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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2013

Desmercantilizar la democracia

Antoni Jess Aguil
Rebelin


Uno de los efectos ms perversos del neoliberalismo, junto con la destruccin de lo pblico y lo social, es la mercantilizacin de cada vez ms dimensiones de la vida individual y colectiva: la educacin, la cultura, la salud, la ciencia, el suelo, el ocio, etc. La mercantilizacin es hoy una de las principales seas de identidad de la Europa en crisis, una experiencia tan intensa como el aumento de las formas capitalistas de explotacin en el siglo XIX. Ya en 1848 Marx y Engels destacaron la tendencia intrnsecamente expansionista del capitalismo y su afn de crear un mercado mundial cuyos productos no slo se consumen en el propio pas, sino en todas las partes del globo [1]. Una idea que conecta con las ideas del economista Franz Hinkelammert, para quien la esencia ltima del proyecto civilizatorio del neoliberalismo dominante consiste en la totalizacin del mercado [2] capitalista y sus principios: desigualdad, insolidaridad, individualismo posesivo, competencia, clculo econmico, consumismo, privatizacin, etc. No en vano deca Karl Polanyi que hemos pasado de sociedades con islas de mercado a un gran mercado con islas de sociedad.

La democracia representativa no es una excepcin. Sometida desde los aos ochenta del siglo XX a gobiernos y polticas de signo neoliberal, parece haberse convertido en un mercado poltico en el que opciones subordinadas a los grandes poderes econmicos compiten a sangre y fuego por obtener los mximos beneficios electorales. Es la democracia de libre mercado, con objetivos, conceptos y procedimientos propios de la economa capitalista libre y competitiva. Esta perspectiva, inspirada en los planteamientos de Schumpeter, Downs y Buchanan, entre otros tericos de las concepciones econmicas y elitistas de la democracia, traslada el modelo de la sociedad de consumo a la poltica. La democracia, as, funciona como un mercado poltico donde los consumidores-electores compran las mercancas (programas electorales) que mejor satisfacen sus intereses egostas. Los candidatos a representantes actan como proveedores que se enfrentan en el libre mercado electoral por seducir al electorado y acumular poder mediante el voto individual como mecanismo de legitimacin. Detrs de esta concepcin subyace la antropologa del homo economicus en la que se apoya el liberalismo econmico, segn la cual las personas son bsicamente agentes de clculo egosta que buscan maximizar los lucros y minimizar las prdidas. De este modo, los intereses privados de los consumidores-electores se imponen sobre las virtudes cvicas, slo relevantes cuando sirven para optimizar los beneficios particulares.

La mercantilizacin de la poltica y la democracia representativa en la poca de la globalizacin neoliberal se manifiesta de mltiples maneras. He aqu algunas:

1) La financiacin de los partidos polticos y de las campaas publicitarias y electorales por empresas privadas, hecho que convierte a los partidos en lacayos del poder econmico.

2) La compraventa de votos con dinero pblico o privado (una de las formas ms flagrantes de corrupcin y mercantilizacin) y otras prcticas clientelares afines.

3) La transformacin de la poltica en un espectculo de masas de nfima calidad, observable en fenmenos como la teatralizacin (al estilo de Berlusconi) y la patetizacin de la democracia parlamentaria (el que se jodan de la diputada Andrea Fabra, gritado en el Congreso al aprobar los recortes en las prestaciones de desempleo, es un ejemplo elocuente, pero no el nico).

4) La desposesin de derechos econmicos y sociales de los ciudadanos, lo que recorta el campo de la democracia social y econmica y lo limita a la democracia poltica (voto y representacin).

5) El vaciamiento de la esfera pblica como espacio de deliberacin y accin cvico-poltica, que pasa a ser comprendida como un espacio privado de consumidores que utilizan los medios pblicos para satisfacer y proteger sus intereses particulares. Deliberar y decidir en comn proyectos de sociedad son cuestiones secundarias en la esfera pblica de mercado, que promueve una ciudadana despolitizada y articulada sobre el deseo de acumular y consumir.

