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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2013

Despacho desde Port Said (Egipto)
Notas desde una ciudad sitiada

Andre Vltchek
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


29 de enero de 2013. PORT SAID, Egipto. Est oscuro, oscuro como boca de lobo, en las calles de Port Said. Pequeos grupos de jvenes se renen en el centro de la ciudad, en su mayora alrededor de coches quemados. Algunos estn muy intranquilos. Gritan y gesticulan, furiosos.

Hay fuegos en la mitad de las calles. Despus de recientes choques entre la polica y manifestantes o, para ser ms preciso, despus de reciente violencia policial, durante la cual mataron a manifestantes y curiosos no parece haber fuerzas armadas a la vista.

Pero que no quede duda: toda la ciudad est rodeada, sitiada, por la polica y especialmente por los militares. Los tanques salieron de sus cuarteles y a todo lo largo del Canal de Suez: de la Ciudad de Suez a Ismailia, y de Ismailia a Port Said. Las bocas de sus caones apuntan a coches en las carreteras. Hay bloques de ruta por doquier. En la ciudad de Port Said, vehculos blindados bloquean todas las carreteras principales que llevan hacia y saliendo del centro. Los soldados se aferran a sus ametralladoras, listos a disparar.

En la oscuridad total aparcamos nuestro vehculo al borde de la acera y vamos al Hospital General de Port Said.

Hay un fuerte olor a orina en las salas; las luces son dbiles y las salas estn repletas de pacientes y sus familias algunos hombres heridos, algunas mujeres llorando es un caos total; numerosas enfermeras y doctores tratan de restaurar por lo menos una apariencia de orden.

Entro a un espacio poco iluminado que parece parte de una pelcula de horror de tercera de Hollywood: armazones de quirfanos medievales, todas amontonadas en horrendos quirfanos sucios encerrados entre paredes inmundas cubiertas de inmensos agujeres.

Es nuestra sala de emergencias, me dice una joven enfermera, con sus cabellos cubiertos por un pauelo: Estos son nuestros tres quirfanos.

Est segura? pregunto como un idiota.

Estoy segura, responde. Trabajo aqu.

Un joven doctor, aparentemente agotado, evala mecnicamente la situacin: El banco de sangre est a un nivel decente, y tenemos bastantes medicinas bsicas. Hubo ciertos rumores de que se nos haban acabado todas las medicinas y equipamientos necesarios, pero no es correcto. Enfrentamos otros problemas, pero ese no es uno de ellos.

Esos otros problemas consisten del hecho de que nadie esperaba un ataque semejante en tan poco tiempo.

Es un desastre total, exclama el doctor Ahmed Attia, de una de las clnicas privadas de la ciudad. Los peridicos dicen Port Said necesita sangre y medicinas, pero no es as. Los problemas que hemos estado enfrentando aqu, particularmente durante los primeros dos das de matanzas, tienen que ver con lo que llamamos falta de experiencia mdica. Muchos doctores simplemente no saban cmo tratar heridas por armas de fuego y otras heridas graves. Los pacientes tuvieron que ser llevados en avin al Hospital Universitario de El Cairo y otros hospitales en el pas.

Pregunto cunta gente muri.

Veamos, el doctor hace la cuenta. Por lo menos 42. El primer da, 31; el segundo da, 7; despus hubo cuatro personas que murieron por las heridas que recibieron el primer da y hasta ahora hemos contado a 900 heridos.

La gente sigue muriendo, dice alguien desde atrs.

Todo es terrible, declara el doctor Attia. Luego dice: Aqu, tenemos a un grupo de socialistas

Soy uno de ellos digo, sonriendo.

Se me acerca, un hombre de casi dos metros de altura, y me da un fuerte abrazo. Vuelva, dice; vuelva a Port Said, y hablaremos. Le contar lo que pas realmente aqu. Pero ahora, tenemos trabajo.

