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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2013

Tres psimas opciones, con cul se queda?
2014: Cuenta atrs en Afganistn

Ann Jones
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Compromiso, conflicto o colapso: Pregntenle a cualquier afgano qu espera de 2014 y probablemente le responder con una de esas tres opciones. Desde luego, 2014 es el ao en el que Afganistn va a tener que hacer frente a un doble desafo: las prximas elecciones presidenciales y la salida de mayor parte de las tropas estadounidenses y de otros pases. Muchos afganos se temen un cambio a peor, mientras que otros no se sienten menos aterrados ante la posibilidad de que todo contine lo mismo. Algunos piensan incluso que las cosas pueden mejorar cuando las fuerzas ocupantes se vayan. La mayora prev un ambiente ms conservador pero todos se apresuran a decir que nadie sabe qu puede ocurrir.

Solo hay una cosa cierta para 2014: que va a ser el ao de la derrota militar estadounidense. Durante ms de una dcada, las tropas estadounidenses han combatido muchos tipos de guerra en Afganistn, desde la invasin de bajo impacto a los mltiples incrementos, al coqueteo con una contrainsurgencia estilo-Vietnam, hasta una guerra acelerada a muerte. Y sin embargo, a pesar de todos los experimentos con todas esas variedades de hacer la guerra, el ejrcito estadounidense y su coalicin de socios han acabado siempre en el mismo sitio: en un punto muerto, y en una batalla contra la guerrilla, eso significa derrota. Durante aos, un conjunto variopinto de insurgentes de tamao modesto, con poca popularidad entre la poblacin por lo general, ha combatido al ejrcito ms fuertemente armado y ms avanzado a nivel tecnolgico del planeta hasta paralizarlo, sacudiendo el pas y dejando a sus ciudadanos imaginando ansiosamente las consecuencias de los ms desagradables escenarios.

La primera, compromiso, sugiere la posibilidad de alcanzar algn tipo de acuerdo, lo cual resulta casi inconcebible, para compartir el poder con las mltiples milicias que componen la insurgencia. Aunque Washington presiona para que se celebren negociaciones con su designado enemigo, los talibanes, los representantes del Alto Consejo por la Paz del Presidente Hamid Karzai, que incluye a doce miembros del antiguo gobierno talibn y a muchos de sus simpatizantes, estn llevando a cabo una serie de contactos para hablar de desarme y reconciliacin con todos los grupos de insurgentes armados que el servicio de inteligencia afgano ha identificado por todo el pas. Son unos 1.500.

Un miembro del Consejo me dijo: Nos llevar largo tiempo poder llegar hasta el Mullah Omar (el lder titular de los talibanes). Algunas de esas milicias no pueden siquiera recordar por lo que han estado luchando.

El segundo escenario, conflicto abierto, significara otra pavorosa ronda de guerra civil como la de los aos noventa, cuando la Unin Sovitica se retir derrotada y la guerra que destruy la capital afgana, Kabul, devast tambin zonas del pas y dio lugar a la llegada de los talibanes.

El tercer escenario, colapso, suena tan apocalptico que los afganos raramente se lo plantean, pero est implicado en el xodo que se ha puesto en marcha ya de cuantos ciudadanos pueden permitirse abandonar el pas. Las salidas no estn siendo espectaculares. No hay helicpteros sobrevolando el tejado de la Embajada de EEUU con afganos desesperados pugnando por subir a bordo; slo una cifra record de solicitudes de asilo en 2011, un ao en el que, segn las cifras oficiales, casi 36.000 afganos estaban buscando abiertamente un lugar seguro donde llegar, preferiblemente en Europa. Es probable que esa cifra sea al menos parecida, cuando no superada, cuando la ONU publique los datos completos de 2012.

