Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2013

Para una economa poltica de la dignidad

Alberto Quinez
Rebelin


El ser humano no nace sujeto. El sujeto, al ser social e histrico, se construye. Ms que un cuerpo es una relacin. El individuo, que es un vnculo montono consigo mismo, no puede ascender a ser sujeto. Para escalar en el proceso debe superarse como individuo en el seno de una colectividad, sin que eso signifique perderse, enajenarse en la masa.

El capitalismo expropia al ser humano de la posibilidad de reproducirse libremente1, de realizarse. Para desarrollarse en su plenitud como modo de produccin dominante a escala mundial, el capital debe reproducirse a costa de la contra produccin de la vida misma, debe subsumir las condiciones materiales y espirituales que determinan la conciencia de la libertad, debe acaparar la vida humana y la reproduccin de la naturaleza y ponerlos ante la finalidad de la produccin, realizacin y apropiacin de plusvalor.

El proceso de explotacin de la fuerza de trabajo es un proceso de enajenacin de la corporeidad misma del sujeto. El trabajo, como intercambio de sustancias entre el sujeto humano y la naturaleza, es un proceso de desgaste material e intelectual del ser humano; al enajenar el producto de ese desgaste corpreo, el capitalista enajena la corporeidad misma de las y los trabajadores.

La enajenacin de las fuerzas corpreas se acompaa de una enajenacin en el plano de la conciencia. El fetiche de la mercanca abona a que el sujeto no se reconozca como tal; la produccin de valores de uso que no son valores de uso para el productor directo, son valores de uso, preados de valor, pero cuya finalidad por cierto l mismo no conoce, pues la relacin entre personas aparece como relacin entre cosas, lo que elimina la presencia del otro. La otredad se inhibe y como no hay otro, no hay mismidad, puesto que el reconocimiento de uno no se puede lograr sin la presencia del otro.

El yo y el otro son elementos dialcticos de una misma realidad: el sujeto. El yo es yo mientras sea tambin su contrario, es decir, mientras ese yo que soy se asuma como un yo en el otro. Como un ser que es no slo en el ser propio, sino en su propio no-ser, en el ser del otro; y siendo el otro es su no-ser impropio, esto es: l mismo. En la tica del individuo esta premisa resulta inconcebible: el ser es porque es en su soledad, en su ensimismamiento; el otro es tangencia, pero es una tangencia que destruye porque niega el yo del individuo. Hay un conflicto entonces entre el yo y el otro, un conflicto que niega al yo mismo mediante la negacin del otro.

De este modo, slo la praxis unidimensional encuentra espacio legtimo en el ideario de la sociedad atomizada. La individualidad se asume como generalidad, y entonces la particularidad se convierte en fetiche. La diferencia entre los individuos es explotada como forma de legitimacin subjetiva, pero la diferencia la marca el acceso a productos diferenciales en el mercado. El consumo de masas es sustituido por el consumo del individuo, personalizado, atomizado.

No es extrao entonces que a nivel de la construccin terica, sea precisamente el pensamiento nico el que predomine. Ese pensamiento unidimensional no va ms all de ser razn instrumental, de legitimarse en la manipulacin fenomnica. Dice Kosk: la prctica utilitaria inmediata y el sentido comn correspondiente ponen a los hombres en condiciones de orientarse en el mundo, de familiarizarse con las cosas y manejarlas, pero no les proporciona una comprensin de las cosas y de la realidad2.

No existe la posibilidad de abrir el pensamiento nico a la multidimensionalidad. Ello se deriva del dogma mismo de la cultura de la dominacin: si la multidimensionalidad tiende hacia la liberacin paulatina de la humanidad, ella no puede sino ser negada; pero esa negacin, como paso dialctico, no puede sino desembocar en evidenciar que lo multidimensional es una necesidad histrica ineludible. Y no puede ser de otro modo: si la multidimensionalidad libera es porque se define como medio para superar la crisis sistmica del capital. Pero si el sistema la asume como tal, si se incorpora a la capacidad regenerativa del sistema, a las entraas de la dominacin, la multidimensionalidad podra quedar subsumida a la acumulacin capitalista.

La crisis del capital que entre otras cosas ha arrastrado al ncleo terico de la economa neoclsica, ha puesto en evidencia la incapacidad de esta teora para crear las condiciones poltico-econmicas que puedan propiciar el desarrollo de la humanidad en su conjunto y que, por el contrario, se remita a la negacin de la vida de esa humanidad; una teora que salva y lucha por el individuo abstracto, eliminando al sujeto concreto.

Pero la valorizacin del capital no se hace en abstracto. Particularmente, la valorizacin del capital se hace por extraccin de plusvala absoluta o relativa y ambas suponen la destruccin progresiva de la fuerza de trabajo, ya sea por la limitacin del tiempo vital del sujeto o por la intensificacin de su desgaste. Recordemos que la plusvala absoluta supone el aumento de la jornada de trabajo, alargando el trabajo excedente por sobre el trabajo necesario; por su parte, la plusvala relativa refiere a la reduccin del trabajo necesario a travs de la recomposicin tcnica del proceso de produccin.

Al caracterizar de este modo las relaciones de produccin capitalistas, se entiende que las mismas atentan contra cualquiera de las formas de la integridad humana. El ser humano se cosifica y su cosificacin determina la mercantilizacin de su corporeidad; la fuerza de trabajo se vende y se compra entonces por la posibilidad que posee de crear siendo destruida, es la mercantilizacin de su vida, el fetiche de la muerte como posibilidad de la vida. En ese fetiche, la humanidad vale en tanto valor, por lo tanto, al valer como valor se destruye como especificidad humana y se cosifica.

La contrarrevolucin marginalista, al introducir al ser abstracto, sin origen, sin necesidades, sin clase, sin vnculo sanguneo con el mundo, al introducir al prototipo de individuo en el anlisis de la economa, elimin el problema poltico de la ciencia econmica. Extirpada la naturaleza poltica, la economa se pliega a la razn instrumental; de ah que la economa neoclsica no sea sino la fenomenologa del problema econmico fundamental: la reproduccin de la vida.

La voz monocorde del individuo habla precios y costes, dice elasticidades, desarrolla depreciaciones. Pero la historia y el sujeto estn ms all de eso. A partir de la tica del sujeto, la economa no puede preocuparse sino por la reproduccin de los factores de la produccin, proceso que debe permear la posibilidad de la vida colectiva misma, pues de contrario el sujeto se convierte en individuo, y adems debe hacerlo con una visin liberadora, de lo contrario el sujeto se vaca en la masa. Esa reproduccin es un problema eminentemente poltico, pues entraa una traba contradictoria de intereses econmicos y relaciones de poder de las distintas clases sociales.

La dignificacin de la economa implicar que la economa se reconozca como elemento de la lucha de clases, y cuyo nudo basal se encuentra en la dignidad de la vida humana. No hay ciencia neutral polticamente; la nica ciencia posible es la ciencia que libera. La economa debe ir ms all de la relacin entre magnitudes, que no es ms que la expresin del fetichismo de la mercanca, recobrar al sujeto oprimido como centro de su sistema.+


Notas:

1 No aludimos en este caso al acto sexual reproductivo, sino a la reproduccin fsica y espiritual vista en su conjunto.

2 Kosk, K. Dialctica de lo concreto. Grijalbo. 1967. Pg. 26.



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter