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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2013

La libertad y sus protagonistas

Antonio lvarez-Sols
Gara


Si la libertad, sostiene el autor, solo tiene como gran protagonista al individuo y no a la sociedad, ser imposible superar el modelo actual de vida, individualista en toda su tragedia. Propone una reflexin sobre la cuestin de la libertad, de su alcance y protagonistas desde la defensa de un poder poltico comunitario nacido de la libertad colectiva, que implica una serie de nacionalizaciones de sectores bsicos.

Una de las cuestiones ms controvertidas en la hora presente es la cuestin de la libertad, su alcance y sus protagonistas. El liberalismo concibe la libertad como una capacidad prcticamente ilimitada del individuo para operar en la sociedad. Por su parte las verdaderas doctrinas socialistas estiman que la libertad tiene su asiento en la voluntad colectiva, que es la nica capaz de establecer el correcto alcance del acto libre. Lo que parece indudable es que el debate, que se alarga en los aos, posee una importancia fundamental para crear un mundo ms justo, ms vivible o aceptable. Si la libertad tiene su gran y nico protagonista en el individuo y no en la sociedad ser imposible superar el modelo actual de vida, que se revela individualista en toda su tragedia, puesto que son los individuos ms poderosos los que con su poder individual sobre las instituciones de gobierno y sobre la economa seguirn determinando nada menos que la creacin, distribucin y disfrute de la riqueza. Esto es lo que defiende, entre otras cosas, la teora del fin de la historia.

Ahora bien, si la libertad, como savia fundamental de la vida, se aloja en el colectivo social, la revolucin como supremo acto libre del pueblo queda justificada a fin de buscar un nuevo y satisfactorio horizonte colectivo en el que sea posible eliminar la angustia que produce la desposesin en que viven dos tercios de la humanidad. La libertad ha sido histricamente conservadora en cuanto ejercicio propio de los poderosos. Es una libertad excluyente. Y la libertad resulta revolu- cionaria cuando la ejercen las masas que circunstancialmente se han alzado frente a la depredacin. Se trata, cuando aparece, de una libertad incluyente. Como es obvio, ambas prc- ticas de la libertad se excluyen mutuamente.

Estamos ahora, dada la situacin extrema que vivimos, ante una decisin inaplazable: seguir sosteniendo que unos determinados individuos que operan en nombre de la libertad individual son los nicos capaces de mantener una vida razonable -que se sostiene sobre la gran propiedad privada- o, por el contrario, reconocer en la libertad como valor colectivo -que se afirma en la gran propiedad pblica- el nico camino para instalar un poder que remedie las necesidades apremiantes de la masa social. Se trata, por tanto, de la aceptacin del uno poderoso que domina la totalidad de la existencia o de la adopcin del todo social que no acepta ser dominado por la minora. El valor de la praxis se revela como decisivo en el anlisis de la libertad, ya que como escribe Andr Vachet en La ideologa liberal: El juicio prctico es el nico mediador entre el modelo y la accin.

Dada la realidad en que vivimos, repleta de penalidades y naufragio humano, parece obligado que la ciudadana se acoja a la libertad de raz colectiva que instaure, por lgica necesaria, un protagonismo de la sociedad con carcter socialista. Un socialismo, adelantemos, liberado de impurezas tales como el funesto dominio de las cpulas dirigentes que se enquist en las experiencias protosocialistas. Un colectivismo -que es modo tambin de designar al socialismo- de espritu social y estructura multiinstitucional y no un socialismo verticalista de Estado, institucin esta ltima ya irremisiblemente corrompida por la ocupacin de las lites. Esto nos sita, aadamos, ante un socialismo de carcter humanista al que custodie y sanee siempre la accin comunitaria. Un socialismo que no sea una variable puramente alternativa o electoral dentro de la frmula capitalista. Si se interpretara el socialismo como una pura alternancia en el poder actual, o poder de origen minoritario, se prolongara la gran estafa actual de la socialdemocracia.

Ante las angustiantes evidencias que denota el Sistema capitalista parece que los valores de justicia, igualdad y fraternidad se resquebrajan en manos de los partidarios radicales de la libertad individual como base del desarrollo social, que acaba siempre diluyndose en una retrica abstracta -incluyendo la falsedad simblica de que cada soldado lleva en su mochila el bastn de mariscal-. Esos valores de justicia, igualdad y fraternidad slo prosperan dentro de un colectivismo generador de las energas comunales que son las que, en definitiva, mueven y sostienen la existencia. El rico lo es porque se apropia de la riqueza, no porque la genere.

Estas consideraciones, hechas con algo parecido a la divina simplicitas, creo que deben hacerse y discutirse ante la necesidad inmediata de un neosocialismo que trate, paradjicamente, de dar solidez a un correcto comportamiento individual. El socialismo de que hablan, por ejemplo, los soberanistas vascos -si es que he ledo bien su propsito abertzale- parece claramente orientado a que la libre iniciativa individual no corrompa la democracia mediante una renovada concentracin de poder en las manos de una minora autoritaria, ya que un ciudadano slo es autnticamente libre como individuo si la comunidad social est liberada del despotismo.

En el fondo es preciso subrayar estas evidencias porque creo que el sistema actual se sustenta en dos hechos: primero, el fsico de la brbara e incluso sangrienta fuerza con que somete la minora a la mayora, a la que convierte en puro combustible para su horno; en segundo lugar, y esto es ms triste, porque en el nimo ms o menos oculto de una serie de ciudadanos opera la artera esperanza de incorporarse a la minora triunfal, aun al precio de malograr la confortabilidad moral y material de la comunidad. Estos potenciales desleales al bien comn son los que hablan de la libertad individual como libertad nicamente admisible. Entre los intelectuales abunda este tipo de personajes, ya que el trabajo intelectual siempre se estima por muchos de sus protagonistas como merecedor de una situacin brillante y cmoda. Hallar un hermoso franciscanismo en la capa intelectual equivale de alguna forma a dar con un trbol de cuatro hojas.

Vayamos a conclusiones. Para que un individuo pueda desarrollarse libremente -ah est la libertad individual-, pero sin arrebatar el bienestar a los restantes seres de su entorno, es decir, sin explotarlos, resulta absolutamente preciso que una serie de factores econmicos de gran peso queden sometidos al poder poltico comunitario nacido de la libertad colectiva. Ello implica una serie de nacionalizaciones de sectores bsicos de la sociedad. Los conductores del capitalismo saben que toda la sociedad de segundo o tercer escaln queda sometida a su dominio si las fuentes financieras, las energas bsicas, las materias estratgicas, el suelo, el gran transporte, la educacin, la sanidad, las comunicaciones y la investigacin bsica con sus patentes permanecen en manos de la lite. Animar a la produccin de un milln de cosas sin que los ciudadanos cuenten colectivamente con el dominio de las fuentes mencionadas es invitar a los individuos enajenados por la doctrina de la iniciativa individual a que se pongan la soga al cuello. Una maniobra de Bolsa, un retoque monetario o una modificacin maliciosa de tarifas puede arruinar todo un mundo de iniciativas por parte de quienes no pertenecen al sanedrn de los elegidos. La libre competencia capitalista constituye una de las grandes estafas de los poderosos, que tiene en sus manos las llaves reguladoras de esa libertad. Pero quiz, llegados aqu, habra que discutir lo que significa la libertad de los pequeos pueblos ante al colosal poder del imperio. Tiene mucho que ver con el ejercicio de la libertad individual o de la libertad colectiva. Quede para otro da.

Fuente: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130201/385645/es/La-libertad-protagonistas



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