En enero me desplac a Kabul para averiguar lo que pensaban antiguos amigos mos y las actuales autoridades sobre los crticos meses que tienen por delante. Al mismo tiempo, el Presidente afgano Hamid Karzai volaba a Washington para deliberar con el Presidente Obama. Ese dilogo parece que tuvo muy poco que ver con el contenido de las conversaciones que mantuve con afganos normales y corrientes. En Kabul, donde extraos rumores corren por doquier, un funcionario volvi a asegurarme que el futuro se presentaba brillante para el pas porque se esperaba que Karzai regresara de Washington con la promesa de sistemas de radares estadounidenses, al parecer para la Fuerza Area afgana, que todava no est operativa. (Finalmente, regres con la promesa de que le enviaran helicpteros, aviones de carga, aviones de combate y aviones teledirigidos.) Quin iba a imaginarse que el destino de la nacin y el de sus sufridos habitantes iban a depender de eso? En mis conversaciones con los afganos de a pie, jams se pronunci la palabra radar.

Otro trmino que parece no entrar nunca en las conversaciones de los afganos, por mucho que obsesione a los estadounidenses, es el de al-Qaida. Por ejemplo, el Presidente Obama anunci en una conferencia de prensa conjunta con el Presidente Karzai: Nuestro principal objetivo la razn por la que ante todo fuimos a la guerra- est ya a nuestro alcance: asegurar que al-Qaida no pueda nunca utilizar de nuevo Afganistn para lanzar ataques contra EEUU. Un periodista afgano me pregunt: Por qu se preocupa tanto por al-Qaida en Afganistn? Es que no sabe que ahora estn por todas partes?

En la misma conferencia de prensa en Washington, Obama anunci: La nacin que tenemos que reconstruir es la nuestra propia. Los afganos hace ya mucho tiempo que dejaron de esperar que EEUU cumpliera su promesa de reconstruir la suya. Sin embargo, lo que resulta ahora sorprendente es el gran abismo entre los pronunciamientos de las autoridades estadounidenses y las esperanzas de los afganos de a pie. Es una brecha tan inmensa que muy difcilmente podra siquiera dedicarse un solo segundo a imaginar como los afganos hicieron en algn momento de un pasado ya lejano- que estamos luchando por ellos.

Tomemos slo un ejemplo: el punto de vista oficial estadounidense sobre los acontecimientos en Afganistn es sorprendentemente o blanco o negro. El Presidente, por ejemplo, habla de la forma en que las fuerzas estadounidenses sacaron heroicamente a los talibanes de sus bastiones. Como el resto de altos funcionarios de EEUU, con los aos olvida a quines colocamos en el gobierno afgano, nuestro baluarte en los aos que siguieron a la invasin de 2001: a los antiguos talibanes y fundamentalistas tipo talibn, a los ms brutales guerreros civiles y a violadores en serie de los derechos humanos.

Sin embargo, los afganos no han olvidado a quin puso EEUU en el poder para que los gobernara: exactamente a los hombres que ms teman y odiaban precisamente en el lugar donde pocos afganos queran que estuvieran. En las primeras etapas, entre 2002 y 2004, el 90% de los afganos que fueron objeto de una investigacin de alcance nacional, le manifestaron a la Comisin Independiente Afgana por los Derechos Humanos que no se deberan haber permitido jams que esos hombres ocuparan puestos pblicos; el 76% quera que se les juzgara como criminales de guerra.

En mis recientes conversaciones, muchos afganos citaban an a la primera loya yirga , una asamblea que se reuni en 2003 para ratificar la recin redactada Constitucin, o la primera eleccin presidencial en 2004, o las elecciones parlamentarias del 2005, todas celebradas bajo los auspicios internacionales, en momentos en que las aspiraciones de los afganos y la comunidad internacional se iban ya distanciando. En aquel primer parlamento, al igual que en los primeros encuentros, la mayora de los hombres estaban afiliados a las milicias armadas; todos los dems miembros eran antiguos yihadistas y casi la mitad pertenecan a partidos islamistas fundamentalistas, entre ellos los talibanes.

De esta forma, a los afganos se les puso a vivir bajo un gobierno de seores de la guerra y fundamentalistas con las manos manchadas de sangre que result que haban sido los chicos de Washington. Muchos haban combatido a los soviticos en otra poca utilizando dinero y armas estadounidenses, y unos cuantos, como el ex seor de la guerra, seor de la droga, ministro de defensa y actual vicepresidente Muhammad Qasim Fahim, estaban a partir un pin con la CIA.