De vuelta en el Hospital General de Port Said, me llevan a ver a varios pacientes, vctimas de la violencia.

Visito a Ahmed Mamdouh, quien tiene dos heridas de bala en su pecho.

Se queja: No tengo la menor idea de lo que pas! Soy estudiante de secundaria Solo iba a asistir a clases y la polica comenz a disparar a la gente, sin advertencia. Me dieron dos tiros.

En otra pieza atiborrada un hombre agoniza, rodeado por su familia. Obviamente ha estado luchando por su vida. Le dispararon a los riones. Me niego a entrar, respetando su privacidad y su dolor. Pero pronto sus parientes me siguen corriendo, gritando: Por favor venga y tome fotografas, y vea lo que nos estn haciendo! Tiene 36 aos, es hombre de familia. Solo iba al trabajo cuando la polica comenz a disparar.

De inmediato me rode un gran grupo de gente. Todos queran hablar: los pacientes y sus parientes, enfermeras, doctores e incluso el gerente del hospital.

Sigue estando muy oscuro cuando volvemos a la calle. Los incendios siguen ardiendo y podemos escuchar disparos muy cercanos.

* * *

Unas pocas horas antes, cuando me atreva a ir de El Cairo a Port Said, evitando tanques, vehculos blindados, e innumerables puntos de control militares, la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Sra. Navanethem Navi Pillay, expres su alarma y Amnista Internacional expres su preocupacin por el deterioro de la situacin en Egipto.

La ltima etapa del conflicto en Port Said estall hace solo algunos das despus de penas de muerte dictaminadas contra 21 personas del lugar por su participacin en los disturbios, en los que murieron 74 personas despus de un partido de ftbol entre el club local Al-Masry y el Al-Ahly S.C. de El Cairo el 1 de febrero de 2012. Ese da, cientos de partidarios locales atacaron a visitantes del equipo cairota. Supuestamente la polica no hizo ningn intento de separar a las dos partes.

La BBC inform que partidarios de los condenados a muerte atacaron la prisin en los que estos estaban detenidos en un intento por liberarlos. Hubo derramamiento de sangre, sobre todo de los manifestantes, aunque dos policas tambin fueron muertos en el enfrentamiento.

Poco despus, estallaron nuevos y mortferos choques cuando los atades de los muertos en el enfrentamiento con la polica eran llevados por las calles.

* * *

No me propongo analizar la situacin poltica general en Egipto en este informe. No me propongo escribir sobre el rgimen del presidente Mohamed Mursi, o sobre quin exactamente est detrs de las ltimas protestas en El Cairo y en la regin del Canal de Suez. Lo har ms adelante, tal vez la semana prxima, en un ensayo ms prolongado y detallado para esta publicacin.

No vine aqu para apoyar a sta o a la otra parte. El propsito de mi viaje no financiado a Egipto era terminar de recolectar secuencias para uno de mis documentales, y comprar el levantamiento en Egipto con los ocurridos en Indonesia en 1998 y las victoriosas revoluciones en Latinoamrica.

Pero como corresponsal de guerra que lleg por casualidad a la escena del conflicto, me siento obligado a hacer lo que considero mi deber hacia mis lectores en todo el mundo: informarlos, utilizando palabras e imgenes, sobre el terrible sufrimiento que ha afectado al pueblo de Egipto. Pienso que es especialmente importante en sitios como Port Said, porque, como me han dicho y he visto yo mismo, no hay absolutamente ninguna seal de la presencia de medios independientes y progresistas.

* * *

No importa quin sea el responsable por la actual situacin, es absolutamente brutal colocar toda una ciudad de ms de 600.000 habitantes bajo la ley marcial, y por ello bajo estado de sitio.

Lo que est claro es que, amenazada o no, la fuerza policial se lanz brutal y indiscriminadamente contra civiles desarmados. Al publicar este ensayo, haban muerto 50 personas y ms de 900 haban sido heridos en solo unos pocos das. Son estadsticas tpicas para ciudades que se han convertido en zonas de guerra.

