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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2013

Yupanqui
Cuando canta el viento

Marcelo Marchese
Rebelin


Los ingleses trajeron el ferrocarril a la Pampa para llevar a cambio cueros que utilizaran en tuberas de minas de hierro, tan necesario para la construccin de ferrocarriles. Pero cada cosa no es slo ella y su contrario, es adems infinitas cosas en que se desdobla. De aquella mano de obra que mova al ferrocarril sabemos de un hombre especfico que recorri todo el pas trabajando en diversas estaciones. Su hijo, un medio indio chiquito, durante su infancia fue escuchando todos los ritmos de su tierra, algo por lo cual, avanzado el siglo, todos agradeceramos.

Qu sabemos de los primeros aos de aquel mestizo? Slo adivinamos que posea un orgullo herido, pues aplicado al estudio de los incas, una tarde lluviosa, sentado en una mesa cortada a hachazos, descubri un pasado glorioso y ah mismo descubri su nombre. Cmo supo que durante milenios el hombre tuvo un nombre conocido por todos, y un segundo nombre, el verdadero, la esencia de nuestro ser, que a nadie era rebelado? No lo supo como lo sabe un erudito, sinti que all, en el libro escolar, se revelaba ante l su verdadero nombre, el nombre que marcara su destino.

El padre, atento a la sensibilidad del pequeo para la msica, lo llev a estudiar violn con el cura del pueblo. El cura lo disciplin en los ritmos cultos europeos, pero una tarde en que lo sorprendi improvisando una vidalita lo expuls airado. Hay momentos que marcan nuestra vida para siempre. Sabemos, cuando suceden, que sern momentos cruciales. Nadie ms poda ensear msica en aquel pueblo, pero el amor del padre por su hijo lo llev a encontrar un maestro de guitarra un poco lejos, as que nuestro indiecito dscolo y orgulloso y sensible, trepaba por los garrones a su caballo, andaba catorce kilmetros, tomaba su clase, y desandaba el camino, un camino siempre igual y siempre diferente. Uno imagina las cosas que hablara y cantara a su caballo, pero no necesita imaginar que el maestro le ense a acomodar la guitarra de tal manera que su cuerpo hiciera de caja de resonancia.

La prematura muerte del padre lo obliga a trabajar: se hace boxeador, periodista, maestro de escuela, tipgrafo, leador, domador y cineasta. Nos cuenta de su oficio de cineasta: "bamos a los pueblitos con un proyector de cine en una carreta. Desplegbamos la pantalla de tela y cobrbamos veinte centavos a los que se sentaban de frente a la pantalla. A los que deban sentarse y ver desde atrs, con las letras al revs, les cobrbamos diez centavos".

Pero su destino lo llamaba, como a todos nos llama, y l era de esos que son valientes por miedo a la cobarda. Se lanza por los caminos buscando trabajo, pero llevando a la espalda su guitarra. Luego de la quema, por el da cortaba la caa de azucar, pero por la noche cantaba en los fogones, y en esos fogones y en los ojos titilantes de sus paisanos se descubri a s mismo y sinti la pura verdad como gustaba llamarla.

As como un hermoso cuento o una cancin se transmite de hombre en hombre porque encuentra eco en su alma, la fama de nuestro payador se extiende por la Pampa, como se extiende un fuego alimentado por el pampero. Y como era un hombre que gustaba entender las palabras como hechos, y haba participado en una revolucin contra una dictadura, fue apresado por los esbirros de turno.

Antes de meterlo en el calabozo agarraron su mano izquierda, la mano con la que hace acordes un guitarrista, y se la aplastaron con una mquina de escribir, y de slo pensar en el carcter simblico de este castigo, uno detiene el aliento. Pero el destino, desde aquellos pasos en la sacrista donde tocara una vidala, haba entretejido sus hilos de una forma misteriosa, y aunque nuestro cantor ya no pudo ejecutar ciertas notas, sali de esa tortura convencido del poder de su canto que tanto molestaba, y agradecido a la sabia naturaleza, que con ese capricho que tiene de hacer de tarde en tarde un zurdo, le haba salvado la capacidad de pulsar la guitarra.

Debe exiliarse. Viaja a Pars, pero Pars, como antes Buenos Aires, pasa desatenta ante el canto del indio. Con su pasaje de regreso ya en la mano, y derrotado, acepta ir a un cumpleaos, invitado por el poeta comunista Paul luard. All el destino vuelve a arrojar sobre la mesa un arcano de contenido milagroso. Los comensales de la fiesta sienten inters por escuchar al cantante extico, y entre esos comensales se encontraba Edith Piaf, la Divina, y algo en el indio la llev a su miserable infancia, donde deba ganarse el pan, vestida de harapos, cantando en las oscuras calles de los suburbios. Se le acerca y le dice: "Usted no puede irse sin que Pars lo oiga". El indiecito la escuch, pero no le debe haber dado suficiente valor a sus palabras, pues al siguiente da, a la maana, en tanto miraba las formas que se dibujaban en el techo bajo de una habitacin donde se lo coman las pulgas, fue sorprendido por la visita del agente de la cantante. Un afiche fue pegado con engrudo en los muros de Pars: "El prximo 7 de julio, en el teatro La Mscara, Edith Piaf cantar para usted y para Atahualpa Yupanqui". Y aquella noche del 7 de julio, la cantante que haba desafiado a la ocupacin nazi, dej fluir su vibrato en la primera mitad de la funcin, y luego del entreacto, nuestro cantor, slo y pequeito, perdido en el escenario con su guitarra, ocup todo el recinto entonando un canto salido de la tierra.