En EEUU, esos detalles de nuestra Guerra Afgana, ahora en su doceavo ao, hace tiempo que se han olvidado, pero para los afganos que viven bajo el dominio de los mismos sospechosos de siempre, los recuerdos permanecen dolorosamente vivos. Peor an, los afganos saben que son esos mismos hombres, rearmados y preparados, quienes van a competir de nuevo por el poder en 2014.

Cmo votar anticipadamente en Afganistn

El Presidente Karzai no puede, debido a los lmites de mandato, presentarse a la reeleccin en 2014, pero muchos de los habitantes de Kabul creen que ha llegado a un acuerdo privado con los mismos de siempre en una reunin que se celebr a finales del ao pasado. A primeros de enero, pareci estar sellando el acuerdo cuando anunci que, en aras a la sobriedad en el gasto, volveran a utilizarse en 2014 las papeletas emitidas en las ltimas elecciones. En las elecciones de 2004 se emitieron demasiadas papeletas, sospechosamente muchas ms que la cifra de personas con derecho a voto. Durante la campaa de 2009, cualquiera poda comprar puados de ellas a precios de ganga. Por tanto, esa decisin pareci liquidar cualquier ltima dbil esperanza de que se celebraran unas elecciones en las cuales los afganos pudieran realmente tener algo que decir acerca del liderazgo en su pas.

En las ltimas elecciones presidenciales, aquellas en las que se grab a los hombres de Karzai dando pucherazo, votaron menos del 35% de los potenciales votantes. (A continuacin, el Presidente Obama telefone a Karzai para felicitarle por su victoria.) Es probable que para el prximo ejercicio lo suficientemente bueno para los afganos en democracia slo aparezcan entregados o pagados secuaces. De nuevo, unas elecciones pueden ser solo la elaborada puesta en escena para anunciar a un pueblo desilusionado los nombres de quienes se pondrn al frente del show en los prximos aos en Kabul. Los vecinos de Kabul podran tener que vivir con eso, al igual que han vivido con Karzai todos estos aos, pero se temen que el ansia de poder de los polticos afganos podra llevarles a comprometerse tambin con lderes de la insurgencia como aquel antiguo favorito de los estadounidenses en la guerra contra los soviticos, Gulbuddin Hekmatyar, quien dijo recientemente por televisin a la audiencia que se dispone a reclamar su legtimo lugar en el gobierno. Esos compromisos podran golpear al pueblo afgano con un inestable acuerdo para compartir el poder entre los hombres ms ultraconservadores, egostas, socipatas y corruptos del pas. Si ese acuerdo, a su vez, se desmoronara dentro de uno o dos aos, como ocurre con la mayora de los acuerdos para compartir el poder en todo el mundo, esos grandes hombres podran sumir al pas en una guerra civil parecida a la de los aos noventa, importndoles bien poco cuantos civiles puedan machacar a su paso.

Estos escenarios en el peor de los casos son la pesadilla diaria de los habitantes de Kabul. Despus de todo, durante dcadas de guerra, los espabilados ciudadanos de la capital han aprendido a temerse lo peor de los hombres que aparecen actualmente descritos en un popular graffiti local del siguiente modo: Muyahaidines = Criminales; Talibanes = Burros.

Los kabules de a pie manifiestan temores razonables por el futuro del pas, pero los impacientes empresarios del libre mercado estn ya desfilando o haciendo planes para irse pronto. Han estado bullendo por Kabul (a menudo gracias a los fondos de la ayuda exterior, hasta alcanzar el equivalente al 90% de la actividad econmica del pas), pero no estn dispuestos a quedarse a esperar el resultado de las elecciones de 2014. Carpe diem se ha convertido en su versin del asesoramiento financiero. En consecuencia, estn rapiando cuanto pueden mientras preparan las maletas.

Segn se ha sabido, millones de dlares toman cada da los vuelos que salen del Aeropuerto Internacional de Kabul: oficialmente alrededor de 4.600 millones de dlares en 2011, algo as como el tamao del presupuesto anual afgano. Hordas de empresarios y banqueros (del estilo de los que, en 2004, idearon el esquema Ponzi denominado Banco de Kabul, del que desaparecieron mil millones de dlares) se dirigen a lugares confortables, como Dubai, donde ya han establecido su residencia en bienes inmuebles de lujo.