La pregunta lgica es, por lo tanto: est en guerra Egipto? Si es as, quin combate contra quin? Si es una guerra, los civiles deben contar con seguridad, y ser protegidos, no que agentes del orden disparen a sus pulmones, cerebros y riones.

Volviendo al acto que gatill el conflicto, la sentencia de 21 personas a la muerte: No importa cul sea la posicin de cada cual respecto a la pena de muerte, sentenciar a 21 personas a la muerte en una sola ciudad, en un da, durante un tiempo voltil como el que Egipto vive actualmente es echar gasolina al fuego, tal vez algo peor. Amigos de la pena de muerte y hay muchos en esta parte del mundo debieran considerar cuidadosamente lo que sucede en Port Said, y preguntarse honestamente si ejecutar personas realmente protege a la sociedad o si la lanza hacia peores tumultos.

* * *

Mientras conducamos hacia Ismailia y Port Said, la interminable cantidad de letreros y barracones militares a lo largo de la ruta nos impact, a m y a mi conductor, un estudiante indonesio de filosofa en una universidad local. No conozco ningn otro sitio, con la posible excepcin de Yibuti, que pueda vanagloriarse de una cantidad semejante de instalaciones militares, incluyendo aeropuertos, bases, y quin sabe qu ms, en una sola carretera.

No solo haba bases militares activas entre El Cairo e Ismailia, sino innumerables monumentos e instalaciones de grandes fetiches militares, con tanques, aviones y estatuas de hombres con caras brutales atacando a un enemigo no identificado. A menudo era difcil hacer una distincin entre el equipamiento real y activo y los prototipos y reliquias que servan como parte de los monumentos a los soldados-hroes locales. Vindolo todo, nunca se podra adivinar que cada vez que Egipto ha ido realmente a la guerra, los resultados han sido mucho menos que gloriosos.

* * *

Ahora los cuarteles han abierto sus puertas y los tanques se encuentran a lo largo de la carretera por docenas, cientos, tal vez ms.

Por el camino nos detenemos en el antiguo trasbordados a Sina, directamente al lado del nuevo puente. Quiero atravesarlo y hablar con la gente sobe el conflicto y la institucin de la ley marcial, pero justo antes de hacerlo me detiene uno de los cientos de militares que se encuentran sin motivo aparente a lo largo del Canal de Suez.

No puede atravesar, dice el soldado.

Por qu? pregunto. He atravesado por lo menos dos veces en el pasado, en camino de El Cairo a Gaza, durante la Intifada. Por qu no ahora?

El importante militar toma mi pasaporte y comienza a transmitir todos los datos a algn general, como me dicen, por telfono. Despus de 10 arduos minutos deletreando cada letra en la primera pgina de mi pasaporte, el hombre se vuelve hacia m con una cara totalmente derrotada: Cmo se llama?

Es este el nuevo Egipto? pregunto en alta voz.

Tal vez, responde a travs de mi conductor e intrprete indonesio.

* * *

No olvidar durante mucho tiempo lo que vi en Port Said.

La ciudad, o la mayor parte, est destruida: no por los combates sino por el abandono y la miseria. La mayor parte del crecimiento urbano consiste de horribles edificios de apartamentos medio colapsados o desmoronados, no muy diferentes de los de Alejandra (otra pesadilla urbana) y de El Cairo (no mucho mejor). Hay basura por doquier. Algunos bloques de apartamentos ya han colapsado por completo, y otros estn a punto de hacerlo. Parecen similares, aunque peores de cierto modo, que los construidos en Phnom Penh durante el reino de los Jmeres Rojos.

Hay muchos espacios vacos entre los edificios. Estn repletos de desperdicios. No parece haber nada que alguien pueda apreciar: adultos y nios vagan sin rumbo de un lado al otro.