La rueca del destino giraba ahora tejiendo filigranas encantadoras, y algn canal abrira en nuestro cantor, pues all mismo, en Pars, conoci a Nenette, la mujer que sera su amor por el resto de sus das, el oasis donde ir a beber y el albergue donde el viajero cansado encontrar refugio, comida y un tibio lecho.

No son muchas las canciones de amor de nuestro poeta, acaso por no haber tenido luego la necesidad de conquistarla. All, con ella, pudo sentir tambin la pura verdad.

Pero le cant a otros amores, como sus ancestros:

"me dan sus fuegos clidos zondas,

me dan sus fuerzas bravos pamperos,

y en el misterio de las quebradas,

vaga la sombra de mis abuelos"

y a su tierra

"una voz bella quien la tuviera,

para cantarte toda la vida,

pero mi estrella me dio este acento,

y as te siento tierra querida"

y le cant a lo que ms le emocionaba de su tierra

"andar por los cerros, selvas y llanos toda la vida,

arrimndole coplas a tu esperanza tierra querida".

El cantor no miente, no tena una bella voz, pero hay bellezas que son plenas, que nos llenan, precisamente por su imperfeccin, por su necesaria, para nosotros, imperfeccin, de igual manera que tendemos a amar, a brindarle consuelo, a un ser enfermo e indefenso. Su indefensin es, precisamente, la que permite volcarle nuestro amor sin miedo a ser atacados.

No tena una bella voz, y ms hablaba que cantaba, pero a ese algo que transmite el canto no se llega por una afinacin y un ritmo perfectos, se llega a travs de algo que de ninguna manera puede ser entendido por el intelecto. En vano sesudos musiclogos acumularn argumentos. Hay cosas a las que no podemos llegar si no es por nuestra sensibilidad, algo muy por encima de esa cosa llamada inteligencia.

Por qu nos conmueve un canto acaso ms sencillo y ayuno de florituras que otro que no nos mueve un pelo? Porque el cantante no canta con su voz, o canta en verdad con su verdadera voz, una voz que surge de sus profundidades, porque alguien viene y nos lleva de la mano a lugares inexplorados por nuestra vacilante inteligencia. A eso, a ese algo en la voz a que llegan Zitarrosa, Ray Charles, Gardel, Edith Piaf, Amlia Rodrigues, Rubn Jurez y John Lennon, slo se llega a travs de la verdadera tarea de los alquimistas, la transmutacin del barro de nuestro sufrimiento en el oro del canto estremecedor. All donde escuchemos un canto conmovedor podremos cavar tranquilos que encontraremos un profundo dolor germinado en un nio prostituido como Gardel, en un nio adoptivo como Zitarrosa, o en una nia parida en la calle, al lado de una farola, como Edith Piaf.

Tengo conmigo una primera edicin de Atahualpa Yupanqui (con qu poder suenan estas palabras que significan El que viene de lejanas tierras para decirnos algo) que nunca he querido vender, un libro que acaso estuviera en sus manos, pues seguramente lo trajo a este lado del Ro para regalrselo a algn amigo, a algn amor. Lo guardo tambin por su tapa: hay una tierra con yuyos y un cerro, y una guitarra en primer plano, pero es desde la tierra de dnde surgen las manos que pulsan esa guitarra. Es una imagen maravillosa.

Y algo ms tengo para decirte en la despedida, acerca del secreto de su arte. Todo nuestro sistema de dominacin se basa en que creas que eres algo diferente al ser que tengas al lado, no importa si es un hombre, una piedra o un pajarito. Nuestro cantor, en su cancin ms bella, nos dice:

"La milonga de la pampa es buen tiento pa tenzar

el lazo de un sentimiento que nadie podr cortar.

Cuando trompiezo me caigo y en seguida s pensar,

que el que no naci pa sapo ha de volverse a parar.

Yo no voy a la botica la medecina comprar

pulso la guitarra y canto, con cantos me s curar"

Y esa es una cancin dedicada a ese otro amor eterno, nacido para crecer de una vez y para siempre, a ese amor incondicional. Le canta a esa otra mujer, compaera inseparable de su vida:

"Guitarra, cuando me muera, tal vez con otro te irs

pero el viento es buen amigo, y tu canto me traer"

Una vez, y ahora s nos despedimos, nuestro amigo interpretaba su guitarra (sus discos originales, los tengo todos en vinilo, alternan canciones cantadas e instrumentales), estaba, como te digo, interpretando su guitarra cuando una lgrima rod por su mejilla y call en la guitarra y rod por la guitarra. Entonces el amante dej de interpretar, se sac un pauelo del bolsillo, sec la lgrima a la guitarra, sec la lgrima del rostro, y sigui tocando.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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