Mientras ellos se llevan sus inversiones a otras tierras y los esfuerzos estadounidenses se desinflan, la economa afgana se contrae de forma cada vez ms sombra, las oportunidades se reducen y los puestos de trabajo se esfuman. Los precios de la vivienda en Kabul estn cayendo por vez primera desde el comienzo de la ocupacin porque los afganos ricos y los aprovechados contratistas privados estadounidenses, que se tragaron el dinero que Washington y la comunidad internacional derramaron en el pas, se estn marchando.

Al mismo tiempo, parece haberse estancado el boom de la construccin motivado por el blanqueo de dinero en Kabul, dejando a medio construir altos bloques de oficinas que semejan esqueletos en medio de los festoneados palacios pakistanes, centros comerciales erigidos en vertical y enormes medersas levantadas en los ltimos cuatro o cinco aos por polticos y empresarios advenedizos con buenas conexiones con los clrigos conservadores.

La mayora de los magnates afganos que buscan asilo por doquier no temen por sus vidas, solo por sus billeteras: no son refugiados polticos sino ratas del libre mercado abandonando el barco del Estado que se hunde. Incorporndose al xodo (aunque sin aparecer en las estadsticas) estn los innumerables emigrados ilegales que buscan trabajo o huyen para salvar sus vidas, pagando un dinero que no pueden permitirse a los traficantes de seres humanos mientras se encaminan hacia Europa por rutas largas y peligrosas.

Los amenazados afganos han tenido que huir tras cada cambio brusco de gobierno a lo largo del siglo pasado, convirtindose en la mayor poblacin de refugiados del planeta procedentes de un solo pas. De nuevo, aquellos que pueden, ponen pies en polvorosa (en funcin de sus billeteras) del pas, votando as anticipadamente.

La tragedia histrica de Afganistn es que sus violentos cambios polticos del rey a los comunistas, a los seores de la guerra, a los religiosos fundamentalistas, a los estadounidenses- han implicado la huida de la gente ms capacitada para reconstruir el pas ajustndose a directrices de paz y prosperidad. Y su salida solo contribuye al colapso econmico y poltico que intentan evitar. Atrs quedan los afganos de a pie: los analfabetos y sin formacin profesional, pero tambin un ncleo resistente de ciudadanos ambiciosos y educados, incluyendo activistas por los derechos de la mujer, que no estn dispuestos a renunciar a su sueo de vivir de nuevo en un Afganistn libre y en paz.

El monstruo militar

Kabul resuena estos das con los estallidos de los suicidas-bomba, los artefactos explosivos improvisados y los tiroteos espordicos. Por doquier hay hombres armados con uniformes annimos que desafan identificarse. Cualquier hombre con dinero puede comprar un escuadrn de guardaespaldas, vestidos de camuflaje elegante, tonos envolventes y armados con fusiles de asalto. No obstante, los habitantes de Kabul, que intentan llevar vidas normales en la relativa seguridad de la capital, parecen mantener distancia de la guerra que prosigue en las provincias.

Al hacerles la crucial pregunta, piensan que las fuerzas estadounidenses deberan quedarse o marcharse?, los kabules con los que habl tendan a contestar de forma terica, de forma muy diferente a la respuesta visceral que una obtiene en las zonas rurales, donde los pueblos son bombardeados y los civiles asesinados, o en los campamentos levantados para las personas internamente desplazadas que ahora pueblan la periferia de Kabul. (Cuando en 2010 se increment la presencia de marines estadounidenses en la provincia surea de Helmand, controlada por los talibanes, bajo el supuesto de llevar proteccin a sus habitantes a travs de mtodos de contrainsurgencia, decenas de miles de personas se haban desplazado ya a esos campamentos de Kabul.) Los afganos de las zonas rurales no quieren ver hombres armados por sus alrededores. A ninguno de ellos. Los habitantes de Kabul slo quieren sentirse seguros y si eso significa que algunas tropas estadounidenses permanezcan en la Base Area de Bagram, cerca de la capital, como las autoridades afganas y estadounidenses estn ahora discutiendo, bien, no les importa demasiado.