Asnos tiran carretones. Nios pequeos corren por ah sin supervisin, muchos mendigando.

Y Port Said es la ms rica, o por lo menos una de las ciudades ms ricas del pas! En 2009 2010 Port Said haba sido catalogada primera de las ciudades egipcias segn el ndice de Desarrollo Humano.

* * *

Me acerco a un joven parado en la esquina. Cmo van las cosas aqu de noche? le pregunto.

Me lanza una mirada vaca. Anoche hubo combates en el vecindario Al Arab. Una persona muri. Tal vez ms.

Port Said, as como todo Egipto, parecen estarse desmoronando como esos vecindarios desolados. Pero no es un deterioro reciente; no comenz con la presidencia de Mursi. Casi todos los que conocemos Egipto lo vimos venir, durante dcadas. Tendra que haber sido extremadamente disciplinado y mirado hacia otro lado para no darme cuenta.

Ahora las cosas parecen mucho ms dramticas, por supuesto, por lo menos en Port Said. En medio de toda la decadencia hay innumerables bloques de ruta y tanques ubicados en posicin de combate. Sobre ellos se ubican fuertes jvenes, apuntando ametralladoras a su propia gente en lugar de hacer algo productivo para su pas, como construir parques de juego para los nios, puentes, hospitales y escuelas.

Las Fuerzas Armadas egipcias son las mayores en frica y el Mundo rabe y las dcimas por su tamao en el mundo, aunque Egipto es un pas muy pobre. Su ndice de Desarrollo Humano (UNDP, HDI, 2012) es nmero 113 de un total de 187 pases, y va bajando. Ahora se encuentra bajo Filipinas, y incluso Mongolia y Gabn.

* * *

Fotografo el estadio Stad Būr Saīd el sitio que caus tanto dolor en febrero de 2012. Ahora est cerrado, y espeluznantes grafiti decoran sus murallas.

Y entonces encuentro una inmensa manifestacin al anochecer; gente que marcha hacia el centro de la ciudad.

Algunos me hacen gestos amenazantes. Otros quieren hablar. Los que quieren hablar son la mayora.

En un momento dado los manifestantes comienzan a agitar banderas frente a mis cmaras; estn posando, y algunos incluso me abrazan. Parecera que soy el nico periodista no rabe en la ciudad. En teora, debera sentirme amenazado, pero no es el caso. Me tratan bien. Confan en m. Y yo confo en ellos.

Un hombre robusto se apoya en nuestro coche y grita: Port Said es ahora un pas cerrado; es zona de guerra! Hasta ahora mataron a 50 personas. La polica nos est matando. La polica dispar a 1.000 personas en sus piernas y en sus ojos! La polica ha estado usando gas lacrimgeno y municin de guerra. Venga y vea! Mostrdselo! No tenemos municin, ni armas. Sus medios dicen que tenemos Pero venga y revsenos!

Otro manifestante me grita: Cinco personas murieron hoy; algunos fueron alcanzados por un francotirador. Ahora nosotros los egipcios somos como el resto de los rabes, vivimos en el miedo y la agona!

Una muchacha, gil y de voz suave, tira de mi manga. Podra ser sus ojos, en Port Said? Habla buen ingls, y su nombre es Ftima.

Cerca de ella est su hermano ms joven, quien parece embarazado por el atrevimiento de su hermana. Todos entramos a un pequeo bodegn local.

Ya no puedo ir a trabajar, dice Ftima. Trabajo y estudio; quiero ser periodista, como usted. Piensa un momento, y contina: Es horrible lo que nos estn haciendo. Estamos todos contra la decisin del tribunal egipcio, contra las sentencias a muerte. La mayora de nosotros no estbamos contra el actual gobierno. Ahora s estamos.