6) La privatizacin de la democracia representativa. Se imaginan acudir a las urnas y que en las papeletas electorales en lugar de partidos polticos aparecieran instituciones financieras y empresas multinacionales como candidatas a representantes? Pues no se lo imaginen porque ya ocurre de alguna manera. La privatizacin de la democracia se traduce en dos procesos. El primero es su transformacin en un nido de intereses privados encubiertos por un simulacro electoral en el que los votantes refrendan polticas impuestas por una lite minoritaria y en su beneficio. El segundo es la banalizacin del voto: la prdida de la capacidad real de elegir de la ciudadana. La influencia del poder econmico sobre la poltica es tan grande que el derecho a voto termina siendo el derecho a elegir los representantes especficos de la clase dominante que nos representarn y oprimirn en el Parlamento a travs de partidos-marioneta. De aqu la importancia de distinguir los partidos que verdaderamente defienden intereses pblicos, sociales y colectivos. En Europa, la austeridad ha sido el pretexto para privatizar la democracia y entregar a pocos lo que es de todos. En Italia y Grecia la privatizacin se llev a cabo de manera tan obscena que condujo a la suspensin de la democracia electoral y a la imposicin de tecncratas procedentes de Goldman Sachs. No sera extrao que, en su delirio privatizador, el neoliberalismo promoviera una reforma electoral que fijara una tasa obligatoria (una especie de sufragio neocensitario) como requisito para votar. De ser as, podramos ahorrarnos la participacin en la comedia (o drama) electoral.

Ante este panorama, las actuales luchas por la democracia estn llamadas a ser luchas por la desmercantilizacin de todas las esferas de la vida. Son luchas emprendidas por una pluralidad de sujetos polticos (movimientos sociales, sociedad civil no organizada, ONG, partidos, etc.) comprometidos con la eliminacin del lucro como categora [3] rectora de las relaciones humanas. Desmercantilizar significa, siguiendo a Boaventura de Sousa Santos, dejar de pensar la naturalizacin del capitalismo. Consiste en sustraer grandes reas de la actividad econmica a la valoracin del capital (a la ley del valor): economa social, comunitaria y popular, cooperativas, control pblico de los recursos estratgicos y de los servicios de los que depende directamente el bienestar de los ciudadanos y de las comunidades. Significa, sobre todo, impedir que la economa de mercado ample su radio de alcance hasta transformar la sociedad en una sociedad de mercado (donde todo se compra y todo se vende, incluso los valores ticos y las opciones polticas) [4]. Desmercantilizar la democracia, en este sentido, es impedir que el enfoque de mercado y sus valores se apoderen de ella. La democracia no es el procedimiento que legitima una disputa electoral de las lites en el mercado de votos. Es el resultado de luchas histricas que construyen relaciones, procesos y condiciones (espacios, tiempos, sujetos, saberes, instituciones, formas de sociabilidad) que aspiran a la igualdad real en la diversidad y al poder compartido en cualquier mbito. Todos los avances en materia de democracia poltica y social logrados desde el siglo XIX fueron conquistas de luchas populares en reivindicacin de sus derechos. La experiencia histrica muestra que las luchas sociales son un factor de humanizacin de la poltica y la sociedad.

El poder sin control del mercado puede ser ms destructivo para la democracia que el de un ejrcito en armas. Las luchas por la desmercantilizacin y la desprivatizacin de la democracia son luchas por alterar el predominio de la economa sobre la poltica, fortalecer el control social, alejar la democracia del clculo electoralista, ampliarla y llevarla all donde an no ha llegado. Son luchas para que la pequea y frgil barca de la democracia atraque en nuevos puertos sin naufragar en el intento.

Notas

[1] Marx, K. y Engels, F. (1997), Manifiesto comunista, Akal, Madrid, pg. 26.

[2] Hinkelammert, F. (2001), El nihilismo al desnudo: los tiempos de la globalizacin, LOM, Santiago de Chile, pg. 83.

[3] Wallerstein, I. (2002), Uma poltica de esquerda para o sculo XX? Ou teoria e prxis novamente, en Loureiro, I. M.; Leite, J. C. y Cevasco, M. E. (orgs.), O esprito de Porto Alegre, So Paulo, Paz e Terra, 2002, pg. 36.

[4] Aguil, A. J. (2010), La democracia revolucionaria, un proyecto para el siglo XXI. Entrevista a Boaventura de Sousa Santos, Revista Internacional de Filosofa Poltica, 35, pg. 138.


Antoni Jess Aguil es filsofo poltico e investigador del Ncleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadana y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Combra (Portugal).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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