En realidad, la mayora de los habitantes de Kabul con los que habl piensan que eso es lo que va a suceder. Despus de todo, las autoridades estadounidenses llevan aos hablando de bases permanentes en Afganistn (aunque evitando utilizar el trmino permanentes cuando le hablan a la prensa estadounidense), y ltimamente en la televisin afgana estn apareciendo con regularidad oficiales del ejrcito estadounidense diciendo: EEUU nunca abandonar a Afganistn. Los afganos razonan as: Los estadounidenses no se haban pasado casi doce aos combatiendo en este pas si no fuera el lugar ms estratgico del planeta y por ello absolutamente esencial para sus planes de empujar a Irn y despus a China. Todo el mundo sabe que empujar a otros pases es una especialidad estadounidense.

Adems, los afganos pueden ver con sus propios ojos que los centros de mando de EEUU, que incluyen mltiples bases en Kabul y la base area de Bagram, a solo unos 45 kilmetros, estn siendo ampliadas y reforzadas. Ms all de los altos muros del recinto de la embajada estadounidense, pueden ver tambin los nuevos y altos bloques de apartamentos que se preparan para la ampliacin del personal, aunque Washington afirme ahora que en los prximos aos van a reducir personal.

Entonces, por qu iba a anunciar el Presidente Obama la reduccin de tropas hasta quiz unos cuantos miles de fuerzas de operaciones especiales y asesores, si Washington tuviera intencin de marcharse? Los afganos tambin tienen una teora sobre el asunto. Es una treta, afirman muchos, para animar a otras fuerzas extranjeras a marcharse para que los estadounidenses puedan quedarse con todo. Afganistn, piensan, es tan importante para sus planes que EEUU, que ha combatido la guerra ms larga all de su historia, no va a quedar satisfecho con menos.

Yo estaba all para escuchar, pero en ocasiones les dije a los afganos que las guerras y ocupaciones estadounidenses tras el 11-S estaban amenazando con romper nuestro pas. No podemos ya permitirnos esta guerra, les dije.

Los afganos se rean al escucharme decir eso. Han visto la forma en que los estadounidenses tiraban dinero alrededor. Han visto la forma en que el dinero estadounidense ha corrompido al gobierno afgano, y muchos me recordaron que los polticos estadounidenses, al igual que los afganos, se compran y se venden, y sus elecciones se ganaron con dinero. Saben que los estadounidenses son tan ricos como Creso y muy amables aunque, por lo general, no muy educados, ni honestos ni inteligentes.

Operacin Presencia Duradera

Ms de once aos despus, la tragedia de la guerra de EEUU en Afganistn es bastante simple: ha demostrado ser notablemente irrelevante para las vidas del pueblo afgano y tambin para las tropas estadounidenses. Hace mucho tiempo que Washington est luchando una guerra en defensa de una forma de gobierno y de un grupo de funcionarios largamente desacreditados a quienes los afganos nunca habran elegido por ellos mismos y a los que no tienen capacidad para cambiar en estos momentos.

En los primeros aos de la guerra (2001-2005), la administracin de George W. Bush estaba demasiado distrada planificando y lanzando otra guerra en Iraq para poder mantener algo ms que una mnima presencia militar en Afganistn, sobre todo fuera de la capital. Muchos periodistas (incluyndome a m) criticamos a Bush por no acabar la guerra que all empez cuando tuvo oportunidad, pero hoy en das los habitantes de Kabul miran atrs con nostalgia ese perodo, sin soldados, de paz y esperanza. En algunos sectores, los aos de Bush adquirieron incluso una especie de brillo de Edad de Oro perdida, comparados con la profunda militarizacin de la poltica estadounidense que les sigui.

Tanto poder adquiri el ejrcito estadounidense en Kabul y Washington que, con el transcurrir de los aos, pudo tragarse al Departamento de Estado y devorar la incompetente burocracia de la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional, estableciendo Equipos de Reconstruccin Provincial (PRTs, por sus siglas en ingls) en las zonas rurales con objeto de llevar a cabo manacos proyectos de desarrollo, arrojando fardos de dinero en efectivo a todos los dirigentes equivocados.