El toque de queda es a las 9 PM. Logramos salir de la ciudad justo a tiempo, pero antes de irnos, Ftima hace que pasemos frente a la comisara donde recientemente mataron a tiros a dos personas. El centro de la ciudad est totalmente oscuro. Arden pequeos fuegos, iluminando los fantasmagricos restos de coches quemados. Siento como si cualquier cosa pudiera pasar, en todo momento.

Conducimos muy lentamente para no chocar con nadie, a fin de no despertar emociones. Un movimiento equivocado podra provocar una tragedia. Unas pocas manos golpean el cap de nuestro coche. No podemos verlos en la oscuridad. Unas pocas gotas de gasolina y un fsforo bastaran y se acab.

Entonces, Ftima y su hermano parten. Trato de darles un poco de dinero, para que puedan tomar un taxi. Quiero que estis seguros, insisto. Lo rechazan orgullosamente. Nos separamos.

Ahora corremos contra el tiempo. El toque de queda se acerca, pero nadie puede decirnos cmo salir de la ciudad, ya que la mayor parte de las calles principales estn bloqueadas.

Finalmente llegamos al puente.

Mi conductor y yo estamos agotados, pero nos espera otro terror 250 kilmetros por la carretera egipcia de noche, de conduccin suicida y terribles accidentes. Pasamos por puestos de control militares y policiales; sus tanques nos enfrentan una y otra vez.

La ciudad que dejamos atrs est literalmente sangrando, de todas sus terribles heridas infligidas en el pasado, avivadas de nuevo en los ltimos meses y das.

Mientras cruzamos el puente, pienso en el doctor y en Ftima y su hermano gente amable, mis nuevos amigos que dej atrs en su ciudad sitiada.

Bere? pregunto a mi conductor indonesio, el estudiante de filosofa.

Hm? Qu pasa?

Qu piensa sobre lo que vimos hoy?

Piensa un instante. Es bueno que hayamos venido. Menciona al doctor y a Ftima. Tenemos suerte, encontramos a gente maravillosa!

Definitivamente, una manera legtima de resumir el da!

Al partir, en El Cairo, uno de los generales y Ministro de Defensa Abdul Fattah Al-Sisi declara: La actual situacin llevar al colapso del Estado Por qu lo dice? Est amenazando al gobierno?

Mientras conducimos hacia El Cairo, el doctor Attia y sus compaeros desafan valerosamente la ley marcial, saliendo a partir de las 9 PM, y logrando finalmente un levantamiento por lo menos parcial del toque de queda.

Miro la ruta frente a m, en mi cabeza, por inercia; por lo menos por un instante, trato de ver todo el asunto desde el punto de vista poltico. Esta vez no tengo xito. Por una vez, mi historia es muy simple: Informo desde una ciudad destruida. Simplemente informo sobre lo que veo con sus propios ojos. Lo hago porque tengo que hacerlo, porque me siento obligado a hacerlo. Y admito, honestamente, que esta vez solo trato de describir lo que capturan mis ojos, y no lo que llego a comprender enteramente.

Andre Vltchek ( http://andrevltchek.weebly.com/ ) novelista, cineasta y periodista de investigacin. Ha cubierto guerras y conflictos en docenas de pases. Su libro sobre el imperialismo occidental en el Sur del Pacfico se titula Oceania y est a la venta en http://www.amazon.com/Oceania-Andr-Vltchek/dp/1409298035 . Su provocador libro sobre la Indonesia post Suharto y su modelo fundamentalista de mercado se titula Indonesia: The Archipelago of Fear , http://www.plutobooks.com/display.asp?K=9780745331997 . Recientemente produjo y dirigi el documental de 160 minutos Rwandan Gambit sobre el rgimen pro occidental de Paul Kagame y su saqueo de la Repblica Democrtica del Congo, y One Flew Over Dadaab sobre el mayor campo de refugiados del mundo. Despus de vivir muchos aos en Latinoamrica y Oceana, Vltchek vive y trabaja actualmente en el Este de Asia y frica.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/02/01/notes-from-a-besieged-city/

 

 


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