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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2013

Ante el segundo centenario de la Asamblea del Ao XIII
Lo histrico est ms presente de lo que imaginamos

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Es muy curioso lo que ha pasado con el segundo centenario de la Asamblea del Ao XIII. Que con justeza se ubica en los orgenes, en los rasgos fundacionales de los estados hoy existentes en nuestra regin sudamericana.

Los diversos historiadores y referentes han recordado en Argentina con profusin muchos aspectos desarrollados en aquella magna reunin, y cmo se empez a configurar, por ejemplo, la sociedad argentina. La Asamblea expresa avances decisivos del proceso independentista respecto de la vieja corona espaola. Se invoca un principio de soberana. La Asamblea parece haber sido muy celosa de lo formal y simblico puesto que se aprobaron una serie de smbolos patrios escarapela, escudo, himno−, cuando no se saba exactamente lo que era el mbito territorial de la patria (por ejemplo, fueron invitadas provincias virreinales de lo que actualmente es Bolivia, Paraguay, Uruguay, que no estuvieron presentes); decreta la libertad de vientres, es decir ya nadie poda nacer esclavo (como bien han destacado quienes procuran ver el envs y el revs de las cosas, no se decret la abolicin de la esclavitud). Estableci una serie de principios y guas para la configuracin de un estado moderno y laico, al suprimir, tambin los ttulos nobiliarios y a la vez otras instituciones de la conquista y la colonizacin europea, infames, como la mita, la encomienda, el yanaconazgo. Aboli la Inquisicin y suprimi la prctica de la tortura en los mbitos judicial y penitenciario. Logro este ltimo que ha resultado ms que fallido.

Pero ms all del grotesco fracaso de algunas muy buenas disposiciones propias de ese momento fundacional, lo que apenas si se ha hablado en este segundo centenario es por qu no estuvieron presentes los representantes orientales (varios, por lo menos media docena, de poblados de la Banda Oriental, incluido Montevideo, que estaba a su vez sitiado por independentistas orientales y porteos (Montevideo en 1813 y 1814 se conservaba como plaza fuerte hispana).

Por historiadores y periodistas empeados en el tema sabemos que los representantes orientales venan con instrucciones1 que los convocantes entendieron limitaban la soberana de la Asamblea. Las muy mentadas Instrucciones del Ao XIII, atribuidas a Jos Artigas.

Sin embargo, la importante es la soberana de los pueblos, de la sociedad, y no exactamente la de la Asamblea, que puede considerarse compuesta por miembros plenos y con soberana desde s mismos o representantes propiamente del pensar y el sentir gestado en los tejidos sociales desde donde provenan. En ese caso, las instrucciones ms que una seal de falta de democraticidad, estaran revelando una mayor democraticidad.

La verdad de la milanesa parece ser que los representantes de la Provincia Oriental venan a Buenos Aires reclamando algunos puntos irritantes para las autoridades porteas, ya por entonces con una cierta supremaca sobre el resto: postulaban un pacto confederal como defensa contra el centralismo ya insinuado y tenan como mandato para la designacin de la capital cualquier ciudad que NO fuera Buenos Aires.

Los delegados porteos, actuando como dueos no slo de casa sino de la asamblea, les impidieron el ingreso al augusto recinto as privado de la democracia suprema que se invocaba. Porque se iba a discutir, y rechazar, la opresin espaola (de la inglesa, ni una palabra; por eso la Asamblea no postula la independencia, muchos porteos queran ligarse con Inglaterra), los ttulos nobiliarios, la tortura, pero no iban a admitir ni el menor atisbo que ensombreciera el centralismo en ciernes y el protagonismo de facto de Buenos Aires.

Observemos, como mera y triste coda de esta asamblea, que all se cocinan las inminentes guerras intestinas. Porque la resistencia al dominio de la ciudad-puerto de Buenos Aires no era una exclusividad ni una mana artiguista. Haba muchos patriotas que desconfiaban del centralismo. Ni hablar de cierto conservadurismo muy bien esgrimido desde Buenos Aires. Por eso, al congreso constituyente de Tucumn, 1816, no concurrirn todas las que son actualmente las provincias argentinas litoraleas. Ni siquiera Santa Fe

Por eso tampoco se constituye una patria grande con los actuales Paraguay, Uruguay, Bolivia. Ms bien al contrario; se reafirman nuevos estados nacionales por oposicin a Buenos Aires.

Alto el precio que hemos tenido como sudamericanos para que Buenos Aires fuera la capital de un pas inmenso y sin embargo reducido respecto del virreinato. Argentina. Enfrentada y resistida por tantos provincianos que habran preferido tener un papel ms activo en una organizacin federal. Lo llamativo es que esa resistencia y esos enfrentamientos han proseguido en el tiempo. A veces expresados en pujas interestatales como la atroz Guerra del Paraguay (1865-1870), a veces en penossimos episodios internos.

Todava hoy discutimos si esta formacin megaloplica es la mejor opcin (perfectible, claro), si acaso expresa un crecimiento socialmente sano y armonioso o es la expresin de un desarrollo colonial y neocolonial, caracterizado, por ejemplo en pleno siglo XXI, por el desplazamiento de la frontera agropecuaria, la expansin sojera y el arrinconamiento de ms y ms pobres del campo o ex-tales en los cordones urbanos pauperizados. Sabemos, s, que la macrocefalia capitalina es un rasgo cabal de los estados coloniales, neocoloniales, sangrados, en suma.

Eso es lo llamativo. La persistencia de la misma antinomia.

Nota:

1 Algo que todo escolar oriental, o uruguayo, conoce como las Instrucciones del Ao XIII.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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