Desde luego, la militarizacin mat a una enorme cantidad de gente, tanto enemigos como civiles. Al igual que en Vietnam, se ganaron batallas pero se perdi la guerra. Cuando les pregunt a los afganos de Mazar-e-Sharif, en el norte, cmo explicaban la relativa paz y estabilidad de su zona, la respuesta pareca evidente: Los estadounidenses no vinieron aqu.

Otras consecuencias, todas perjudiciales, fluyeron de la militarizacin de la poltica exterior. En Afganistn y en EEUU, enredados tan ntimamente todos estos aos, la brecha en los ingresos entre los ricos y todos los dems ha crecido exponencialmente, en gran medida debido a que en ambos pases los ricos han hecho dinero sacando beneficios de la guerra mientras los ciudadanos normales y corrientes se hundan en la pobreza a causa de la falta de puestos de trabajo y servicios bsicos.

Al depender en todo de las decisiones del ejrcito, EEUU descuid aspectos cruciales de la vida civil en Afganistn que podan haber hecho algo soportables las cosas: la educacin y la atencin sanitaria. S, he odo las repetidas afirmaciones de que, gracias a nosotros, millones de nios estn ahora asistiendo al colegio. De verdad? Segn UNICEF, en los aos de 2005 a 2010, en todo Afganistn, slo el 18% de los chicos y el 6% de las chicas asistan a la escuela secundaria. Qu clase de valoracin es esa? Despus de once aos de trabajo mal financiado en un pas del tamao de Texas, resulta tambin que la mortalidad infantil sigue siendo la ms alta del mundo.

Para 2014, la defensa de Afganistn se le habr transferido a la lamentable Fuerza Afgana de Seguridad Nacional, tambin conocida en el lenguaje militar como Fuerza de Presencia Duradera. En ese ao, para Washington, habr terminado oficialmente la guerra estadounidense, haya acabado realmente o no, y sern los afganos los que tendrn que hacer lo duradero.

Ah es donde ese escenario final el colapso- atormenta la imaginacin de los habitantes de Kabul. El colapso econmico significa desempleo, pobreza, hambre y un inmenso desbordamiento de la cantidad de nios que mendigan por las calles. Se dice que hay ya ms de un milln de nios de la calle en Kabul y cuatro millones por todo el pas. All estn, a pocas manzanas del Palacio Presidencial, en cifras sorprendentes, vendiendo peridicos, tarjetas para el telfono, papel higinico o simplemente mendigando unos cntimos. Son ellos el futuro del pas?

Y si el Estado tambin se viene abajo? Los afganos de cierta edad recuerdan bien la ltima vez en que el pas se qued abandonado a su suerte, despus de que los soviticos se fueran en 1989 y EEUU pusiera fin a su encubierta ayuda. Los partidos de muyahaidines islamistas todos ellos- estuvieron de acuerdo en gobernar el pas por turnos, pero las cosas se fueron pronto al garete e hicieron turnos, s, pero para lanzar cohetes sobre Kabul matando a decenas de miles de civiles, reduciendo a escombros barrios enteros, asaltndolo y violando cuanto encontraban a su paso hasta que llegaron del sur los talibanes y pusieron fin a todo.

Los civiles afganos que recuerdan aquella etapa confan en que esta vez Karzai cumpla lo que promete y se retire, y que los mismos de siempre encuentren vas para mantener los tradicionales equilibrios de poder, aunque no sean democrticos, en algo que pueda pasar por paz. Sin embargo, los civiles afganos estn apostando a que si se produce una colisin, la tercera parte de esas Fuerzas Afganas de Seguridad entrenadas a un coste fabuloso para protegerles lucharn por el gobierno (sea el que sea), una tercera parte luchar a favor de la oposicin y la ltima tercera parte se limitar sencillamente a desertar y se ir a casa. Eso suena casi como un plan.

Ann Jones es autora de Kabul in Winter: Life without Peace in Afghanistan (Metropolitan 2006) y, ms recientemente, de War Is Not Over When Its Over (Metropolitan 2010). Ann quiere rendir tributo al valor y determinacin de todos sus amigos afganos, especialmente de las mujeres, pero tambin de los hombres que luchan a su lado.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175642/tomgram%3A_ann_jones%2C_the_afghan_end_game/#more



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