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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2013

Qu hacer cuando lo que llaman democracia se cae a pedazos

Rubn Martnez Dalmau
Las Provincias


"No es el momento de plantear procesos constituyentes". Aunque parezca comedida, es la frase ms tenebrosa que podemos escuchar de un gobernante. En este caso fue Alberto Fabra, presidente de la Generalitat Valenciana, y la pronunci arropado por la plana mayor de la institucionalidad autonmica hace apenas unos meses, en octubre del ao pasado, durante el discurso del "Da de la Comunitat". Por qu el President dedic tres segundos de su discurso a exorcizar fantasmas constituyentes? Porque sabe, como toda la partidocracia, que la regeneracin democrtica es ya no slo una propuesta viable, sino la probable.

Se mire donde se mire todo est podrido. Los profesores de Derecho no sabemos qu explicar en las aulas sin sonrojarnos: el principio de igualdad ("Todos los espaoles son iguales ante la ley"), con una infanta sin imputar cuando est implicada en el mayor escndalo de corrupcin, hasta el momento, en que se ha visto involucrada la Corona; el derecho a un juicio justo, si los grandes gerifaltes de los partidos han salido de rositas por "errores judiciales" despus de haber robado a manos llenas; aquello de que estn prohibidas las torturas y tratos crueles, si los gobiernos del PSOE y del PP han indultado a los policas condenados por torturar; por no hablar de la vivienda digna, o de la responsabilidad de los poderes pblicos y la interdiccin de la arbitrariedad... Los partidos polticos del sistema, y los gobiernos que stos han propiciado, han acabado con cualquier vestigio de lo que llambamos democracia hasta hacerla irreconocible. La democracia y la partidocracia son dos conceptos muy diferentes: en la democracia gobierna el pueblo (demos), en la partidocracia las oligarquas de los partidos polticos del sistema.

Como en las historias clsicas de detectives, desde el Sherlock Holmes de Conan Doyle hasta la Triloga en Nueva York de Auster, tenemos un escenario del crimen y mucha gente que miente. De hecho, en nuestra historia, mienten casi todos. Los que no lo hacen es, quizs, porque no se han dado cuenta de que engaar es la nica forma de sobrevivir en el estado de naturaleza salvaje. Si para algo sirven las instituciones pblicas, como defenda Hobbes, es para darnos seguridad. El hombre es un lobo para el hombre en el mundo salvaje, pero el Estado convierte al hombre en un ser moderado, sensato y capaz de entender que la violencia slo puede traer violencia. Y si todo falla? La solucin no es mirar a un lado, como si no ocurriera o todo fuera admisible porque nada podemos hacer. Qu gran verdad aquella afirmacin de Gautama cuando les preguntaba a sus seguidores cmo iban a actuar ante el hombre herido por una flecha envenenada. Detendramos al mdico para preguntarle quin ha lanzado la flecha, si era hombre o mujer, si el arco estaba hecho de madera o de bamb, o si era grande o pequeo? Antes de preguntarse sobre todo ello habr que sacar la flecha y evitar que se expanda el veneno. Slo despus avanzaremos hacia otro tipo de preguntas.

En nuestra sociedad, hace tiempo que nos preguntamos de dnde viene la flecha, sin que nos atrevamos a extraerla. La gente sufre de la forma como no se conoca en dcadas, con millones de personas sin saber qu darn de comer a sus hijos o dnde dormirn maana, mientras los desalmados se llevan los millones a Suiza bajo la mirada cmplice de quienes se hacen llamar "representantes del pueblo" y sus colaboradores necesarios. "Que se jodan!", exclam la diputada del PP e hija del padrino Carlos Fabra, Andrea, en el Congreso de los Diputados, mientras se aprobaba el recorte de la prestacin por desempleo. Le fall el inconsciente, pero al menos fue honesta: muchos piensan lo mismo, pero no se les escapa.

Quien tenga la esperanza de que todo lo que tenemos a nuestro alrededor es reformable no se percata de que la esperanza, que fue la ltima que se qued en la caja de los males de Pandora, era otro mal. Es como esperar a que clulas cancergenas nos curen. El verdadero cncer que padecemos es la falta de democracia, y slo ms democracia puede ayudarnos a avanzar frente a polticos corruptos, maquinarias creadas para los intereses privados, especuladores deshonrados y gestores ineficaces. Islandia, cuya crisis era mucho menor que la nuestra, triplic el pasado ao su crecimiento despus de meter en la crcel a banqueros y gobernantes ladrones, y avanzar as hacia un proceso constituyente que, a pesar de sus problemas, ojal furamos nosotros capaces de impulsar. Aqu les hemos dado ms dinero y los hemos reelegido en las urnas.

La nica solucin real ante nosotros es barrer estas sanguijuelas, que se escudan bajo el paraguas de las instituciones y la "democracia" que nos venden, con un tsunami democrtico. Crear un frente constituyente, en cuya configuracin entrarn todos los verdaderos demcratas del pas: as se quitarn las caretas los que, en aras de que no es momento de "perseguir quimeras", en trminos borbnicos, no buscan la regeneracin, sino cambiar lo justo para que todo siga igual. Un proceso constituyente democrtico es la nica solucin verdadera con que contamos, y servira para mirarnos a las caras como pueblo y ponernos de acuerdo en qu somos, qu hemos sido y qu queremos ser: plurinacionalidad, derechos sociales, participacin, control de los responsables pblicos, libertades... Todo est abierto a la discusin si la democracia es real. Tendremos que preguntarnos si queremos avanzar hacia un Estado federal o una nueva identificacin de voluntades, sobre cmo llamarnos, monarqua o repblica... No se trata de reabrir el debate derecha/izquierda que tan bien le ha hecho el juego al bipartidismo: se trata de saber quines estn con el pueblo y quines no. Si no somos capaces de avanzar hacia un proceso constituyente, no cabr ninguna duda de que nos mereceremos lo que vemos todos los das en la prensa y a nuestro alrededor.

Paul Auster, cuando fue preguntado en un caf de Brooklyn sobre lo que inspiraba sus relatos, coment que "para los que no tenemos creencias religiosas, la democracia es nuestra religin". De hecho, la democracia tambin es la religin de todos los que no soportan que se tergiverse la verdad para engaar a los necios, y piensan en cmo dejarles a las futuras generaciones un lugar decente donde vivir. Lo contrario es apostar por que todo siga igual de mal.

Rubn Martnez Dalmau (Universitat de Valncia) es Coautor de "Por una Asamblea constituyente. Una salida democrtica a la crisis" (Sequitur, 2012).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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