los que el Estado mismo debe someterse, no son relativos a la legislacin positiva, sino al derecho natural. Siendo la naturaleza spinozista la libertad humana.

As, la singularidad no queda subsumida (ni por la voluntad general rousseaniana, ni por la representacin poltica de la tradicin liberal), sino que el presupuesto positivo de la teora spinozista sobre el Estado democrtico apuesta a la constitucin de un sujeto-ciudadano activo. Sujeto-ciudadano, uno que no nace como tal sino que se hace, que no simplemente cede su voluntad, aquella inherente al estado de naturaleza, de una manera tan absoluta al soberano que ya no sea consultado en la toma de decisiones en torno a la cosa pblica. Ante ello, sugiere el pensador francs tienne Balibar citando a Spinoza, que realmente la transferencia de voluntad que hace un individuo debe ir dirigida a la mayora de una comunidad a la cual l mismo pertenece, de manera que todos los individuos permanezcan en condiciones de igualdad tal y como lo fueron en el estado de naturaleza. En este sentido, la propuesta spinozista, a pesar de sus intrnsecas contradicciones, sostiene, como sugiere Antonio Negri, el paso de la soledad, propia del estado de naturaleza, a la socialidad de la multitud, al relacionamiento afectivo entre voluntades que conforman una comunidad que suprime al miedo (elemento siempre inquietante que aminora la libertad humana)[2].

El reciente debate sobre la privatizacin del aeropuerto o su concesin mediante una Alianza Pblico Privada (APP) trae precisamente a coalicin dos de los fetiches ms comunes en nuestras ya dbiles democracias (neo)liberales: la separacin entre la poltica y la economa como dos esferas autnomas. De lo mismo se desprende la divisin entre la res publica y la esfera de lo privado. La justificacin que se quiere imponer por parte de la rama ejecutiva para continuar con la enajenacin de nuestro nico aeropuerto internacional consiste estrictamente en una consideracin econmica, especulativa por dems, sobre la imagen del pas como futuro terreno para inversionistas. Aqu el segundo fetiche del liberalismo: la economa como ente autnomo e independiente a los de abajo. Por ello, lo econmico debe estar relegado a los que saben, a los hombres de negocio, a los job creators, creando as una verdadera aristocracia con mando central en la Milla de Oro.

Los lmites y derechos que impone y otorga el Estado de Derecho vigente y la actual constitucin de 1952 resultan exiguos hoy da. Tratemos el asunto a partir de los eventos o acontecimientos sociales en nuestra historia reciente. Tanto la Comuna de Vieques como la Huelga estudiantil de 2010 proponen de su faz una democracia asamblearia, deliberativa, una participacin directa y amplia en la toma de decisiones superando as el rgimen liberal de representacin que pretende ser portaestandarte de la voluntad general , y que ha ido redefiniendo, a su vez, el espacio social y poltico en el pas. Tanto los activistas en Vieques como los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico fueron legisladores de facto mediante las formas que asuma su organizacin e interaccin formulando una viva esfera normativa cuyos efectos comenzamos a apreciar en la subjetividad poltica puertorriquea. En fin, lo que sugieren las variadas experiencias sociales, particularmente la huelga de las y los estudiantes de la UPR, es que hacen de la toma de decisiones un acto comn. Ya lo adverta Filiberto Ojeda Ros que las transformaciones, las alianzas y la unidad de propsitos se dictaban desde el pueblo, no desde proclamas que vienen de arriba, sino desde el mismo movimiento real. El evento y el resultado electoral resultan insuficientes para legitimar la toma de decisiones unilaterales por parte de los gobiernos. En esta situacin es especialmente apreciable la falta de mecanismos jurdicos para propiciar una efectiva participacin democrtica por parte de la ciudadana que afecte y vincule jurdicamente la toma de decisiones de los de arriba; es decir, que los funcionarios electos manden obedeciendo.

Spinoza pudo reconocer lo que sera uno de los elementos principales en la permanente crisis moderna, como puntualiza Antonio Negri en su lectura sobre el mismo: El tejido problemtico es el de una sociedad de masas en la que los individuos son iguales desde el punto de vista del derecho y desiguales desde el punto de vista del poder. Sin ms, en el terreno se encuentran contrapuestos los dos planos de la crisis moderna puertorriquea: el resurgimiento de un movimiento/multitud de los de abajo que se constituyen como herejes en legisladores de facto llevando el manifiesto spinozista sobre la libertad al plano emprico (y no solo spinozista, sino la democracia de la mejor tradicin Maya, el del Ayll de los Incas, el mandar-obedeciendo Zapatista, entre otros). Al otro lado se encuentran las mistificaciones del liberalismo moderno, tanto poltico como econmico, la trascendencia y el fetiche de la poltica de los de arriba.

La nica reforma legislativa posible es aquella que vaya respondiendo y que no ignore a las vivas experiencias y exigencias sociales; es aquella que comience a desarrollar efectivos mecanismos de inclusin, deliberacin y la participacin directa de los muchos en la toma de decisiones. En fin, no se trata de simplemente conformarse con una reforma cuantitativa, que vele por el mejor uso y eficacia de los fondos pblicos utilizados por la asamblea legislativa; tampoco basta con que el legislador a tiempo completo se convierta en un legislador ciudadano. Una verdadera reforma legislativa deber tomar en cuenta esa normatividad viva y reconocer que los legisladores de facto son el pueblo/multitud y las comunidades, promoviendo as los mecanismos necesarios para la inclusin y vinculacin de estos sectores en la toma de decisiones: 1) tanto desde el aspecto local, otorgando competencia legislativa a la comunidad sobre sus asuntos comunitarios (valga recalcar la insuficiencia de los actuales mecanismos jurdicos como por ejemplo lo es la figura del fideicomiso); y 2) en el escenario nacional, garantizando una activa participacin ciudadana en el proceso legislativo ordinario. En ltima instancia se trata de reconocer lo que de facto se comienza a cuajar en algunos sectores del pas: la construccin alternativa de un Poder Popular.

Csar J. Prez Lizasuain ha sido profesor de Ciencias Polticas y Derecho en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla, y en la Facultad de Derecho Eugenio Mara de Hostos respectivamente. Es adems estudiante del Programa de Doctorado Renato Treves de Sociologa Jurdica en la Universidad de Miln, Italia.

Notas:

[1] Etienne Balibar (2008), Spinoza and Politics, Verso, Londres.

[2] Antonio Negri (2011), Spinoza Subversivo, Ediciones Akal, Madrid.

Fuente: http://vitalpolitik.com/2013/01/29/del-legislador-ciudadano-o-de-la-democracia-absoluta/


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