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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2013

Trinidad

David Brooks
La Jornada


Cada vez menos le creen a esa trinidad sagrada de gobierno, bancos e Iglesia en este pas. La confianza de la opinin pblica en estas instituciones est por los suelos y a veces parece que ya slo ellos creen que son crebles.

Slo 26 por ciento de estadunidenses confa en que el gobierno federal har lo correcto casi siempre, mientras 73 por ciento dice confiar en el gobierno algunas veces o nunca. Era casi justo lo opuesto en los aos 60, cuando 75 por ciento confiaba en el gobierno y slo 23 por ciento desconfiaba, segn un sondeo del Centro de Investigaciones Pew difundido la semana pasada.

Por primera vez una mayora (53 por ciento) dice que el gobierno federal amenaza sus derechos y libertades personales, percepcin que ha sido nutrida por la derecha durante las ltimas dcadas. De hecho, los promotores de los derechos a las armas suelen argumentar que la Constitucin garantiza ese derecho justo para que los ciudadanos puedan defenderse del gobierno si ste intenta amenazar sus libertades.

Estas opiniones son, en gran medida, producto de un masivo esfuerzo de la derecha, que desde tiempos de Ronald Reagan ha buscado desprestigiar, y hasta anular, el papel social y econmico del gobierno. Fue Reagan quien dijo: el gobierno no es la solucin a nuestro problema, el gobierno es el problema. Desde entonces se ha lanzado una ofensiva para reducir el gobierno, lo cual se traduce en desmantelar los programas sociales y las regulaciones ambientales, laborales y derechos civiles conquistados por movimiento sociales desde los tiempos del Nuevo Trato hasta ahora (nunca mencionan el gasto militar ni los masivos subsidios a las grandes empresas).

Pero esta desconfianza de la sociedad tambin responde al comportamiento de los polticos de ambos partidos nacionales, que son, con excepciones, especialistas en minar la confianza del pueblo en ellos. La corrupcin, la influencia de los dueos del dinero en las elecciones, el manejo de la poltica nacional por integrantes intercambiables de las cpulas polticas y empresariales (sobre todo del sector financiero) nutren la percepcin de que el gobierno no representa al pueblo, sino ms bien est al servicio de unos cuantos.

Todos saben que la cpulas poltica y financiera gozan de relaciones ntimas. Los dos candidatos presidenciales recibieron enormes aportaciones electorales de Wall Street en esta ltima eleccin; los asesores ms influyentes de poltica econmica del gobierno provienen del sector financiero; muchos de los ms altos funcionarios, incluidos casi todos los secretarios del Tesoro de los ltimos 20 aos, fueron altos ejecutivos en el sector bancario. El senador Richard Durbin, uno de los ms poderosos en la cmara alta, coment con gran frustracin, al batallar con banqueros para una reforma financiera en 2009, que los bancos francamente son los dueos de este lugar, en referencia al Congreso de Estados Unidos.

Ante ello, no sorprende al ciudadano comn que ninguno de los ms altos ejecutivos financieros haya sido enjuiciado por las maniobras y las manipulaciones que detonaron la crisis econmica ms grande en casi un siglo y cuyos costos fueron pagados por el pueblo (en fondos pblicos para rescatar a los bancos, en millones de empleos perdidos, en recortes a presupuestos estatales, etctera). Aun cuando uno de los grandes bancos cometa delitos como lavado de dinero para crteles del narcotrfico, mafias y organizaciones ilcitas, como el reciente caso de HSBC, la justicia estadunidense no responsabiliza penalmente a los ejecutivos.

Matt Taibbi, destacado periodista de Rolling Stone y uno de los que ms han seguido el asunto del sector financiero y sus relaciones polticas, coment, en entrevista con el gran Bill Moyers, que la falta de una fiscalizacin penal de los ejecutivos por las autoridades aqu es alarmante, porque el estado de derecho no es en verdad estado de derecho si no se aplica a todos por igual. Digo, si vas a encarcelar a alguien por tener un churro de mota en el bolsillo, no puedes dejar ir a ejecutivos de HSBC por lavar 800 millones de dlares para los narcotraficantes... A la larga el tejido de la sociedad se deshace cuando algunos son encarcelados y otros no En los hechos, afirma, el mensaje de estas decisiones del gobierno de no proceder penalmente es que los altos ejecutivos de estas empresas son demasiado poderosos para encarcelarlos.

Hablando de relaciones ntimas alarmantes, en este pas de Dios (donde cada billete de dlar dice En Dios confiamos y cada discurso poltico concluye con Dios bendiga a Estados Unidos), la institucin religiosa ms grande del pas contina abrumada por sus pecados.

La semana pasada la Iglesia catlica fue obligada a reprobar pblicamente a una de sus figuras ms reconocidas, el cardenal Roger Mahoney, ex arzobispo de Los ngeles, la dicesis ms grande del pas, por encubrir decenas de casos de abusos sexuales de menores por sus curas durante aos. Su castigo: de ahora en adelante tiene prohibido hablar en pblico; a la vez, su ex asistente Thomas Curry fue obligado a renunciar como obispo regional de Santa Brbara.

En uno de los casos, un cura haba abusado sexualmente de varios menores, hijos de inmigrantes indocumentados, y por lo menos a uno lo amenaz con la deportacin si hablaba. Mahoney, quien se jubil hace dos aos despus de servir desde los aos 80 en Los ngeles, se haba reunido hace unos aos con casi 100 vctimas de estos curas y desde entonces ora por cada uno de ellos todos los das.

La cpula poltico-empresarial-religiosa estadunidense afirma da tras da que todo lo que hace es para el bien no slo de este pas, sino del mundo. A estas alturas, y como van las cosas, acabarn siendo los nicos que creen en la santidad de su trinidad.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/02/04/opinion/021o1mun



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